blog de Jorge Díaz Martínez

miércoles, 25 de mayo de 2011

all I ever have

   


Redemption song

   
Old pirates, yes, they rob I;
Sold I to the merchant ships,
Minutes after they took I
From the bottomless pit.
But my hand was made strong
By the 'and of the Almighty.
We forward in this generation
Triumphantly.

Won't you help to sing
These songs of freedom?
'Cause all I ever have:
Redemption songs;
Redemption songs.

Emancipate yourselves from mental slavery;
None but ourselves can free our minds.
Have no fear for atomic energy,
'Cause none of them can stop the time.
How long shall they kill our prophets,
While we stand aside and look? Ooh!
Some say it's just a part of it:
We've got to fullfil the book.

Won't you help to sing
These songs of freedom?
'Cause all I ever have:
Redemption songs;

all I ever have:
Redemption songs;

These songs of freedom

songs of freedom

   

  

lunes, 16 de mayo de 2011

LA POESÍA COMO COMPETICIÓN



   Foto Pol Punto R
 


LA POESÍA COMO COMPETICIÓN

El ajedrez y el fútbol participan de una misma lógica: el mítico enfrentamiento entre dos bandos que compiten por alcanzar una posición. En el fútbol, es una posición estática, mientras que en el ajedrez es dinámica. Pero, a fin de cuentas, el rey y la portería funcionan de la misma manera, son “la meta”. Dicho objetivo articula todo lo demás y de él depende también la dimensión narratológica del juego, lo cual se hace evidente en la crónica deportiva, donde con frecuencia se retrata al adversario en forma de antihéroe -y, en la práctica, funciona de manera similar, aunque sea como marca “a batir”. Es decir, tanto el deporte como la narrativa popular reproducen la competencia y la lucha entre iguales por la supervivencia, los recursos o como medio de superación. No es extraño que la misma dinámica rija también la cultura. El famoso vídeo de los Monty Python, donde filósofos alemanes se enfrentan en un partido de futbol contra filósofos griegos, no deja de tener, como todas las bromas, una parte de verdad. La historia de la filosofía puede (¿debe?) entenderse como el resultado de un enfrentamiento continuo entre ideas antagónicas que se reproducen generación tras generación. Y, si hacemos caso a Bourdieu, cuya obra más conocida se titula precisamente Las reglas del arte, en alusión a “las reglas del juego”, esa competición se libraría también en un terreno mucho menos ideal: al igual que en la lógica posicional del ajedrez o del fútbol, el objetivo de los productores culturales sería ocupar un espacio, alcanzar una situación, lugar o colocación en el sistema, en este caso la posición central, ya sea a corto o a largo plazo. Pero los propios productores pueden verse como simples medios de llevar a ese lugar predominante determinados modelos poéticos que, al igual que las ideas filosóficas, se transmitirían de generación en generación. Con la peculiaridad de que estos “peones” pueden hacer uso de cualquier procedimiento, más allá de la escritura de textos, para acercarse a la meta. En principio, triunfaría aquel a cuyo lanzamiento, carrera o salto se le reconociera más valor, pero, como en el deporte, como en la vida, los jugadores también pueden engañar al árbitro. Sin necesidad de recurrir a comparaciones deportivas, el carácter competitivo de la literatura se evidencia en algunos de sus ritos más arcaicos, como las justas poéticas, los juegos florales, los certámenes y concursos o las antologías. Incluso podría decirse que el adolescente empeñado en lograr un poema memorable compite por situar su escritura en una tradición, es decir, por elevarla hasta un grado. O, hasta si no tiene más intención que la de dejar oír su voz, de una u otra manera estará “tomando partido” y “posicionándose” respecto a un estado de cosas. Por eso, y de hecho, la poesía es una competición implicada en el conjunto de competencias de la realidad. En nuestras sociedades se tiende a percibir también la propia vida como un deporte con unos objetivos que cumplir, aunque esos objetivos consistan simplemente en la felicidad o en la ausencia de infelicidad, lo que nos planta de nuevo ante una estructura bipolar, ante la narración ancestral en la que hay que ingeniárselas para solventar los obstáculos que median entre el yo y su realización o, como diría Propp, su boda con la princesa. Para Bourdieu, la “princesa de la poesía” no sería otra cosa que la cúspide en la jerarquía de los modos literarios o, al menos, la posición central en uno de sus estratos, ya sea en vida o póstumamente. Pero ni la literatura ni la propia vida tienen por qué consistir en una competición, ni siquiera en una competición contra la infelicidad, ni siquiera contra uno mismo.


     
   
        

domingo, 15 de mayo de 2011

Prólogo de LA NUBE EN PANTALONES



  


Prólogo

Vuestra mente
que en el cerebro fofo sueña
como el cebado lacayo en un mugriento sofá,
la exitaré
con el trapo sangrante de mi corazón,
me burlaré hasta hartarme, descarado y mordaz.

Mi alma no tiene una sola cana,
ni tiene ternura senil.
Atronando al mundo con la fuerza de mi voz
camino gallardo,
con veintidos años.

Tiernos:
los que acostáis el amor sobre violines,
los rudos lo acuestan sobre timbales,
no podréis hacer lo que yo:
volverse del revés y ser todo labios.

Venga a aprender,
la dama repulida,
consorcia cursi del gremio angelical
y la que impasible hojea labios
como la marmitona un libro de cocina.

Si lo desean
me volveré loco de carne
y -tornasolado como el cielo-
si lo desean
seré impecablemente fino:
no un hombre, una nube en pantalones.

No creo que exista la Niza florida.
Hoy vuelvo a ensalzar
a hombres chafados como un hospital
y a mujeres resobadas como un refrán.
 

 Vladimir Mayakovski
   
   
 

domingo, 1 de mayo de 2011

Le pont Mirabeau

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
LE PONT MIRABEAU






Sous le pont Mirabeau coule la Seine
               Et nos amours
        Faut-il qu´il m´en souvienne
La joie venait toujours après la peine

               Vienne la nuit sonne l´heure
               Les jours s´en vont je demeure

Les mains dans les mains restons face à face
                Tandis que sous
        Le pont de nos bras passe
Des éternels regards l´onde si lasse

               Vienne la nuit sonne l´heure
               Les jours s´en vont je demeure

L´amour s´en va comme cette eau courante
                L´amour s´en va
        Comme la vie est lente
Et comme l´Espérance est violente

               Vienne la nuit sonne l´heure
               Les jours s´en vont je demeure

 Passent les jours et passent les semaines
                Ni temps passé
         Ni les amours reviennent
Sous le pont Mirabeau coule la Seine

              Vienne la nuit sonne l´heure
              Le jours s´en vont je demeure









                Guillaume Apollinaire