blog de Jorge Díaz Martínez

martes, 13 de diciembre de 2011

Lo último de Bernier



Me llegó ayer, ya he empezado a tomar notas para una próxima reseña. Entonces explicaré, me explicaré, todo lo que sepa para explicar por qué, sin nosotros, no hay libro. Y qué buen libro. Muchas gracias.





LA FILOSOFÍA Y DOS GORRIONES


La idea que aletea en las volutas
de la conversación:

volver a la retórica de la pieza que falta
o apoyar la cabeza
sobre un hombro tangible,

el hombro que nos falta.




Juan Antonio Bernier, Árboles con tronco pintado de blanco, Pre-Textos, 2011.


  

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Dobla el dos de Noviembre

   
     


LXVI








Dobla el dos de Noviembre.

Estas sillas son buenas acogidas.
La rama del presentimiento
va, viene, sube, ondea sudorosa,
fatigada en esta sala.
Dobla triste el dos de Noviembre.

Difuntos, qué bajo cortan vuestros dientes
abolidos, repasando ciegos nervios,
sin recordar la dura fibra
que cantores obreros redondos remiendan
con cáñamo inacabable, de innumerables nudos
latientes de encrucijada.

Vosotros, difuntos, de las nítidas rodillas
puras a fuerza de entregaros,
cómo aserráis el otro corazón
con vuestras blancas coronas, ralas
de cordialidad. Sí. Vosotros, difuntos.

Dobla triste el dos de Noviembre.
Y la rama del presentimiento
se la muerde un carro que simplemente
rueda por la calle.




César Vallejo














domingo, 21 de agosto de 2011

UN TRAGO




















Foto de Laura Rosal



















5
(Yo)

UN TRAGO
de vino mientras a mi lado
yacía un cuerpo. Un demasiado trago
molestia en la nariz, catarata en el torso, conociéndome
mejor que el cuerpo
que yacía a mi lado. Un trago
de vino. Un cuerpo.
El vino no era sangre y el cuerpo estaba vivo.
Sin importancia. No sé
qué significa, pero entre los sentidos que no sé
es el menos grave. Un trago demasiado
y tosí levemente.




















6
(Tú)

Cabeza tronco extremidades ¿qué?
¿Algo más? Algún alma,
la energía mental de imaginar un alma.
Martes miércoles jueves ¿alguna ocupación?
¿Resolver un problema? Dar nombres a las cosas,
pero cómo
tanta seguridad
si el mundo fue inventado antesdeayer.

Si únicamente suena un estallido.
De mi experiencia aquí
me llevo un diosteama
y un noarrojarbasuras.
Tus datos personales se han apagado,
puedes decir "todo me da lo mismo" y significa que amanece tarde.
Y hay flores que se llaman como actrices, síndromes
que se apellidan como tú,
tú, mi animal de mundo,
que en sandalias paseas por el precipicio
y que bailas un vals con los obstáculos,
dueña de cicatrices entusiastas,
sólida gaseosa ¿qué? Amanecen

vidas provisionales
con la luz del que sí que no que sí,
desordenadas como firmamentos,
minusválida fe de creer hoy
en los dioses de dentro de las cosas, en el dios
que vigila el desorden de las cosas.









David Leo García, Dime qué, DVD ediciones, 2011.

































jueves, 21 de julio de 2011

Ausencia, Wislawa Szymborska

 
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 

AUSENCIA
  
   
   
   
   
   
  
   
   
  
Faltó poco
y mi madre podría haberse casado
con el señor Zbigniew B. de Zdunska Wola.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá habría tenido mejor memoria para los nombres y las caras,
y para las melodías oídas una sola vez.
Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cuál.
Habría tenido unas notas fantásticas de física y de química,
peores de lengua,
pero habría escrito a escondidas poemas
de entrada mucho más interesantes que los míos.


Faltó poco
y mi padre podría haberse casado en ese mismo momento
con la señora Jadwiga R. de Zakopane.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá hubiera sido más terca en lo de salirse con la suya.
Y se habría lanzado sin temor a aguas profundas.
Capaz de abandonarse a emociones gregarias.
Vista permanentemente en varios lugares al mismo tiempo,
pero rara vez entre libros, más a menudo en la calle
jugando a la pelota con los chicos.


Quizá incluso se hubieran encontrado ambas
en la misma escuela, en la misma clase.
Pero no habrían sido amigas,
no habrían tenido ningún parentesco,
y en las fotos de grupo estarían lejos una de otra.


Niñas, poneos ahí
-habría dicho el fotógrafo-.
Las más altas delante, las más bajas detrás.
Y sonreíd cuando os de la señal.
Pero contad antes 
si estáis todas.


-Sí, señor, estamos todas.
  
   
   
   
   
   
   
   
   
  Wislawa Szymborska
   
   
   
   
   
   
   
  
   
  

  

    














sábado, 16 de julio de 2011

Prólogo

 
 
 

 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Prólogo
   
24 de julio de 1920
   
(Vega de Zujaira)
   
   
   
   
   
   
  
  
  
  
Mi corazón está aquí,
Dios mío.
Hunde tu cetro en él, Señor.
Es un membrillo
demasiado otoñal
y está podrido.
Arranca los esqueletos
de los gavilanes líricos
que tanto, tanto lo hirieron,
y si acaso tienes pico
móndale su corteza
de Hastío.


Mas si no quieres hacerlo,
me da lo mismo,
guárdate tu cielo azul,
que es tan aburrido,
el rigodón de los astros
y tu Infinito,
que yo pediré prestado
el corazón a un amigo.
Un corazón lleno de arroyos
y pinos,
y un ruiseñor de hierro
que resista
el martillo
de los siglos.


Además, Satanás me quiere mucho,
fue compañero mío
en un examen de 
lujuria, y el pícaro
buscará a Margarita
-me lo tiene ofrecido-
Margarita morena,
sobre un fondo de viejos olivos,
con dos trenzas de noche
de Estío,
para que yo desgarre
sus muslos limpios.
Y entonces, ¡oh, Señor!,
seré tan rico
o más que tú,
porque el vacío
no puede compararse
al vino
con que Satán obsequia
a sus buenos amigos.
Licor hecho con llanto.
¡Qué más da!
Es lo mismo
que tu licor compuesto
de trinos.


Dime, Señor,
¡Dios mío!
¿Nos hundes en la sombra
del abismo?
¿Somos pájaros ciegos
sin nidos?


La luz se va apagando.
¿Y el aceite divino?
Las olas agonizan.
¿Has querido
jugar como si fuéramos
soldaditos?
Dime, Señor,
¡Dios mío!
¿No llega el dolor nuestro
a tus oídos?
¿No han hecho las blasfemias
babeles sin ladrillos
para herirte, o te gustan
los gritos?
¿Estás sordo? ¿Estás ciego?
¿O eres bizco
de espíritu
y ves el alma humana
con tonos invertidos?


¡Oh Señor soñoliento!
¡Mira mi corazón
frío
como un membrillo
demasiado otoñal
que está podrido!


Si tu luz va a llegar,
abre los ojos vivos,
pero si continúas
dormido,
ven, Satanás errante,
sangriento peregrino,
ponme la Margarita
morena en los olivos,
con las trenzas de noche
de Estío,
que yo sabré encenderle
sus ojos pensativos
con mis besos manchados
de lirios.
Y oiré una tarde ciega
mi "¡Enrique, Enrique!"
lírico,
mientras todos mis sueños
se llenan de rocío.


Aquí, Señor, te dejo
mi corazón antiguo,
voy a pedir prestado
otro nuevo a un amigo.
Corazón con arroyos
y pinos.
Corazón sin culebras
ni lirios.
Robusto, con la gracia
de un joven campesino,
que atraviesa de un salto
el río.
   
   
   
   
   
   
Federico García Lorca, Libro de poemas.
   
   
    

viernes, 24 de junio de 2011

Hoguera de San Juan

 

 
 
 

 
 
 

 

 


 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Una amiga ha tirado a la hoguera de San Juan tres cartillas del banco. Otra amiga se ha pasado toda la semana escribiendo las notas que esta noche ha arrojado a esa misma hoguera. Continuamente, la gente se acercaba a quemar sus demonios personales, demonios redactados en trocitos de papel cuadriculado. Me imagino a Shiva el Destructor, me lo imagino lector de papelitos: un fuego desdoblando y descifrando incontables ejemplos de una caligrafía apresurada bajo el pulso del alcohol mientras miles de pies van saltando y saltando su humeante cabeza. E imagino un collage, uno que incluya pedazos de todos esos millones de papelitos: las cartillas del banco, la factura (la falta, la fractura) de autoestima, las inseguridades, los cambios de trabajo, el desamor, la rutina, la ruina, los celos, la pereza, la envidia, la amargura, la inercia, las rencillas, los traumas. Y también los objetos: esos viejos zapatos, una caja con fotos o cualquier otro símbolo de una mal digerida decepción.

Y el rito del agua: alguien que desahoga una botella de plástico haciéndola girar mientras alrededor los espíritus chillan agradecidos, enardecidos.
  
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
  
   
   
    
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
  

lunes, 6 de junio de 2011

Midnight in Granada

 
 
 
 
 
 
 
 


 
 
 

 
 
 
 
 El sábado estuvimos viendo la última de Woody Allen, Midnight in Paris. Tenía un mensaje bonito, casi sacado de manual de autoayuda. No me gustó la caracterización de los personajes históricos, caricaturas ridículas, cuya falta de relieve se delataba aún más junto a la elaborada psicología de nuestros contemporáneos protagonistas, por mucho que esa pretendida profundidad se base en su insistencia a lo largo de la producción tragicómica de Woody. Y esto hasta el punto de que, ciertamente, estos protagonistas y secundarios pueden ser considerados simples “tipos”, similares a los del Teatro de Oro, pero propios del genio neoyorkino. Vamos que, caricaturas junto a caricaturas, aquello parecía un teatro de guiñoles. Sin embargo, lo valioso de estos tipos dramáticos de Woody es que efectivamente funcionan como arquetipos tan reales que a uno no le queda más remedio que sentirse identificado en demasiadas ocasiones, muchas veces, más de las que le gustaría. Supongo que la caricaturización de los personajes históricos pretendía desmitificar la imagen del artista, en concordancia con la línea principal del argumento. Pero de nuevo, tenemos que cuando Woody desmitifica, a la vez está mitificando. Reincorpora los mitos a su vulnerabilidad material para resaltar su proeza de ser en un mundo como este, de lo cual salen favorecidos. Mi vecino, que lleva todo el año ensayando la misma escala en un trombón, creo que no pertenece a esa escala, pero he aprendido a escucharlo con gusto,  casi como se escucha una nana. Cuando acaba, me despierto.

El caso es que de nuevo me volví a ver en la pantalla. A veces, echo en falta en mi vida lo mismo que el protagonista de Midnight in Paris buscaba en París. Pero, en mi caso, soy más consciente del autoengaño que esto supone. A la vuelta, me encontré oportunamente con el fantasma de uno de mis pasados, precisamente el de mi particular bohemia literaria granadina, muy bien representada por dos de sus encarnaciones actuales, los señores Fruela Fernández e Ignacio Buhigas. Parecía un guiño del guionista, que me daba la oportunidad de revivir, por una noche, mi nostalgia personal, de la que en esos momentos le estaba hablando a Veronika. Y estuve cerca de seguirles, pero la visualización de un abstemio en el Planta Baja se parecía demasiado a la de un espíritu en pena. Continué de la mano del presente.


Vivo en una burbuja contigo
para protegerme de mi pasado


A la noche siguiente, en cambio, me permití una incursión en escena. Y quién mejor que Max Estrella para completar el reparto. Quedamos en la revolución. Mientras me iba acercando a la Plaza del Carmen, se confirmaba la procedencia de la música. Y, que me perdone el señor Chao, pero aquello parecía una revolución con hilo musical de diseño. Y lo es. A Max, la visión de la plaza rodeada de stands, con las cuatro bocinas en medio y un rubio bailando descalzo, le produjo la misma sensación. Una mujer encantadoramente comprometida nos explicó que ahora las asambleas eran una vez por semana. Decía que había mucho “boicot mediático.” Nosotros sonreíamos y asentíamos con la cabeza mientras me imaginaba, sin ánimo de intentarlo, cómo reaccionaría si le dijera que quienes llevaban a cabo el boicot mediático, sin saberlo, eran ellos, marionetas guiadas por hilos invisibles. Y ella continuaba diciendo que no importaba el tiempo para entrar en un grupo o asistir a una reunión, que ella era madre y vivía en el Zaidín y… Imposible, hubiera sido incapaz de agredir tan tierna dedicación. Le dimos las gracias.

Camino de algún lado, hablábamos de libros y política. Yo creía que estaba en otra calle, pero ahora el Bohemia está en la Plaza de los Lobos. Mi Granada sigue siendo la de hace años. Y me sentí de nuevo como ese personaje que estaba interpretando, como en una película de Woody Allen, cotilleando de libros y escritores, bebiendo chocolate con leche condensada, nata montada y sirope de cacao, mientras una hipocondríaca judía atea y neoyorkina subrayaba los detalles sobre unas paredes cargadas de nostalgia impresa sobre fotos de Cary Grant, Louis Armstrong o Charlie Parker y el camarero tardaba como un cuarto de hora que pasaba volando en venir a preguntar si sabíamos ya lo que queríamos y no pinchaba otra cosa que mítico jazz de New Orleans y aquello más que un café parecía una librería de viejo atestada de ediciones polvorientas de olvidadizos clásicos eternos mientras en las otras mesas iban sentándose mujeres extranjeras que  intercambiaban idiomas y belleza y para colmo un pianista con pinta de pez fuera del agua se puso a improvisar maravillosamente un viejo ragga time sobre el piano que adoran al lado de la barra y sólo faltaba entonces que cualquiera se prendiera un pitillo. Pero claro, había que salir a la puerta a fumar. Nos sentamos en la Plaza de los Lobos, pero antes de salir, Max, la verdadera Max, me dijo que no se podían coger los libros de las estanterías, que estaban todos pegados con pegamento. ¡No puede ser! Sí. Y casi cada libro que vi fui intentando despegarlo, comprobando si no se les hubiera olvidado ponerle a alguno el pegamento, por caridad. Y todo aquello no pudo menos que recordarme a La nueva taxidermia, porque allí es donde estábamos, en una reconstrucción de la bohemia, en una plastificación de la nostalgia habitada por Erasmus y tardobohemios intentando convencerse a sí mismos de estar siendo ellos mismos, pues ante la evidencia de que habría que reponer demasiados y no poco caros ejemplares de nostalgia, se había decidido disecarlos, limitarlos a su lomo. Al igual que en el resto de la sociedad del espectáculo, aquí también la imagen imperaba sobre cualquier otra cosa.

Y ahora, como quien abre de golpe el grifo de la ducha, ahora que acabo de escribir esto.

Y ahora se pone a llover.



domingo, 5 de junio de 2011

Piccolo Mondo

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Tenía 23 años, me estaba haciendo rastas y sabía que el verdadero conocimiento sólo lo da la vivencia, que su versión intelectual es un mero sucedáneo, que la universidad es un negocio y que la mayor parte de las cosas que nos habían vendido como si no lo fueran, las naciones, la historia, la medicina e incluso la ciencia, eran un negocio. Y lo peor es que la poesía también lo era.






Pensaba que la no participación en las estructuras económicas de la sociedad era la única manera de dejar de contribuir al canibalismo, a la explotación occidental del hombre por el hombre. Tardaría todavía un par de años en atreverme a dejar la facultad y mudarme al Sacromonte, pero en ese verano del 2000 tenía que empezar a romper con algo. Probé, junto a unos amigos, a sacar algún dinero recogiendo lechugas en Murcia, pero no se nos veía mucha pinta de jornaleros. Parecíamos más bien unos turistas despistados buscando la playa. Y en la playa acampamos, aburridos de recibir negativas. 




De todos modos, yo prefería la segunda opción. Durante el curso, había conocido a una amiga de mi compañero italiano de piso, una chica de Guadalajara que apareció un fin de semana y con quien me carteaba desde entonces. Mirko me insistía en tono amenazante en que Mamen era una chica muy especial, que no se me ocurriera aprovecharme de ella, que no era como las otras, etc. Y a mí me gustaba picarle, responderle que todo eso me lo decía porque él no había sido capaz de nada con ella. Pero sobre todo me gustaba Mamen. Lo que decía Mirko era cierto, esa chica tenía algo. Tenía, por ejemplo, la suficiente locura como para aceptar mi propuesta de viajar sin rumbo fijo, de ir saltando de ciudad en ciudad, confiados a su teatro y mi didgeridoo. Estábamos encantados. La primera noche la besé. 



Dormíamos muy poco, pero muy bien.
  
   
   
   
   
   
   
  
   
    
   
   
   
   
   
   
   
   
   

LLEGA CON la cara pintada de mimo
a darme, doblado
en papel, un beso.

Y la leo alejarse

    y veo tu cuerpo
 es una flor.

               Y escribo       

 para ti, que meces
 pétalos insomnes
 la arena lleva olas, sal…
 tus senos océanos
 de sol y te adormeces,
 oscilas como un ave
 de alas de luz lenta música esmeralda

y cosas del estilo.

Sobre una página blanda
encarnamos el tópico francés,
como esas algas
que el alquitrán ensucia
y ahora veo en forma de cinta de Moebius.














 
 
 
 
 

 
 
 

  

miércoles, 20 de abril de 2011

Un poema de Mauricio Valenzuela (1968-1996)

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                 .
                                 .
           .
                                                                                                                                                      .
                                                                                                 .
                                                                     .
                                             .
                                                                                                               .













10




Estando tranquilo y con olor verde
en la tibia tarde del verano,
y el ruido de los aspersores
que entra por mi ventana.
Vamos todos a cantar con BOB
porque nos dejen en paz ya que aunque estamos
locos y no nos peinamos
y no fregamos los platos como es debido
ni nos conformamos nunca con la división entre
placer y deber, ni hacemos nada
como es debido
porque somos bastante inmaduros y no tenemos
sentido de la responsabilidad ni sentido común,
a pesar de todo esto,
nosotros no matamos a nadie, ni perfeccionamos
misiles, ni leemos el "TIMES",
porque para ser policía o presidente se necesitan
cosas que no tenemos y que no sabemos hacer;
además de lo más importante, y es que no queremos
hacer, como por ejemplo ser lógicos y cuerdos
ser cultos y cuervos
ser diplomáticos y cerdos;
cerdos con corbatas y blancas y amplias sonrisas y
comidas de negocios y neveras modernísimas
y vacaciones con camisas floreadas y todos esos
malditos jerseys a rayas que llenan maletas enteras
que pagan sobrecarga en "Iberia" porque "nos
vamos a Marbella".
Y todos los montones de hijos de todos esos seres
despreciables que lo controlan todo
y que están en todas partes
y que van en motos "vespino"
o en la "250",
motos que no se han hecho ellos mismos a mano
precisamente;
no como el amigo Holley que tenía una "Chopper"
hecha con sus propias manos con cacharros
que encontró en los botes de basura que me
servían de Restaurant cuando aún podían
encontrarse restos alimeneticios allí; pero bueno, no
hay problema porque todo está calculado
y previsto con varios millones de VERANOS de
antelación,
y seguro que al final no pasará nada malo y que
todos, tarde o temprano, abrirán sus ojos
como intento abrirlos yo ahora, aunque a veces me
quede medio dormido y me ponga un jersey
rayado y me beba una "Spritte";
y si algo intenta fallar, siempre está ahí Ferlinghetti
y Allen, e incluso Jacky
y hasta el mismo LOCO
y en último caso los BEATLES
o hasta podría ser que Elvis Presley
o Jimmie Dean,
para recordarnos cual es el Camino Correcto
(aunque lo sean todos o quien sabe)





Mauricio Valenzuela (1968-1996)



De: Mauricio Valenzuela, El aprendiz de brujo. Miss peoress poemass, Casa Doce, Chile, 1996.

viernes, 15 de abril de 2011

EL PLACER COMO NECESIDAD





















EL PLACER COMO NECESIDAD


Escribo por placer. Pero no siempre fue así. Obviando las operaciones escolares, mis primeras tentativas poéticas se debieron a una combinación de función emotiva y utilitarismo: eran cartas de amor. En realidad, un plagio, fruto del espionaje fraternal, de otras cartas de amor. Recuerdo la indignación que me causó, poco tiempo después, descubrir que esas cartas que había tan celosamente imitado eran a su vez una imitación bastante fidedigna de las Elegías de Sandua de Ricardo Molina. A pesar de aquella ausencia del original, no dudé en lanzarme a la búsqueda de esa originalidad, experimentando también la necesidad de sincerarme conmigo y con el mundo, aunque en secreto. Un ocultismo que tuvo que disolverse mientras anunciaban por el micrófono que había resultado ganador del premio del instituto y debía salir a recitar, delante de cientos de compañeros, una de mis íntimas diatribas medioambientales. Lo que sigue sería un poco largo y no tenemos tiempo de extendernos, pero creo que esto basta para ejemplificar algunas de las claves que a día de hoy me siguen importando: el sentido de canonicidad, tradición e individualización, la gestión institucional entre lo privado y lo público, o la escritura como un ejercicio que rara vez atiende a una preocupación exclusivamente estética.

Pero, ¿por qué un estilo? ¿y por qué este empeño en el arte? Reconozcamos, en primer lugar, que el arte posee varias raíces. A mí me interesa la que proviene del ritual. Es decir, un ajuste necesario, una reorganización y una dotación de sentido a través de una intensidad inusitada, sea cíclica o puntual, individual o social. Según Hauser, estos procedimientos se vincularon al arte ya durante el Paleolítico. Una estructura semejante, la de reparación, puede verse en el alma de los cuentos populares rusos, como nos muestra Propp. Dentro de esta noción, las elecciones de estilo implicarían, se sepa o no, una filosofía y un posicionamiento que serían, tal vez, sólo diferentes modos de afrontar una misma carencia mitológica.
 
 
 
Jorge Díaz Martínez

miércoles, 23 de marzo de 2011

evanescencia

 .
 .
 .
 .
 .
 .












       ........         EVANESCENCIA





        . ... .         Apagar el cigarrillo
        .. ... .        a la mitad
        . ... ..        o incluso antes.
        .. . ...        Estrujarlo nerviosamente
        ..  .. .        contra el cenicero.
        .. .. ..        Encenderse otro
        ... . ..        poco después.

        . .. ...        Ceniceros
        ..  ...         llenos de cigarros doblados,
        .. ... .        amarillentos
        ... . ..        unos sobre otros.

        .... ...        Siluetas
         ... ...        que al posar
        . .... .        en sus labios
        .. .. ..        la calada
        ...  ...        afilan la mirada.

        .... ...        Volutas
        ... ....        y pestañas.










Poema "Evanescencia" y fotografía "Laurie" por Jorge Díaz Martínez