blog de Jorge Díaz Martínez

miércoles, 25 de julio de 2012

Una foto en Facebook






Mi hermano ha colgado una foto en Facebook. En ella salimos Veronika y yo en Ancha de Capuchinos (Granada), sentados en la terraza del VeronaEstamos como somos, sin afeitar, desayunando en el barrio: graffitis en persianas y las cajas de fruta en mitad de la calle. Detrás nuestra una señora de pelo gris apura su cigarro y sujeta la correa de un perrillo mientras bebe un café. Cuatro personas le han dado a “me gusta”, yo incluido. Los otros son: -Maribel Franco, una amiga de Granada que conoce la calle y la terraza y que recordará tal vez mejor que yo aquellos primeros años en que coincidimos en una placeta vieja del Albayzín entre risas, guitarras, mariguana y masajes. -Ricardo González, un compañero del trabajo en Barcelona -su pareja es polaca, de Polonia- con quien hice buenas migas y a quien siempre le sorprendió conocer, hoy en día, a un poeta “de verdad”. -Y el otro es Canek, un amigo y un músico también de Barcelona (en realidad, de México) que debe verme, supongo, diferente por el corte de pelo pero en buena compañía y recordar las noches y los días que pasamos en torno de la música, la fiesta, las mujeres y la complicidad. Mi hermano ha colgado esta foto reciente, de su visita en mayo, pero yo ya no vivo en aquella ciudad ni Veronika en esta parte de Europa y esa mujer que fuma girando la cabeza hacia el pasado se me hace el símbolo evidente que algún artista cósmico ha pintado en la escena -como en una tablilla medieval- a modo de advertencia.





jueves, 12 de julio de 2012

Los monstruos tienen madre











Todos los hombres no son iguales, sino que hay monstruos entre ellos,
no se sabe por qué, pero este fenómeno es frecuente;
nosotros, los demás hombres, los vemos y damos fe de ello.
Unos son por la estatura, y son gigantes o enanos;
otros, por el sexo, y son inversamente hembras u hombres;
otros, por la cara, y son cerdos hidrocéfalos.


Los hay patizambos que andan como extrañas jirafas;
otros no andan: nacen sin piernas y con un gran pecho.
Algunos (estos están en los asilos) no tienen ojos;
otros miran sin ver y no son ciegos:
su cerebro es furioso y les gusta matar.


Hombres son y lo sabemos, unos y otros;
sus padres, sus hermanos, sus hijos, también lo saben.


Su madre los defiende y los cuida; humanos son y lo sabemos;
ella lo sabe más. Del paraíso maternal cerrado no los arroja.
¿Qué pecado habían de hacer? Los acaricia.
Los monstruos tienen madre, comen de la manzana, beben, roen del pecado.


Los demás hombres que no son dioses, los de abajo,
cómo han de ser; tal como son viven; trabajan por el pan, comen, beben
a veces se emborrachan y pegan a sus hijos.


¿Qué pueden hacer? La omnipotencia no es suya.
Cada día ríen, a veces lloran sin lágrimas;
son hombres de aquí. Un sueldo, su madre, su mujer,
el traje viejo, las botas; a lo mejor, si hay suerte, un coche;
botellas de champán brillantes, juerga:
hombres de todas clases hay.
En el fondo se dicen: hermanos monstruos, ¿qué diferencia hay?
Los hombres no podemos, aunque queramos, hacer nada.
Dios lo sabe.


Juan Bernier, 
Poesía completa, 
Pre-Textos, 2011.




Gracias, J. A. , por regalarme este magnífico libro, de cuando los poetas todavía usaban el punto y coma.



martes, 3 de julio de 2012

Opio y fútbol





En realidad, todo podría resumirse en la célebre máxima romana: "pan y circo". Primero definamos el poder como un entramado de instituciones político económicas que dominan la sociedad a través de los medios de comunicación. El poder a lo largo de la historia ha tratado de dominar las manifestaciones culturales de la sociedad (o pueblo) para ejercer su dominio sobre ella. Ha tratado -y en buena parte, logrado- dominar, por ejemplo, a la literatura mediante la censura o para defender los conceptos que le eran propicios, como el concepto de patria, nación, honor, matrimonio, etc. Recomiendo leer, en este sentido, un artículo imprescindible de Even-Zohar con el significativo título de  La Función de la literatura en la creación de las naciones de Europa. Por otra parte, el poder es consciente de que debe ofrecer al pueblo una serie de vías de escape (o katarsis) para que libere la energía reprimida por un estado/poder castrante/castrense. Sobre esto coinciden Bajtin y Foucault, entre otros muchos. Actualmente, uno de los principales medios de ofrecer a la vez una vía de escape (katarsis) y una distracción (circo) es la mediatización del deporte en general, pero sobre todo del fútbol. Las masas adocenadas repiten cual papagayos lo que han escuchado al locutor de televisión o leído en la prensa. Hemos hecho historia, hemos entrado en la leyenda, porque ninguna selección del mundo había conseguido antes ganar tres títulos internacionales seguidos, dice el periódico, dice el locutor, dice Iniesta, dice Plácido Domingo, dice el Príncipe de Asturias, dice el Presidente del Gobierno, dicen los borrachos a los que entrevistan en cada ciudad la noche de la celebración. ¿Qué queda de esos individuos? ¿No son como ovejitas alienadas repitiendo el beee, beee, beee que les han "ordenado" hipnóticamente repetir, y comportándose como tal? ¿Qué están celebrando, un aumento de sueldo, haber resuelto una ecuación, haber ligado a la chica de sus sueños? ¿Celebran haber visto un gol de un mérito increíble y una estética sublime? No, desde luego, pues si hubiera perdido "España" ante un golazo de "Italia" no estarían exaltados de júbilo. No, celebran el concepto de nación, celebran el sentimiento nacionalista o patriótico, el ideal romántico de pertenencia a una colectividad identitaria, a un estado idealizado a base de tópicos, un estado que los utiliza, maltrata, margina, engaña, miente y manipula. Eso celebran.


Poema visual: España. Homenaje a Brossa de Jorge Díaz Martínez