blog de Jorge Díaz Martínez

domingo, 26 de abril de 2020

El dibujo se convirtió en escritura


Con motivo de la #semanadellibro #encasa 
recito este poema.
Pertenece a mi próximo libro:
Escribiendo mandalas
ilustrado por María Ortega Estepa
y que publica Ediciones En Huida




jueves, 23 de abril de 2020

El infinito en un junco, de Irene Vallejo

¡Feliz Día del Libro!

Para celebrar este día, los profes de mi instituto hemos querido enviarles a los estudiantes un pequeño vídeo leyendo cada uno un fragmento de algún libro, para hacerles así un poco de compañía y que vean que no les olvidamos. Lo comparto también en mis rrss, porque creo que el libro, y este día, lo merece. 

Se titula: El infinito en un junco, de Irene Vallejo. Es un ensayo divulgativo sobre el origen de los libros, la escritura, las bibliotecas y la literatura. Está cargado de anécdotas, de intertextos de otras lenguas y de fragmentos de la biografía de la propia autora, así que es en realidad de género mixto, un raro espécimen, a colocar en la estantería de los inclasificables, mis favoritos. 

Me lo estoy leyendo a sorbos, con tranquilidad, primero porque quiero que me dure, y porque además está escrito por capitulitos, unos capitulitos que se adaptan muy bien a ese ritmo  espaciado de lectura, ideal para antes de dormir, y que también permite combinarlo con otros menesteres y lecturas, como hacemos los incorregibles.

A pesar de que la denominación "ensayo divulgativo" que le he atribuido no parece anunciar grandes sensaciones, la verdad es que en muchos momentos me emociona e incluso me trasporta a estados de epifanía espiritual. A mí me lo regalaron gracias a una columna de Juan José Millás, en la que lo alababa, y que leyó en el periódico la persona que me lo regaló. Como siempre, unos textos nos dirigen a otros, porque así es el sistema de reproducción natural de la literatura, por esporas. Juan José Millás leyó este libro y escribió una columna sobre él, alguien leyó su columna y me lo regaló. Y yo ahora escribo aquí para que tú algún día también lo leas. 



lunes, 6 de abril de 2020

Shock Therapy & Covid-19


Naomi Klein se hizo famosa con la publicación del ensayo No logo, que muchos recordaréis, donde, básicamente, revisa la influencia del poder económico sobre las sociedades en el contexto de las grandes corporaciones de hoy en día. Pocos años después, en Shock Therapy (La doctrina del shock) describía una estrategia de manipulación masiva (según Klein, propia del capitalismo) basada en la creación de un falso problema (o, simplemente, la creación de un problema real) que generaría un estado de alarma (miedo), tras lo cual la sociedad aceptaría, incluso de buen grado, la imposición de algunas "soluciones" previamente prescritas para dicho problema prefabricado.

Este modelo se aplica a diversos eventos de la historia reciente. Pero, por citar solamente un caso cuyo "problema prefabricado" ha sido públicamente desmentido incluso por los mismos que lo publicitaron, recordemos las pruebas presentadas ante la ONU sobre la irrefutable existencia de armas de destrucción masiva en Irak, tras lo cual, con el beneplácito de la ONU, una alianza internacional de países occidentales se vio legitimada para intervenir militarmente dicho estado.

La difícil aceptación de estas teorías conspiracionistas —que denuncian la intencionalidad programada de tales operaciones encubiertas, siempre planificadas por algún organismo en la sombra— es su falta de credibilidad a gran escala, pues a la mayoría de las personas les resulta imposible aceptar por mucho tiempo que existan poderosas organizaciones, no siempre coincidentes con las instituciones políticas, cuyos objetivos no incluyan necesariamente la protección de la salud y la vida de los individuos que componen las sociedades.

Es decir, a la mayoría de la gente le resulta difícil, si no imposible, admitir durante un periodo prolongado de tiempo que los gobiernos de nuestros países, así como los organismos internacionales que componen, mientan y manipulen sistemáticamente a los ciudadanos, y que por tanto nuestras vidas se hallen continuamente bajo un estado de engaño controlado a través de distintos sistemas culturales, ideológicos e institucionales. Se entiende que no es fácil admitirlo: ni emocionalmente, ni para el orgullo asociado a la propia identidad. Por lo tanto, podemos tener el engaño delante de nuestras propias narices sin ser capaces de verlo, de creerlo o de aceptarlo.

Instintivamente, estamos programados para confiar y obedecer a unas figuras de autoridad que, aunque puedan a veces castigarnos, en última instancia procuran nuestra seguridad, protección y beneficio. Estas estructuras psicológicas de obediencia y credulidad hacia unas figuras de autoridad de las que dependemos provienen, obviamente, de las estructuras familiares primigenias, tanto animales como humanas, dándose el caso de que numerosas sociedades animales generan asimismo, como es sabido, figuras de autoridad o "líderes de la manada", más allá de la estructura unifamiliar. Nuestras organizaciones políticas no son más que la sofisticación de la tendencia de los mamíferos a generar una guía común.

Actualmente, nos resulta casi inaceptable, psicológicamente hablando, admitir una situación en la que nuestros "políticos-padres" nos sometan a diversos grados de manipulación, llegando incluso a atentar contra nuestra integridad personal. Sin embargo, en tiempos pretéritos la conciencia de la brutalidad, la violencia, la esclavitud y, en definitiva, del sometimiento al poder (de la fuerza) y a una jerarquía establecida se daba por sentado; así pues, quedaba menos espacio para el engaño ideológico y para una pretendida ilusión de libertad sociopolítica. Sin embargo, también desde muy antiguo los gobernantes han tenido conciencia de la conveniencia de controlar a las sociedades desde la manipulación ideológica, en vez de con la fuerza bruta. De otro modo, muchos soldados no se alistarían para morir voluntariamente en defensa de los intereses de, pongamos por caso, una casa real o un nuevo estado.

¿Cómo se aplica todo esto a la situación que estamos viviendo actualmente? Hay distintas teorías, pero, desde luego, todas juegan la misma baza en contra: la gente no cambia fácilmente de opinión y mucho menos admite estar siendo engañada. Admitirlo significaría resquebrajar el paradigma de realidad sociopolítica en el que el sujeto se encuentra cómodamente instalado, con la subsecuente inseguridad respecto a qué creer, desorden emocional y paranoia. Lo menos problemático, por tanto, es seguir ciegamente el discurso oficial, cosa que, al mismo tiempo, nunca antes había sido tan sencillo, pues nunca antes las sociedades habían estado, como ahora, tan controladas desde unos medios de comunicación tan instantáneos, eficientes, centralizados y universalmente homogeneizados.

jueves, 2 de abril de 2020

Quédate hygge en casa





Era todavía el invierno de 2017, yo vivía en Polonia y también, como ahora, en una especie de confinamiento climático y cultural. Durante los meses más fríos del invierno, incluso para los propios polacos la vida se hace dura, y es forzoso pasar la mayor parte del tiempo a cubierto en unas casas, por cierto, muy bien acondicionadas. Entre mis estudiantes se puso de moda la palabra hygge, un concepto escandinavo que viene a referirse a cómo estar a gusto en casa, teniendo en cuenta que vas a pasar muchísimo tiempo dentro. La idea es de sentido común, pero es lingüísticamente reseñable que la acuñación de un término específico para estar relajado entre cuatro paredes, escuchando música, leyendo libros y bebiendo infusiones, provenga de esos países donde la natura empuja forzosamente a ello. Durante aquellos meses de soledad en Lublin, entre mis ocupaciones claustrofóbicas se encontraba la del arte y ensayo del autorretrato fotográfico, de lo cual vino a darse uno de mis fotogramas biográficos favoritos, que titulé Night-time. Viviendo ahora otro encierro tan distinto, acunado por un amable mar, en la costa de Algeciras, pero inmerso también en las repeticiones a las que el confinamiento nos obliga, anoche mismo, sin demasiada premeditación, la homenajee, quiero decir que reproduje la representación de aquella foto. El arte es otro modo de pasar, volverse sobre uno mismo y adentrarse. El arte, más allá de la pericia que cada cual imprima en su destreza, es una dimensión irrenunciable para una confortable hygge life. Por algo se llaman nórdicos los edredones nórdicos, y es que nos lleva centurias de ventaja en esto de sentirse cómodamente encerrados. Así que mucho hygge: esa conceptualización escandinava del bienestar hogareño que tanta falta nos hace estas semanas.