blog de Jorge Díaz Martínez

lunes, 29 de noviembre de 2021

Taller sobre la poesía de Carlos Pardo


El miércoles día 1 de diciembre, impartiré una clase dentro del taller de poesía contemporánea organizado por Ana Isabel Alvea Sánchez. Hablaremos de la poesía de Carlos Pardo, uno se los poetas más destacado de su promoción.

En el enlace tenéis toda la información. Precio 10€. Estudiantes y ociosos 5€. 

Una horita estaremos, a través de Google Meet.

https://amarandaalvea.wordpress.com/2021/11/21/taller-de-poetas-1-de-diciembre-jorge-diaz-martinez-poesia-espanola-contemporanea-la-poesia-de-carlos-pardo/

jueves, 25 de noviembre de 2021

Escribiendo mandalas en la revista: secretOlivo, por Joaquín Carmona

El poeta y narrador Joaquín Carmona le dedica esta reseña a Escribiendo mandalas en la revista secretOlivo

Podéis leerla en este link: 

https://secretolivo.com/index.php/2021/11/19/escribiendo-mandalas/

A continuación, os copio aquí la reseña íntegra:

ESCRIBIENDO MANDALAS

POR JOAQUÍN CARMONA RODRÍGUEZ
ESCRITOR Y DOCTOR EN TEORÍA DE LA LITERATURA.

De las relaciones entre el macrocosmos ―entendido como la universalidad de la energía y la materia― y el microcosmos ―entendido como el universo a escala que encarna cada ser humano― saltan como chispas, como esquirlas, también como gotas de agua los versos que componen este laborioso, meditabundo y expansivo Escribiendo mandalas, el último poemario ―hasta el momento― de Jorge Díaz Martínez.

Lo sacro y lo profano, tomado el primer concepto como lo arcano, esa “entraña del mundo” que señala Herman Hesse en una de las citas que encabezan el libro, y el segundo como lo material, lo físico y hasta la reificación de ciertas intuiciones, se entrelazan figurativamente en un ejercicio de versificación cuidadosamente dispuesto sobre una atenta observación que bascula entre lo concéntrico y lo proyectivo.

Afirma el propio autor en una de las notas introductorias que una de sus intenciones es la composición de un “pequeño e imperfecto glasperlenspiel”, ese utópico ejercicio intelectual formulado por Hesse como combinación de códigos semióticos dispares que en Escribiendo mandalas no es ajena a cierta matematicidad en su correspondencia de atributos y estructuras entre entidades abstractas y sus símbolos.

El juego de abalorios hessiano, englobador de todos los asuntos y valores concernientes a la cultura, y asociado a un advenimiento de unificación espiritual y temporal, se reproduce en este poemario en breves ráfagas que van de la esperanzada creencia en la realización: “El dibujo se convirtió en escritura. / El trazo halló su instrumento” a la constatación de la imposibilidad de obtener una victoria en ese juego: “Sé que / me moriré / sin haber leído todo / lo que merece la pena leer”, puesto que el artefacto, el proyecto, conscientemente imperfecto, es mera materialidad profana, mientras que lo sacro se halla inscrito en su propio círculo, en “el centro mismo” referido por Hesse: “Entre la luz que inunda con su alegría / y el amanecer de la crueldad del hombre, / el sol, como una moneda en el aire.

Los mandalas llevados al verso por Jorge Díaz Martínez revelan además evocaciones junguianas. El psicólogo suizo, también citado en la introducción del libro, estudió la universalidad de estas representaciones simbólicas y espirituales, considerándolas manifestaciones del inconsciente colectivo en cuyo centro figuraría el arquetipo central, la totalidad del individuo como unidad indivisible.

Estas reminiscencias aparecen textualizadas en el poema número 9, en el que el mismo Jung se nos muestra dibujando mandalas en “Una casa en el bosque, / cerca de un lago”. Esta “casa de piedra, cerca del agua”, este lugar “donde los difuntos reciben discursos / y las leyes del azar se clasifican”, funciona no solo como referencia, sino también, en un ejercicio de extraversión literaria, como centro mismo del poema, centro del mandala y sí-mismo del libro, convertido, como poemario y como objeto, en “una estancia que alberga sus propios sueños”.

Y es que la dimensión objetual de Escribiendo mandalas, primorosamente enriquecida tanto estética como conceptualmente por las ilustraciones de María Ortega Estepa, resulta imposible pasar por alto. Toda la complejidad estructural, la diversidad de órganos que componen este poemario, se condensa a la perfección en la longitud y la latitud de este atlas entre cuyas tapas se encierra artesanalmente el testimonio de un espíritu colectivo y otro individual.

El libro-objeto funciona como mediador funcional. Los versos que contiene, de evidente cuidado sensorial, adheridos a la musicalidad de su sonido, consiguen unificarse racionalmente al encarnarse en el papel, en la materialidad de esta edición de orfebrería.

Escribiendo mandalas, como los buenos libros de poesía, puede ser abierto por cualquier página para dejarse llevar en cada poema por su juego de intuiciones, de alusiones y elusiones: (Las palabras / un instrumento: sirven para ocultar / o descubrir). La lupa de Díaz Martínez se aleja y se acerca, y vuelve a distanciarse y a aproximarse movida por una música circular, sin principio ni fin. Pues el universo es un fractal, una sinécdoque, el todo está en la parte y en la parte está el todo.

(Ediciones En Huida, Sevilla, 2021.)

martes, 23 de noviembre de 2021

Escribiendo mandalas en Cuadernos del Sur, por Francisco Onieva

A veces pasan meses sin salir una reseña y luego en una semana salen dos y recitas en Cosmopoética. Esto me ha pasado la semana pasada. Muchas gracias a Francisco Onieva Ramírez por una reseña tan acertada, la verdad, tanto en las virtudes como en los defectos de este extraño poemario.

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2021/11/20/escribiendo-mandalas-nuevo-poemario-jorge-59750094.html

Os copio a continuación el texto íntegro de la reseña:


'Escribiendo mandalas', el nuevo poemario de Jorge Díaz Martínez

Escribiendo mandalas es el título de la nueva propuesta poética de Jorge Díaz Martínez (Córdoba, 1977), que ve la luz nueve años después de Transbordo. Poemas del metro de Barcelona (La Garúa, 2012). Como el propio poeta explica en una breve nota introductoria, «en sánscrito, el término mandala significa círculo, aplicándose a un tipo de figuras geométricas utilizadas desde hace milenios como instrumento de meditación»; así pues, los mandalas, cuya arquitectura es una sutil combinación de cuadrados y círculos para crear «figuras tridimensionales», devienen simple cauce para el conocimiento y carecen de valor en sí. De hecho, uno de los rituales más conocidos es aquel en el que, durante varios días, los monjes budistas tibetanos del monasterio Drepung Loseling «dibujan un mandala con arena de colores» que, una vez terminado, es barrido de manera inmediata, en una de las más estéticas lecciones de desapego.

Durante su estancia en China, nuestro poeta ahondó en la simbología de esta representación espiritual y ritual del macrocosmos y del microcosmos y la percibió en numerosos objetos cotidianos, al tiempo que se planteó «su proyección literaria». Así, reconoce que «este poemario es un intento de aplicar a la literatura cierta idea de mandala», entendida más bien como «un simple ejercicio de escritura», cuyo objetivo último es «componer un pequeño e imperfecto glasperlenspiel». Esta imagen hace referencia a aquellas obras que, aunque combinen pensamiento y juego, buscan ser, ante todo, divertimento y entretenimiento. Como si de un juego se tratase, se impone la creación de poemas de 144 sílabas -que sería el cuadrado de doce, la medida predominante de los versos-.

Este corsé lo lleva a forzar en ocasiones el metro y el lenguaje, que se incardina en el plano de lo cotidiano y lo conversacional, en los veintiocho poemas sin título, distribuidos en bloques de cuatro (cuatro son los lados del cuadrado) y dispuestos cada uno en una página, que se funden con las ilustraciones de María Ortega Estepa, ofreciendo al lector un libro de gran belleza física, cuya forma es -y no es casual- la de un cuadrado de apenas diecinueve centímetros y medio de lado. Tras las citas de Jung, Hesse y Cortázar se dispone una página con el símbolo del círculo, con lo cual se cierra la estructura de mandala y se abre el espacio para la lectura de unos poemas de tono intimista, en los que lo coloquial e, incluso, la ironía se dan la mano a la hora de sondear, a través de diversos símbolos, el interior de un yo escéptico y afable que tantea los misterios de la existencia y del lenguaje.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Escribiendo mandalas en Cosmopoética


Después de pasar por la Feria del Libro de Granada, mi primera lectura de Escribiendo mandalas en Córdoba ha sido en Cosmopoética. Me siento muy afortunado de haber podido participar en esta XVIII edición del festival... ¿18? Nos hacemos viejos... En el siguiente vídeo se recoge íntegra mi intervención. En la pantalla de fondo podéis ver las ilustraciones de la artista cordobesa María Ortega Estepa. A partir del minuto 1:13.

Muchas gracias :)