blog de Jorge Díaz Martínez

domingo, 2 de febrero de 2020

Salvo el crepúsculo



No recuerdo si fue a los diecinueve o a los veintiuno, cuando decidí esperar para leer a Cortázar. Había en casa, la casa de mis padres, un ejemplar de Rayuela. Comencé a leerla pero me pareció que, si en aquel momento no me enganchaba, si me parecía una prosa espesa y superficial que aparentemente no contaba nada, era porque, debido a mi juventud, no había alcanzado todavía el grado de decepción-necesaria para apreciarla, para consentir en esa acumulación de los detalles mundanos, esa descripción de un devenir sin nudo narrativo, donde la enunciación de las atmósferas era más importante que una trama intrigante, donde la voz lo era todo, porque para mí la voz todavía tenía que contar directamente algo, pero que, sin duda, con un poco de paciencia, cuando hubiera vivido un poco más, me identificaría con esa narración arrastrada, abandonada, adherida a las esquinas de París. Y cerré el libro. Y esperé. Esperé más de diez años para sacar un ejemplar olvidado en los estantes de una fría universidad en el norte de China, a la que había acudido como lector de español. Y entonces sí. Y desde entonces no ha dejado de ser uno de mis autores de cabecera, o debería decir que desde entonces soy, también yo, uno más de sus incontables lectores pertinaces. Pero para no ahondar en el asunto, diré que he llegado incluso a aborrecerlo, como pasa con esa música que escuchas demasiado, o como pasa con esos amigos que necesitas dejar de ver un tiempo (que puede ser toda la vida) pero que no por ello dejan de ser tus íntimos amigos. Así que cuando ayer me encontré con esta supuesta poesía completa no dudé. Y Cortázar está de nuevo en mi cabecera, susurrándome al oído. Qué pesado. 📚

viernes, 17 de enero de 2020

Mis mejores lecturas de 2018 y 2019



No publiqué ninguna lista de mis mejores lecturas de 2018 y la verdad es que he leído muy poquito en 2019. Sin embargo, he tenido la suerte de tener en mis manos algunos libros buenos o muy buenos que no quisiera dejar de mencionar, aunque sea tarde y a destiempo, para contribuir con mi granito de arena a su difusión. Y lo voy a hacer en un solo paquete. Una lista personal, no de crítico ni de recomendador de novedades. Así pues, aquí están, sin más explicaciones (disculpad que no añada la reseña que merecen), solo algunas de mis mejores lecturas de 2018 y 2019. 

La lluvia en el desierto. Eduardo García
Como agua para chocolate. Laura Esquivel
Séneca. La sabiduría del imperio. Alberto Monterroso
El cuadro del dolor. Ana Castro
El jilguero. Donna Tartt
O Futuro. Abraham Gragera
Los rostros del personaje. Francisco Gálvez
Limbo y otros poemas. Ada Salas
El mundo. Juan José Millás
Nueve meses sin lenguaje. David Leo García
Las órdenes. Pilar Adón
En las orillas del Sar. Rosalía de Castro
El don de la fiebre. Mario Cuenca Sandoval
La teoría de los autómatas. Estefanía Cabello 
Ramona. Rosario Villajos
Lejos de Kakania. Carlos Pardo
Justina. Marqués de Sade




Advertencia, de Felipe Benítez Reyes