blog de Jorge Díaz Martínez

martes, 16 de enero de 2018

En respuesta a otro poema




Acorda, Jorge, vamos acordar 
Não é porque é dia
Que não se pode os sonhos costurar 


Quando a luz da manhã caminhar 
por entre seus dedos melodia
Veja como é belo o sentimento que irradia 
Das mãos a fazer sonhos brotar 


Na boca o abacate botar
Nos olhos a imensidão estendida 
No peito o amor que faz chorar
Na alma o calor do sol da ousadia

Como se pode dizer que isso não é sonhar?

T. F.



#poesía #sueños #darkness #portugues#poesia #ensueño #dreams #photo 


miércoles, 3 de enero de 2018

La lluvia en el desierto. Eduardo García





Este es mi primer libro de 2018, que aunque por supuesto no pueda suplir la ausencia de Eduardo, sí que en algo reconforta encontrar su palabra reunida y recordar su voz en los poemas. Para mí, un auténtico tesoro. Muchas gracias a Rafaela Valenzuela Jiménez.


viernes, 29 de diciembre de 2017

(Libros de) Poesía 2017




Estos son sólo algunos de los libros de poesía que he leído este curso y que me han parecido, en mi humilde opinión, bastante buenos o literariamente significativos. No están todos los que son, pero he seleccionado aquellos que he encontrado más relevantes debido a la inmediatez de su salida y por la calidad de su poética (no mencionando otros publicados con anterioridad al otoño de 2016). Siendo una selección tan personal, no está determinada por parámetros que sí han de tenerse en cuenta cuando se trata de ofrecer una muestra representativa del conjunto de lo acaecido en el mercado de la poesía castellana peninsular en la última ronda solar. Al contrario, mi lista está indudablemente condicionada por la cercanía que empuja a leer a los amigos, sin que ello sirva de óbice a lo dicho anteriormente sobre la calidad de su escritura. 

No es por tanto una lista de los mejores libros de poesía de 2017, sino un recuento de libros que me han alegrado la vista estos últimos meses, lo cual no quita --de nuevo-- para poder afirmar, sólo por el siguiente ramillete de títulos --y otros que se me olvidan--, que éste ha sido un gran año de bienes para la poesía, pues, efectivamente, se han publicado obras de gran altura o calado, me atrevería a decir que más de lo acostumbrado, pertenecientes a algunos de los mejores autores de una tal generación --u hornada de escritores nacidos en torno a los 70-- que a tenor de lo visto se encuentra en plena forma poética. 

Los nuestros, Juan Carlos Reche, Pre-Textos, septiembre 2016.
El ser breve, Azucena G. Blanco, La Bella Varsovia, noviembre 2016.
Vértices, Francisco Onieva, Visor, 2016.
Fruta para el pajarillo de la superstición, Juan Andrés García Román, enero 2017.
La piel es periferia, José García Obrero, Visor, febrero 2017.
Letra y nube, Juan Antonio Bernier, Pre-Textos, marzo 2017.
Chocar con algo, Erika Martínez, Pre-Textos, marzo 2017.
El libro de Laura Laurel, Nieves Chillón, Pre-Textos, mayo 2017.
Nueva York sin querer, Almudena Vidorreta, La Bella Varsovia, 2017.

Y por supuesto habrá más y muy buenos poemarios recientes y que yo no he leído todavía, pero no quería dejar de mencionar al menos estos, de los que con seguridad puedo decir que sí merece la pena leer.




miércoles, 27 de diciembre de 2017

Poetas un poco quinquis



De derecha a izquierda: Rafael Espejo, Xavier Guillén y Jorge Díaz. Barcelona, otoño de 2007. 

La foto es digital, aunque no lo parezca, sobre todo por nuestra pinta analógica, subproducto de una película quinqui o un vídeo en blanco y negro de Serrat. Los detalles importan, como el abrazo tácito que nos damos, nuestra mirada al unísono en la fotógrafa y eso que nos traemos entre manos. Sin mencionar la dicha que nos ha juntado ahí, en un piso del eixample a celebrar, de entre todas las nuestras, una noche de fiesta inmemorial. Y qué guapos estábamos, sin saberlo, todavía dispuestos en cualquier momento, todavía el calorcito del verano en la piel, invulnerables, sonámbulos, usando la misma ropa desde hacía años.

#photobio #fotobiografía #nostalgia #poetas #barcelona

viernes, 22 de diciembre de 2017

Poetas en la piscina


La foto es de un verano de hace veinte años, posiblemente del 97. 

En la primera toma, Juan Carlos Reche, Raúl Alonso, Curro Bernier, Jorge Díaz y Mónica Luque --entonces todavía novia de Eduardo Chivite, quien estaba en ese momento en la piscina. Rafa Antúnez hace la fotografía, que está mal encuadrada, mientras nosotros ponemos cara seria y postura simétrica para la posteridad. Los extremos inclinan la cabeza hacia el centro. Curro parece casi adolescente y yo me dejo caer pelo en la cara, con falso fatalismo y simulada espontaneidad.   

En la segunda toma, Raúl hace la foto, que está bien encuadrada, Reche le pone los cuernos a Rafa, que se revuelve, y yo aprovecho para achuchar legítimamente a Mónica. 

En realidad, el orden cronológico puede ser al revés. Predominan los tonos azules y verdes, la ingenuidad tan desapercibida, la camaradería, el intenso presente y la ilusión de un futuro por venir.




miércoles, 20 de diciembre de 2017

Mira qué duquelas tengo





Y un clavo saca otro clavo
y una penita otra pena.

Cuanto más vieja más pesa
la pena cuanto más vieja.


MIRA QUÉ DUQUELAS TENGO

En las fotos aflora lo perdido.
Quien no aprecia lo que tiene, no lo merece. 
Me hago daño a mí mismo, aunque no sólo a mí mismo. 
Pero sirve revolver en las fotos lo perdido
para tomar conciencia/ distancia y volver a caer 
en los mismos errores con más fuerza
—aunque no estemos seguros de habernos equivocado…
 amplificatio non petita
acusatio manifesta 
Espinas a flor de piel. 
He quedado con alguien en un bar. 
Alguien que no me conoce tanto a nivel personal. 
Un amigo del campo literario. 
Alguien mayor que yo. 
Una persona amable, prudente y respetable. 
Se me saltan las lágrimas sólo por escuchar/ cuando empieza a sonar
esa canción. 
No puedo resistirme. 
Él sigue hablándome de literatura
como si no se diera cuenta de nada. 
El golpe inesperado de los primeros acordes, 
la inoportuna conmoción que sube por las arterias de los ojos enrojecidos 
y se derrama suavemente por las mejillas 
mientras trato de volver a estar 
aquí, de donde nunca me he ido,
y esta dichosa hipnosis
que me trata como a un perro
de Pavlov. 
Y él no pregunta nada, sigue hablando de libros y revistas
y yo se lo agradezco interior/ enormemente.
Una bilocación sentimental. 
Una otredad para nada tan extraña. 
Ser quien no soy, quien no llegaré a ser, quien nunca fui contigo. 
Ahora que escribo esto no siento nada de eso. 
Pienso más en el texto y en vosotros,
la recepción del espacio hermenéutico.

#losingmyreligion


viernes, 15 de diciembre de 2017

2013 fue un año difícil




  • jorgediazmartinez#2013 fue un año difícil. Año de escribir la tesis en casa de mis padres mientras mantenía una relación a distancia. No luzco mal. Hacía Chi Kung a diario y me dejé perilla de poeta. La foto me la hizo Carlos Alonso Callero, afamado director de dramaturgia, en la boda de otros dos literatos: Eduardo Chivite y Marta Merino. Ligeramente photoshopeada para exhibirme aquí. Cinco años después no estoy mejor. Recordar el pasado para honrar el presente. #fotobiografía #poetas

    #2013 was a hard year. That year I was writing my thesis at my parents home and at the same time keeping a distance relationship with my girlfriend, who was living abroad. I didn’t look so bad. I did Chi Kung daily and I let me grow a poet’s little beard. The pic was taken by Carlos Alonso Callero, a quite famous theater director, during the wedding of two other writers, my friends Eduardo Chivite and Marta Merino. I photoshopped it lightly before exhibiting myself in here. Five years later, I am not better. Remembering the past to honor the present.

    #2013 c'étais une année bien difficile. Cette année j'escrivais ma thèse dans le maison de mes parents et j'étais aussi dans un relation à distance, cause ma copine était dans l'etranger. Je ne semble mal de tout. J'ai fait le Chi Kung tous les jours et je me fais pousser le petite barbe de poète. La photo l'a fait Carlos Alonso Callero, un directeur de théâtre assez célèbre, lors du mariage de deux autres écrivains, mes amis Eduardo Chivite et Marta Merino. Je l'ai photoshopé un peut avant d'exhibir moi-même ici. Cinq ans plus tard, je ne suis pas meilleur. Se souvenir du passé pour honorer le présent. #poésie


martes, 28 de noviembre de 2017

Carlos Castilla del Pino. Casa del Olivo. Autobiografía (1949-2003)





Carlos Castilla del Pino ha estado presente siempre en mi imaginación como una de esas grandes figuras de quien “todo el mundo” habla pero del que en realidad nadie -de mi generación- conoce ni ha leído nada (aunque me doy cuenta de que a día de hoy, lamentablemente, tampoco su nombre parece demasiado recordado, incluso por aquellos cuya supuesta cultura haría pensar lo contrario -aquí también impera el mando de las modas). Este vacío que escondía, para mí, el prestigioso rótulo de su nombre ha venido a tomar cuerpo gracias a la lectura de la segunda parte de su autobiografía: Casa del Olivo (1949-2003).

Hace tiempo que vengo disfrutando de este tipo de lecturas (memorias, diarios y autobiografías) más que de una novela, en buena parte porque suelen estar escritas sin el alambicado efectismo en el que a menudo patinan las descripciones de cosas que nunca sucedieron, y en buena parte también porque, sencillamente, consiguen comportarme una cierta garantía de experiencia vivida y habitable. Pero además, en esta ocasión, sucede que escritor y lector comparten coexistencia en una misma ciudad, dando lugar así a toda una suerte de convergencias vitales que no voy a mencionar. 

Lo que sí quiero es animar a la lectura de un libro que va mucho más allá de la simple peripecia de su protagonista. Estas páginas nos contienen. Es decir, contienen la intrahistoria de la sociedad que fuimos, y también los acontecimientos y actores que marcaron su historia. Mayúsculas y minúsculas se suceden aquí a través de una voz que poco a poco vamos conociendo. Carlos Castilla del Pino nos cuenta de manera nada sensacionalista, pero sin pelos en la lengua, tanto los sesgos cómicos como aquellos más trágicos y míseros de un tiempo todavía discutido. E incluye algunas confesiones sobre aspectos de su vida familiar que tienen valor, precisamente, por declarar actitudes bastante generalizadas pero de las que raramente se escucha hablar tan claro. El ojo clínico del profesional de la psiquiatría aplicado a su propia vida. 

Su descripción de una Córdoba hoy desaparecida. Los crímenes de la Guerra Civil y la posguerra. Sus andanzas con el grupo Cántico y los artistas del equipo 57. Esa sociedad burguesa y estirada y su hibridación a regañadientes con los ricos provincianos. La competencia entre los jesuitas y la nueva orden del Opus Dei. La agobiante presencia de la Iglesia en absolutamente todo. El mundo de los toreros. El miedo a hablar, a mirar o incluso a aparecer. La militancia en la clandestinidad. El entramado de intereses de las instituciones médicas y académicas y su control coaccionado por el régimen. La realización a pesar de todo de una labor terapéutica ejemplar y en aquellos entonces. Los viajes por la España rural y al extranjero. Las entrevistas con personalidades. Los paulatinos avances en la sociedad y el mundo… y también, por supuesto, algunos humanos rencores sobre las injusticas recibidas. Y algunos cotilleos. 

Tantas cosas dichas de primera boca y en una prosa sin aspavientos. La palabra de un protagonista verdaderamente comprometido. Es, además, un libro que despierta el apetito intelectual, lleno de referencias y de amor hacia la literatura y el arte. Conocemos así de manera cercana, e incluso íntima, a alguien que vivió las épocas más duras de nuestra historia reciente. No por caer en el tópico puedo dejar de decir que muchas de sus experiencias transcienden lo personal para adquirir ese estatus de vivencia universal. Y finalmente las páginas avanzan hasta alcanzar su presente de escritura, dejando de ser unas memorias para convertirse en las hojas de su diario, prácticamente las últimas.

Se añade además un apéndice con algún extracto de casos clínicos y otros documentos de interés. Yo acabé la lectura conmovido, con esa sensación de inevitable despedida de un amigo. 

Siento no haber dicho lo bastante, o lo bastante bien, para recomendar a todos la lectura de esta obra.



sábado, 25 de noviembre de 2017

Lope de Vega, la Garganta del Diablo







Se escuchan caer las hojas.
Pueblos dormidos de madrugada.

Son versos inconexos que venía recordando/pensando mientras conducía por carreteras desiertas de madrugada, circundadas de olivos y silencio, siempre en marcha por miedo a una traicionera batería y en mitad de la Extremadura desconocida… y pasando de casualidad por Zalamea. Mis clases de segundo de Filología Hispánica. Así que por aquí estuvo Lope de Vega —me imagino. Y viajar en aquellos tiempos sin electricidad. Esta mañana se lo cuento a mi madre. Me dice que a los cinco años hablaba latín y que su padre era bordador (de ropajes de vírgenes, casi lo mismo que el hijo). Luego me encuentro en Google.es con el aniversario de Lope de Vega. Hablábamos de alguien que nació tal día como hoy hace 455 años. Las casualidades de la vida. El verso claro y el borrador espeso. Pero a velocidad de crucero.  


(La foto es en la Garganta del Diablo, en Villanueva de la Vera)






martes, 21 de noviembre de 2017

Emerita Augusta



Hola, Guadiana. 












A la altura de Mérida, el Guadiana abre los brazos, dejando en medio una isla. Me sorprende acercarme a sus orillas levantando el vuelo de algún ave. La isla en un estado semi-vírgen, cuajada de senderos donde duermen los gatos y caminos de tierra para el running, pero no muy diferente a como debieron de pisarla las legiones. El largo puente romano cruza los dos caudales e incluye una rampa a un lado que desciende hacia la isla. Me adelanta un gitano en bicicleta. Quedo con Silvia en el templo de Diana y nos vamos de tapas. Hacen unos veinte grados centígrados otoñales. 


A la noche siguiente, voy al centro por la calle John Lennon. Las dependientas son simpáticas. Busco un cepillo de dientes en la calle Maestros. Luego me dejo llevar por Santa Eulalia, que está hasta arriba de gente paseando. El acento extremeño, que resuena a Andalucía, pero con su melodía característica, que a mí me resulta tan encantadora. Muchas pandillas de críos y ya de adolescentes corriendo de arriba abajo. Luego la plaza de España, que parece el patio de un colegio, rodeada de terrazas a rebosar (pienso que esto sería ahora imposible en Polonia) y restaurantes. Me dan ganas de decirle a alguien (no hace falta acercarse porque aquí apenas si se guardan las físicas distancias) la suerte que tiene de vivir aquí, en esta ciudad tan maravillosa, con aire de pueblo grande pero con autovías. Tan llena de vida y de esa familiaridad, esa tranquilidad que inevitablemente se pierde en las urbes muy infladas. Tanto como para parecerme inusual. Respirar de vuelta a casa que ya empieza a refrescar.