blog de Jorge Díaz Martínez

martes, 9 de febrero de 2016

Simulación silvestre






APUNTES PARA UN POEMA:
GEOLOGÍA


Al entrar en el bosque
me he cruzado una ardilla.
Mejor dicho: el parque periurbano
-que es igual, pero domesticado.

Todavía en el perfume
de la noche anterior
una lluvia que el sol evaporaba
y después el motorista disruptivo.
Pero he hallado una gema
de cuarzo blanco veteado
de cobrizo, como Michaela.

La ardilla me parecía un buen augurio
y el motorista, una molestia
para mi meditación naturalista.
La piedra, sangre mía.

Guardando las distancias
pero sin subir al árbol
me miraba
y luego, saltarina
sobre la hojarasca seca
regresó a visitarme
mientras contabilizaba
el recurso de mi respiración
y el motorista
había desaparecido.

Blanca ante la moteada
oscuridad del ramaje
a contraluz, una mariposilla
y de fondo los brillos de la urbe
junto al destello imperial
de una serpiente (la autovía),
siempre bajo el sfumato
de la tarde ideal.

El movimiento
ondulado de la columnata
silvestre y esa sierra
celeste por efecto
de la longitud de onda.

Un pino salomónico
y terciopelo verde en las cortezas.

La palabra Veronika
que a vosotros puede no deciros mucho
convoca para mí
un universo de correspondencias.
Mientras que la palabra
árbol, también para vosotros.

Pienso un lenguaje vivo
de simbolismos y correspondencias
que resonara igual
que en las teclas de un piano
la vibración secreta de las cosas.
Pienso en la teoría literaria romántica
mientras este murmullo
pictórico boceta la bucólica
estampa de mi personalidad.

Y me gustaría citar
el trasluz celestial
de la sierra azulada
detrás de una colina
soleada con cortafuegos
y el tintineo lejano de un cencerro
junto a las voces de los domingueros.

Lo cierto es que no existe
nada antinatural.

En el bosque,
mis pensamientos forman parte de la música.