blog de Jorge Díaz Martínez

viernes, 18 de abril de 2014

La muerte de Gabriel García Márquez





Cuando ayer supe la muerte de Gabriel García Márquez me sentí como si hubiera muerto alguien de mi familia, como si hubiera muerto ese abuelo que de niños nos contaba historias. Porque de hecho eso es lo que hacía. Él se había criado rodeado de mujeres que le contaban chismes y leyendas, y de adulto heredó ese rol de narrador, se convirtió en la música que alimentaba nuestros oídos y nuestra imaginación. Con él crecimos y nos emocionamos, con él aprendimos a amar, aun en tiempos de cólera, él dibujó nuestro mundo y al hacerlo también a nosotros mismos.

Cuando ayer supe la muerte de Gabriel García Márquez, me emocioné y lloré. Porque se ha hablado mucho de la función de la literatura como creadora de identidades colectivas, y yo siempre lo había entendido muy bien, intelectualmente. Pero ayer, lo sentí como si muriera alguien muy querido de mi propia familia, alguien que me había dado todo su amor en forma de palabras, y me di cuenta de que esa familia es de millones de personas. O mejor dicho, lo sentí.

Gracias por todo eso, querido Gabo.








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