blog de Jorge Díaz Martínez

miércoles, 30 de noviembre de 2011

UNA PIEZA PERDIDA DE RAFAEL DE CÓZAR





UNA PIEZA PERDIDA DE NUESTRA MEMORIA


Los huecos de la memoria,
de Rafael de Cózar.
Ediciones En Huida.


Ediciones En Huida es una pequeña editorial sevillana que poco a poco está consiguiendo hacerse un hueco en el competitivo sector de la edición en Andalucía. Su fórmula viene siendo apostar por autores inéditos o semi-inéditos que han venido madurando su poética ante la soledad de sus escritorios sin dejarse arrastrar por premuras o modas. Este sello minoritario acaba de inaugurar, sin embargo, una nueva colección con un primer libro de un autor nada desconocido, Rafael de Cózar. A esta apertura de miras le acompaña un nuevo formato y un cuidado diseño, aspectos nada despreciables para arropar adecuadamente la obra.

Como decía, Rafael de Cózar es uno de esos autores isla que sobreviven inmunes a la tracción de corrientes y mareas desde mediados de los 70, alguien muy familiar para cualquiera que alguna vez se haya interesado por la historia de la poesía visual en España, un poeta heterodoxo responsable, entre otras cosas, del hoy ya clásico ensayo Poesía e imagen. Formas difíciles de ingenio literario, un estudio imprescindible para todo el que se interese por la relación entre artes plásticas y arte poética.

Pero lo que aquí nos trae no es eso, sino la “nueva” obra de este ingenio sevillano. Digo nueva entre comillas, porque lo que se recoge en esta publicación es un libro elaborado entre 1977 y 1980, momento en el que el autor ya había encaminado su poética hacía una vía que mostraba abiertamente su simpatía por posturas experimentales paralelas como las del también heterodoxo Carlos Edmundo de Ory o la poesía visual. Esta querencia por lo plástico se aprecia en unos poemas que en ocasiones incorporan abundantes efectos tipográficos y se acompañan de ilustraciones, además de un último apartado dedicado enteramente a la poesía visual y en color. Así pues, de nuevo poesía e imagen se dan la mano gracias a la labor y, todo hay que decirlo, a la paciencia de este extraño espécimen de poeta. Y, evidentemente, gracias también al compromiso de sus editores.

Pero no es este el único atractivo de unos textos cuyo discurso mantiene todavía la frescura y originalidad de ese anhelo de búsqueda y experimentación que precisamente ahora vuelve a estar de moda. Y es que este es sin duda un libro joven, no puede dejar de serlo. Un libro que después de treinta años conserva una especie de filiación genética, un aire de familia que nos recuerda al afán innovador de la poesía más última, que nos hace pensar que estos mismos poemas podría haberlos intentado alguno de los veinteañeros que ahora mismo se esfuerzan por alumbrar sorprendentes y ácidos poemas.

Es por eso que esta obra tiene todas las papeletas para convertirse en el fetiche del coleccionista, del amante de rarezas, o del joven que pretenda indagar en los hilos ocultos de la tradición castellana. Porque, más que otra cosa, este libro es eso: una pieza perdida de nuestra tradición literaria.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La poesía de Carlos Pardo

 
Fotografía de Laura Rosal
   
 
 
 
Esta semana publico en Culturamas un intento, muy breve, de aproximación a la poesía de Carlos Pardo acompañando a una también muy breve selección de sus poemas. Podéis leerlos aquí.

martes, 15 de noviembre de 2011

Corteza: cicatriz. Certeza: corte.


  
  
  
  



Ciertas palabras se utilizan/ en vez de otras, dicen. Dice Chantal Maillard. Cuando/ no hay palabras suficientes./ Mejor cuando no hay/ cosa. Después de un par de días salgo de casa a airear mis cicatrices, y: La mente acusa sentimientos:/ segrega. Hila. La mente, no. No hay./ Sólo hay hilo. Saliva. Dice. Crema de tepezcohuite. Tendré cuidado, digo. Ahora tendré más cuidado. Por lo que me cuentas, son quemaduras que acabarán despellejándose y no quedará mucha señal. ¿Qué tiene eso que ver con... no. Quítale absurdo al sentido. Tengo treinta y cuatro rastros.






HILOS



Permanece —¿permanecer?— la carne
herida. Hay cicatriz.

Y la mente —¿la mente?— herida.
¿Herida? No, no hay herida. Si
la hubiese habría sangre. Hay
cicatriz. Tampoco.
Si hubiese cicatriz, sería
evidente. No siempre se ven, dicen.
Ciertas palabras se utilizan
en vez de otras, dicen. Cuando
no hay palabras suficientes.
Mejor cuando no hay
cosa.

La mente acusa sentimientos:
segrega. Hila. La mente, no. No hay.
Sólo hay hilo. Saliva.

La boca seca. No hay saliva. ¿No
la hay? Un hilo forma imagen. La
imagen de un cuerpo. Blanco. Como
todos los que han muerto. No lo he
visto. He visto otros. A ése, no. Pero
forma imagen. El hilo. Algo segrega.

Hambre. Algo dice
hambre. La sacia. ¿Frío?
Algo recuerda la palabra
frío. No la siente. La obvia.

Habrá que levantarse. Aunque sin
saber para qué. Sin saber
tampoco para qué el para qué.
Levantarse y dar vueltas en esta
habitación. O también, cambiar de ha-
bitación. Pero no. Mas seguro es
quedarse aquí, tecleando. Un teclado
es algo conocido. Tienen un
sonido peculiar, las teclas,
cuando se las pulsa.
Quedar en lo reconocible.
—¿Quedar?—Permanecer. Ya dije
permanecer. Ya pregunté. 
Quedar es permanecer
por más tiempo.
Siempre se puede partir.
Partir es dar pasos fuera.
Fuera de la habitación.
De la mente, no. —¿Mente?—
Ya pregunté. Y no hay. Hay hilo.

Partir es dar pasos
fuera de la habitación
con el hilo. El mismo hilo.
La palabra silencio dentro.
Dentro de uno —¿uno?




Chantal Maillard, Hilos, Tusquets, 2007. 





martes, 8 de noviembre de 2011

Tenían veinte años y estaban...

 
 
 
   
 



http://www.culturamas.es/blog/2011/11/08/tenian-veinte-anos-y-estaban-locos/


TENÍAN VEINTE AÑOS Y ESTABAN LOCOS
Edición de LUNA MIGUEL
Edita: La Bella Varsovia, 2011.


Siempre es satisfactorio comprobar que, efectivamente, la poesía no ha muerto. Luna Miguel se encarga de recordárnoslo desde el título de sus libros y desde la antología Tenían 20 años y estaban locos, editada por La Bella Varsovia.

Presenta varias virtudes esta sorprendente antología de poesía joven. La primera es que no se parece a la típica antología de poesía joven. No contiene un programa estético enarbolado a modo de etiqueta de guerra o solapado en burdas pedanterías, no defiende ningún cambio concreto de poética, simplemente señala la natural alternativa generacional mediante la anunciación de una nueva hornada de poetas prolíficos y calientes. No se orienta contra ninguna escuela precedente ni excluye a otras tendencias coetáneas pero opuestas, precisamente porque aúna una diversidad de poéticas realmente independientes. No es diferenciadora, sino integradora. Tampoco es pretenciosa, se anuncia como lo que es: simplemente un catálogo de nuevas voces frescas.  Y por último, se trata de una antología de poesía joven donde los poetas son realmente jóvenes.

Por eso, la única particularidad que aglutina a los seleccionados sobrepasa los márgenes de la literatura: su pertenencia a una generación que ha crecido (nacido, casi) teniendo la world wide web como medio natural de comunicación y, por ende, también como soporte directo de la literatura, ya sea como emisores o como receptores.

Otros rasgos comunes que pudieran deducirse de las poéticas de algunos de los elegidos no serían, con mucho, aplicables al conjunto de ellos. No obstante, sí me atrevo a advertir una cierta frescura y desenfado en el tono que, sin ser tampoco completa novedad, puede empezar a verse como una actitud normalizada, en vez de como una extraña ferocidad marginal o heterodoxaY es que hace treinta años ya de la Movida. Lo suficiente, por lo visto, para que las letras se desperecen y despabilen un poco. No es raro, por eso, que  alguno de estos poetas pueda pensar que, a día de hoy, un tono serio no es una propuesta seria. Y menos a los veinte. Pero, como decía, no existe una tendencia homogénea y creo que eso también debería verse como un signo de salud. Incluso diría que una iniciativa como esta, capaz de agrupar en una misma edición a autores de tan distinto corte, es una buena forma de dejar en evidencia lo infantiles y ridículas que resultan las tradicionales trifulcas entre pandillas rivales de poetas.

Y, realmente, ¿merecen la pena estos nuevos poetas? ¿Tienen algo que decir? ¿No son más de lo mismo? ¿Aportan algo? Mi opinión puede deducirse del párrafo primero. Sólo quiero añadir que, a pesar de las sorpresas que depara la lectura, este muestrario es solo una parte de un proyecto más amplio que bajo el mismo título continúa incorporando apellidos al parnaso de jóvenes poetas y cuyas actualizaciones pueden seguirse on line en el tumblr de Tenían veinte años y estaban locos.





miércoles, 2 de noviembre de 2011

Dobla el dos de Noviembre

   
     


LXVI








Dobla el dos de Noviembre.

Estas sillas son buenas acogidas.
La rama del presentimiento
va, viene, sube, ondea sudorosa,
fatigada en esta sala.
Dobla triste el dos de Noviembre.

Difuntos, qué bajo cortan vuestros dientes
abolidos, repasando ciegos nervios,
sin recordar la dura fibra
que cantores obreros redondos remiendan
con cáñamo inacabable, de innumerables nudos
latientes de encrucijada.

Vosotros, difuntos, de las nítidas rodillas
puras a fuerza de entregaros,
cómo aserráis el otro corazón
con vuestras blancas coronas, ralas
de cordialidad. Sí. Vosotros, difuntos.

Dobla triste el dos de Noviembre.
Y la rama del presentimiento
se la muerde un carro que simplemente
rueda por la calle.




César Vallejo