blog de Jorge Díaz Martínez

sábado, 13 de octubre de 2012

Encontrado en una librería de viejo






Todavía quedan algunas librerías de viejo de verdad, me refiero a las no virtuales, en las que mancharte los dedos de polvo y curiosear entre estanterías repletas de clásicos olvidados y recientes best seller. En Córdoba hay una que me encanta, muy pequeña, que suele pasar desapercibida, en la calle que baja a la Corredera. A veces todavía me da alguna sorpresa, y no pocas novedades las he adquirido allí, poemarios a veces con las páginas repletas de imprecaciones insultando al autor de semejantes versos… Pero a lo que iba. Hace poco me compré un librito de un autor que desconocía, Ernesto del Rosal. Se titula Cuaderno literario y está publicado en 1981, en Segovia. Tiene algunas anotaciones interesantes. Os lo recomiendo.


Hay muchos poetas que realmente no tienen muy claro qué es lo que tienen que decir de la poesía o de la vida, principalmente porque tampoco terminan de aclararse respecto a qué es eso de la realidad o incluso sobre quiénes son ellos mismos, o bien porque, en todo caso, lo poco que entienden no les parece que sea algo publicable. Así las cosas, estos poetas suelen tomar por dos caminos. Uno de ellos es no hablar especialmente de nada, sino de asuntos vanales o muy consabidos y repetidos hasta la saciedad, como, por ejemplo, el amor. Otro de los caminos consiste en no hablar tampoco de nada en especial, pero embarrullando el lenguaje de tal forma que parezca que se está diciendo algo muy profundo, cuando verdaderamente no se está diciendo nada en absoluto. Y esto último lo hacen, como digo, no porque crean que ésta sea una hermosa manera de hablar, sino porque transparentemente no encuentran nada consistente que decir. Lo peor es que entre unos y otros, estas especies de poetas conforman el número mayor de autores de nuestra historia.

Ernesto del Rosal
Cuaderno literario
Salvat, 1981.

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