blog de Jorge Díaz Martínez

miércoles, 31 de enero de 2018

A mí me parecía africano


Perfect shot by @albadove 

Habiendo dormido poco y después de inyectarme virus vivos subcutáneamente me dejé llevar por mis pasos respirando al ritmo vegetal de las conversaciones telúricas que me circundaban, admirando la serena majestuosidad de los seres elevados y tratando de sutilmente acariciarlos... Hasta encontrarme de frente a este gran árbol de raíces colgantes, que a mí me parecía africano aunque el cartelito dice que es sudamericano y me puse a fotografiarlo, a descansar un momento en sus ancianas vértebras robustas, a dejarme enmarcar perfectamente por el instante casual que nos presenta la luz de este presente. 

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Premieres Méditations Poétiques de Alphonse de Lamartine



Durante el último mes de clases, el año que trabajé en la Universidad Palacky de Olomouc, empezaron a desalojar el antiguo edificio para acometer por fin la sempiternamente postergada reforma del que seguía siendo prácticamente el mismo que alguna vez sirvió de arsenal militar durante la época napoleónica. Como consecuencia, se deshacían de libros que llevaban décadas pillando polvo y humedad en las viejas bibliotecas de los despachos, incluyendo la del Dto. de Francés. Libros de un invaluable valor para cualquier amante de la literatura eran abandonados sobre las mesas de los pasillos, lo que incrementó bastante el volumen de mi biblioteca. Sobre todo ediciones antiguas y algunas incluso de comienzos del veinte. Entre ellas, este ejemplar que cabe en la palma de la mano: Premieres Méditations Poétiques de Alphonse de Lamartine. Me encanta su melancolía encuadernada en una edición ahora tan igualmente anacrónica, como una correspondencia poética más entre materia y espíritu. Siempre que lo acaricio me impregna un aura de otro tiempo y adoro sumergirme en la lectura de sus meditaciones amarillentas, como las de una fiebre cuya vacuna he venido a ponerme hoy a Sevilla, eligiendo este poemario para el AVE, por lo manejable y ligero y por su idioma, a cuya sonoridad me conviene ir acostumbrándome pronto... Lo que en parte me salvó de la obsesiva conversación telefónica de la desinhibida desquiciada inconsolable artista galerista demandante de atención emocional sentada paralela en el vagón... 

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sábado, 27 de enero de 2018

Myopic poet. Self-portrait



Elegir la locura como modo de vida me parece lo cómodo. Más turbio es atreverse a superar alguna maltrecha infelicidad, aunque sea a través de esta ínfima escritura conmovida ridículamente. Me voy a hacer una foto. ¿Me voy a hacer una foto? Por si sirve el ritual. La tinta roja. 
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lunes, 22 de enero de 2018

Práctica de sanación


Uma coisa que não te contei: sua música me dá vontade de escrever. É como se fossemos um caminho pela qual a emoção usasse para tocar as pessoas, ela sai de você, depois chega em mim e vai para outro e assim por diante. Gosto dessa sensação.
T. F.



martes, 16 de enero de 2018

En respuesta a otro poema




Acorda, Jorge, vamos acordar 
Não é porque é dia
Que não se pode os sonhos costurar 


Quando a luz da manhã caminhar 
por entre seus dedos melodia
Veja como é belo o sentimento que irradia 
Das mãos a fazer sonhos brotar 


Na boca o abacate botar
Nos olhos a imensidão estendida 
No peito o amor que faz chorar
Na alma o calor do sol da ousadia

Como se pode dizer que isso não é sonhar?

T. F.



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miércoles, 3 de enero de 2018

La lluvia en el desierto. Eduardo García





Este es mi primer libro de 2018, que aunque por supuesto no pueda suplir la ausencia de Eduardo, sí que en algo reconforta encontrar su palabra reunida y recordar su voz en los poemas. Para mí, un auténtico tesoro. Muchas gracias a Rafaela Valenzuela Jiménez.


viernes, 29 de diciembre de 2017

(Libros de) Poesía 2017




Estos son sólo algunos de los libros de poesía que he leído este curso y que me han parecido, en mi humilde opinión, bastante buenos o literariamente significativos. No están todos los que son, pero he seleccionado aquellos que he encontrado más relevantes debido a la inmediatez de su salida y por la calidad de su poética (no mencionando otros publicados con anterioridad al otoño de 2016). Siendo una selección tan personal, no está determinada por parámetros que sí han de tenerse en cuenta cuando se trata de ofrecer una muestra representativa del conjunto de lo acaecido en el mercado de la poesía castellana peninsular en la última ronda solar. Al contrario, mi lista está indudablemente condicionada por la cercanía que empuja a leer a los amigos, sin que ello sirva de óbice a lo dicho anteriormente sobre la calidad de su escritura. 

No es por tanto una lista de los mejores libros de poesía de 2017, sino un recuento de libros que me han alegrado la vista estos últimos meses, lo cual no quita --de nuevo-- para poder afirmar, sólo por el siguiente ramillete de títulos --y otros que se me olvidan--, que éste ha sido un gran año de bienes para la poesía, pues, efectivamente, se han publicado obras de gran altura o calado, me atrevería a decir que más de lo acostumbrado, pertenecientes a algunos de los mejores autores de una tal generación --u hornada de escritores nacidos en torno a los 70-- que a tenor de lo visto se encuentra en plena forma poética. 

Los nuestros, Juan Carlos Reche, Pre-Textos, septiembre 2016.
El ser breve, Azucena G. Blanco, La Bella Varsovia, noviembre 2016.
Vértices, Francisco Onieva, Visor, 2016.
Fruta para el pajarillo de la superstición, Juan Andrés García Román, enero 2017.
La piel es periferia, José García Obrero, Visor, febrero 2017.
Letra y nube, Juan Antonio Bernier, Pre-Textos, marzo 2017.
Chocar con algo, Erika Martínez, Pre-Textos, marzo 2017.
El libro de Laura Laurel, Nieves Chillón, Pre-Textos, mayo 2017.
Nueva York sin querer, Almudena Vidorreta, La Bella Varsovia, 2017.

Y por supuesto habrá más y muy buenos poemarios recientes y que yo no he leído todavía, pero no quería dejar de mencionar al menos estos, de los que con seguridad puedo decir que sí merece la pena leer.




miércoles, 27 de diciembre de 2017

Poetas un poco quinquis



De derecha a izquierda: Rafael Espejo, Xavier Guillén y Jorge Díaz. Barcelona, otoño de 2007. 

La foto es digital, aunque no lo parezca, sobre todo por nuestra pinta analógica, subproducto de una película quinqui o un vídeo en blanco y negro de Serrat. Los detalles importan, como el abrazo tácito que nos damos, nuestra mirada al unísono en la fotógrafa y eso que nos traemos entre manos. Sin mencionar la dicha que nos ha juntado ahí, en un piso del eixample a celebrar, de entre todas las nuestras, una noche de fiesta inmemorial. Y qué guapos estábamos, sin saberlo, todavía dispuestos en cualquier momento, todavía el calorcito del verano en la piel, invulnerables, sonámbulos, usando la misma ropa desde hacía años.

#photobio #fotobiografía #nostalgia #poetas #barcelona

viernes, 22 de diciembre de 2017

Poetas en la piscina


La foto es de un verano de hace veinte años, posiblemente del 97. 

En la primera toma, Juan Carlos Reche, Raúl Alonso, Curro Bernier, Jorge Díaz y Mónica Luque --entonces todavía novia de Eduardo Chivite, quien estaba en ese momento en la piscina. Rafa Antúnez hace la fotografía, que está mal encuadrada, mientras nosotros ponemos cara seria y postura simétrica para la posteridad. Los extremos inclinan la cabeza hacia el centro. Curro parece casi adolescente y yo me dejo caer pelo en la cara, con falso fatalismo y simulada espontaneidad.   

En la segunda toma, Raúl hace la foto, que está bien encuadrada, Reche le pone los cuernos a Rafa, que se revuelve, y yo aprovecho para achuchar legítimamente a Mónica. 

En realidad, el orden cronológico puede ser al revés. Predominan los tonos azules y verdes, la ingenuidad tan desapercibida, la camaradería, el intenso presente y la ilusión de un futuro por venir.




miércoles, 20 de diciembre de 2017

Mira qué duquelas tengo





Y un clavo saca otro clavo
y una penita otra pena.

Cuanto más vieja más pesa
la pena cuanto más vieja.


MIRA QUÉ DUQUELAS TENGO

En las fotos aflora lo perdido.
Quien no aprecia lo que tiene, no lo merece. 
Me hago daño a mí mismo, aunque no sólo a mí mismo. 
Pero sirve revolver en las fotos lo perdido
para tomar conciencia/ distancia y volver a caer 
en los mismos errores con más fuerza
—aunque no estemos seguros de habernos equivocado…
 amplificatio non petita
acusatio manifesta 
Espinas a flor de piel. 
He quedado con alguien en un bar. 
Alguien que no me conoce tanto a nivel personal. 
Un amigo del campo literario. 
Alguien mayor que yo. 
Una persona amable, prudente y respetable. 
Se me saltan las lágrimas sólo por escuchar/ cuando empieza a sonar
esa canción. 
No puedo resistirme. 
Él sigue hablándome de literatura
como si no se diera cuenta de nada. 
El golpe inesperado de los primeros acordes, 
la inoportuna conmoción que sube por las arterias de los ojos enrojecidos 
y se derrama suavemente por las mejillas 
mientras trato de volver a estar 
aquí, de donde nunca me he ido,
y esta dichosa hipnosis
que me trata como a un perro
de Pavlov. 
Y él no pregunta nada, sigue hablando de libros y revistas
y yo se lo agradezco interior/ enormemente.
Una bilocación sentimental. 
Una otredad para nada tan extraña. 
Ser quien no soy, quien no llegaré a ser, quien nunca fui contigo. 
Ahora que escribo esto no siento nada de eso. 
Pienso más en el texto y en vosotros,
la recepción del espacio hermenéutico.

#losingmyreligion