blog de Jorge Díaz Martínez

domingo, 28 de octubre de 2012

Os copio este poema, porque creo que nos duele a menudo






Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?



César Vallejo


martes, 23 de octubre de 2012

estas pintas tenía en 2007


Dentro de nada estará disponible para cualquiera que sepa leer mi último poemario, Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, editado por La Garúa Libros. En realidad, si alguien no sabe leer, puede conformarse con las ilustraciones de Pablo Diartínez, que son realmente espléndidas. Son tan espléndidas que en Publidisa todavía están trabajando en el formato electrónico para que estas pequeñas obras de arte queden tan bien como deben quedar, y esa es la razón por la que la salida definitiva del libro se está retrasando y retrasando a su vez el calendario de la editorial. Ya lo decía Don Antonio. El arte es largo. Hace poco pude recuperar de un viejo DVD una entrevista que se resistía a todos los programas de tratamiento de vídeo que manejo -que, por otra parte, tampoco son muchos, la verdad sea dicha-. Pero, en definitiva, aquí tenéis la entrevista, en ella salgo yo. Por lo menos, sale quien era yo en 2007, o una parte de mí, mi superficie, une tranché de vie divertido ante la expectativa de hablar de mi poesía y de mí mismo en un programa matinal para telespectadores municipales y desocupados. Si la veis hasta el final, podréis comprobar como la entrevistadora tiene que contener la risa cuando me pongo a recitar. Bueno. Después leo un segundo poema, algunos fragmentos del cual se han conservado y ahora forman parte de Transbordo. Y eso es lo que quería decir. Este era yo cuando estaba escribiendo las primeras versiones de Transbordo. Así era yo.



domingo, 21 de octubre de 2012

A propósito de "Ruido blanco", de Raúl Quinto




Reseña aparecida en Culturamas

DE POESÍA Y NARRATIVA. A PROPÓSITO DE RUIDO BLANCO, DE RAÚL QUINTO


Ruido blanco 
Raúl Quinto
La Bella Varsovia, 2012.


Me interesa hablaros de Ruido blancoel último poemario de Raúl Quinto, debido a dos cuestiones, principalmente. La primera es la periódica necesidad que manifiestan sucesivas promociones de poetas de encontrar nuevas formas de escritura poética ante el hartazgo de un tono lírico que se considera obsoleto. Se trata de la famosa prerrogativa rimbaudiana según la cual un artista ha de ser “absolutamente moderno”. Ni que decir tiene que el mismo ánimo impulsa a numerosos autores actuales. El cansancio ante el típico libro de poemas empuja a estos creadores a buscar una alternativa capaz de renovar el género, capaz de hallar esa forma “absolutamente moderna”. El término forma comporta cierta incomodidad, pues sabemos que la dicotomía entre fondo y forma resulta teóricamente insostenible. No obstante, la distinción puede seguir resultándonos útil para cierto nivel de análisis. Es evidente, y en algunos casos explícito, que muchos de estos intentos de renovación poética han recurrido a la incorporación de universos semánticos poco frecuentes en la tradición de la poesía castellana. Sin embargo, esta operación no constituiría por sí misma una renovación poética. Pensemos, por ejemplo, en un libro como El tamaño del universo, de Ángela Vallvey, dedicado al ámbito científico, a la física y la astronomía, desde una perspectiva histórica, a lo largo de una serie de poemas compuestos claramente según el patrón de la poesía de la experiencia. Este libro, de estructura lineal, casi didáctica, puede resultar muy hermoso, y en mi opinión lo es, pero en cuanto a innovación literaria su aportación se limita a la de una “temática extraña”. Así pues, el aspecto fundamental de los intentos de renovación poética acaecidos en los últimos años tendría que ver –como siempre- con la técnica literaria propiamente dicha. Creo que el primer gran libro en este sentido, para la última promoción de autores que ha querido diferenciarse tajantemente de la poesía de los ochenta, fue Las afueras, de Pablo García Casado. En esta “oposición” tendrían cabida numerosas escuelas y autores, por supuesto, entre las que podemos citar propuestas tan diferentes como las de Agustín Fernández MalloDavid González o Antonio Orihuela, por citar solamente algunos nombres muy conocidos. Pues bien, a este empeño creo que podemos sumar la reciente publicación de Raúl Quinto, Ruido Blanco. Si en sus anteriores entregas, La piel del vigilante y La flor de la tortura, dedicadas a temáticas relativamente novedosas dentro de la poesía española -como el universo de los cómics de superhéroes- sus poemas no terminaban de despegarse de los procedimientos habituales dentro la poesía figurativa de los ochenta, en este último poemario, en cambio, la distancia es ya manifiesta.

Había comenzado mencionando dos cuestiones. La segunda de ellas se refiere al hecho de que muchas de estas tentativas de renovación de la poesía actual, sin estar en la mayoría de los casos vinculadas en origen, pueden tener en común algo más que el deseo de superación de los cauces pretéritos. El discurso de la narrativa, al contrario que el de buena parte de la poesía española, ha sabido avanzar con el curso de los años, incorporando técnicas que lo acercan a eso que se suele denominar como la “sensibilidad de nuestro tiempo”, tal vez debido no tanto a su estrecha relación con el mercado y un público general -con las consecuencia de prosa comercial que todos conocemos- como por una paradójica contrapartida que otorgaría a unos pocos autores mayor libertad creativa y desinhibición a la hora de romper moldes preestablecidos. En cambio, el pequeño redil de la poesía ha permanecido hasta cierto punto hermético, ha tendido a cerrarse sobre sí mismo, a la reelaboración de sus temas y tópicos, apenas disimulados bajo una capa de pintura léxica –con la salvedad, por supuesto, de unas cuantas honrosas excepciones. Pues bien, lo que guardarían en común buena parte de las varias propuestas de poética acaecidas en los últimos años puede consistir precisamente en su importación de recursos provenientes de la narrativa. Cuando leemos, por ejemplo, los programas de “poética” de Pablo García Casado, no es difícil encontrar que muchas de sus preocupaciones, como la introducción de puntos de vista excéntricos y voces de personajes que lo alejen del “ego romántico”, coinciden con los aspectos técnicos que normalmente preocuparían a un narrador. En el caso de Agustín Fernández Mallo, se trata precisamente del abanderado de la última “generación” de la narrativa española, denominada mediáticamente generación nocilla. En cuando a David González, la diferencia entre sus impactantes relatos y sus dramáticos poemas, parece residir en ocasiones en la mera disposición gráfica. Y en lo tocante a Raúl Quinto, se ha revelado también recientemente como un escritor anfibio publicando un deslumbrante ensayo narrativo, Idioteca, con el que Ruido blanco guarda cierta similitud composicional y estilística, hasta el punto de que muchas veces es difícil decidir, en ambas obras, qué hace de algunos fragmentos textos de poesía o de prosa. Y quizá esta incapacidad de diferenciación genérica de algunas secciones dentro de un mismo texto literario pueda leerse –aunque no siempre- como una suerte de sublimidad. Lo mismo nos sucede ante un poemario tan diferente al que ahora comentamos como es La adoración, de Juan Andrés García Román. Pero, sin duda, esta característica ha estado presente a lo largo de toda la historia literaria. Cualquiera puede recordar la experiencia de haber pasado por algún fragmento de obras narrativas que le resultara especialmente poético –como, por citar un ejemplo arquetípico, el “capítulo 7” de Rayuela-, y algo parecido ocurre, asimismo, a la inversa.

Esto no significa que no se den también propuestas poéticas entre los jóvenes autores que busquen esa diferenciación y esa voz propia mediante otros medios. En concreto, la promoción de poetas que se encuentra actualmente en la veintena parece hacer uso de otros procedimientos y escribir desde otros referentes. Pero sí creo que buena parte de las alternativas surgidas hasta el momento son susceptibles de entenderse desde este punto de vista, es decir, desde su relación con la narrativa, algo que no sería ajeno, por supuesto, ni siquiera a la propia poesía de la experiencia, lo cual plantearía el problema de los diferentes tipos de trasvases de técnicas narrativas por parte de las distintas escuelas de poesía, o más allá todavía, qué hace de ciertos procedimientos recursos típicamente narrativos, cuando han formado parte de la estructura de los textos pertenecientes a la lírica desde sus inicios. En cualquier caso, el vínculo con la prosa ha estado presente en el discurso poético desde sus mismos orígenes. Salta a la vista el componente narrativo del que se sirven muchas de las obras clásicas, incluso aquellas que se presentan como cimas del lenguaje poético, como puedan ser las Églogas de Garcilaso o el Polifemo de Góngora. Ya en el siglo veinte, suele citarse el prosaísmo de Antonio Machado o el de la Generación de los 50. Así, no es tan extraño que en su búsqueda de una poesía otra, los nuevos poetas se inclinen por un discurso híbrido, como este de Ruido blanco, articulado en torno a una anécdota terrible…


sábado, 20 de octubre de 2012

Leer deprisa algunos libros puede ser un alivio, o bien un error muy grueso


Y la obra de Alejandra Pizarnik es un buen ejemplo del segundo caso. Os copio este poema, como podría copiaros cualquier otro de ella, como algunos más que os he escrito aquí en otras ocasiones y como -seguramente- alguno más que os copiaré...  



SIN TIERRA COMÚN

     Alguna vez sabrás por qué hablas menos de lo que dices. Alguna vez conocerás lo que ya habías dicho dijiste. Sólo tú puedes hablar del hablar porque es tu emblema, tu flagelo.
     Aún ahora, también ahora, sílabas hostiles disuenan en tu cuerpo. Pero tú sabes que un día se libertarán, irrumpirán, y nunca dirás las palabras de todos, aquellas que no aceptan servirte porque a ti no te sirven.  

Alejandra Pizarnik (poemas no recogidos en libro, 1956-1960)

jueves, 18 de octubre de 2012

El fenómeno de la sinalefa en la mente de los poetas andaluces




EL FENÓMENO DE LA SINALEFA EN LA MENTE DE LOS POETAS ANDALUCES

Para la mayor parte de las personas, o incluso para muchos poetas, la métrica se parece a un martirio. Para otros, es música. Tengo la suerte de contarme entre los segundos, aunque la verdad es que todo se debe a la práctica. Esto no quiere decir que siempre escriba en metro, sino que he adquirido la habilidad de interpretarlo con naturalidad. Al igual que el ritmo de la música se interioriza, también el de los versos. Esto posibilita que se puedan escribir “de manera espontánea” tiradas y tiradas de versos sin errar un acento. En ese proceso, lo que se tiene en mente es, literalmente, como una musiquilla. A continuación, comentaré los problemas que presenta, para un escritor andaluz, sobre todo poeta, la conjunción de esa “musiquilla” con la variedad de su habla natural, es decir, el dialecto andaluz, y los posibles inconvenientes que puede generar a la hora de trasladar ciertos versos al papel.

Para cualquier poeta o aficionado a la literatura, en una vida rodeada de libros y versos, es inevitable que en cualquier momento, sin proponérselo, en la cocina, en el coche, en la ducha o en el facebook, se aparezcan en mente, de manera espontánea, algunos versos. Pero, dado que la realidad sociolingüística del hablante andaluz sucede, en un grado u otro, dentro de las peculiaridades dialectales propias del andaluz, es muy fácil que ese discurso mental adopte en ocasiones la forma del habla andaluza, en vez de la del castellano estándar, sobre todo cuando ese “flujo mental” surge aleatoriamente, y no como consecuencia de la intención voluntaria de escribir unos versos. Normalmente, ante la intención consciente de escribir unos versos, el autor andaluz se sitúa en la variedad estándar. Pero, cuando los versos se aparecen involuntariamente en la imaginación de tal poeta andaluz, ocurre que las leyes de la métrica castellana se adaptan de manera automática a la dicción andaluza, construyéndose versos perfectamente melódicos, pero que, debido a la ley de la sinalefa, solo conservarán su cadencia cuando sean pronunciados según el acento andaluz.

Dado que en el dialecto andaluz no se pronuncian las consonantes finales, se generan obviamente muchas más sinalefas que en castellano, lo que altera el cómputo silábico o, lo que es lo mismo, la musicalidad del verso. Aunque esto me ha llamado la atención en múltiples ocasiones, ha sido un último verso “encontrado” lo que me ha animado a poner por escrito estas breves impresiones. El verso ha sido el siguiente:

La realidad está llena de ventanas.

En castellano es un dodecasílabo irregular (el dodecasílabo musical tiene cesura en medio y acentos en 5ª y 11ª) cuya musicalidad, desde el punto de vista métrico, es bastante relativa, o cuestionable. Escuchémoslo en andaluz: con la supresión de la “d” final de “realidad” se produce una sinalefa que lo convierte en un endecasílabo cuya bondad puede ser, efectivamente, también cuestionable, pues aunaría hasta tres acentos seguidos, lo cual, según la normativa clásica, se consideraría cacofónico. Sin embargo, en este caso creo que estos tres acentos seguidos realzarían el ímpetu y el tono de la afirmación.

La realidà está llena de ventanas.

            Me temo que a la gran mayoría de castellano-parlantes, los cuales en un grado u otro suelen estar impregnados de la imagen despectiva –cuanto menos, humorística- habitual hacia el habla andaluza que existe en el resto del estado español, les sería difícil apreciar la factura estrictamente literaria o poética que pueda llegar a adquirir este habla en la forma, por ejemplo, de unos versos medidos. Me temo también que incluso para los propios poetas andaluces, en muchos casos, un ejercicio tal puede ser visto con la condescendencia propia que la “alta cultura” dirige hacia las manifestaciones de la cultura popular -con la cual se identifican los rasgos dialectales andaluces.[1] Solo un individuo que tenga interiorizados ambos sistemas, el de la métrica castellana y el del dialecto andaluz, y que además esté libre del tipo de prejuicios sociolingüísticos con que se suele asociar la pronunciación andaluza, podrá percibir directamente, tanto la belleza posible de unos versos en andaluz, como el dilema normativo que plantean.

El poeta andaluz, al escribir sus versos ciñéndose a la norma del castellano estándar, renuncia de alguna manera a una parte viva de su identidad lingüística, con la contrapartida, bien es cierto, de incorporar su producción al conjunto de una tradición escrita bastante más extensa y antigua –que conforma, sin duda, la práctica totalidad de su experiencia lectora en idioma “español”, valga la redundancia-, la cual, por cierto, puede también reportar un grado mayor de reconocimiento, es decir, un número muchísimo mayor de posibles lectores y, en definitiva, una probabilidad considerablemente mayor de éxito. Todas estas compensaciones parecen, en conjunto -y sumadas a la ausencia, sobre todo, de cualquier tipo de reivindicación identitaria en el sentido político- suficiente incentivo para hacer uso de una norma estandarizada que no puede dejar de comportar cierto grado de artificiosidad en contraste con el habla natural de un andaluz. La situación, por supuesto, no es exclusiva de los autores andaluces.

If we follow the biographies of writers in the highly developed civilized countries of the Western Hemisphere, we discover that many of them never used their real mother tongue while writing their texts. To varying degrees many Swedish, Norwegian, Danish, German, Italian, French, and Spanish writers spoke a different mother tongue than the one they had to pick up at school, at a later stage, and very often they never managed to get rid of their home pronunciation, which denotes their geographic origins. (Even-Zohar, 2010: 133)

Incluso para un escritor salmantino existen diferentes variedades estratificadas del idioma castellano de las que hacer uso según la circunstancia –como pueda ser la muy específica circunstancia de la escritura artística-. Como señala Even-Zohar, “Thus the standard language is not identical to the spoken language anywhere on earth.” (2010: 129) Pero también es cierto que la literatura es el territorio donde la libertad y la experimentación pueden dar cabida, y con frecuencia así lo procuran diversos escritores, a los registros populares del idioma, al regionalismo, al folklore y, en definitiva, a las variedades tanto especializadas como domésticas u orales de la lengua, el argot, etc. Siendo esto evidente para la narrativa, debería serlo también para la poesía. Pues bien, si observamos el caso de un poeta español cuya variedad lingüística doméstica o materna coincida fonéticamente en alto grado con la variedad estándar, encontramos que le será posible introducir esos registros domésticos en su escritura –métrica o no- con bastante naturalidad. Para un andaluz esto no sería posible. Como decíamos, cuando un poeta andaluz se dispone a escribir un poema, simplemente cambia de registro, la mayoría de las veces inconscientemente, adoptando la norma del español estándar. Es decir, que “se pone a pensar en castellano”, o en el “lenguaje de los libros”, lo cual no es nada extraño, simplemente porque esta es la lengua oficial, la lengua normativa del sistema educativo, los medios de comunicación y la literatura, y añadiendo el hecho de que un escritor puede pasar más horas al día “escuchando a los libros” –es decir, leyendo- que a personas físicas (súmese a todo ello que no exista un sistema de escritura reconocido para las variedades dialectales andaluzas). Pero a pesar de todo lo anterior, resulta una obviedad decir que la línea de pensamiento de cualquier andaluz -aunque sea un literato como Juan Ramón Jiménez- se situará en ocasiones en la forma propia del idioma materno, y es entonces cuando pueden aparecer por sorpresa esos endecasílabos “andaluces”… y cuando inmediatamente el “autor” procede a repetírselos, o a imaginar como quedarían por escrito, descubre la imposibilidad, la incompatibilidad de ambos sistemas, el castellano y el andaluz, en lo tocante a unidades métricas. Ante esta situación, en muchas ocasiones el esforzado poeta buscará adaptar la idea original al sistema castellano, conservando en lo posible la cadencia primera. Por ejemplo:

La realidad está automatizada.
La realidad está llena de sábanas.
La realidad está llena de tartas.
Etc.

En lo tocante a los ejemplos anteriores, parece que el intento ha sido en vano. En cualquier caso, conservar a la vez la medida, la cadencia, la belleza y el sentido original, parece tan difícil como en cualquier otra obra de traducción literaria.        


BIBLIOGRAFÍA:

EVEN-ZOHAR, Itamar (2010) Papers in Culture Research, Universidad de Tel Aviv.



[1] En otros contextos nacionales, la consideración hacia las variantes regionales puede ser muy diferente: “In certain countries where there exists a peaceful harmony among language varieties, having one's own pronunciation, even not speak-ing one's own dialect, even speaking standard, is a matter of either indifference or pride. A member of Parliament in Norway who does not speak with a dialect pronunciation is considered to be a phony of sorts. But there is no pride in having a dialect pronunciation in Brit-ain. One is not supposed to use a Yorkshire pronunciation when speaking in Parliament, let alone Scottish, which is beyond the border of proper English. And, in Paris, one is really not supposed to use the Occitan or the Provençal southern French pronunciation.” (Even-Zohar, 2010: 133)

lunes, 15 de octubre de 2012

un Poema cuántico (de Vallejo, evidentemente)




A LO MEJOR, SOY OTRO...


A lo mejor, soy otro; andando, al alba, otro que marcha
en torno a un disco largo, a un disco elástico:
mortal, figurativo, audaz diafragma.
A lo mejor, recuerdo al esperar, anoto mármoles
donde índice escarlata, y donde catre de bronce,
un zorro ausente, espúreo, enojadísimo.
A lo mejor, hombre al fin,
las espaldas ungidas de añil misericordia,
a lo mejor, me digo, más allá no hay nada.

Me da la mar el disco, refiriéndolo,
con cierto margen seco, a mi garganta;
¡nada, en verdad, más ácido, más dulce, más kanteano!
Pero sudor ajeno, pero suero
o tempestad de mansedumbre,
decayendo o subiendo, ¡eso, jamás!

Echado, fino, exhúmome,
tumefacta la mezcla en que entro a golpes,
sin piernas, sin adulto barro, ni armas,
una aguja prendida en el gran átomo...
¡No! ¡Nunca! ¡Nunca ayer! ¡Nunca después!

Y de ahí este tubérculo satánico,
esta muela moral de plesiosaurio
y estas sospechas póstumas,
este índice, esta cama, estos boletos.

21 Oct 1937

César Vallejo



domingo, 14 de octubre de 2012

La política está de moda, pero J. A. Valente dice:







"ACUÉRDATE DEL HOMBRE QUE SUSPIRA..."

En el centro de la ciudad o del mundo,
en su jadeante corazón,
en sus plazas,
en las brillantes avenidas
de Nueva York o de París,
pulidos escuadrones
se suceden, discuten, empapelan
el destino del mundo.

También hablan de mí;
en ruso o en inglés
hablan de mí,
de mi miseria o de la guerra, dicen
que no quiero morir.

Yo muerdo una manzana,
escupo, estoy tranquilo,
allí me representan,
saben que no quiero morir.

En las asambleas, en los
congresos,
en las reuniones periódicas,
en la primavera o el otoño
los oradores se levantan.
No son hombres,
son los representantes
de América, el Polo Norte o la ciudad de Saint-Louis.

En las plazas,
en el centro de la ciudad o del mundo,
sobre su fragante corazón fatigado,
el reino de la voz que no descansa:
los que hablan en representación
de la tierra,
de la cultura occidental,
del Pacto Atlántico,
de los que tienen un solo ojo
o de los que tienen tres.

Allí y aquí me representan.
Todos me representan.
Soy feliz.
Muerdo mi breve fruto
o mi importante vida; ya no sé.
Estoy tranquilo.
Sueño.
Hay que salvar al hombre.

Me parcelan. Dividen mis derechos
y los defienden por igual.
Ellos, los poderosos
o los santos
o los profesores
o los poetas
o los arzobispos
o los políticos,
los que suelen hablar
en representación de todo el mundo
o quién sabe de quién.
En representación de mí,
que tengo hambre o como
o lloro (¿en representación de quién?)
de mí tan singular, tan oscuro y diario
que me toco, río y muero a la vez
y en representación de mí mismo solamente
amo la vida así.


José Ángel Valente
A modo de esperanza (1953-54) 


sábado, 13 de octubre de 2012

Encontrado en una librería de viejo






Todavía quedan algunas librerías de viejo de verdad, me refiero a las no virtuales, en las que mancharte los dedos de polvo y curiosear entre estanterías repletas de clásicos olvidados y recientes best seller. En Córdoba hay una que me encanta, muy pequeña, que suele pasar desapercibida, en la calle que baja a la Corredera. A veces todavía me da alguna sorpresa, y no pocas novedades las he adquirido allí, poemarios a veces con las páginas repletas de imprecaciones insultando al autor de semejantes versos… Pero a lo que iba. Hace poco me compré un librito de un autor que desconocía, Ernesto del Rosal. Se titula Cuaderno literario y está publicado en 1981, en Segovia. Tiene algunas anotaciones interesantes. Os lo recomiendo.


Hay muchos poetas que realmente no tienen muy claro qué es lo que tienen que decir de la poesía o de la vida, principalmente porque tampoco terminan de aclararse respecto a qué es eso de la realidad o incluso sobre quiénes son ellos mismos, o bien porque, en todo caso, lo poco que entienden no les parece que sea algo publicable. Así las cosas, estos poetas suelen tomar por dos caminos. Uno de ellos es no hablar especialmente de nada, sino de asuntos vanales o muy consabidos y repetidos hasta la saciedad, como, por ejemplo, el amor. Otro de los caminos consiste en no hablar tampoco de nada en especial, pero embarrullando el lenguaje de tal forma que parezca que se está diciendo algo muy profundo, cuando verdaderamente no se está diciendo nada en absoluto. Y esto último lo hacen, como digo, no porque crean que ésta sea una hermosa manera de hablar, sino porque transparentemente no encuentran nada consistente que decir. Lo peor es que entre unos y otros, estas especies de poetas conforman el número mayor de autores de nuestra historia.

Ernesto del Rosal
Cuaderno literario
Salvat, 1981.

domingo, 7 de octubre de 2012

De la presentación de La vida por delante en Almería




Lo cierto es que cada una de las presentaciones de la antología La vida por delante en las distintas ciudades andaluzas está resultando muy distinta de la anterior, cada una con su toque especial. En el caso de Almería, tengo que reconocer que ha sido una de las que más he disfrutado, sin duda por eso de acaparar protagonismo y sobre todo por el goce que supone ponerle voz a poemas que admiro y entregarlos a un público entregado casi como si fueran míos. Como antólogo, normalmente ese no es mi papel, pero ante la falta de poetas presentes, lo asumí con mucho gusto. Esto de recitar poemas que admiro a cualquiera que quiera escucharlos es algo que me viene de antiguo, de adolescente a veces incluso se los recitaba a quienes no querían escucharlos, como a mis amigos de entonces, pobrecillos. Por dónde iba. Sí. También me alegré de conocer el mítico escenario de Los Banderines del Zaguán, sin cuya solera la presentación no hubiera sido el éxito que fue. Así que desde aquí nuestro agradecimiento al Pub Zaguán, a Curri y a Daniel J. García López por organizarlo todo tan bien y la amabilidad con que nos acogieron, así como a la profesora Isabel Ginémez Caro y a Francis Rodríguez Muñoz por acompañarnos en la segunda presentación, celebrada al día siguiente en la Universidad de Almería, donde debatimos cuestiones tan efervescentes como las nociones de antología generacional o de identidad andaluza. Y por último, gracias también a Manolo Gómez Bur, por la sorpresa que nos ha dado regalándonos este vídeo resumen de la noche en el Zaguán donde podéis escuchar algunos de los poemas que recitamos entre Daniel J. et moi (falta la intervención de María Ramos, que recitó vía skype!). En concreto, en el vídeo aparecen poemas de Enrique Morales, Julio Béjar, Luna Miguel, Marina Ramón-Borja y Natalia Manzano. Que los disfrutéis.





jueves, 4 de octubre de 2012

Las aventuras de un libro de Valente






"Withdrawm from Leeds University Library", dice el sello. Me pregunto qué tipo de universidad retira de su biblioteca un libro como este, y por qué. ¿Para hacerle espacio a otros libros? Yo prefiero imaginar una historia diferente. Alguien encontró este libro en la biblioteca de la Universidad de Leeds. Le pareció una pena que estuviera catalogado como "not to be borrowed" y decidió robarlo, para que así al menos alguien pudiera disfrutarlo, o, menos románticamente, simplemente para venderlo por unos míseros peniques. Lo mejor es que todavía huele a pegamento -está casi nuevo-, pero también a biblioteca, oscuridad y polvo. Es como una botella vieja de vino recién sacada de la bodega. Bienvenido a casa.



lunes, 1 de octubre de 2012

Paisaje humano






atrévete conmigo.
Soy joven.
Tengo mucho deseo que perder.



Vanessa Pérez-Sauquillo, Bajo la lluvia equivocada, Hiperión, 2006.