blog de Jorge Díaz Martínez

miércoles, 22 de enero de 2014

Always replace the cap after use




EL NOMBRE

Me adormezco durante el viaje en coche y me detengo bajo los árboles, junto al camino. Me acurruco en el asiento trasero y duermo. ¿Cuánto tiempo? Horas. La oscuridad alcanza a caer.

De pronto estoy despierto y no me reconozco. Estoy bien despierto, pero eso no me ayuda. ¿Dónde estoy? ¿QUIÉN soy? Soy algo que despierta en un asiento trasero, algo que se revuelve, con pánico, como un gato en una bolsa. ¿Quién?

Por fin viene mi vida de regreso. Mi nombre llega como un ángel. Fuera de los muros suena un toque de tropeta y los pasos salvadores llegan rápida, rápidamente descendiendo la demasiado larga escalera. ¡Soy yo! ¡Soy yo!

Pero imposible olvidar la lucha de los quince segundos en el infierno del olvido, a pocos metros de la carretera por la que llueve el tráfico con luces encendidas.

Tomas Tranströmer
El cielo a medio hacer
Nórdica



sábado, 18 de enero de 2014

Cronopios, orgones y auras



 
La forma más sencilla de empezar a observar el campo energético universal consiste, simplemente, en relajarse tendido de espaldas sobre la hierba en un agradable día soleado y dejar que la mirada vague por el cielo. Poco tiempo después podremos observar unos glóbulos diminutos de orgón que forman dibujos garabateados sobre el fondo azul celeste. Parecen diminutas bolas blancas, en ocasiones con una mancha negra, que aparecen durante un par de segundos, dejan una ligera estela y desaparecen de nuevo. Continuando con la observación y ampliando la visión, se empieza a ver que todo el campo late con un ritmo sincronizado. Si el día es soleado, las diminutas bolas de energía serán brillantes y se moverán con rapidez. Si está nublado, resultarán más traslúcidas, su movimiento será más lento y su número menor. En una ciudad con el cielo contaminado por los humos se verán en menor número, oscuras y con movimientos muy lentos; están poco cargadas. Donde observé los glóbulos más abundantes y brillantemente cargados fue en los Alpes suizos, donde son frecuentes los días soleados y la nieve lo cubre todo en densas capas. Parece que es la luz solar la que carga los glóbulos.

Desviemos ahora la vista a los bordes de las copas de árboles silueteadas sobre el cielo azul. Se puede ver una neblina verde que las rodea. Curiosamente, se puede observar también que la neblina no contiene glóbulos. Sin embargo, si se mira más atentamente se pueden ver, en el borde de la neblina verde, glóbulos que cambian su dibujo garabateado y penetran en el aura del árbol, donde desaparecen. Aparentemente los absorbe el aura. El verde alrededor de los árboles aparece en la fase de nacimiento de las hojas, en primavera y verano. A principios de la primavera, el aura de la mayoría de los árboles tiene un matiz rosa rojizo, similar al color de sus yemas.

Barbara Ann Brennan,
Manos que curan
Eleven, Biblioteca del Nuevo Tiempo