blog de Jorge Díaz Martínez

miércoles, 22 de febrero de 2012

Todo el mundo debería llorar















TODO EL MUNDO DEBERÍA LLORAR

A la primera banderilla ya estaba la niña llorando -se quejaba uno de ellos. Era un grupo de albañiles en el descanso de una obra. Los demás le miraban en silencio. Seguí andando.














domingo, 5 de febrero de 2012

Una letra a través


























Una letra a través


Mentiras, hablador, mentiras:
tú no eres yo.

Estoy en esta línea
intentando encontrar la cerradura.

Simplemente el pensamiento
de escucharte, el pensamiento
de herir

de un pensamiento.













viernes, 3 de febrero de 2012

La lectura de Elvira








Anoche fue el recital de Elvira Ramos. Me pareció obligado empezar con la lectura de un poema, en concreto, este poema, de Wislawa Szymborska. Después, el acto continuó más o menos como sigue:





PRESENTACIÓN DE ELVIRA RAMOS EN LA TERTULIA, EL 2 DE FEBRERO DE 2012, GRANADA


Por Jorge Díaz Martínez


Los que estamos aquí esta noche, hemos venido, como ustedes saben, a realizar una especie de velada esotérica. Hemos venido, ni más ni menos, que a poner en marcha el ritual/ de la literatura, a merendar el espíritu de Elvira, a beber/ la destilación/ de sus desvelos. Y no crean que estoy exagerando si digo que, dentro de un breve momento, comenzará a producirse, en esta misma taberna, una especie de bucle, un bucle dimensional al que vamos a tener acceso sin necesidad de recurrir a aceleradores de partículas, más allá de los estimulantes que cada cual tenga a bien consumir, y de entre los cuales, los poemas de Elvira no serán, sin duda, los más blandos. Pero estaba, perdónenme si divago, pero estaba recurriendo antes a la imagen de un bucle temporal, pues lo que va a ocurrir aquí, dentro de poco, no consiste en otra cosa, sino en un solapamiento, sino en una simultaneidad, como un agujero de gusano hacia el pasado de una amante, el presente de una vida y el futuro de una poeta, y todo ello a su vez multiplicado por cada uno de los receptores de la comunicación, es decir, por nosotros, tan susceptibles al verbo. Y vamos a tener la suerte de asistir también a una premonición, la suerte de escuchar unos poemas como quien adivina en las formas de un cuerpo/ todavía adolescente/ la anatomía adulta que cobija: no son éstos los primeros poemas de Elvira Ramos, ni tampoco los últimos, pero son ya, sin duda, sus poemas, su manera de hablar, su movimiento. Y es que Elvira es una escritora increíblemente inédita, alguien a quien la exigencia íntima del perfeccionamiento del oficio había mantenido hasta hace poco tiempo bien a salvo, bien abrigada en esa confortable anonimia de la que ahora, entre todos, empezamos con gusto a despojarla.

Yo no sé si meterme en cuestiones de poética. Hablar de su poesía se parece demasiado a hablar de ella, a desnudarla en público, así, para todos ustedes, y debo reconocer que me causa un poco de pudor, un poco de vergüenza, toda la que le falta a ella cuando decide decir en sus poemas de manera completamente sincera todas esas mentiras que los demás solemos guardarnos para luego. Son mentiras sentidas, sin embargo, tan sentidas que a veces me recuerdan a aquella famosa cita de Pessoa. Ustedes ya me entienden, ya musitan la cita, y yo quiero aprovechar para decirles que los versos de Elvira también hablan de lo mismo: de dolor y de otros versos. 

Y si a una poeta la hacen sus lecturas, las de Elvira han parido a una bastarda, quiero decir, a la hija de un amor enfebrecido y extramatrimonial, un delito fraguado en la alta oscuridad y bajo coste siempre de la vigilia, pero es precisamente esa pasión ilegítima la única a la que nosotros, los poetas, los intelectuales bohemios, concedemos cierta legitimidad, quizá porque sabemos que quien no se ha ahogado nunca en las profundidades de una página, no puede llegar tampoco a entrecortar el aliento de aquellos que se acerquen a las suyas. Y esto último venía, y ya termino, a decir que Elvira Ramos no ha llegado hasta aquí, hasta este púlpito, o público, o pulpito, perdón, decía, que no ha llegado hasta aquí como una persecutora de padrinos, de modas, medallitas, tendencias y trofeos, sino como una lectora voraz, una amante promiscua de las letras y una enamorada fatal de la poesía. Si esta noche la tenemos con nosotros, se debe a alguna suerte de justicia, de karma o de destino. A la literatura, démosle gracias. Amén.














jueves, 2 de febrero de 2012

Mañana - sin nosotros. Wislawa Szymborska







MAÑANA - SIN NOSOTROS


Se espera una mañana fría y con niebla.
Por el oeste
se avecinan nubes de lluvia.
La visibilidad será escasa.
Condiciones adversas para la circulación.

Según avance la jornada, la gradual
influencia de una cuña anticiclónica por el norte
hará posibles algunos claros.
A pesar de ello, ráfagas fuertes y racheadas de viento
pueden ir acompañadas de tormentas.

Por la noche,
cielos despejados en casi todo el país,
sólo en la parte sureste
podrían darse algunas precipitaciones.

Las temperaturas bajarán considerablemente,
pero aumentará la presión atmosférica.

El día siguiente
se anuncia soleado,
si bien a los que siguen viviendo
todavía les será de utilidad el paraguas.


Wislawa Szymborska















miércoles, 1 de febrero de 2012

Árboles con tronco pintado de blanco









                                                         (reseña publicada originalmente en Culturamas)






ÁRBOLES CON TRONCO PINTADO DE BLANCO


                                             



Que a día de hoy un poeta consciente se atreva a encabezar un poemario con una cita de Lorca puede resultar extraño, la herencia del poeta granadino se encuentra tan explotada que a veces es difícil distinguir algunas de sus atribuciones más notables de entre el conjunto de tópicos que empañan su figura. Sin embargo, a la poesía de Juan Antonio Bernier le gusta precisamente eso, apuntar a lo escondido u olvidado; en este caso, un modo de simbolismo sutil, pagano y culto que, siendo una de las características que la poesía lorquiana había asimilado de las estéticas francesas de finales del XIX, en parte a través del Modernismo, viene a conectar muy bien, curiosamente, con una de las principales líneas de evolución de la llamada Poesía de la experiencia. Una línea que, como ha puesto de manifiesto Luis Muñoz, refiriéndose a su propia poética, cuya influencia no es necesario mencionar, vuelve a esas mismas raíces simbolistas como fuente de inspiración y renovación.

Así pues, podemos estar hablando de Neosimbolismo. Y aunque éste se refiera solo a un aspecto parcial de las poéticas de un grupo señalado de autores, es posible definir sus diferencias respecto al primero, siguiendo de nuevo a Luis Muñoz, como la ausencia de la pretensión universalista o del misticismo mágico de las correspondencias, que pasarían a entenderse como meros juegos lingüísticos o conceptuales. Lo cual, simplificando bastante, sería la consecuencia lógica de pasar la poética simbolista por el filtro estructuralista de la lingüística de Saussure, determinante en la evolución de las  humanidades durante todo el siglo XX. El asunto, quizá, adquiera otros matices en el caso de Bernier, para quien la preocupación estética y la existencial (de alguna manera, también espiritual) corren parejas y acaban, inevitablemente, impactando su poética. De estos interrogantes irresolutos deja constancia en algunos apuntes como “No creo en Dios,/ pero el poema/ vuela hacia Dios.” en la antología Deshabitados. Por lo tanto, no es extraño que la indagación sobre el sentido, presente ya en su anterior poemario, sea uno de los aspectos centrales de Árboles con tronco pintado de blanco, especialmente en los poemas The life pursuit o Young adults against suicide; aunque dicha inquietud atraviesa cada uno de sus versos o, mejor dicho, cada uno de sus versos parte de esa inquietud.

Otro tópico ampliamente extendido asegura que hay poetas, como Lorca, cuyo carácter resulta tan personal que no es posible imitarlos, o aprehenderlos, salvo a costa de ahogar la propia voz. Para refutarlo, Juan Antonio Bernier ha ensayado algunas reactualizaciones, introducidas casi imperceptiblemente en su repertorio. Así, cerca de un siglo después, encontramos la siguiente cancioncilla, una letra donde la influencia lorquiana llega a pasar tan fácilmente desapercibida que, una vez descubierta, dudamos si procede del cálculo artesanal o de una lógica coincidencia.


FUTURO DEL AIRE


Danza de la montaña con el prado.

(Recordar que mi cuerpo
y el mundo
son asimétricos)

Danza de la montaña con mi cuerpo.


Si hemos comenzado por la cita que abre el libro, estas últimas consideraciones nos llevan a la dedicatoria que lo cierra, un guiño enmascarado que no hace sino incidir en la naturaleza dialógica de una escritura en la que se inscribe también la necesidad de redondear la percepción fragmentada que los versos ofrecen. La apelación al lector, la preocupación por el lector, tan prioritaria para la poesía castellana actual, sobre todo a partir de la defensa que los poetas de La otra sentimentalidad primero y la Poesía de la experiencia después realizaran en su favor durante los ochenta, es esgrimida todavía en diversos textos programáticos, como el manifiesto que abre la reciente antología Poesía ante la incertidumbre. Sin embargo, el planteamiento parece ser algo más bíblico en la poética de Bernier, quien espera, aunque no exige, del lector una respuesta por alusiones constantes, más o menos escondidas, a la tradición literaria o filosófica, y una sensibilidad menos complaciente, apta para el disfrute de un discurso basado en la destilación de los procedimientos figurativos hasta rozar el abstracto. La aparente ligereza de sus composiciones solo llega a completarse en la mirada atenta de un receptor capaz de subrayar la profunda entropía de esas puntas de iceberg a las que podríamos comparar sus poemas.

Dicha elección, por supuesto, implica exponerse a las críticas de quienes no descubren en la página nada más que lo impreso, actitud similar a la de aquel que delante de un Mondrian solo ve rayas. No obstante, y simultáneamente, los poemas de Bernier ostentan una cualidad intrínseca, una matemática bella que los hace también una lectura válida en sí misma, una cualidad que apunta hacia la serenidad y la conciencia.