He leído Canto yo y la montaña baila en castellano y pienso hacerlo también en catalán: Canto jo i la montanya balla, a ratitos, por placer y para refrescar mi familiaridad con un idioma que tengo demasiado abandonado. Los premios que se ha llevado esta novela, sin duda los merece. Las voces femeninas ―y, en general, casi todas las voces de este libro―, me han recordado a las voces, igualmente rurales, compulsivas y poéticas, de los personajes de F.G. Lorca. La trama intergeneracional, etérea y esotérica, con su mezcla de amor y de tragedia, al realismo de Gabriel García Márquez. Y la focalización, no sé, a la tradición del cuento corto, siempre dado a estas sorpresas. De hecho, muchos de sus capítulos pueden leerse como magníficos relatos independientes. Pienso en Irene Solà en un autobús de Londres, los pasajeros la mirarían algunos con desprecio, otros con curiosidad y otros con indiferencia, sin saber que esas notas que garabateaba en su cuaderno se convertirían en una de las mejores novelas del S. XXI europeo. Es un libro que parece escrito en otra época, una época en la que todavía se creía en la plasticidad del idioma, en la narrativa lírica, en la exuberancia del lenguaje, en las palabras conmovedoras y en la poesía. Tiene la frescura lúdica de la gran literatura.
viernes, 5 de agosto de 2022
miércoles, 3 de agosto de 2022
Quién te cerrará los ojos. Historias de arraigo y soledad en la España rural. Virginia Mendoza
El campo sigue siendo ese lugar al que volver, aunque sea de
turismo rural, pero la despoblación sigue ganando la partida. En Quien te
cerrará los ojos, Virginia Mendoza nos habla de Eugene Smith, el fotógrafo
que sorteó la censura franquista para publicar en Life las imágenes de una
posguerra mísera y profunda. Nos habla de las novelas de Miguel Delibes y Julio
Llamazares, del ensayo de Sergio del Molino. Pero sobre todo nos habla de personas
reales, los últimos habitantes de sus pueblos, portadores de dialectos que
morirán con ellos. Podemos imaginarla por rincones olvidados de la geografía
española, acercándose al umbral de cortijos semiderruidos, llamando a viejas
puertas de madera para encontrar la voz de los supervivientes, aquellos que se
han quedado, que se han negado a marcharse, y también la de aquellos urbanitas que
han querido volver a sus raíces.
Los renglones de este libro me recuerdan a las arterias de
un organismo vivo, porque sus episodios, pequeños reportajes literarios, nacen
de su convivencia con estos rebeldes empecinados, con la memoria de un tiempo
en extinción, con candiles de aceite, establos y gallinas. Algunos solo esperan
que, con ellos, desaparezca su pueblo, mientras que otros se empeñan en
restaurar sus calles y sus casas. Las historias que nos cuenta Virginia son una
pequeña muestra de millones de vidas anónimas cuyas tragedias nunca conoceremos,
habitantes que lucharon, trabajaron, se enamoraron perdidamente, tuvieron hijos
y esperanzas y duelos, los llamaron incultos, atrasados, analfabetos, expropiaron
sus terrenos, inundaron sus pueblos, sus hijos emigraron y el estado los abandonó,
los dejó incomunicados, sin correos, sin escuelas ni campanas en la Iglesia. Los
capítulos de este libro te pegan un pellizco en el pecho.
“Si la casa es el lugar al que volver, tener pueblo es una
versión sentimental de tener casa. Necesitamos la casa del pueblo, la de la
abuela y, si no tenemos pueblo, posiblemente echaremos de menos un lugar en el
que nunca estuvimos”.
Virginia termina recordándonos a Azarías, el personaje de Los
santos inocentes que se orina en las manos para que no se le agrieten con
el frío. Virginia nos dice: “La ruptura entre su mundo y el nuestro no solo
ocurre en la epidermis: también sucede cuando el Azarías se mea en las manos y
unos reaccionamos con asco y otros con indiferencia.” En la terraza del Llévatecafé,
yo estoy preocupado por las medusas, esta tarde me bajo a la playa. Clara que
me dice que, aunque me parezca raro, el mejor tratamiento para las picaduras es
la urea, sí, la propia orina. Por lo visto, no todo está perdido.
lunes, 1 de agosto de 2022
Reseña/opinión a: Vozdevieja, de Elisa Victoria
viernes, 29 de julio de 2022
La novela de la polémica: Feria, de Ana Iris Simón.
sábado, 23 de julio de 2022
La revelación del año: Panza de burro, de Andrea Abreu.
Aunque me resulte un poco tonto insistir en lo que ya todo el mundo conoce, vengo a transmitir mi entusiasmo tras leer Panza de burro, de Andrea Abreu. No sabía que la autora había sido seleccionada como una de las mejores narradoras en lengua hispana, porque no me fijo en esas cosas, pero no me extraña nada. La estuve leyendo anoche hasta que se me hizo de día y resulta que solo me quedaba un capítulo (en Kindle), que acabo de terminar, con la calor (sin ánimo de hacer spoiler, fue un parón oportuno). Hay novelas que te quitan las ganas de leer y novelas que te reconcilian con la literatura, Panza de burro es del segundo tipo. La he leído con fruición. Me ha encantado la plasticidad de su lenguaje, que me ha recordado a José Lezama Lima y a Juan Rulfo. El contenido sexual no resulta, como sí pasa en otras obras, puesto ahí para enganchar la morbosidad del lector, sino integrado con naturalidad en una emoción intensa, como todo en estas páginas. El estilo, en mi opinión, entra directamente en la categoría de prosa poética, y no solo por plasmar literariamente ese idiolecto lírico, expresionista, ese habla telúrica desde la que nos llega la conciencia infantil de la narradora, en la que la ingenuidad se mezcla con lo cruento, lo escatológico, el retrato pictórico de unas personas mayores que son las principales convivientes de las dos amigas protagonistas en plena transición hacia la pubertad; decía que no sólo por eso –pues no hay nada más aburrido que una transcripción fonética, y no es eso– sino un poco por todo, por la lograda elaboración de unos textos que funcionan como auténticos poemas en un lenguaje inédito –que no me atrevo a desbrozar aquí, pero que toca la fibra del lector– y que funcionan, en definitiva, como lo que son, como una novela. Una obra maestra.
miércoles, 27 de abril de 2022
Cuando leer es viajar: Voyage d'une Parisienne à Lhassa, de Alexandra David-Néel.
VOYAGE D’UN PARISIENNE À LHASSA
Alexandra David-Néel
Cada
vez que alguien me preguntaba de qué iba el libro que estaba leyendo, este
libro que me ha acompañado durante los últimos nueve meses de mi vida, en los
que prácticamente lo único que no ha cambiado ha sido su compañía, su tapa
blanda que se iba deteriorando demasiado rápido entre mis manos, por lo que me preocupé
de forrarla como hacíamos antes con los libros del colegio (creo que ya no se
hace), pues, decía, cada vez que alguien me preguntaba, y yo le respondía,
volvían a preguntarme que si era de ficción o era de verdad.
Voyage
d’une parisienne à Lhassa, de Alexandra David-Néel (1868-1969),
es, efectivamente, una obra de verdad, una obra autobiográfica, perteneciente al
género de los libros de viajes. En el momento de su publicación, 1927, fue todo
un éxito mundial, y no es para menos, pues el libro relata, en primera persona,
la proeza de su protagonista, la primera mujer occidental (desconozco el dato,
pero supongo que, anteriormente, sólo le habrían permitido entrar, como mucho,
a algún embajador chino o inglés) en poner sus pies sobre la ciudad
prohibida de Lhassa, la capital del Tíbet. Para lograrlo, se disfrazó de peregrina
autóctona y, en compañía de un lama ―éste sí, auténtico―, anduvo, anduvo,
anduvo a través de puertos de montaña, por inhóspitos parajes y cumbres
nevadas, puentes colgantes y rutas infestadas de bandidos, de una pequeña población
a otra, y siempre haciéndose pasar por tibetana, hasta llegar a Lhassa.
A
pesar de lo extraordinario de su aventura y de la calidad literaria de su
testimonio, a día de hoy, Alexandra David-Néel es prácticamente desconocida
para el gran público, más atraído por otro tipo de diarios que por los del
carácter fuerte de una anarco-feminista (del pasado entresiglo), cantante de
ópera, ensayista, políglota, madre y exploradora, y una de las principales
introductoras de la sabiduría oriental en Europa.
Yendo
al texto, Voyage d’une Parissiene à Lhassa se centra sobre todo en la peripecia
vital de su peregrinaje, es decir, en lo anecdótico, folklórico y diarístico de
su aventura, sin entrar en demasiados detalles sobre las enseñanzas esotéricas
y espirituales que recibió (durante sus muchos años de estancia) en el Tíbet,
temática que se reserva para sus siguientes obras. Se detiene, por el contrario, abundantemente,
en comentarios críticos acerca de sus creencias religiosas, sus costumbres y su
situación política.
En
mi opinión, más allá del detallado informe de su viaje, el valor de estas
páginas reside en la oportunidad de acompañar a Alexandra en su extraordinaria
aventura, de conectar, digamos, con su personalidad y con su pensamiento, con el rastro
de palabras que ha dejado, como huellas de aquel itinerario: sus etapas
aburridas, llenas de descripciones anodinas, junto a las otras, al borde ―literalmente―
del abismo, pendientes de una endeble tirolina, atrapados en la nieve entre
glaciares o enfrentándose al filo de los bandidos… además de muchas otras anécdotas
pintorescas en las que se refleja la vida cotidiana de un Tíbet desconocido,
alejado de místicas leyendas y en contacto directo con la lucha por la
supervivencia, práctica y terrenal, de sus tribus y pueblos.
Se
me ocurre que estos nueve meses de lectura han sido como un parto invertido para mí, tras
el cual nada ―excepto esta reseña― ha salido de mi útero, pero en cambio
Alexandra David-Néel se ha colado en mis entrañas. Lo que es cierto es que ella
ha sido, en muchas ocasiones, mi mejor compañía; y a lo largo de estos meses he
llegado a sentirla como a una amiga, con sus tics de carácter y sus juicios no
siempre compartidos, pero, en fin, una amiga al fin y al cabo. Afortunadamente,
aún me quedan el resto de sus libros por leer.
martes, 12 de abril de 2022
Reseña a: Lorca. Basado en hechos reales, de Miguel Caballero.
Por si esto fuera poco, este estudio nos demuestra también cómo, desde la propia literatura, desde la propia obra y escritura de Federico, las consecuencias saltaron, o se tradujeron, de nuevo hasta su vida, hasta sus huesos.
Esta obra nos avisa de que la literatura no es un elemento inerte, un objeto aséptico de estudio, ni un mero entretenimiento, sino que sus ramificaciones nos alcanzan –sea positiva, negativa, o ambas mentes a la vez– a veces brutalmente, como fue, por desgracia, el caso de Federico.
Esta obra nos enseña que vida y literatura no están tan separadas como los estudios estructuralistas querían hacernos creer. ¿Qué pasaría si en las escuelas se enseñara que ciertas personas, reales e históricas, y sus familias, en las que Lorca se había inspirado para la creación de sus personajes, estuvieron directamente implicadas en su ejecución sumaria?
¿Qué pasaría si en las escuelas se enseñara, por ejemplo, que los descendientes de los asesinos de Antoñito El Camborio (sin comillas) siguen, a día de hoy, teniendo en propiedad algunos de los bienes inmuebles que sus antepasados inmediatos les arrebataron a esta familia gitana, en aquellos infames años de la sangre con la que se lavaban las rencillas rurales?
La maravilla que es la obra de Federico no necesita, desde luego, que el lector conozca estos sucesos para disfrutar de ella, y eso es lo que la hace grande y universal. Pero su conocimiento, desde luego, tampoco sobra; y de hecho, contribuye a completar una visión más certera de la génesis y el funcionamiento –en ocasiones, tan cruel– recíproco de vida y literatura.
martes, 15 de febrero de 2022
La pared del caracol, de Ana Isabel Alvea
LA PARED DEL CARACOL
Ana Isabel Alvea
Ayuntamiento de Lodosa, 2020.
A veces nos enfrentamos con dificultades que nos causan frustración, desesperanza y enojo. Una y otra vez, chocamos contra el mismo muro sin ser capaces de romperlo, sortearlo o alejarnos de él. Ante esta situación, como en las fábulas griegas, Ana Isabel Alvea se mira en el espejo de un pequeño animal: el caracol. En el poema que da título al libro, la pared son las adversidades; el caracol, la figura ejemplar; y la paciencia, la virtud a emular. Y efectivamente, tal y como enuncia el título, a lo largo de las páginas comprobamos que el foco está mirando a la pared: una constante crítica, tanto social como vital, ante los sinsabores de la vida. Esta mirada, en ocasiones parece haber tirado la toalla: “¿Acaso cuando nos ilusionamos/ no estamos regando/ una estepa reseca?”; mientras que en otras conserva una especie de optimismo, una insistencia cargada de paciencia ―o de tenacidad―, en la que el deseo (de mejora) se vuelve ese horizonte utópico que tal vez no alcancemos nunca pero que nos sirve para avanzar: “Todos esos sueños que no terminan de cumplirse/ a los que buscamos sin descanso aproximarnos”.
Los poemas en
verso libre de Ana Isabel Alvea se parecen a un cuadro en cuya perspectiva has
de profundizar para apreciar los detalles. La riqueza de su vocabulario, por
ejemplo, perpetúa un lenguaje en peligro de extinción: estiaje, urdimbre,
vitrales, alfeizar, mendaces, artesa, rezago, yunta… palabras expulsadas de
la poesía, recogidas del baúl de un idioma que se acaba, como se acaban los
modos de vida asociados a ellas, modos de vida en contacto con la tierra, las
raíces… y, por cierto, también con ese sufrimiento tan presente en la lírica
andaluza, que encontramos aquí expresado de otra manera: un reproche “ante el
creciente humo de las fábricas”; una crítica ―o una queja― en la que la
industrialización y el avance de la historia homogeneizadora más parece un signo
de opresión que de progreso. Su respuesta es la rebeldía.
LA BANALIDAD DEL MAL
Hubo muchos
hombres como él…
fueron, y siguen
siendo,
terroríficamente normales.
Hannah Arent
Una casa
inquisitorial presidida
por su escudo de
calavera y siglos de mugre
se levanta
en cada uno de nosotros.
Y condenamos a
Copérnico a Galileo
quemamos a Miguel Servet
encarcelamos a
Oscar Wilde
marginamos a la
mujer
exterminamos a los
judíos a los gitanos
expulsamos al
extranjero al diferente
No dejemos que una
siniestra obediencia
ante el zumbido de
los insectos
abra su puerta.
ADIESTRAMIENTO
Hacer todo lo que
nos indican
como una línea recta
paralela a todas
las demás
SIN TACHONES
entre centros
comerciales
polígonos
industriales
y pantallas planas de televisión
La amargura
presente en la mayoría de estos poemas contrasta con el ímpetu contestario de
otros y, al mismo tiempo, con la finura y el tacto con el que están dispuestos los
versos. Tratándose del cuarto libro de la autora, con el que obtuvo el Premio
del XXXV Certamen Poético “Ángel Martínez Baigorri” en el 2020, es de esperar
que no sea el último, pues se trata de una poeta a la que, a buen seguro, le
queda todavía mucho que decir.
viernes, 11 de febrero de 2022
Reseña en Culturamas a: Breves erizos verdes, de Juan Antonio Bernier. El poeta, el profesor y el niño.
BREVES ERIZOS VERDES
Juan Antonio Bernier
Ed. Cántico 2020
Puede llevar a engaño la apariencia menor de este librito, cuyo rectángulo cabe en la palma de la mano. El origen incidental de su composición, de ánimo propedéutico, no le ha restado mérito; antes bien, creo que ha contribuido a una sutileza de estilo que, aun siendo característica del autor, alcanza aquí, en contraposición con la profundidad de sus asuntos, esa rara virtud que es ser capaz de hablar y esclarecer de manera sencilla cuestiones complicadas. Dicen que decía Confucio que «en todos los ritos la sencillez es la mejor de las extravagancias»; y es mediante esta exquisita extravagancia que Juan Antonio Bernier logra tocarle la fibra al ser/hecho poético.
Actualmente, existen en el mercado diversos manuales dedicados al arte de escribir un poema, dirigidos a un público infantil o juvenil, donde se explican algunas técnicas básicas como puedan ser la rima, la métrica o las figuras. Son manuales, por lo general, amenos y, en verdad, necesarios, que no pasan de ser precisamente eso, manuales de escritura. Aquí hablamos de otra cosa. Breves erizos verdes es un texto que, sin prescindir de su orientación moral ―educativa―, no ha perdido tampoco su carácter de obra literaria, en el sentido artístico del término. Se trata, en definitiva, de una obra al margen de los géneros.
Atendiendo a su enfoque, y salvando las distancias, recuerda inmediatamente a las Cartas a un joven poeta, de R. M. Rilke; o incluso, por su temática, a Función de la poesía y función de la crítica, de T. S. Eliot ―sin ser tampoco lo mismo, por supuesto―. Con ambos textos comparte el ánimo de indagar en cuestiones de fondo, como pueden ser el estilo personal, el uso de la ironía ―y de la rima―, el valor de la tradición, la actitud ante el mercado… y un pequeño etcétera, así como la apariencia de estar escritos en prosa. Sin embargo, mientras que las epístolas de Rilke y el tratado de Eliot están, efectivamente, escritos en prosa ―más o menos sesuda, en cada caso― lo que distingue y realza los erizos de Bernier es su reductio ad essentiam, acercándose, a mi juicio, más al texto poético que al prosaico.
Cada lector encontrará en esta obra sus propios referentes. Por su tono, entre sarcástico y lúdico y didáctico, y por su naturaleza híbrida, a mí me ha recordado, en algunos momentos, a autores como Julio Cortázar y Eduardo Galeano. Una locución muy suelta que parece brotar directamente y que sólo se consigue tras años de ensayar y de ensayar (o de explicar y de explicar). Y es que sucede con no poca frecuencia que algunos grandes artistas aciertan a componer sus obras más celebradas casi sin darse cuenta, en buena parte debido a tener muy interiorizado su arte ―hasta la médula― y en buena parte debido a una de las máximas que enuncian los erizos:
SOBRE EL ESTILO PERSONAL
Si aquello que
hace que tus allegados te estimen no está en tus poemas, serán solo “poemas” en
el peor sentido de la palabra. Carecerán de tu encanto, tu “gracia”; vagarán
sin identidad.
Esta idea se aplica también al librito que ahora comentamos. Y es que, aunque la voz del profesor ―que también es Juan Antonio Bernier― esté presente en ellos, esa voz pedagógica se ha ejecutado aquí como un rasgo de estilo, una voz diferida dirigida no a un público específico sino a un adolescente universal, implícito e implicado en la poesía. Todos hemos fantaseado alguna vez con volver al pasado, pero con el conocimiento ―y la experiencia― que ahora tenemos de la vida. Probablemente, Juan Antonio Bernier le haya escrito este libro a aquel adolescente que alguna vez fue él mismo. El poeta, el profesor y el niño.
Por todo lo
anterior ―y por las abundantes coincidencias de estilo―, Breves erizos
verdes casi debiera contarse, en mi opinión, entre los libros de poesía
del autor. Los libros de aforismos, de hecho, aparecen en las colecciones de
poesía. Y aunque, de alguna manera, todo poemario encarne ―o más bien imprima―
una poética, lo que tenemos aquí resulta elevado al cubo: metapoesía decantada
en poesía. Sin embargo, tampoco es eso: ni aforismos, ni máximas, ni
sentencias, ni versos, sino erizos.
FINALIDAD DE LA POESÍA
Las palabras se
gastan con el uso. La poesía es un intento de crear maneras novedosas, y por
ello más eficaces, de volver a decir “te quiero”.
Andando
el tiempo, lo previsible ―y deseable― es que vayan apareciendo sucesivas reediciones
―¿ampliadas, tal vez?― de estas breves instrucciones para escribir una poema.
De momento, ya se está reimprimiendo. Si mucho no me equivoco, esta cosa llamada
Breves erizos verdes (Editorial Cántico) tiene muchas papeletas de convertirse en libro de
cabecera de futuras generaciones de poetas, e incluso a algunos de ahora no nos
vendría mal releerlo alguna vez. De seguro, la obra irá llamando a sus lectores,
sin prisa pero sin pausa, como la tortuga que le gana a la liebre, o como esos
erizos que sobreviven gracias a sus rizos.
lunes, 29 de noviembre de 2021
Taller sobre la poesía de Carlos Pardo
El miércoles día 1 de diciembre, impartiré una clase dentro del taller de poesía contemporánea organizado por Ana Isabel Alvea Sánchez. Hablaremos de la poesía de Carlos Pardo, uno se los poetas más destacado de su promoción.
En el enlace tenéis toda la información. Precio 10€. Estudiantes y ociosos 5€.
Una horita estaremos, a través de Google Meet.
jueves, 25 de noviembre de 2021
Escribiendo mandalas en la revista: secretOlivo, por Joaquín Carmona
martes, 23 de noviembre de 2021
Escribiendo mandalas en Cuadernos del Sur, por Francisco Onieva
lunes, 15 de noviembre de 2021
Escribiendo mandalas en Cosmopoética
Después de pasar por la Feria del Libro de Granada, mi primera lectura de Escribiendo mandalas en Córdoba ha sido en Cosmopoética. Me siento muy afortunado de haber podido participar en esta XVIII edición del festival... ¿18? Nos hacemos viejos... En el siguiente vídeo se recoge íntegra mi intervención. En la pantalla de fondo podéis ver las ilustraciones de la artista cordobesa María Ortega Estepa. A partir del minuto 1:13.
Muchas gracias :)








