blog de Jorge Díaz Martínez

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domingo, 25 de febrero de 2024

Reseña a: Criaturas del momento, de Rafael Espejo (Pre-Textos, 2023) en Cuadernos del Sur


Después de toda la vida leyendo Cuadernos del Sur (en la época de la prensa de papel, se apilaban en mi cuarto adolescente), la casualidad ha querido que publique en ellos, por primera vez, una reseña. Ciertamente contento de escribir en el suplemento cultural que leía de pequeño, en el periódico de toda la vida de mi ciudad natal.

Podéis leerla en el sigiente enlace:

Reseña de Criaturas del momento, de Rafael Espejo, en Cuadernos del Sur.


Y de paso os la copio aquí:

Rafael Espejo

Criaturas del momento

III Premio internacional de poesía Francisco Brines

Pre-Textos (2023)


Por Jorge Díaz Martínez 

La prolija descendencia de la poesía figurativa de los ochenta (según acuñación de Luis Antonio de Villena) sigue ofreciéndonos frutos muy dispares, la mayor parte, epígonos sin gracia. No obstante, entre la muchedumbre antologada podemos distinguir, como decía Antonio Machado, algunas voces personales. Una de ellas es, sin duda, la de Rafael Espejo (Palma del Río, 1975), quien vuelve a la palestra con su quinto poemario: Criaturas del momento (Pre-Textos, 2023), merecedor del III Premio de Poesía Francisco Brines, uno más en la serie de reconocimientos que jalonan su estela literaria, entre otros, el Federico García Lorca de la Universidad de Granada en 1995, el Hiperión en 2001 y el Emilio Prados en 2008.

Rafael Espejo vuelve y sigue siendo él mismo: sus poemas, no obstante, sí han cambiado, no tanto en la factura técnica de los versos como en su discurso íntimo, las cosas que nos cuenta. Me refiero, en especial, al tema universal de los lazos familiares y su caducidad; un rasgo generacional que vincula a esta obra con las últimas entregas de otros escritores, más o menos, de su quinta, tales como Carlos Pardo, Juan Antonio Bernier, Andrés Neuman, Erika Martínez o Xavier Guillén. En todos ellos, el desapego de la juventud ha dado ya lugar a una insoslayable madurez, la cual trae aparejada una sentida reflexión acerca de los vínculos de sangre, las raíces rurales y la inevitable pérdida de los seres queridos, un asunto que ocupa ya un lugar central entre las páginas de esta generación.

La otra línea que guía este poemario es la de la disertación filosófica infantil acerca de esas preguntas fundamentales de la existencia que acostumbramos a enterrar bajo el ajetreo de lo consuetudinario, pero enunciadas aquí al calor de una madurez comprometida, coherente con los límites de su propia conciencia, a la que la experiencia de la muerte cercana y el propio deterioro ha dotado de fondo quevedesco. Preguntas que suceden, de nuevo, en un ambiente campestre y familiar, con la mirada atenta a las constelaciones, con perros, chimenea, frutales y paseos. Nada que ver con el desparrame bohemio de sus primeros libros hedonistas. Aquí encontramos poemas dedicados a un vaso de agua, a las macetas del patio, a las mascotas también perecederas, a una hogaza de pan y, por supuesto ―al igual que Walt Whitman―, a sí mismo. Aunque, en realidad, todos estos poemas son excusas para hablar de otras cosas. De esta manera, Rafael Espejo acompaña a un punto medio al anciano y al niño, la razón taxonómica y la imaginación lúdica, la circunvolución sedimentada y la capacidad de asombro.

En todo caso, estas indicaciones no alcanzan a resumir el universo impreso en dichas páginas, ni menos la emoción que alienta en sus poemas; no son su sustituto, solo una invitación a su lectura. No hay una sola cita en todo el libro: todo el libro es una sola cita.  

viernes, 20 de julio de 2018

Reseña a: Joan de la Vega, En manos del aire.



En el reciente número 13 de la revista Paraíso de la Diputación de Jaén aparece mi reseña a la última recopilación poética de Joan de la Vega. Podéis leerla en la propia página de la revista Paraíso o bien directamente en mi perfil de Academia.edu





martes, 5 de noviembre de 2013

Recital en Montalbán






El pasado miércoles 30 de octubre de 2013, dentro de la Ronda Andaluza del Libro, organizada por el Centro Andaluz de las Letras, tuve la oportunidad de recitar en la biblioteca pública de Montalbán, un pequeño pueblo en la provincia de Córdoba. La verdad es que me costó dar con él, de hecho lo conseguí con un retraso de tan solo una semana, pero por suerte en este pueblo son amantes de la cultura y me esperaron. Muchas gracias a todos, especialmente a Ildefonso Pérez, por las gestiones necesarias para realizar el acto, también a la bibliotecaria Alfonsa Cañete Ortiz, por su esmerada presentación, a la concejala de cultura, Ana Salces López, por acompañarnos durante la lectura, y sobre todo a un público encantador, porque entre todos consiguieron que me sintiera como entre amigos. Y por último gracias también a José Antonio Adamuz, director del grupo teatral Almocafre, por su simpatía y conversación. Un abrazo a todos.






viernes, 11 de octubre de 2013

¿Qué significa hablar?




La anticipación de las sanciones anunciadas es un sentido práctico, casi corporal, de la verdad de la relación objetiva entre una determinada competencia lingüística y social y un determinado mercado a través del cual se realiza esa relación y que puede ir desde la certeza de la sanción positiva, que funda la certitudo sui, la seguridad, hasta la certeza de la sanción negativa, que condena a la división y al silencio, pasando por todas las formas de la inseguridad y la timidez. [...] No se aprende a hablar escuchando un cierto habla, sino también hablando, y por tanto presentando un habla determinada en un mercado determinado. Es decir, mediante intercambios dentro de una familia que ocupa una posición particular en el espacio social y propone así a la mímesis práctica de los nuevos miembros modelos y sanciones más o menos alejados del uso legítimo. [...] Así el sistema de refuerzos o de desmentidos sucesivos constituye para cada uno de nosotros una especie de sentido del valor social de los usos lingüísticos y de la relación entre los diferentes usos y los diferentes mercados, sentido que organiza todas las percepciones posteriores de los usos lingüísticos, lo que tiende a asegurarles una gran estabilidad. [...] Este "sentido de la inversión" lingüística regula el grado de coerción que un determinado campo impone en la producción del discurso, obligando al silencio o a un lenguaje hipertrofiado a unos y dejando a otros las libertades de un lenguaje garantizado. Lo que quiere decir que la competencia, que se adquiere por la práctica, implica inseparablemente el dominio práctico de un uso de la lengua y el dominio práctico de las situaciones en las que ese uso de la lengua es socialmente aceptable.

[...] Lo que puede apreciarse no sólo en la manera de vestirse o de comer sino también en la manera de hablar, que tiende a excluir toda espontaneidad, libertad o licencia, algo que esas personas solo se conceden cuando están "entre ellas". Esto es lo que indirectamente señala Labov cuando observa que esa estructura consistente en preguntar abiertamente, en casa de los amigos, el precio de un objeto ("Hey, that´s a nice rug. What did it cost?" - Qué bonita alfombra ¿Cuánto te ha costado?), algo que sería aceptable en los medios populares (donde incluso podría aparecer como un cumplido), en la burguesía se "sustituiría" o revistiría una forma atenuada ("May I ask you what that rug cost?" - ¿Puedo perguntarte cuánto te ha costado esa alfombra?). Sucede que, cuanto mayor es el grado de censura, mayor es también la exigencia permanente del más alto grado de eufemización, del constante esfuerzo por "las formas". 

Pierre Bourdieu
¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos
Akal, 1985


sábado, 18 de mayo de 2013

El tiempo de Abraham Gragera


Reseña publicada en: http://www.culturamas.es/blog/2013/05/14/el-tiempo-menos-solo/



El tiempo menos solo
Abraham Gragera
Pre-Textos, 2012.



La primera consecuencia de la reciente publicación de El tiempo menos solo, de Abraham Gragera, es que su anterior entrega, Adiós a la época de los grandes caracteres, ha pasado de pronto a convertirse casi en un poemario de juventud –aunque de una juventud que muchos envidiarían. Pues a pesar de que este nuevo título viene a confirmar las altas expectativas levantadas por su primera publicación, y a pesar de que reconocemos también su tono personal, ahora Gragera parece haber querido llevarse la contraria entregando una obra que recuerda la aspiración a la gran poesía, a la construcción de un discurso de profundas raíces en la historia, en la poiesis. La tradición grecolatina, la judeocristiana, los lugares comunes de la antigua literatura castellana, junto a la literatura moderna y la disposición elocutiva –tan escéptica, tan irónica y fragmentada- de un sujeto posmoderno vienen a fraguar este intento –a mi parecer, logrado- de forjar un discurso equidistante de aquellos puntos eliotianos de referencia, lo temporal y lo intemporal, que constituyen una tradición. Esto solo es posible gracias a que el autor ha decidido escribir su poemario pensando en un lector que se parece mucho a él; un ejercicio de honestidad y riesgo -dado que pocos lectores compartirán sus claves- que no podemos sino agradecer.


La lectura se abre con una anónima dedicatoria, seguida de una cita de Tagore que recuerda a aquella otra famosa de Pessoa (“tengo en mí todos los sueños del mundo”) pero con un matiz “cuántico”: el de la simultaneidad de lo no-acaecido (“yo llevo en mi mundo en flor los mundos todos que fracasaron”) para a continuación ofrecer un primer verso que nos sitúa ya ante el tono general de este libreto: una épica irónica, carente de todo epós heroico, una textura de continuos sentidos solapados y contrapuestos donde la focalización hacia el origen se realiza con el ánimo revisionista de quien desde la incredulidad más afilada pone en cuestión incluso el soporte mismo (y mítico) de la creación -en el principio era el Verbo- y de la poesía: “Pero también perdimos la palabra”. Así pues, nada más paradójico que cuestionar el propio género poético desde un poema, y no es otro el ejercicio que Gragera realiza a lo largo de estas páginas, empezando por este “Los años mudos” en el que quizá podríamos leer también una crítica velada a algunas prácticas concretas: “Me pregunto por qué pasó de largo la poesía/ frente a nuestros intentos de adquirir dominio público, y nos dejó de este modo, imaginando/ con tanta imprecisión tragedias generalmente aceptadas, por los que sufren y por los que persiguen/ transformar sus asuntos en ejemplos.”


Este mirar de reojo hacia adelante y atrás al mismo tiempo (“Porque en nuestro futuro no hay memoria/ y somos el futuro de todo lo que está a nuestras espaldas.”) se reproduce técnicamente mediante un juego de continuos encabalgamientos semánticos, verdadera disrupción contradictoria del sentido:


por qué no basta

el simple amor porque las cosas sean

incapaces de aceptar el yugo


Otra forma de solapamiento encontramos también en el nivel métrico. Veamos, por ejemplo, cómo en el poema “Diciembre” los largos versículos se sostienen en el módulo rítmico dolce (es decir, son susceptibles de dividirse, en general, en heptasílabos o endecasílabos) y cómo en su primera estrofa dos potenciales unidades métricas vienen a competir por un mismo acento:


De esta última luz, sus lugares comunes, de cómo nos sorprende todavía tomando decisiones para pertenecer, cómo acostumbra a devolver su carga de dolor a cada gesto, sus lugares de origen, hemos hablado tanto


Donde el acento en “carga” está doblemente cargado de un posible acento de décima para el sáfico “como acostumbra a devolver su carga”, y de otro posible acento de segunda para el heroico “su carga de dolor a cada gesto”, con lo que efectivamente en este punto la música se ralentiza o satura con el peso de ambos, y podríamos interpretar también que con el peso de ese “dolor de cada gesto” (forma), esos “lugares de origen” (tópicos), y ese “hemos hablado tanto” (tradición).


Especialmente lograda me parece la serie dedicada a “La oveja”, motivo inexcusable, pero anecdótico, periférico, del género bucólico clásico, del locus amoenus paradigma del amor platónico, convertida, no sin guasa -en lo que Bajtin llamaría una inversión carnavalesca- aquí en el centro de miras. No he podido evitar recordar aquel episodio woodyalleniano en el que Gene Wilder se enamora de una oveja.


Tampoco falta la reflexión sobre la fractura romántica entre representación y subjetividad que tan presente sigue en ciertos debates poéticos actuales: “quizá no sea tan solo una cuestión romántica; después de todo, por qué no habríamos de soñar tal vez/ con todo el mundo, el ancho mundo conocido repleto de desconocidos capaces de sentir la más elemental añoranza,” Si bien el sentido de este texto también puede tomarse en referencia a la cita inicial que comentábamos: “cómo recibirán a los que mueren los que nunca llegaron a nacer, los que no hayan nacido cuando todo muera; quizá no sea tan solo una cuestión romántica;” y lo más probable es que no haya necesidad de elegir entre diferentes interpretaciones, sino plegarse a su simultaneidad.


En algunos momentos parece apoyarse en los hombros del último Juan Ramón, como en “Todo en tu dentro,/ detrás del dentro tú/ de cada cosa.” o en “Que todo lo que existe tiene un nombre para cada cosa que existe y existimos, porque las cosas saben cada nombre/ que cada una de ellas nos ha dado.” Y hallamos también algún guiño evidente a T. S. Eliot, pero la mayor parte de las influencias de Gragera aparecen diluidas, incorporadas a la voz de quien ha sabido asimilarlas y hacerlas parte de su propia poesía, si bien -y esto es solo una impresión personal- el tono de pasajes concretos me recuerda al de algunos poetas contemporáneos, como Carlos Pardo o Juan Carlos Reche, cuya vinculación literaria y de amistad con Gragera es de sobra conocida.


Y habría mucho más que decir, pero no es este el lugar para un análisis exhaustivo. En conjunto, esta extraña textura, sublime y subliminal, como un juego barroco de claroscuros, donde se cita a Polifemo y a Rembrandt, pero también a Bach, junto a Ulises o a Job, sin abusar del academicismo ni caer en el culturalismo, sino tendiendo más bien a un conceptismo elegante y aliterado -aunque a veces le dé también una vuelta a la tuerca gongorina: “parece que la noche toda es boca”- abundante en paradojas encabalgadas, pero que busca también el equilibrio –un equilibrio impostado, voluntariamente forzado para subrayar su artificiosidad-, mediante la regularidad compositiva de muchos poemas centrales, como el titulado, en grandes caracteres: “La poesía”, o la anacrónica sextina “Los insomnes” que concluye estas páginas con una muestra más de lo que Dubois denomina “el refuerzo de los marcos formales”, ese recurso típicamente manierista donde el juego por el juego lingüístico mismo no consiste en una mera demostración de ingenio, sino en el alejamiento de lo unívoco o absoluto mediante una puesta de relieve de los relieves, es decir, mediante la multiplicación de los sentidos, la repetición, lo ambiguo, lo sensorial, lo difuso. Citaré uno de mis versos favoritos: “la persona se nos fue adhiriendo al rostro.”    



jueves, 7 de marzo de 2013

"¿Las lecturas del poeta o la métrica de Barcelona?" Transbordo, por Eduardo Chivite



Ayer apareció en Culturamas una reseña más de Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, por Eduardo Chivite. Gracias de nuevo, Eduardo. Podéis leerla aquí. O aquí mismo:


Jorge Díaz Martínez
Transbordo
Poemas del metro de Barcelona
(La Garúa Libros, 2012)

Por Eduardo Chivite Tortosa

La Garúa Libros es una editorial independiente de Barcelona comprometida con la poesía de calidad y la joven poesía. Es suficiente echar un vistazo a su catálogo para comprobarlo y descubrir en él nombres de resonancia nacional y traducciones de reputados autores de un interés excepcional para el lector actual de poesía. Joan de la Vega, director de la editorial, la fundó en 2004 y después de dos años de descanso vuelve con Jean-Michael Maulpoix, Jorge Díaz y Sara Herrera. En el actual panorama esta editorial se visualiza como la heredera espiritual de DVD Ediciones, contando con el beneplácito y la amistad de Sergio Gaspar. Si todo esto no bastara, hemos de añadir la calidad y el buen gusto de sus cuidadas ediciones.
Jorge Díaz Martínez (1977) inicia su formación poética en Córdoba y Granada, participando activamente de sus ámbitos culturales y bebiendo poéticamente de diferentes influencias en aquellos años de “amistad y aprendizaje”, como él mismo afirma. La voz de sus amigos poetas, las lecturas comunes, los mismos maestros, pueden verse o leerse en su poética. Y es que Jorge Díaz Martínez pertenece con todo derecho a esa generación de poetas que hoy por hoy son una realidad consolidada. Juan Andrés García Román, Juan Antonio Bernier, Rafael Espejo, entre muchos otros, por citar solo algunos de los que aparecen destacados en las dedicatorias del libro. Su trayectoria poética habla por sí misma, en 2005 ve la luz su primer libro, La piel de la memoria, que se publica en la editorial Visor y mereció el Premio de Poesía Vicente Núñez, y su segundo libro Almizcle y tabaco (2006) fue editado por Pre-Textos, obteniendo el Premio de Poesía Arcipreste de Hita. 
Este libro, texto, textura, tejido, entresijo, artefacto, donde cada poema o cada verso parece remitir a una lectura personal y concreta, “a la maniera de”, nos extraña y sorprende. Esta dificultad añadida contrasta con una “factura de aparente sencillez, pero de entramado estético ambicioso”, afirma en su reseña Agustín García Calvo. Sencillez que ya algunos críticos han catalogado de minimalista, pero otros más acertadamente de “palabras pequeñas”. Importante peligro este a la hora de juzgar o de leer el libro. El transbordo, metáfora del viaje, remite aquí en realidad al discurso de retroalimentación del arte, a la intertextualidad, las voces ocultas detrás de cada poema. No es un viaje interior, ni un viaje a los infiernos, ni nos habla del metro de Barcelona. Es un viaje por las lecturas, las lecturas del metro de Barcelona, de lospoemas quizás escritos en el metro de Barcelona. El poeta lo dice: “¿Cuántas veces, leyendo, no nos hemos saltado la salida, no nos ha devuelto el iris una forma distinta a la esperada?” El primer poema del libro nos devuelve la mirada a modo de poética, una poética compleja, donde nos anuncia curiosamente algunas intenciones. Poema programático del libro que se diferencia intencionadamente por estar escrito en prosa. “El verbo es una caverna” platónica, el logos un trayecto —dice—, las sombras, las luces: “Al volver, apresurado, a la luz, el viajero puede sentir molestias en los ojos”. Se puede notar al poeta inmerso en su lectura, levantar con dejadez el rostro, fruncir los ojos por la luz, la necesidad de enfocar por culpa de su miopía (“Donde miopía / puede leerse usura”) y ver, ver una imagen, un momento, un detalle, quizá sin importancia, pero ver, ver de verdad, como miran los poetas. Juan Andrés García Román en la contraportada del libro nos lo dice: “que recorre la oscuridad (memoria) lleno de ventanas (imágenes)”. Ana M. Caballero lo intuye cuando afirma: “Los poemas de Díaz se detienen en las paradas de Diagonal, Verdaguer, Sants Estació, Drassanes, el Liceu…”. Excusa esta, que en una lectura light la lleva a reseñar el libro tal si se tratase de un poemario temático que recorre paradas, como un transbordo vital Córdoba-Barcelona-Dalián (“Tengo escalas en Frankfurt y en Beijing”). El poeta levanta el rostro y ve el mundo, como en el mito platónico, pero entonces se vuelve a sus sombras o lee de nuevo; lee ahora carteles con nombres de lugares, lugares-lectura, de no-lugares, utopías… Y nosotros leemos poemas con nombres de ¿lugares? Barcelona, la ciudad como tópico de la literatura, como espacio del poema, “la ciudad que sirve de escenario”, cualquier ciudad, como si Jorge Díaz fuese en el metro leyendo a Fonollosa. Y es que este libro juega a llevarnos inmersos, ensimismados, como viajeros subterráneos, y cuando el poema termina, no termina, como un “no llegar o llegar de otra manera” (J.A. García Román), “de forma distinta a la esperada”, translación espacio-temporal (A. García Clavo), transbordándonos de hoja en hoja (“Perdí de vista la mano que me pasaba las hojas”). De hecho, muchos poemas quedan abiertos, truncados, con un final “distinto”, como el que vuelve a la lectura o se da cuenta de que aún no ha llegado su parada: “Eres zumo de limón. / Y la palabra des- / caro”, “(terco según / y argumentar)”, “Quiero decir, de momento”. 
Pero el juego verbal no termina, solo está empezando, la polisemia del lenguaje es un factor metapoético importante en este libro, que tiene por subtítulo Poemas del metro de Barcelona. Pepito Morán en un vídeo-creación resultado de la lectura de esta obra, abre la suya con la definición de “metro”, en un guiño con Jorge Díaz que termina su obra con la definición, según el DRAE, de transbordar (2ª acepción) “trasladar personas […] de un tren a otro” y la palabra metáfora, “traslación”. Trasladar lectores de un poema a otro, leer poemas de una estación a otra… Pero Morán olvida la homonimia entre “metro” y “metro”: medida, métrica, ritmo (“Las escaleras mecánicas / a veces me parecen musicales”). ¿Las lecturas del poeta o la métrica de Barcelona? Metapoesía, niveles de lectura, intertextualidad, voces-estilos-referencias internas (“Lo reconozco: copio”). No nos llamemos a engaño, este libro es una máquina de precisión, de lenguaje engrasado, una red de túneles, de comunicación, un tejido complejo, subterráneo, una forma de mirar, de leer, que, por otro lado, no olvida la vida, las vivencias personales, y nos permite ver al poeta leyendo en el metro, pasear por las Ramblas, fijarse en algo, pensar en el futuro, ir en bicicleta, al mismo tiempo. No en balde, Jorge Díaz es poeta, pero también es doctorando en Teoría de la Literatura y de las Artes y Literatura Comparada por la Universidad de Granada, y se le nota. 
Consciente de ello, define el libro como “tándem”, entre él y el ilustrador, su hermano Pablo Diartínez (nombre artístico), cuyas ilustraciones dialogan con los versos y la poética del autor. Por hablar solo de algunos ejemplos, especialmente significativos me parecen Arterias (p.7), donde se ve un iris azul y las líneas del metro (red de túneles), y Yo estuve aquí (p.65), que reproduce en un ejercicio de simulación el poema “Catalunya”, que termina: “Yo estuve aquí. / He vivido. / Jorge Díaz”, del mismo modo que al pie de la ilustración-pintada podemos ver “PDM” (Pablo Díaz Martínez). Genial lectura del ilustrador, Verbo/caverna(p.57): logos-Platón, túnel-oscuridad, cielo-grafía.
Me gustaría comentar, en el sentido de esta doblez experiencia vital-experiencia metaliteraria (el consabido binomio “vida-poesía”), al menos un poema que se titula “Cubeta”, donde los ecos, la musicalidad y las imágenes nos recuerdan a Bernier (“sus tradiciones pasan por ventriloquía”), a quien se le dedica, también a modo de guiño, de diálogo. Poema, que como todo buen poema, puede leerse de muchas maneras, pero en este libro Jorge Díaz se extralimita para bien, pero no sin peligro. Los poemas están llenos de “gaps”, de huecos, de lagunas… Término que se usa en teatro para hablar de los vacios del personaje literario que el actor debe llenar con partes de sí mismo. En este libro ocurre algo similar. El poeta nos ha dejado pequeños fotogramas seleccionados de una tarde o de un momento, imágenes con un halo nebuloso de super-8, yuxtaposiciones, silencios, no-lugares donde habitar el poema, donde completarlo. Bien aprendida tiene la idea de que el sentido final del poema es cosa que en última instancia compete al lector (Teoría de la Recepción). Ahora, si se pasa o si no llega es cosa que deben juzgar los lectores, pero nadie podrá negar la maestría, ni el atrevimiento. Este poema, como decía, puede entenderse, por ejemplo, como una tarde de playa o como un momento en el metro (“suelo adherente / de envoltorios y vidrios”) leyendo un poema —quizás del último libro de Bernier—, donde hable de medusas o del mar; quizás un charco en el suelo del metro o en el andén de la estación lleve la mente del poeta a un recuerdo reciente: la playa en Barcelona, una cubeta, él bajo el agua cubierto por la luz contemplando una medusa… Quizá todo sea ficción bien ensamblada. Pero podemos ver la luz a ratos llenando la oscuridad de los túneles o atravesando el agua. Alguien que le mira. “La música encharcada”, la soledad sonora… lo que oye, lo que ve, como antes, en otro poema, “los cascos y lectores”. El tema de la soledad en medio de la gente, de la gran urbe, del mundo subterráneo, que nos indica Agustín García Calvo en su reseña. Dos opciones de lectura y múltiples opciones más. Como una broma escrita con ánimo de que yo pueda terminar esta reseña, concluye el poema: “a) El aire comprimido. / b) Una pala de plástico”.

Eduardo Chivite Tortosa
Prof. de Literatura Dramática de la ESAD de Sevilla




lunes, 21 de enero de 2013

La poesía de Luis Melgarejo


 
Publicado en  http://www.culturamas.es/blog/2013/01/02/luis-melgarejo/

 
Luis Melgarejo es uno de los autores más interesantes y a la vez más ignorados del panorama poético actual. No es de extrañar, pues de alguna manera la propia poesía  de Melgarejo se ha ganado a pulso su marginalidad merced a unas opciones de escritura individualistas y voluntariamente opuestas a las consideraciones estéticas convencionales en los circuitos establecidos de poesía.  A un primer libro avalado por el prestigio del Premio Hiperión, Libro del cepo, le sigue un segundo que obtuvo el Javier Egea de Poesía en su segunda convocatoria, cuando todavía no lo editaba Pre-Textos, hecho del que podemos maravillarnos, teniendo en cuenta la infrecuencia con que libros tan arriesgados y personales como Los poemas del bloqueo consiguen ser respaldados por un jurado institucional. A partir de ahí, silencio. Encuentro como la nota más peculiar de su escritura la disonancia entre unos moldes clasicistas –con frecuencia, rígidamente métricos- de escritura y un discurso ideológicamente inconformista. El ensamblado de ambas características produce en su primer libro una ironía constante que alcanza en ocasiones al sarcasmo. En su segundo, un extraño idiolecto rural-culto cargado de ese malestar contenido que en los pueblos perdidos de la España profunda con tanta facilidad florece. Escritura-arte sin concesiones al remilgo. Escritura dura y pura.



Luis Melgarejo (La Zubia, Granada, 1977) ha publicado hasta la fecha dos libros de poemas: Libro del cepo (Hiperión, Madrid, 2000), con el que obtuvo el XV Premio de Poesía Hiperión, y Los poemas del bloqueo (Cuadernos del Vigía, Granada, 2008; 2ª edición corregida y ampliada), que fue Premio Javier Egea de Poesía en 2005. A lo largo de estos últimos años, poemas suyos se ido recogiendo en numerosas antologías y revistas literarias a ambos lados del Atlántico. Imparte talleres de creación literaria y animación lectora en bibliotecas, centros educativos y centros de enseñanza de adultos de toda Andalucía.  Junto con su familia y la gente de la Asociación Cultural La Zagüía, regenta La Casa con Libros, alojamiento rural situado en el pueblo de la Zubia, un espacio que aparte de como alojamiento funciona además como biblioteca y centro social que semanalmente acoge actividades culturales de toda índole. En colaboración con el colectivo La Palabra Itinerante, investiga en el ámbito de la poesía escénica y de la pedagogía literaria y, junto con el guitarrista bonaerense Esteban Jusid y el artista plástico granadino Iván Izquierdo, saca adelante desde hace ya unos años Subdesarsur, espectáculo interdisciplinar que aúna poesía, música y pintura. Actualmente y mientras espera a que España deje de ser la de los Reyes Católicos, ha fijado su residencia en Łódź (Polonia).


 /viaje de negocios

.tengo que preparar unas palabras
unos veinte minutos
de palabras
sobre viajes
.unas palabras
para ser seguro escuchado
atenta y respetuosamente
por unas
pongamos
cuarenta
personas
que apenas
o sólo
conozco
de nunca
y no obstante acudirán
porque así es preciso siempre en todas partes
y así ocurre
.soy un profesional de la palabra
con un cierto prestigio
y unos más que aceptables honorarios
-a nadie ha de extrañar sea contratado
ya casi viva de esto
y acuda algún ocioso
desocupado oyente a ver qué digo

.pero

tengo que preparar unas palabras
unos veinte minutos
de palabras
sobre viajes


                    
/exequias

.con el odio secreto de las madres .

                        -de los mandados vuelve son las ocho
                       
Los árboles aquellos hoy tan altos
De los inviernos jóvenes del parque
Con su anorak celeste hasta los pómulos

                        -ella niña

De los mandados vuelve de las norias
A la casa del padre poderoso
Para meterle el miedo en la mortaja

                         -fuera el silencio cerca las aceras
 .
 .
.anudado por dentro de las hijas
                    

(de Libro del cepo)



                        Marsella

No sé ya recordar el nombre exacto
que tuvo esta ciudad sobre la lengua
de aquella que paró conmigo entonces
la prisa de las calles. Era menos
mortal la vida entonces, suficiente
llegar a fin de mes sin las historias
felices del amor y más violenta
la furia de las pieles contra el lucro
sagrado de la usura y de las diestras
políticas sociales de esta V
República Francesa. Sin papeles,
a golpes ya devueltos la sacaron
legales de la casa. Solamente
me acuerdo de sus pechos africanos.



Tengo tu olor a pies rondando por la casa


Son las 7 perfectas para el odio.
Son las 7 perfectas para el frío.
_________________________________x
Son siete veces siete dicen siempre.
_________________________________x
_________________________________x
Ya se oyen los gargajos y los coches,
las vísceras tan nuestras. Amanece.
_________________________________x
Hoy vuelvo a madrugar sin proponérmelo,
copón. Haré café. Iré a cagar.
_________________________________x
Haré café, defecaré. O así:
La lana macilenta de los desmadejados
después de las cocinas olorosas.
_________________________________x
_________________________________x
Que no haga música,
me dicen. Que la busque.
Pero que no me quede machacón.
_________________________________x
Ni prosaico tampoco.
_________________________________x
_________________________________x
A ver: La blanca lápida del alba,
el frío alicatado. No hay manera.
_________________________________x
_________________________________x
Pasillos y ventanas. Ya sé del inquilino
que vuelve a estar a solas con su nadie.


(de Los poemas del bloqueo)



CAVE CANEM

                                
Dentro de un perro, sí,
                                
dentro de un perro caben
mordiscos, obediencia, ladridos, desamparo,
carlancas, madres, lobos, costillares,
cadenas herrumbrosas, candados antiquísimos,
la luz esa que alumbra la infancia en la memoria y
tiritañas raídas por la friega del hambre,
la certeza del pienso y
                                                             cabe el odio y la paz,
las raigambres profundas de la dicha más lenta,
los orines calientes del mozuelo humillado,
la divisa del miedo, los linderos del mundo,
el desguace infinito del motor de la furia,
las pupilas vidriosas que asolan las cunetas
de los caminos rectos y el insomnio,
las lonjas, las aduanas, los montes de piedad,
las cuevas cuando el fuego era un milagro,
alijos, malas pulgas, el pudor,
los zurdos y los diestros, escrutinios,
nitrógeno, potasio, cariño y mucho fósforo y
la osamenta pelada de un gallo de pelea
y un sigilo entre jaras y una asfixia de siglos
y estos nudos que aprietan como aprietan mis puños
el doble corazón de las urgencias
que late en la espesura y
                                                                  también caben los soles,
el cáncer, odaliscas, las sobras, lo caduco,
tus manos, nuestras vidas, mis clavículas,
los cerros, los furtivos, la sed, la burocracia,
el tuétano de un fémur de los de relicario,
miserias, emboscadas, braseros, azadones,
la soledad feliz, el yugo, confidentes,
los jornales manchados de sangre compañera,
la escarcha en el verdín de los estanques,
los golpes, las palabras, el silencio,
los tristes uniformes de un ejército firme,
punzones, maceteros, artilugios modernos
que parece que sirven para viejos quehaceres,
la lógica del jueves, lo amargo de estas vísceras,
condenas, dentelladas, apuros, callejones
y hermosas tachaduras mucho más verdaderas
que lo escrito al dictado del anhelo imperial
y el solsticio de invierno y las cerezas maduras
y el azar y la industria y
                                                               caben canes, canicie,
canículas de asfalto y podredumbre,
pistones, cartapacios, escorzos, nervios, censos,
las cosas sin sus nombres, la lengua que se da,
el mar, las motosierras, el vértigo, los rabos,
la piel de los membrillos, los líquenes graníticos,
la tierra apisonada, pereza y mansedumbre,
quinquenios, maquis, dudas, las perreras,
desórdenes, cuarteles, coltán, la numismática,
trescientas biblias coptas, el precio de la carne,
cabriolas, garrapatas, la raza y el moquillo y
la voluntad del amo y
                                                            también cazuelas, llagas,
laúdes, pedigríes, chilabas, desconcierto,
hollín, balates, yunques, gatos, sogas,
pinceles, hemiciclos, olvido, longanizas,
susurros, diagonales, microprocesadores,
el fiel de la balanza trucada de los justos,
la mística, la leña, sudor, fideicomisos,
las sonrisas sinceras, las mentiras piadosas,
el jazz, la levadura, lo falaz,
las florecillas blancas de las papas,
la pólvora, los trenes, pequeñas alegrías,
neblina, vecindades y más de cinco mil
cadáveres anónimos según la luz que arrojan
los datos más recientes relativos
a las fosas comunes de desaparecidos
de esta provincia nuestra.                
                                                                       Dentro de un perro, sí.

Dentro de un perro cabe la historia verdadera.

(inédito)

miércoles, 2 de enero de 2013

Algunos de los mejores libros de poesía de 2012





Este año 2012 no he leído todas las novedades que quisiera, y por eso esta lista incluye una lista de deseos. Me he dedicado, en cambio, a leer autores publicados algún tiempo atrás, especialmente a Alejandra Pizarnik, César Vallejo, Guillaume Apollinaire, Jose Ángel Valente, Octavio Paz, Lord Byron, Juan Bernier, Zhuang Zhi, Roberto Bolaño (poeta), T. S. Eliot, Friedrich Hölderlin, Wislawa Szymborska, Mallarmé o Sylvia Plath, entre otros. Pero también he ido sacando tiempo para leer o releer a poetas contemporáneos como Raúl Quinto, Luis Gámez, Sandra Santana, Ana Hidalgo, Elena Medel o Elvira Ramos, y sobre todo a las varias decenas de poetas andaluces que leí parcialmente junto a Ana Isabel Alvea para realizar La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces (Ediciones En Huida, 2012). A propósito, también he leído algo de prosa, menos de la que me gustaría, es cierto, pero quiero mencionar estas cuatro recomendaciones: Fresy Cool de Antonio J. Rodríguez, Los que miran el frío de Francisco Onieva, Faula de Begoña Callejón y Yo serví al rey de Inglaterra de Bohumil Hrabal (mi personal descubrimiento narrativo de este año). Y por último, la susodicha arbitrariedad que conforma las listas de poemarios publicados durante 2012. Renuncio a toda pretendida objetividad: esta lista está conscientemente limitada (condicionada, determinada, etc.) por mis circunstancias personales -o por mi posición en el campo, que diría Bourdieu- hasta el punto de no tener más valor que el que a dicha posición pueda atribuírsele como atisbadero de lo que en el panorama editorial español se ha movido durante estos últimos doce meses en los que, por cierto, yo mismo he publicado dos libros que añado como síntoma de extrema falta de objetividad y modestia. Por si esto fuera poco, y como decía al principio, incluyo además algunos poemarios que todavía no he leído, que deseo leer y que al mismo tiempo no necesito leer para saber que merecen un lugar en ella. Los ordenaré alfabéticamente atendiendo a la primera letra del título, para mayor inri. Y para terminar, ya de verdad, decir que el acontecimiento poético del año no ha consistido tanto en la aparición de un libro de poesía como en la desaparición de una editorial. Correcciones, sugerencias, insultos y despropósitos, bienvenidos.


Antibiótico, Agustín Fernández Mallo (Visor, 2012) -Deseo
Climax Road, Vanesa Pérez-Sauquillo (Rialp, 2012) -Goodreads review
El libro de la crueldad, Layla Martínez (LVR Ediciones, 2012) -Deseo
El sueño de Visnu, David Meza (El Gaviero Ediciones, 2012) -Goodreads review
Hay una araña en mi clavícula, Sara Herrera Peralta (La Garúa Libros, 2012) -Goodreads review
Interior metafísico con galletas, Alberto Santamaría (El Gaviero Ediciones, 2012) -Deseo
La bicicleta del panadero, Juan Carlos Mestre (Calambur, 2012) -Deseo
La plaga [remastered], Raúl Alonso (Editorial Cántico, 2012) -Goodreads review
La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces, Ana Alvea Sánchez y Jorge Díaz Martínez (Ediciones En Huida, 2012) -Libro propio
Poesía escogida, Giorgio Caproni (Pre-Textos, 2012) -Leyendo actualmente
Sentado junto al muro, Rafael Antúnez (Editorial Cántico, 2012) -Goodreads review
Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, Jorge Díaz Martínez (La Garúa, 2012) -Libro propio
Una luz que viene de fuera, Joan de la Vega (Paralelo Sur, 2012) -Reseña
365 haikus y un jisey, Joan de la Vega (Rúbrica Editorial, 2012) -Deseo
72 demonios, de Javier Gato (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2012) -Deseo