Reseña publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba, a 28 de febrero de 2026.
Podéis leerla aquí: Geografía escrita, de Álex Chico, en Cuadernos del Sur
Y también aquí abajo:
Geografía escrita
Autor: Álex Chico
Editorial: Candaya, 2025.
Por
Jorge Díaz Martínez
Los
libros de Álex Chico (Plasencia, 1980) casi siempre caminan entre lindes y Geografía
escrita no es una excepción. Se trata de una recopilación de
artículos cuya prosa combina la crónica de viajes y el ensayo, explorando las
tensiones que entre un lugar y su escritura se entrelazan; y por añadidura, la
imbricación subjetiva entre lo vivido, lo imaginado y lo leído, lo real y lo
ficticio. La obra ahonda en esa ambigüedad, fundiendo biografía y
metaliteratura en una serie de entornos y ciudades en las que el paisaje dialoga
con la imagen de su múltiple escritura.
La textura
ligera de su estilo contrasta con la acumulación diabólica de citas literarias,
pictóricas o cinematográficas asociadas a los sitios que transita. Cada página
es un mapa cuya leyenda apunta hacia otras páginas, un entramado arbóreo de hipertextualidad
apabullante: el itinerario convoca profusamente a otras lecturas/vivencias
desdobladas, hilvanando lo leído y lo visto y subrayando las irregularidades
que dicha fricción suscita. ¿Ha salido el viajero de sí mismo o tal vez sigue leyendo
en esa Habitación en W con la que titulaba uno de sus poemarios? El sujeto
narrativo reconoce: «No sabría decir exactamente si mi memoria del lugar
pertenece a una vivencia propia o a una ficción que cayó en mis manos». Algunos
de sus viajes, de hecho, podrían pasar por retazos de lecturas, puras
fabulaciones culturalistas, como si la letra impronta hubiera suplantado a la
naturaleza física; aunque, por lo general, ambas facetas se dan inseparables,
como en su visita a Blanes rastreando las huellas de Bolaño.
De
especial interés resulta la voz del narrador, un locutor cercano y, al mismo
tiempo, sospechoso, reduplicado a sí mismo en el comentario de sus propias anotaciones,
desplazándose del cuerpo a un cuadernillo y de ahí a su reescritura, donde
revive y transcribe sensaciones, sentimientos y, a menudo, se pregunta «quién
ha generado a quién, si el lugar al texto o viceversa». Entre líneas estimula
la agudeza del lector y, de paso, despliega un laberinto borgiano de bifurcaciones.
El recorrido, segmentado y episódico, incluye las principales ciudades de su
biografía: Plasencia, Salamanca, Granada e, infiltrada, Barcelona; algunos destinos
turísticos habituales, tales como Buenos Aires, Praga, Berlín o Auschwitz; recónditos
parajes de La Vera y La Provenza; y también otros enclaves, desde el punto de
vista europeo, más exóticos, como los cholets bolivianos y el lago de Titicaca.
De este modo,
Álex Chico nos ofrece una cartografía íntima en la que el territorio se adhiere
a su biblioteca, «esa geografía leída, más que visitada» que le da pie, por
ende, a relatar numerosas anécdotas de otros escritores. En definitiva, Geografía
escrita nos recuerda que, a veces, más que el regreso, importa la partida: irse
de Ítaca.
