blog de Jorge Díaz Martínez

domingo, 28 de febrero de 2021

The Wild Iris, de Louise Glück


The Wild Iris
Louise Glück
HarperCollins, 1992.


Entre los regalos que recibí la Navidad pasada, se encuentra esta edición (gracias de nuevo) de The Wild Iris (1992), de Louise Glück. Como todos sabréis, este título recibió un Premio Pulitzer y su autora un Premio Nobel.

Aunque con sólo un título no pueda forjarme un juicio sobre la autora, creo que si la comparamos, por ejemplo, con Wislawa Szymborska, la verdad que no hay color. Yo diría que Szymborska escribía para la gente y que Glück lo hace para la crítica —como buena intelectual—. Y efectivamente, este poemario tiene todo lo que a una institución académica le gusta. Para empezar, la ausencia de expresiones malsonantes, de lenguaje demasiado coloquial, así como la ausencia de poesía combativa, de denuncia social, en el sentido político del término (para que os hagáis una idea, Allen Ginsberg, un poeta con muchísima más resonancia a nivel internacional, nunca recibió el Pulitzer —aunque fue finalista— ni mucho menos el Nobel). Por el contrario, en Louise Glück encontramos un discurso introspectivo, plagado de emociones depresivas, entre las que se incluye algún episodio ambiguo de la infancia. Hay abundancia de términos arbóreos y florales que la mayoría no sabría situar en un jardín. Y tampoco hay excesiva abstracción. El constante diálogo interior se sostiene en un entorno casi figurativo (y bucólico), pero dejando abierta la duda del lector. ¿Es acaso la propia Glück quien habla? ¿O se trata, tal vez, de un sujeto lirónico? ¿Y con quién: con un lector implícito, con las flores, con su jardinero amante o con el propio Dios/padre? Gracias a estas interrogantes los becarios estadounidenses han llegado a publicar un sinnúmero de artículos peer review y de monografías.  

En mi opinión ―totalmente desinformada―, con el mismo sacapuntas se podría haber sacado más punta a los poemas. Sin el continuo reproche metafísico (por no decir religioso) el lamento de Glück se queda hueco. Ella es la que más sufre de todo el universo, nos dice poéticamente: “And no one praises/ more intensely than I, with more/ painfully checked desire, or more deserves/ to sit at your right hand, if it exists, partaking/ of the perishable, the immortal fig,/ which does not travel.”. Lo que quiero decir es que mis compañeras de clase del instituto, recién salidas del colegio de monjas y en plena crisis existencial adolescente, más o menos a la vez que Glück ganaba el Premio Pulitzer también le dedicaban poemas angustiosos al autismo numínico, y a veces casi mejor. Aunque, por lo menos, la neoyorquina no lo hace siempre en endecasílabos, cosa que no se puede decir de la mayoría de nuestros premios nacionales (ni tampoco se demora en un cancionero alcohólico, etc.). Su versificación entrecortada (traumatizada) obedece a una oralidad ensimismada cuyo universo de referencias no se aventura lejos de la huerta, excepto hacia el interior. Ciertamente, tiene mérito métrico, aunque, para la fecha, tampoco es una esteta.   

Con todo, tengo que decir que hay algunos poemas que me han gustado mucho y que, en todo caso, la seguiré leyendo, por si acaso.


viernes, 19 de febrero de 2021

Poesía fantástica, de Juan Andrés García Román

  


Poesía fantástica. Resumen primero (2007-2019)

Juan Andrés García Román
Edición de Erika Martínez y Juan Carlos Reche
Pre-Textos, 2020

Los monstruos nacen, se miran y se ríen.

Juan Andrés García Román

 

En realidad, toda la poesía de Juan Andrés García Román es una monstruosidad, una maravillosa reinvención de códigos preexistentes, como la inauguración de un nuevo género. Su escritura es un oasis para la imaginación ―la técnica y el esfuerzo― y, sobre todo, para la libertad. Libertad para mezclar estructuras y formas de decir musicales, narrativas y dramáticas. Libertad para alterar plásticamente los significantes gráficos, para la creatividad gramatical, para la deconstrucción del repertorio, para la poliglosia intertextual, y un largo etcétera, pero logrando un discurso coherente y homogéneo, como decía Wölfflin del Barroco. De ahí que el título de Poesía fantástica le venga especialmente bien a una antología (pues los monstruos se hacen de pedazos) que recoge fragmentos memorables de los mejores libros del autor.

La edición, a cargo de Erika Martínez y Juan Carlos Reche, se justifica por el hecho de que varios de sus poemarios anteriores, aparecidos en la hoy desaparecida DVD ediciones, resulten inencontrables, y también, no menos importante, para ofrecer al lector desprevenido un resumen lo suficientemente representativo de uno de los mejores poetas del idioma, es decir, de uno de los mejores escritores actuales en lengua castellana. Leer a García Román es contemplar la historia de nuestra literatura. Sus metáforas e imágenes despiertan un destello que creíamos enterrado en la cuneta de aquella Edad de Plata. El asombro versátil de sus versos nos recuerda al de los grandes maestros y los genios ―por ponernos neorrománticos― de nuestra tradición. No quiero dar a entender que se trate tan solo de efectismo e imaginería, al contrario, las composiciones de García Román nos conmueven por la profundidad de su psicología, la visceralidad de su filosofía, la hiperestesia de su erudición.

Una vez dicho esto, yo prefiero, un poco fetichista, las primeras ediciones, el sabor a fruta recién cogida de su tinta. Porque, como a Juan Ramón, tan cerebral, perfeccionista, a Juan Andrés le gusta también mucho corregirse. Las ediciones críticas futuras podrán así contar con abundantes notas a pie de página en sus márgenes. Disfrutemos ahora de esta poesía creciente y multiforme, como un monstruo fantástico.  

domingo, 14 de febrero de 2021

Vivir de oído, de Andrés Neuman

 






Vivir de oído
Andrés Neuman
La Bella Varsovia, 2018

Andrés Neuman es un caso ―escaso en la contemporaneidad― de escritor total. Si como novelista un autor está normalmente abocado a cierta consideración comercial, en Vivir de oído, su más reciente poemario, Neuman dirige el código a una inmensa minoría. 

Este libro destaca por su inteligencia, la sofisticación de sus imágenes y la profundidad de un pensamiento ducho en introspección, ese vicio de las mentes en exceso reflexivas que vuelven a pasar por sus circunvoluciones en busca de un error, una tercera lectura o un matiz. En los tiempos de la poética instantánea de Instagram, Andrés Neuman nos ofrece un discurso casi psicoanalítico, que combina digresiones de índole doméstica y fenomenológica, pero siempre a la luz de una retórica culta que a la vez las resigna que decora ―es decir, reproduce su sentido mientras guarda el decoro―.   

Esta racionalidad ―digamos, confuciana― puede parecer fría, cuando es solo el resultado de sostener la emoción con la metáfora. Y si bien es necesario que el lector participe ―no sé si me explico― no es tampoco una poesía oscura. De hecho, es bastante biográfica. Tanto así que el leitmotiv del libro, esa especie de sinestesia musical que lo atraviesa, tiene mucho que ver con sus raíces. Diría que, pasada la cuarentena (de la edad), Neuman ha dado a la imprenta su poemario más personal, hasta el momento. Ilustrado y romántico, con intuición y técnica, tiene la facultad de abrir al sentido las ideas. 

 

martes, 9 de febrero de 2021

Lejos de Kakania, de Carlos Pardo



 
LEJOS DE KAKANIA

Carlos Pardo

Ed. Periférica, 2019.

Por Jorge Díaz Martínez


Si Hesíodo tuvo la desvergüenza de poner en hexámetros los trapos sucios de su familia, Carlos Pardo se sirve de los propios para liarla parda en sus novelas, las cuales no debemos confundir con autobiografías, ni con autoficción, ni con la logorreica neurastenia de ciertos best sellers nórdicos. Se trata de novelas de inspiración biográfica, sin ser tampoco el primero que se olvida de cambiar algunos nombres propios.

Dicho esto, no seré muy objetivo al reseñar una novela cuyos personajes están inspirados en personas que conozco, pero apuesto a que Lejos de Kakania será más pronto que tarde una obra de culto ―aunque sea el culto minoritario de unos futuribles lectores de poesía―. No pretendo reducir su público objetivo: el relato rebosa calidad como para encandilar a los lectores más acérrimos de prosa. Sin embargo, la cáustica pintura que nos muestra de las miserias humanas y ridículas que pululan en los mundillos poéticos la hará especialmente morbosa y atractiva para quienes padezcan adicción a la lírica, a lo cual debe añadirse el interés específicamente metapoético de algunos pasajes en concreto. No quisiera alentar la confusión: la intención de Carlos Pardo no era cebarse en la mofa del gremio literario, pues aquí la poesía es casi un accidente de los protagonistas (a modo de aglutinante genitivo), quienes podrían haber sido igualmente músicos o cineastas sin que ello alterase demasiado el fondo de la cuestión.

Sucede que, aunque el narrador interno sea escritor, deambula por un mundo más extenso que el de sus propias quimeras quijotescas ―siendo consciente de ello―. Al igual que acontece en Luces de bohemia, Lejos de Kakania parece el esperpento costumbrista de una época en la que, no solo los escritores, sino tampoco nadie termina de encajar, con la excepción honorífica de algunas mentalidades instaladas en la comodidad de sus simplezas. Leemos el testimonio de una sociedad desmadejada, sumida en sucesivas transiciones y en continuo desencanto. El autor nos ofrece, a su pesar ―pues no cree en generaciones―, el retrato generacional de una promoción poética acomplejada entre la «nueva sentimentalidad» de los ochenta y el individualismo ecléctico de los millennials, que para colmo coincide con la generación X de la sociología.

Si en su segunda novela Carlos Pardo se atrevía a alternar los episodios de dos tramas distintas, en esta tercera insiste en la duplicidad estructural mediante la inclusión de un capítulo transgénero en verso narrativo. Sin ánimo de interpretar este fragmentarismo discursivo, encuentro que uno de los mejores aciertos de la obra reside precisamente en su prosa, esto es, en haber dado en el clavo de un tono narrativo muy cómodo y versátil, un vaivén acolchado pero áspero (como la tapicería de un autobús) que sinápticamente nos remite los detalles externos a su correspondiente correlato interior, un hilo de conciencia que en un intermitente flash back va estirando la trama de una delgada intriga sentimental, dando cabida en ella a multitud de niveles de experiencia, entre los que se cuentan, por su puesto, algunas hilarantes escenas de costumbres contemporáneas. El lector fácilmente puede dejarse llevar por esa voz: tiene ritmo, inteligencia y verosimilitud; un realismo muy poco complaciente, para empezar con el propio narrador, que se muestra a sí mismo vulnerable, parcial, deficitario y al mismo tiempo dueño de una especie de ética personal degenerativa capaz de deconstruir su identidad, y la de la propia novela.

Esta tinta cargada de ironía se detiene a menudo en las minucias de un vida grosera y consuetudinaria, en contraste con las aspiraciones artísticas, socioeconómicas y espirituales de los protagonistas, unos jóvenes aspirantes al parnaso que disfrutan del encanto de una vida bohemia y descreída mientras infructuosamente tratan de sostener su economía. Los agentes del campo literario sabrán reconocerse en esta solapada intimidad, esta vulgaridad sofisticada, poblada de individuos incapaces de desasirse de su distanciamiento intelectual para mezclarse sin pretensiones en un magma social al que tampoco quisieran ―ni pueden― renunciar.



viernes, 5 de febrero de 2021

Marcha por el desierto, de Sandra Santana

 



Marcha por el desierto
Sandra Santana
Pregunta Ediciones, 2020.

Este libro es un ejemplo de las tribulaciones inverosímiles que en muchas ocasiones supone tanto la escritura como la publicación definitiva de una obra literaria concisa. Veinte años han rodado estas composiciones antes de que tengamos en las manos sus hojas de poesía. Veinte años que han servido, no obstante, como decantación de unos papeles reducidos ahora a lo esencial. Esa esencia y ese envejecimiento se paladea sin duda en su lectura. Textos primeros y bien estructurados descansan con sabores a polvo de biblioteca, conservando el regusto afrutado de sus versos. Citas de Martin Heidegger y del Génesis apuntan a la lengua. Cuidada edición por parte de Pregunta Ediciones. Epílogo de la autora. Invita a relectura. Bueno para subrayar y llevar en la cartera.