blog de Jorge Díaz Martínez

viernes, 24 de junio de 2011

Hoguera de San Juan

 

 
 
 

 
 
 

 

 


 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Una amiga ha tirado a la hoguera de San Juan tres cartillas del banco. Otra amiga se ha pasado toda la semana escribiendo las notas que esta noche ha arrojado a esa misma hoguera. Continuamente, la gente se acercaba a quemar sus demonios personales, demonios redactados en trocitos de papel cuadriculado. Me imagino a Shiva el Destructor, me lo imagino lector de papelitos: un fuego desdoblando y descifrando incontables ejemplos de una caligrafía apresurada bajo el pulso del alcohol mientras miles de pies van saltando y saltando su humeante cabeza. E imagino un collage, uno que incluya pedazos de todos esos millones de papelitos: las cartillas del banco, la factura (la falta, la fractura) de autoestima, las inseguridades, los cambios de trabajo, el desamor, la rutina, la ruina, los celos, la pereza, la envidia, la amargura, la inercia, las rencillas, los traumas. Y también los objetos: esos viejos zapatos, una caja con fotos o cualquier otro símbolo de una mal digerida decepción.

Y el rito del agua: alguien que desahoga una botella de plástico haciéndola girar mientras alrededor los espíritus chillan agradecidos, enardecidos.
  
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
  
   
   
    
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
  

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