blog de Jorge Díaz Martínez

sábado, 25 de junio de 2016

Reflejos culturales


- Hypocrite lecteur, - mon semblable, - mon frère!
C.B.



REFLEJOS CULTURALES


El problema en mí se agrava porque soy todo menos espontáneo: existe un hiato intelectual que percibo demasiado bien entre quien me siento siendo y el que me siento ser y comportarse. Éste es un simulacro tan calculado y deliberado del otro, una imitación falsa de tanta falsedad que el original acaba por resultarme también sospechoso.

J. Gil de Biedma, Diarios 1956



Las ideas estéticas, es decir, la historia de las formas artísticas, son uno de los medios de modelización de la sociedad. La manera en que actúan no es simple, directa o unívoca, pues parece que influyeran sobre una dimensión distinta a la ideología, y por ello suelen considerarse una cuestión más propia del gusto y la sensibilidad que de la ética, la política o la moral. Y, sin embargo, están necesariamente relacionadas (el término sensibilidad se aplica muchas veces a cuestiones de ética o de sentido común). Esto le lleva a Schumann a afirmar que las leyes del arte son las mismas que las de la moral -me imagino que pretendía contradecir a Kant.

A veces, aprender otro idioma me parece tan superficial como la propia cultura, y al mismo tiempo sé de su importancia. Pero la complejidad confluyente de los distintos conjuntos de valores se nos ofrece siempre tamizada por el filtro de la propia moral.

Me doy cuenta de que no estoy preparado para llevar a cabo un estudio intelectual que me satisfaga, simplemente porque mi ser no participa, no he mantenido una continuidad, ni un índice de ideas. Al contrario, las ideas me han llevado a vivir de espaldas a las ideas, desatender la coherencia del discurso, y sería incapaz de defender con suficiente razón una postura paradigmática. No poseo esa claridad generalista.

Sin embargo, tengo visiones del mundo y de la vida, un cierto entendimiento o actitud, una especie de gesto… que se ha convertido en una ligereza, intuitiva e interior. Diría casi superficial.

Cada vez que uno habla, para que su discurso estuviera fundamentado harían falta tantas explicaciones retrospectivas que no acabaríamos nunca. A un solo artículo habría de antecederlo una enciclopedia. La cultura se sustenta en olvidos. Se parece a un acuerdo de mínimos comunicativos. Qué entendemos por cada palabra que decimos, que visión de la vida se oculta tras de ella, y una crítica y una argumentación a esa visión. Es infinito. Y ridículo.

Pero la sociedad necesita de cultura. Yo mismo no puedo desasirme de ella. Forma mi identidad, aunque no sólo sea eso, a niveles espirituales, supongo. Y si he de realizar un trabajo intelectual, no soy ya capaz de hacerlo sin educarme antes, lo cual no es muy productivo. Llevaba toda la vida en ello y olvidándolo. Esa fatiga de olvidos contribuye a mi desánimo. 

La única posibilidad de desarrollar una labor intelectual seria sería la de entenderme a mí mismo como cultura, y esa es mi resistencia insostenible: las ininterrumpidas contradicciones de vida que actualmente no alcanzo a resolver. Asumir que la vida y la cultura se encuentran imbricadas obliga a tomar partido, obliga a comprometerse con una forma de ser, y ahí me pierdo, porque es más fácil vivir por sentimiento que tratar de explicarlo, y porque empeñarse en explicarlo nos aboca a infinitos e infinitesimales discursos contrapuestos. 

Parece el pensamiento un freno a cada impulso, y no es sino otro impulso más, el propio pensamiento.




lunes, 6 de junio de 2016

Meditación



Mi felicidad es la felicidad de todos.
Mi amor es el mismo de todos.
Te amo tanto como a la luna.
Mi amor siempre estará contigo.
Mi corazón.
Tu felicidad es mi felicidad.
Tu amor siempre estará conmigo.
Mi corazón.
Te quiero tanto como a una niña
aunque ya seas mayor.
Mi amor por mí es igual a mi amor por ti.
Mi cabeza la nublan los lenguajes.