Era todavía el invierno de 2017, yo vivía en Polonia y también, como ahora, en una especie de confinamiento climático y cultural. Durante los meses más fríos del invierno, incluso para los propios polacos la vida se hace dura, y es forzoso pasar la mayor parte del tiempo a cubierto en unas casas, por cierto, muy bien acondicionadas. Entre mis estudiantes se puso de moda la palabra hygge, un concepto escandinavo que viene a referirse a cómo estar a gusto en casa, teniendo en cuenta que vas a pasar muchísimo tiempo dentro. La idea es de sentido común, pero es lingüísticamente reseñable que la acuñación de un término específico para estar relajado entre cuatro paredes, escuchando música, leyendo libros y bebiendo infusiones, provenga de esos países donde la natura empuja forzosamente a ello. Durante aquellos meses de soledad en Lublin, entre mis ocupaciones claustrofóbicas se encontraba la del arte y ensayo del autorretrato fotográfico, de lo cual vino a darse uno de mis fotogramas biográficos favoritos, que titulé Night-time. Viviendo ahora otro encierro tan distinto, acunado por un amable mar, en la costa de Algeciras, pero inmerso también en las repeticiones a las que el confinamiento nos obliga, anoche mismo, sin demasiada premeditación, la homenajee, quiero decir que reproduje la representación de aquella foto. El arte es otro modo de pasar, volverse sobre uno mismo y adentrarse. El arte, más allá de la pericia que cada cual imprima en su destreza, es una dimensión irrenunciable para una confortable hygge life. Por algo se llaman nórdicos los edredones nórdicos, y es que nos lleva centurias de ventaja en esto de sentirse cómodamente encerrados. Así que mucho hygge: esa conceptualización escandinava del bienestar hogareño que tanta falta nos hace estas semanas.
jueves, 2 de abril de 2020
domingo, 2 de febrero de 2020
Salvo el crepúsculo
No recuerdo si fue a los diecinueve o a los veintiuno, cuando decidí esperar para leer a Cortázar. Había en casa, la casa de mis padres, un ejemplar de Rayuela. Comencé a leerla pero me pareció que, si en aquel momento no me enganchaba, si me parecía una prosa espesa y superficial que aparentemente no contaba nada, era porque, debido a mi juventud, no había alcanzado todavía el grado de decepción-necesaria para apreciarla, para consentir en esa acumulación de los detalles mundanos, esa descripción de un devenir sin nudo narrativo, donde la enunciación de las atmósferas era más importante que una trama intrigante, donde la voz lo era todo, porque para mí la voz todavía tenía que contar directamente algo, pero que, sin duda, con un poco de paciencia, cuando hubiera vivido un poco más, me identificaría con esa narración arrastrada, abandonada, adherida a las esquinas de París. Y cerré el libro. Y esperé. Esperé más de diez años para sacar un ejemplar olvidado en los estantes de una fría universidad en el norte de China, a la que había acudido como lector de español. Y entonces sí. Y desde entonces no ha dejado de ser uno de mis autores de cabecera, o debería decir que desde entonces soy, también yo, uno más de sus incontables lectores pertinaces. Pero para no ahondar en el asunto, diré que he llegado incluso a aborrecerlo, como pasa con esa música que escuchas demasiado, o como pasa con esos amigos que necesitas dejar de ver un tiempo (que puede ser toda la vida) pero que no por ello dejan de ser tus íntimos amigos. Así que cuando ayer me encontré con esta supuesta poesía completa no dudé. Y Cortázar está de nuevo en mi cabecera, susurrándome al oído. Qué pesado. 📚
viernes, 17 de enero de 2020
Mis mejores lecturas de 2018 y 2019
No publiqué ninguna lista de mis mejores
lecturas de 2018 y la verdad es que he leído muy poquito en 2019. Sin embargo,
he tenido la suerte de tener en mis manos algunos libros buenos o muy buenos
que no quisiera dejar de mencionar, aunque sea tarde y a destiempo, para contribuir
con mi granito de arena a su difusión. Y lo voy a hacer de golpe. Una lista personal, no de crítico ni de recomendador de novedades. Así
pues, aquí están, sin más explicaciones (disculpad que no añada la reseña que
merecen), solo algunas de mis mejores lecturas de 2018 y 2019.
Son un recordatorio de mi biografía oculta, esos momentos grabados a fuego en mi dolor, en los que estas lecturas me acompañaron.
Son un recordatorio de mi biografía oculta, esos momentos grabados a fuego en mi dolor, en los que estas lecturas me acompañaron.
La
lluvia en el desierto. Eduardo García
Como
agua para chocolate.
Laura Esquivel
Séneca.
La sabiduría del imperio. Alberto Monterroso
El
cuadro del dolor.
Ana Castro
El
jilguero.
Donna Tartt
O
Futuro.
Abraham Gragera
Los rostros del personaje. Francisco Gálvez
Limbo
y otros poemas.
Ada Salas
El
mundo.
Juan José Millás
Nueve
meses sin lenguaje.
David Leo García
Las
órdenes.
Pilar Adón
En
las orillas del Sar.
Rosalía de Castro
El
don de la fiebre.
Mario Cuenca Sandoval
La
teoría de los autómatas. Estefanía Cabello
Ramona. Rosario Villajos
Lejos
de Kakania.
Carlos Pardo
Justina. Marqués de Sade
domingo, 29 de diciembre de 2019
Los rostros del personaje (Poesía 1994-2006), de Francisco Gálvez
La revista Paraíso publica en su número 15, aparecido recientemente, mi reseña sobre la poesía reunida de Francisco Gálvez, podéis leerla en mi página de Academia.
sábado, 11 de mayo de 2019
Cuaderno fotográfico de Saal Digital
Hace poco encontré en Instagram una promoción de Saal Digital para probar sus productos con un cupón de descuento. Esta oferta me animó a retomar un antiguo proyecto fotopoético, titulado: Black Snow Solitud. He quedado muy contento con el resultado, es decir, con el objeto físico que he recibido en casa. Los detalles de las imágenes se aprecian incluso mejor que en la pantalla, y desde luego da más gusto verlas, pues recuperan algo del encanto del arte pre-digital... ese encanto del soporte material.
Me ha gustado la calidad de la impresión, el gramaje y dureza del papel, el tacto y hasta el olor. Y lo recibí en pocos días. Así que solo puedo recomendarlo. Gracias a Saal Digital por esta promoción que, además, me ha animado a hacer, tal vez, alguna cosa más con esta serie de tintes melancólicos, nevados y bohemios.
sábado, 23 de marzo de 2019
Presentando a Francisco Onieva
Presentando al poeta y narrador Francisco Onieva en el IES Averroes de Córdoba, en el Día de la poesía, 21 de marzo de 2019.
domingo, 10 de febrero de 2019
lunes, 12 de noviembre de 2018
Con Itamar Even-Zohar
"Dos hombres con bigote" comentó Even-Zohar.
Fue en el tercer encuentro anual de la ISPS:
lunes, 8 de octubre de 2018
miércoles, 3 de octubre de 2018
Un día más en Cosmopoética
Presentando a Abraham Gragera y Alberto Pellegatta en Cospoética 15. Fotografías de Graciana González Melgarejo. 2 de octubre de 2018
viernes, 20 de julio de 2018
Joan de la Vega, En manos del aire
En el reciente número 13 de la revista Paraíso de la Diputación de Jaén aparece mi reseña a la última recopilación poética de Joan de la Vega. Podéis leerla en la propia página de la revista Paraíso o bien directamente en mi perfil de Academia.edu
viernes, 22 de junio de 2018
En los límites del tiempo
En los límites del tiempo:
atardecer de un solsticio de verano.
En el guiño de una máquina de escribir luminiscencia.
Reloj de arena y sol para el recuerdo de los buenos momentos.
Trenzar la suavidad de una naranja,
desgajar en la noche el zumo de su sexo.
(Noche de San Juan 2018)
jueves, 10 de mayo de 2018
Togolese portraits
These are just three Togolese portraits of some of the nice people that I have met here. Although I have had some problems in Togo, always related to health, I can say that people have never stopped being very kind to me. I am very grateful to all of them who have given me their help. The weather here is great but the people are the best.
Kara and Lomé Togolese Portraits.
May 2018.
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