blog de Jorge Díaz Martínez

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martes, 20 de noviembre de 2012

Hoy recito en Peñarroya-Pueblonuevo. Y recordaremos a José Moreno Villa





Y seré presentado. Y, si hay suerte, proyectaremos una vídeo-creación de Pepito Morán sobre Transbordo. Poemas del metro de Barcelona. Y recitaré mis poemas y conversaremos de lo que haya que conversar. Pero, además, me hará mucha ilusión referirme al poeta y pintor José Moreno Villa, o mejor dicho, recitar sus poemas, que es lo que pienso hacer. Y no lo digo por sumarme al discurso institucional, sino porque lo creo, que este año el CAL ha acertado especialmente eligiendo a este poeta -tan injustamente olvidado- como el "autor del año". Y por eso, aquí os dejo algunas pruebas, para que disfrutéis.



DESPUÉS DE TODO ERAS TÚ LO QUE YO BUSCABA

 

En las letras de un cantoral,
entre la retama y el jacinto serrano,
en el ancho mar, en la taberna inquieta,
en el fondo de la copa verde,
después de todo eras tú lo que yo buscaba.
Pregunté muchas veces a las guías turísticas
dónde suspira el lugarejo ignorado por la epopeya;
pregunté a los filósofos por la llave del secreto;
fui devorando pregunta a pregunta mi vida,
y después de todo resultas tú lo que yo buscaba.
Pude leerlo en mil detalles:
verte y enmudecer,
verte y olvidarme del mundo,
verte y hablar luego por las calles solitarias,
verte y sentir el cuerpo,
verte y huir hacia los confines de mí mismo.
Desmadejado y alma en pena,
imaginé que lo mejor era llorar en los ocasos,
leer los libros místicos
y contribuir a la redención de los débiles.
Y en todo, en todo, en absolutamente todo
no había más que la busca de tu persona.
Sí, después de todo eras tú la búsqueda.
Y aquí declino ya todo examen y toda crítica.
Tú, con tus faltas y tus sobras;
tú, con tu maravilloso complemento rubio a mi color de
bronce.




SOBRE TUS MEMORIAS
 
 

Si escribes alguna vez tus memorias
di que andabas por la casa en zapatillas,
que roncabas durmiendo
o sufrías hemorroides.
Di si tuviste amores clandestinos
con familiares o mujeres de baja extracción,
si frecuentabas tabernas o iglesias,
si eras amigo de los grandes fantoches. .
De tus obras no dirás nada,
porque, si dices, quitas al crítico
la frutilla de la conjetura.
Él se divierte y justifica
manipulando con el “acaso”, el “debe venir”
o el “viene de allá”.
Lo mejor es descolgar anécdotas,
exhibir la ropa interior,
dar pelos y señales de tu barragana
y presentar el haber, y el debe de tu calendario.




EL AVIÓN NOCTURNO


Apodérate de la noche,
pajarraco de mala entraña,
y apodérate de los cuerpos
indefensos bajo las sábanas.
Ven y hunde, destroza y quema;
salgan cunas por las ventanas,
rueden ancianos impedidos
entre cascotes, hasta la calzada.
En la negrura de la noche
esconde tu proeza de infamia,
desarticula hogares tibios,
desmembra familias de un alma.
Toda la fuerza es tuya, tienes
un pueblo dormido y sin balas.
Ensáñate, que nadie te ve;
la noche sin luna te ampara.





CARTA DE UN DESTERRADO 
 

Perdóname el desvarío:
yo no quiero más envío
que un pedacito de río.


Yo no sé de cuál; de aquél
retozón y bailarín
donde mojaba mi lápiz
cuando quería escribir
una carta cariñosa
y preciosa para ti.


“Yo no quiero más envío
que un pedacito de río.”


Yo no sé de cuál; de aquél
anchuroso y tenebroso
donde aprendí lo severo
de la vida, lo más hondo,
lo que sólo ve el sentido,
lo que nunca ven los ojos.


“Yo no quiero más envío
que un pedacito de río.”
 

Y dile a mis compañeros
que no necesito nada.
Que tengo amor, carne, queso,
legumbres y noches largas;
que tengo un cielo de gloria
y una tierra muy alzada;
que me sobran las revistas,
los libros y hasta las cartas;
que si me agobian las penas,
miro las del otro, y paran.
Mas esto, sí... lo repito,
es una cosa sagrada:
 

“Yo no quiero más envío
que un pedacito de río.”
 

Yo no sé de cuál; mandadme
del azul, del amaranto,
del inquieto, del suave,
del que va derecho al salto,
del que regatea y burla,
del que es angosto o es ancho.
 

Perdóname el desvarío:
quiero un pedazo de río.




José Moreno Villa  

(poemas extraídos de la antología realizada por Rafael de Cózar para el Centro Andaluz de las Letras y la Junta de Andalucía con motivo del homenaje a José Moreno Villa, "Autor del Año" 2012, que será -o fue- obsequiada entre los usuarios que visiten las bibliotecas públicas andaluzas el día 23 de abril)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

UNA PIEZA PERDIDA DE RAFAEL DE CÓZAR





UNA PIEZA PERDIDA DE NUESTRA MEMORIA


Los huecos de la memoria,
de Rafael de Cózar.
Ediciones En Huida.


Ediciones En Huida es una pequeña editorial sevillana que poco a poco está consiguiendo hacerse un hueco en el competitivo sector de la edición en Andalucía. Su fórmula viene siendo apostar por autores inéditos o semi-inéditos que han venido madurando su poética ante la soledad de sus escritorios sin dejarse arrastrar por premuras o modas. Este sello minoritario acaba de inaugurar, sin embargo, una nueva colección con un primer libro de un autor nada desconocido, Rafael de Cózar. A esta apertura de miras le acompaña un nuevo formato y un cuidado diseño, aspectos nada despreciables para arropar adecuadamente la obra.

Como decía, Rafael de Cózar es uno de esos autores isla que sobreviven inmunes a la tracción de corrientes y mareas desde mediados de los 70, alguien muy familiar para cualquiera que alguna vez se haya interesado por la historia de la poesía visual en España, un poeta heterodoxo responsable, entre otras cosas, del hoy ya clásico ensayo Poesía e imagen. Formas difíciles de ingenio literario, un estudio imprescindible para todo el que se interese por la relación entre artes plásticas y arte poética.

Pero lo que aquí nos trae no es eso, sino la “nueva” obra de este ingenio sevillano. Digo nueva entre comillas, porque lo que se recoge en esta publicación es un libro elaborado entre 1977 y 1980, momento en el que el autor ya había encaminado su poética hacía una vía que mostraba abiertamente su simpatía por posturas experimentales paralelas como las del también heterodoxo Carlos Edmundo de Ory o la poesía visual. Esta querencia por lo plástico se aprecia en unos poemas que en ocasiones incorporan abundantes efectos tipográficos y se acompañan de ilustraciones, además de un último apartado dedicado enteramente a la poesía visual y en color. Así pues, de nuevo poesía e imagen se dan la mano gracias a la labor y, todo hay que decirlo, a la paciencia de este extraño espécimen de poeta. Y, evidentemente, gracias también al compromiso de sus editores.

Pero no es este el único atractivo de unos textos cuyo discurso mantiene todavía la frescura y originalidad de ese anhelo de búsqueda y experimentación que precisamente ahora vuelve a estar de moda. Y es que este es sin duda un libro joven, no puede dejar de serlo. Un libro que después de treinta años conserva una especie de filiación genética, un aire de familia que nos recuerda al afán innovador de la poesía más última, que nos hace pensar que estos mismos poemas podría haberlos intentado alguno de los veinteañeros que ahora mismo se esfuerzan por alumbrar sorprendentes y ácidos poemas.

Es por eso que esta obra tiene todas las papeletas para convertirse en el fetiche del coleccionista, del amante de rarezas, o del joven que pretenda indagar en los hilos ocultos de la tradición castellana. Porque, más que otra cosa, este libro es eso: una pieza perdida de nuestra tradición literaria.