blog de Jorge Díaz Martínez

martes, 29 de septiembre de 2020

Shiranami. Olas blancas. Cien poemas japoneses del mar.

Teresa Herrero
Shiranami. Olas blancas. Cien poemas japoneses del mar.
Ediciones Hiperión, 2020.
Las librerías son esos lugares presuntamente condenados a desaparecer que ofrecen la posibilidad de dejarse llevar por el azar de una lectura imprevista, alejada de cálculos, programas y recomendaciones literarias. Ahora incurro yo en el vicio de recomendar el que fuera mi encuentro veraniego, mi enamoramiento poético estival. Esta colección de haikus y tankas japoneses pareciera venir, en mi caso personal, a clausurar un ciclo de escritura, a ponerle la guinda a una costumbre, pues después de todo un curso viviendo en Algeciras, escribiendo poemas a la orilla del mar, con no pocos haikus y algún que otro tanka dedicados a las olas, me encuentro a posteriori con la tradición de referencia, como si me hubiera hecho merecedor de ella, en los estantes de una antigua librería de Córdoba ―la Librería Luque, para más señas. 

Así que el libro liviano me acompañó mis tardes de paseo en bicicleta para hacerme sentir, una vez más, a la orilla del mar, lo que en verdad no estaba tan alejado de la realidad: hasta Córdoba llega el mar, remontando por las aguas del río Guadalquivir, a cuya vera he leído embelesado la transliteración de los versos japoneses, milenarios suspiros llenando de salitre las páginas de esta traducción que hemos de agradecer a Ediciones Hiperión

Lo demás, lo que se debe decir en las reseñas, lo dejo a vuestra curiosidad.

domingo, 20 de septiembre de 2020

A corazón abierto, de Elvira Lindo



Vengo a hablaros de A corazón abierto, de Elvira Lindo (sí, la de Manolito Gafotas). 

No tengo foto del libro porque lo leí en el ebook de mi madre, así que esta la he descargado por ahí. Es la única novela que ha conseguido desengancharme de las redes sociales adictivas en este verano atípico en el que no he viajado. Y, por cierto, también la que me ha decido a adquirir mi propio ebook.


Os la recomiendo mucho. Es del tipo de libros que me gustan, como El mundo, de Juan José Millás, París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas, El viaje a pie de Johann Sebastian, de Carlos Pardo, o Ramona, de Rosario Villajos. Es decir, novelas de escritores que hablan de sí mismos, de sus traumas, su familia, sus miedos, sus rencores, y a lo mejor así se ahorran (o no) el psicólogo. Aunque Rosario se cambia de nombre en sus ficciones -todo hay que decirlo-, el resto de mencionados no lo hace, ni Elvira tampoco, quien se centra sobre todo en la figura de su padre, como Elektra.

Este libro tiene además el gusto 50% ibérico de abarcar periodos mitológicos de nuestra historia reciente, me refiero obviamente a la Guerra Civil y la posguerra. Y para no alargarme demasiado, concluir que leerla es como sentarse a tomar un café con una amiga a quien por alguna razón se le ha soltado la lengua y ha decido servirte un plato bien colmado de las habas que se cuecen en su casa, o de las que se cocían cuando ella era una niña.

Diréis que esto es lo típico, pero ahí está precisamente el mérito, en escribir muy bien y con encanto un culebrón familiar que de otra forma a lo mejor hubiera sido un rollazo. Y no, lo que pasa es que al final te quedas con más ganas, te da pena que cierren el café, despedirte de ella, de tu amiga, sus cosas, su familia.