blog de Jorge Díaz Martínez

lunes, 24 de abril de 2017

Jodido soneto







JODIDO SONETO...

¿Qué hago aquí? Este no es mi lugar.
Soy algo más que un trabajo que podría
hacer en cualquier otra geografía.
No estoy en condiciones de aguantar.

Si antes estaba triste, ahora dos
veces triste, como una flor marchita
en vano espero tu palabra escrita.
Fumar contigo nunca me dio tos.

Tocar como si nada no me calma,
no he sabido besarte sin el alma. 
Tengo resaca, tengo bajonazo,
no de cerveza, sino de tu abrazo. 
Cambio de idea como de postura
y no me cura la literatura. 







martes, 11 de abril de 2017

Dos sonetos








No suelo escribir sonetos.
Me parecen un arte de otro tiempo.
He escrito estos para entretenerme,
o desahogarme, como un juego.




SONETO TORCIDO



Deberían tener párpado o músculo
para cerrarse siempre que lo pida
la situación infame, cual molusco
resguardado en su concha, que rápida-

mente a salvo de las sonoras fieras
las proteja que dañan su salud.
A cobijo, como en un ataúd
y ante el estruendo así como hieráticas.

Este ruido no deja de golpear.
En la noche no he podido toda
pegar orejas ni ojos y en el pub

esa electro de mierda que proclaman,
de manera insultante, como música,
percutiendo prosiguen los borrachos.



SONETO PASEANTE


Amanece la noche. Cuatro cuervos
apuran en el césped las colillas.
Tienen resaca todas las chiquillas,
mala leche las ingles de los ciervos.

Y esa luna redonda como un queso
entre ramas romántica tejida.
Me aburre ya quejarme de la vida,
de palabras roído tengo el hueso.

Llámese azar, llámese desatino,
del alma de un cigarro empalagado
me siento en un jardín para vaciarme.

Que mi sangre haga barro, quiero darme
al tam-tam de mi idioma de destino.
Del estanque un patito se ha extraviado.













jueves, 23 de marzo de 2017

Night time





Jugar un partida 
(de ajedrez)
Tocar una canción 
(la misma siempre)

Ducharse

Ir al trabajo
Repita mentalmente: 40

Fin de semana
y
descifrarse en un centro comercial 
(identidades)






jueves, 16 de marzo de 2017

Un díaz normal




El yo de mi diario no es, necesariamente, la persona ávida por sincerarse que lo escribe. 
25 de julio, 1962. Alejandra Pizarnik

Son las cinco de la mañana. No he dormido. Una mochila pesada, las piernas me pesaban. Me frustraba la carencia de fuerzas para llegar a donde iba. Una carga que deseaba soltar. Pero mis piernas, esa debilidad intrínseca. La lectura es tan obvia que parece ficción, mi sueño de anteanoche. Y el recuerdo de las agujetas, por hacer demasiada gimnasia, aquella vez. Hoy es mi cumpleaños, por supuesto. He pasado un día normal. Levantarme algo tarde, pero no tardísimo, desayunar y volver a acostarme, y a soñar. Luego dar el trabajo, como siempre, cada vez más relajado. Y ya en casa, la desolación y la angustia. Todas las clases que se quedan solas dejándome vacío en este país extraño. Buscar rabioso en las redes, hasta agotarme. Comer mal y jugar al ajedrez. Pero esta noche ha sido un poco diferente. He estado tomando apuntes de literatura finisecular decimonónica. En silencio. Sin música. Nada más que el eco grave del Klub Pauza, ya inaudible, el mismo que antes no me dejaba dormir. Y jugar otra vez. Y preparar las clases de mañana (de hoy, cuando despierte).  
He visto un amanecer fuego naranja, intenso.