Su retrato de época es también, como el costumbrismo romántico, el de tipos y tópicos históricos: los moros, las meretrices, las madrinas de la guerra, los pacos (él mismo es otro ‘paco’ umbral de los tejados), las enfermeras del frente, las queridas, el estraperlo, el cine americano y luego el italiano, los realquilados, la tuberculosis, las vocalistas, los niños-vestidos-de-blanco, las chicas topolino, los pederastas, el fútbol, los guateques, los opositores, los enchufados. La sensación de acabar de leerlo como quien termina una época. No está mal subrayarlo en estos tiempos.
jueves, 20 de noviembre de 2025
Nostalgia y sátira en: Memorias de un niño de derechas, de Francisco Umbral (en Austral Editorial)
lunes, 17 de noviembre de 2025
Cent anys de metro. Mis poemas del metro salen a flote en Barcelona
A finales del mes pasado le escribieron a mi editor de Barcelona [ Joan de la Vega ] para pedirle una imagen en alta resolución de la portada de mi libro Transbordo. Uno imagina que las instituciones organizan las cosas con más antelación y no como nosotros, todo a última hora. Pero no debe de ser siempre así, porque los plafones ya estaban colocados apenas unos días después. Hablo de una exposición con motivo de los 100 años del metro de Barcelona. Mi amigo Salva me ha enviado esta foto. Resulta que han incluido, no la portada, sino un poema del libro, trastocando un poco los versos... pero ya no sé si quedan así casi mejor que en el original. Después de todo, algo queda de mí en Barcelona.
martes, 21 de octubre de 2025
Reseña a: Arte de hablar, de Xavier Guillén (Ediciones del Viento, 2025)
Reseña publicada en Cuadernos del sur, del Diario Córdoba, 4 octubre 2025:
https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2025/10/04/arte-hablar-xavier-guillen-122206958.html
Esta fue, además, la primera reseña que se publicó sobre la novela. Ahí es nada.
ARTE DE HABLAR
Xavier Guillén
Ediciones del Viento, 2025
Xavier Guillén (El
Masnou, 1981) obtuvo el Premio Andalucía Joven de Poesía con su primer libro,
‘Mar negro’ (Renacimiento, 2016), sacó un segundo poemario cinco años después, Amo
de casa (Pre-Textos, 2021) y ahora acaba de publicar su primera novela, titulada
con acierto Arte de hablar, una obra valiente, divertida y con un trasfondo crítico
muy del siglo veintiuno.
De entre todas las
ficciones posmodernas, esta novela es una sátira, sobre todo, de los metarrelatos
con los que se promociona la burbuja de las start-ups tecnológicas, en
relación con la New Age de los manuales de autoayuda ―económica,
cuando ambas esferas se funden en un mismo discurso emprendedor. Para ello,
Xavier Guillén se sirve, por un lado, de unos puntos antitéticos de vista
encarnados en sus protagonistas y, por otro, de un narrador omnisciente
entrometido, que no se corta un pelo en romper la cuarta pared, en frenar el
avance de la trama para desmenuzar la etimología de un adjetivo, en hacernos
abrir el diccionario o en ponerse a cavilar, como de sobremesa, acerca de la vida,
el arte y la política, pues lo que prevalece en estas hojas es el gusto por la conversación,
el dejarse llevar por la palabra como puente entre islas, como única tabla de
salvación; y de ahí el título.
El escenario: la
canícula asfixiante de Córdoba. La excusa argumental: un enamoramiento a lo
Gabriel García Márquez. El estilo: a medio camino entre la exuberancia de Elena
Garro y el barroquismo de Lezama Lima, pero con matiz irónico. Hay también como
una atmósfera de vaguedad que le cede su asiento al lector: la elipsis funciona
aquí como un acelerador de partículas, lo que unido a la brevedad de los capítulos
hace que la novela vaya como un cohete hasta el final. Los personajes, reconocibles:
el conformismo egoísta de Lola, el pragmatismo antimístico de Paqcar, Stan
como un gurú de doble filo, el binomio quijotesco de Máximo y Santiago, la
yoguini Candela bajo un continuo chantaje emocional, el prurito filosófico de
Julia, siempre distante del mundo material. Entre todos ejecutan, pese a sus
constantes intentos de redención, una coreografía del desengaño.
Hace poco vi por
casualidad el anuncio de un taller de escritura de best-sellers: el
instructor preconizaba la necesidad de emplear una prosa sencilla y transparente,
sin adjetivos innecesarios ni frases rebuscadas que entorpecieran la lectura
del cliente. Afortunadamente, Arte de hablar se encuentra en las antípodas de
tales presupuestos comerciales. La novela de Xavier Guillén es una historia de amor
por las palabras, sin menoscabo de su léxico específico, sus figuras retóricas
y su plasticidad.
Innúmeros poetas se
meten a novelistas, por diferentes motivos y con desiguales resultados. En el
caso de Xavier Guillén, con esta obra demuestra que, además de buen poeta, es
un narrador de raza, un novelista nato. A veces, en este campo, el árbol maduro
da mejores frutos.
domingo, 25 de mayo de 2025
El realismo social de Pablo García Casado (Reseña en Cuadernos del Sur)
Reseña publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba.
CADA UNO ES MUCHA GENTE
Pablo García Casado
XLVIII Premio Ciudad de Burgos
Visor Libros (2025)
Por Jorge Díaz Martínez
Pablo García Casado siempre ha sacado poesía de donde pocos la buscaban: una
estación de la ITV, el mitin de un partido, una reunión de trabajo, un programa
deportivo o el monólogo interior de un viajante de comercio. Aunque a priori no
deberían considerarse unos espacios como más o menos poéticos que otros, lo
cierto es que estas elecciones dotan a su escritura de un realismo aún más
exacerbado, no tanto por los escenarios en sí como porque el autor integra el
sociolecto lleno de tales entornos en una estructura formal innovadora. La
fórmula original de García Casado da lugar a un modelo textual característico,
de su cuño y letra, que encontramos de nuevo repetido, en poemas de mayor
extensión, en Cada uno es mucha gente, el único de sus títulos publicado gracias
a conseguir un premio de poesía, el Ciudad de Burgos.
Como siempre, García Casado nos ofrece un conjunto de poemas de realismo
social en el que se alternan las voces de distintos personajes. Sin embargo, en
esta ocasión se trata, seguramente, del más lírico de sus libros, en el sentido
de que aquí el autor se incluye a sí mismo como objeto de escritura. La técnica
literaria atesorada a lo largo de años en los márgenes del canon, ese tipo de
poema inconfundible que huye de los metros pisoteados y de las retóricas
manidas, es puesta aquí al servicio de la propia intimidad del escritor, sus
espacios urbanos y su flujo de conciencia, lo cual tiene como efecto secundario
que éste sea también el más cordobés de sus libros. Las planicies norteamericanas
se han sustituido por el barrio de Santa Rosa.
La poesía de García Casado ha evolucionado desde el ritmo visual de Las
afueras (1997), pasando por el versículo largo de El mapa de América (2001),
hasta el discurso en rectángulos de todos sus siguientes títulos: Dinero (2007), García (2015) y La cámara te quiere (2019). Pero, más allá de esta
expansión superficial, en el fondo su poética sigue fiel a sí misma. Su débito
manifiesto con la obra de Raymond Carver, uno de los principales representantes
del realismo sucio norteamericano, se aprecia tanto en sus recursos expresivos
(la frase corta y directa, tendente al minimalismo, y el ritmo entrecortado)
como en su centro de interés: los sustratos menos favorecidos de nuestra
sociedad y una mirada cruda hacia las relaciones humanas, teñidas por sistema de
interés mercantilista, como el motivo del comercio sexual, al que dedica la
novela La madre del futbolista (2022), o acartonadas por su mecanización. A
esta paleta se añade, a partir de García, la temática de la paternidad.
En definitiva, Cada uno es mucha
gente es una obra coherente con la línea estética de un autor acostumbrado a
que sean otros los que hablen en sus versos, pero también su libro más cercano
y personal. El artífice de voces y escenarios se ha colocado a sí mismo delante
de la cámara.
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| Foto: Jorge Díaz Martínez |
domingo, 13 de abril de 2025
Mi reseña a: La comedia de la carne, de Carlos Pardo (La Bella Varsovia, 2025) en Cuadernos del Sur
Reseña publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba.
https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2025/04/12/comedia-carne-116256912.html
LA COMEDIA DE LA CARNE
de Carlos Pardo
La Bella Varsovia (2025)
Por Jorge Díaz Martínez
En los diez años que median entre la publicación de sus dos últimos
poemarios Carlos Pardo se ha afianzado en su faceta de narrador, sumando ya
tres novelas. ¿Puede ser, por tanto, casualidad que La comedia de la carne (2025) sea el más narrativo de sus poemarios?
Los vasos comunicantes que vinculan ambas caras de su producción literaria apuntan
a una misma voz autorial e inconfundible dentro del panorama editorial en
castellano. De hecho, sus últimas entregas, independientemente de su género, señalan
conjuntamente hacia lo mismo: el deterioro y la caducidad de las relaciones más
íntimas del locutor protagónico, ya sean éstas las de su familia de origen,
retratadas a través de la enfermedad de unos padres en absoluto idealizados, o
las de su familia de destino, esto es, las de amor y de amistad.
En este nuevo título, Carlos Pardo nos presenta la narración poemática,
con sus correspondientes analepsis y tangentes insertadas, de un proceso de
ruptura de pareja de tinte intelectual (como W. A. en Annie Hall) desde
una perspectiva auto paródica que trasluce, a veces expresamente, una crítica social a las
formas de amar tradicionales, monógamas y tóxico-dependientes. No es este el
cancionero de un varón uniforme y sobreprotector, sino la retahíla de un sujeto
lírico masculino sensible pero alérgico a las enajenaciones del amor posesivo ―u
obsesivo, el cual queda relegado al territorio de la elucubración
preadolescente. Su escritura basada en hechos reales subraya sobre todo la
dimensión de constructo ficcional de esos lazos viscerales con los que
parcheamos una cierta supuesta identidad.
En La
comedia de la carne Carlos Pardo se rompe la camisa, se libera por fin del consabido
corsé del endecasílabo, del poema redondo con cierre argumental. Sin embargo, su
voz es la de siempre, reconocemos su acento descreído, es la voz del que indaga
en su «pringue
emocional»
desde una disección de las pasiones que resulta, en este caso, si cabe, aún más
afilada, colocándonos delante de las narices algunos rasgos reflejos en los que
no quisiéramos reconocernos. La caricia a contrapelo de un racionalista que va
desmenuzando la nostalgia como quien ralla queso parmesano… para reconstruirse
después desde un timón analítico del ser sentimental. Por supuesto, encontramos
fragmentos claramente metapoéticos en su discurso amoroso: «Transformar
en belleza el mal gusto común/ que nos es natural a los humanos». Y,
como en todos sus libros, hay también un poema dedicado al onanismo.
En definitiva, Carlos Pardo pega un volantazo en su trayectoria poética,
prescindiendo de vicios estructurales y dotando al índice de sus versos de un
sentido de trama novelesca de la historia de desgaste que nos cuenta. Como
rasgo distintivo, destacaría el recurso, para nada novedoso, suavizante del
humor. Y en Carlos Pardo es todo muy de humor, pero corrosivo.
miércoles, 26 de febrero de 2025
Preguntas y respuestas. Entrevista con Juan Antonio Bernier en Cuadernos del Sur
Entrevista con Juan Antonio Bernier, publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba.
https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2025/02/22/juan-bernier-114477938.html
EL TIEMPO DE J. A. BERNIER
Juan Antonio Bernier (Córdoba, 1976) es poeta, traductor, profesor, cineasta y gestor cultural. Ha recibido premios como el Ojo Crítico de RNE, el Premio Nacional al Fomento de la Lectura y el Manuel Alcántara.
JORGE DÍAZ MARTÍNEZ
¿Influyó su apellido en su decisión de hacerse poeta?
Mi inclinación fue absolutamente natural, mi decisión de dedicarme a la literatura sí estuvo muy afectada por el hecho de que existiera un precedente familiar de éxito.
¿Diría que eso le ha beneficiado?
Sí, sin duda, es un apellido sonoro y que conlleva una serie de connotaciones normalmente positivas. Por otra parte, me ha supuesto una gran responsabilidad. Yo he construido mi nombre desde algo preexistente y eso genera una serie de turbulencias tanto en tu propia visión sobre ti mismo como en la visión que los demás tienen de ti.
Su poesía adulta nació a caballo entre Cabra y Sofía.
Pues sí, es una poesía hecha desde la periferia. Primero en Córdoba, luego cuatro años en un pueblo de la Subbética y otros cuatro en los Balcanes. Cuando vivía en Cabra o en Burgás, no me relacionaba absolutamente con nadie del mundo literario. De mi libro «Árboles con tronco pintado de blanco» no hice ninguna presentación en España.
Aunque, cuando uno está fuera, sus lecturas le traen de vuelta.
Totalmente, la lectura más intensa que he hecho de «El Quijote» fue a -20º, rodeado de nieve, en Sofía. En ese silencio uno puede enfrentarse con cuestiones que son, además, muy espirituales, que tienen que ver, más que con el género o la disciplina literaria, con la vivencia real de la literatura, con la forma en que la literatura te afecta en tu forma de estar en el mundo.
Mucha gente descubre que es española cuando se va fuera.
No solamente he descubierto que soy muy español en el extranjero, sino también muy andaluz. Que no es una cosa que yo la piense todos los días, pero es pasar de Despeñaperros y constantemente me lo recuerdan.
¿Y su relectura de la lírica medieval?
La intensidad de esa lectura de «El Quijote» fue paralela a la de releer toda la poesía española desde los primeros vagidos de la lengua, que son los de la lírica tradicional de tipo popular. Lo que hice fue una relectura en clave posmoderna de la lírica tradicional, su fragmentariedad, cierta imperfección anticlásica… muy guiado también por la canción intelectual de Juan Ramón Jiménez, que hizo una lectura menos folclórica que la de Lorca y Alberti, y yo he seguido ese camino.
No le tembló el pulso a la hora de reintroducir la rima.
Estaba proscrita completamente. Pero, para mí, cualquier opción, aunque se inscriba en la poética dominante, es una opción fracasada. Puede que luego ese fracaso no sea tal, pero yo siempre parto del fracaso. Eso me libera muchísimo.
¿Se considera un poeta tradicional?
Me considero un escritor que hace poesía de autor. Autor es quien consigue imprimir una serie de rasgos que lo hacen inconfundible y difícil de imitar. Para mí son pocos los poetas autores. Más que ser moderno o tradicional, me interesa escribir una literatura en la que me reconozca plenamente.
Se le señaló también como «neosimbolista».
En realidad, lo que se quería señalar era mi influencia de la poesía de Luis Muñoz. Luis Muñoz ofrecía, a finales de los noventa, algunas formas de salir del laberinto de la poesía experiencial, realista, en la que nos habíamos educado, y el simbolismo era una de ellas, no la más extrema precisamente.
¿Cómo se incardina el pensamiento lógico y la plasticidad de la imagen en su poesía?
La imagen plástica tiene una importancia capital, porque pienso en imágenes, más que en ideas. De hecho, mis libros se han caracterizado por la ausencia de ideas, lo que hay son demostraciones estéticas de las ideas que subyacen. Solamente a partir de «Fruto previo» he empezado a expresar ideas. Con anterioridad, son afloraciones del pensamiento a través de imágenes plásticas y sonidos. En mi poesía, el pensamiento es, más bien, un pensamiento asociativo, ni lógico ni antilógico, sino de otro orden.
¿Qué significa «Fruto previo»?
Proviene de un verso: «Fruto previo a su flor/ mi odio reflexivo». Es un ejercicio de violencia, porque en el ciclo de la naturaleza lo normal es que la flor preceda al fruto, mientras que aquí es el fruto el que precede a la flor. Lo resumiría en un ejercicio de violencia verbal que contraviene lo que es habitual en la naturaleza y un rechazo moral de cómo se obtienen resultados. Es una expresión irracional también, porque normalmente la relación entre un sustantivo y su atributo, o entre sustancia y accidente, imita los procedimientos de la naturaleza, pero en la poesía es posible pervertir esa relación especular. Normalmente no nos cuestionamos esas relaciones, pero incluso lo que se nos ha dado de forma natural es cuestionable, si no nos satisface. Entonces, lo que hay es una protesta honda, una especie de revelación, pero también de rebeldía.
¿Cómo ha influido su labor docente en su poesía?
Me ha ayudado a tener los pies en la tierra, me ha salvado de encerrarme en la torre de marfil. Y también, estar en contacto con niños y adolescentes, año a año, es una gran fuente de inspiración, te posibilita estar cerca de una pureza renovada. Es exactamente lo mismo que me atrae de la poesía popular de hace mil años, lo que está en el albor.
¿Y «Breves erizos verdes»?
Algo que tienen en común los estudiantes de secundaria y las personas que no tienen un trato directo con la poesía es que siempre me preguntan las mismas cosas, qué es un poema, para qué sirve un poema… y «Breves erizos verdes» fue mi intento de contestar de la manera más llana y personal posible a esas cuestiones.
En algunos poemas se apunta el tema de la trascendencia.
Para mí es una cuestión trascendental, nunca mejor dicho. Eugenio Montale decía que el poema es escala hacia Dios y, bueno, la experiencia más directa de la divinidad que yo haya podido tener ha provenido siempre de la naturaleza y del arte. El arte es una especie de trampolín. El arte y la poesía, para mí, tienen esa función, y es algo que comparto con poetas como Rafael Antúnez y Raúl Alonso. Y es algo que, al igual que la rima, cuando lo he puesto en práctica tampoco estaba de moda, no era posmoderno. Es arriesgado, sí, pero el tiempo de la conversación es limitado, si no lo empleamos adecuadamente, mejor que conteste una inteligencia artificial.
¿A cada época le corresponde un tipo de poesía?
La estética del momento es una construcción que se realiza siempre a posteriori. Lo que hay es una conversación exaltada entre distintos creadores. Cuando era más joven, sí creía que el trabajo de un artista era descubrir cuál era la estética de su momento. Ya no comparto esa opinión en absoluto.
¿Quién queda, si se le quita la etiqueta de poeta?
No me veo a mí mismo como un poeta. Lo soy, evidentemente, igual que soy profesor, igual que soy español, igual que tengo el nombre que tengo, pero en realidad todo es mucho más sencillo. Si hubiese tenido otro medio de expresión a lo mejor no sería poeta, habría sido artista, eso seguro, pero la poesía es un accidente, no está en mi ADN, aunque haya gente que piense que sí, sólo porque me llame J. A. Bernier.
| Juan Antonio Bernier, diciembre de 2024. Foto: Jorge Díaz Martínez |
domingo, 1 de diciembre de 2024
'Follar con amor'. Annalisa Marí Pegrum traduce a Lenore Kandel (Colección Torremozas, 2024) Reseña en Cuadernos del Sur
Reseña publicada en Cuadernos del Sur del Diario Córdoba:
https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2024/11/30/erotismo-lenore-kandel-112147234.html
EL EROTISMO SAGRADO DE LENORE KANDEL
Follar con amor
Autora: Lenore Kandel
Editorial: Torremozas, 2024
Traducción: Annalisa Marí Pegrum
JORGE
DÍAZ MARTÍNEZ
En los últimos años, han aumentado en el mercado editorial español los estudios y antologías dedicados a la Beat Generation. Esta tendencia viene a revalorizar a uno de los movimientos o grupos literarios más influyentes de la segunda mitad del siglo veinte, a ampliar la nómina de sus autores más conocidos y, por añadidura, poner de relieve el papel de las escritoras en dicho movimiento, las cuales, como es habitual, no habían recibido por parte de la crítica suficiente atención. A esta labor dirige sus esfuerzos la poeta, profesora, dinamizadora cultural, madre múltiple y, por si esto fuera poco, antóloga y traductora Annalisa Marí Pegrum. A ella le debemos la antología Beat Attitude (Bartleby, 2015), así como sus traducciones de Dorothea Lasky, Joanne Kyger, Diane di Prima y, ahora, Lenore Kandel.
Bajo el título de Follar con amor, esta antología bilingüe nos presenta el erotismo místico de Kandel, precedido por una sucinta introducción que nos da cuenta de las claves biográficas y literarias de la autora, además de un proemio firmado por la propia Kandel en San Francisco en 1967. Su poesía comparte con su generación una escritura de flujo de conciencia, una actitud vitalista y contestataria frente a las directrices de la sociedad norteamericana más conservadora, el influjo de la espiritualidad oriental y el idealismo crítico del movimiento hippie; pero nadie brilla tanto como Kandel en el canto sin tapujos de una sexualidad sagrada y desbordada, hasta el punto de que su primera publicación, The Love Book (1966), fue acusada de pornográfica y retirada de las librerías, teniendo que enfrentar cargos por obscenidad. Como indica Annalisa Marí Pegrum, su poesía “trataba del placer femenino y heterosexual en un momento en el que se suponía que las mujeres no debían expresar tales sentimientos”. La falta de autocensura de Kandel respondía a un principio poético que podríamos resumir, citando de nuevo a la antóloga, como “la muerte de la hipocresía”, el cual guardaba no poca relación con su práctica del budismo zen. En palabras de Lenore Kandel: “Cualquier forma de censura, ya sea mental, moral, emocional o física, ya sea de dentro hacia afuera o de afuera hacia adentro, es una barrera contra la conciencia de uno mismo.”
Lenore Kandel se retiró al silencio tras un grave accidente de moto en
1970. Sin embargo, sus poemas de juventud, medio siglo después de su
publicación, mantienen encendida su viveza, su sorpresa, su capacidad de conmovernos
e incluso de epatarnos, además de ofrecernos un modelo literario alternativo al
de las prácticas escriturales eufemísticas que saturan el mercado editorial. Honestidad
brutal, tanto para escribir como para callar.
domingo, 27 de octubre de 2024
La primera novela de Pablo García Casado: La madre del futbolista. (Visor, 2022) Reseña en Cuadernos del Sur
Reseña publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba.
https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2024/10/26/madre-futbolista-110413849.html
Pablo García Casado
LA MADRE DEL FUTBOLISTA
Visor Libros, 2022
Por Jorge Díaz
Martínez
En una antigua
entrevista, Pablo García Casado declaraba no disponer del músculo necesario
para escribir narrativa. Años después, el poeta, tantas veces acusado de
excesivo prosaísmo ―su poesía siempre ha levantado ampollas y envidias―, ha
terminado por darle el gusto a sus críticos, demostrando al mismo tiempo que no
llevaban razón. Su primera novela, La madre del futbolista, está lejos
de incurrir en los vicios estilísticos en los que suelen caer los poetas metidos
a novelistas. Cierto que su poesía ya venía depurada de retóricas manidas ―en
favor de una sintaxis cuasi cinematográfica― e incluso que esta novela bien
podría interpretarse como un poema expandido ―a partir de unos versos anteriores―, pero aquí
el escritor mete un cambio de marchas diferencial: una prosa rasante que
no se separa un centímetro del suelo, sin insomnes monólogos de interior ni
intrincadas figuras de expresión, llevada con suavidad por un narrador
omnisciente, pero no del todo ausente, que se asoma en incisivos adjetivos e
integra en su textura la mirada de los protagonistas, a quienes conocemos ―un poco al
modo del iceberg de Hemingway― a partir de sus acciones objetivas y puntuales
diálogos de clase media baja.
La obra
recolecta las principales obsesiones que el autor ha ido diseminando en sus poemarios:
el decorado humano de las urbanizaciones de extrarradio ―símbolo de los márgenes del canon literario
y del canon social― en Las afueras
(1997); los viajes de carretera y «ese niño de 11 años que descubre a su mamá/
en un vídeo acompañada de otros hombres» en El mapa de América (2001); la
precariedad económica en Dinero (2007); las cuestiones parentales en García
(2015) y el submundo de la pornografía en La cámara te quiere (2019);
además de su conocida afición futbolística.
Citándolo de
nuevo, la vida que nos muestra es la de «un telefilme de bajo presupuesto» donde la
progenitora que da título a la obra escapa como puede de unas turbias
relaciones familiares, laborales y conyugales, donde la amistad se cimenta en
base monetaria y una chapucera productora pornográfica comparte página con
corruptelas político-inmobiliarias. En este entorno opresivo, la madre protagonista
sobrevive a contrapelo con la mayor dignidad asequible, sin pájaros en la
cabeza ni más preocupaciones que llenar la nevera. Sus breves lapsos de alivio
coinciden, curiosamente, con el ambiente sórdido del sobresueldo erótico al que
tanto sus apuros económicos como su necesidad de salirse del tiesto la empujan.
domingo, 13 de octubre de 2024
Entrevista con Nuria Ortega Riba en Cuadernos del Sur. Fantasía y símbolo en la poesía.
Entrevista con Nuria Ortega Riba, publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba, el 12 de octubre de 2024. Incluyo el texto completo de la misma aquí abajo.
| Nuria Ortega Riba Fotografiada por © Jorge Díaz Martínez |
NURIA ORTEGA RIBA
Jorge Díaz Martínez
Nuria Ortega Riba (Almería, 1996)
recibió el Premio Adonáis de 2021 por su primer poemario: Las infancias
sonoras (Rialp, 2022). Coincidiendo con el confinamiento de 2020 escribió
su segundo: Albatros (Planeta, 2023), con el que obtuvo el VI Premio
Espasa es Poesía. Actualmente cursa en Granada un doble máster de Profesorado y
Estudios Literarios y Teatrales.
¿Cómo estás digiriendo el
éxito?
Cansada, pero muy contenta. Y muy
agradecida. Me he pasado el mes de abril sin parar. Ahora quiero estar en mi casa y dedicarme a
mí. Yo soy muy de la lentitud, de la calma. No puedo estar todo el rato
produciendo, con prisas.
¿Crees que tus poemas tienen que ser descifrados?
El primer libro es
muy accesible, pero en el segundo sí que hay una dimensión que se escapa un
poco, hay que darle más vueltas a la cabeza.
Albatros es un libro rebosante de subjetividad.
Sí, yo he llegado a pensar que, si alguien lo lee, pensará
que se me ha ido la cabeza.
Eso es lo bonito. Tenemos ya muchos poemas que hablan de
subirse y bajarse del autobús.
A mí me preocupa que sea una poesía menos accesible, me
preocupa que la gente lo entienda, no llegar a ese punto de decir: Nuria, para.
Quieres que el poema siga teniendo ese clavo al que
agarrarse, de sentido.
Sí, claro. Escribir para que sólo yo lo entienda no le veo
ningún sentido.
De hecho, aunque te alejas del poema narrativo más
convencional, se aprecia que detrás de esas imágenes sí que hay un referente.
Parece que es todo símbolo, pero luego se descubre una escena que sostiene todo
el entramado. Por ejemplo, en «Estrellas negras», hasta el último verso no das
la clave.
Ese poema es una foto. De repente, en la facultad, se veían los
pájaros muy lejanos y, como estaban tan altos, parecía que no se movían,
parecían estrellas negras en el cielo de la tarde. A mí se me quedó esa frase
y, a partir de ahí, años después, construí todo lo demás. Quizá por eso, hasta
el final no se revela.
¿Tú pretendías alejarte de la poesía realista? ¿Diseñas tu
poética previamente?
No, para nada. Pero sí que noto que hay esa diferencia
respecto a Las infancias. Yo me siento bastante alejada de eso porque
personalmente tiendo a otro sitio, no porque me siente y diga… No, sino porque
mi manera de entender la literatura, incluso lo que leo, tira más hacia otros
sitios, hacia la fantasía y la imaginación, más que a lo puramente… terrenal.
Se nota que te interesa más ese mundo de la imaginación, los
mundos interiores, que el prosaísmo de lo cotidiano.
Me gusta también la literatura que habla de lo cotidiano;
por ejemplo, cómo se construye la intimidad, el amor. Pero, incluso en esos
relatos, a mí lo que me interesa es lo que se va a otros mundos, el imaginario
que pertenece únicamente a esa persona, lo que se va de lo realista y tira a
otros sitios.
¿Te sientes parte de una
generación?
¿Es que ahora hay una generación? Hace unos años se decía:
«Ha surgido una nueva generación, hablan de la precariedad de los jóvenes». Y
yo pensaba: «Ay, pues me identifico mucho. Si yo tuviera que pertenecer a una
generación, pertenecería a esta». Pero, luego resulta que los dos libros que
tengo no creo que vayan por ahí, para nada.
¿De quién te sientes heredera, literariamente hablando?
Uf, heredera… Ni siquiera me gusta pensar en influencias,
sino en gente que me gusta.
Por ejemplo, Lorca en ti está súper marcado.
Pero, ves, yo no lo diría… y llevo una bolsa de Lorca. Se me ocurre, en Las infancias, Gloria
Fuertes, en ese juego con una inocencia que no es inocencia… Y Szymborska. A mí
Szymborska me dio muy fuerte.
¿Y en Albatros?
Mary Oliver, Emily Dickinson… por ese espacio natural en
contraste con el interior, el cuarto, el encierro… Y luego aquí hay mucha
música, casi más que poesía.
Tu libro es muy romántico.
Es que lo romántico… es de esas cosas que dices, es el
momento de poner una mano encima de la mesa y decir: Chicos, no todo es tan
malo… Porque hubo esa época de: Oh, Dios mío, lees a Bécquer… y blablablá.
Del Romanticismo al hippismo.
Un poco.
¿Hay un poema inspirado en Mujeres que corren con los
lobos?
No, ese poema está inspirado en una canción de Aurora, que
la cito al inicio del libro. Cuando hablo de «pueblo» y de «hombre» en el libro,
lo hago en el sentido de la violencia, de la niña que dice: «Me pusieron
zapatos al nacer, me enseñaron la lengua de los hombres».
Has conseguido conservar la sensibilidad metafísica de la
adolescencia.
Es algo que también me preocupa, nunca perder esa
sensibilidad que no sé si tiene que ver con la inocencia, con cierta ternura,
con esa sorpresa de mirar el mundo. Eso no quiero perderlo. Lo cual no quiere
decir que no me sienta yo ya… más hacia una edad que hacia otra.
Conservar el niño o la niña interior no significa que uno
sea Peter Pan.
Esa es la cosa, pero es que parece que si escribimos sobre
la infancia es que…
Hay también un poema dedicado al tema de las creencias, la
religión, la fe y la magia.
Me dio una época por leer sobre astrología y me di cuenta de
que tengo ciertos patrones que se acercan más a esas creencias mágicas,
místicas o religiosas, que para mí vienen de lo mismo: ese momento de
desesperación absoluta en el que tienes que pedirle a algo… o tengo que
encomendarme a algo, puede ser la luna o puede ser un deseo que tiras al mar en
un papel. Para mí, ir a una iglesia y ponerte de rodillas a rezar o encender
una vela es prácticamente lo mismo que irte a caminar sola, mirar la luna y
pedirle un deseo.
Dices que no pensabas en el albatros de Baudelaire cuando
escribías este libro. Me parece increíble, hay poemas que parece que van uno
detrás del otro.
Cuando yo lo escribía y lo releía, en mi cabeza no estaba en
ningún momento el poema de Baudelaire. Y cuando me di cuenta, me dije: no puede
ser.
¿Crees que un arquetipo de tu subconsciente te poseyó para
que escribieras ese poema?
No lo sé.
Los simbolistas creían mucho en eso.
Yo no me planteaba que el albatros fuera un símbolo
universal, para mí era mi símbolo.
Hay mucho de sabiduría elemental en tu libro, en el sentido
telúrico, de los cinco elementos.
Sí, yo creo que también por ahí va el poema del marsupilami,
que acabo diciendo que ojalá compartir la sabiduría de mi madre, que es creer
en cosas que la gente piensa que no existen… Vamos, que no existen, que es un
marsupilami, un invento, un ser mitológico… ¿Y por qué porque no lo veamos no
puede existir?
O sea, que crees que las ideas sí existen.
O creo que hay dimensiones… o, al menos, se puede jugar con
eso en la literatura. Yo voy por el
bosque pensando que me voy a encontrar un hada ¿y cómo va a caber en mi cabeza
que las hadas no existen? ¿o que los seres mitológicos no existen? ¿Porque ya
somos adultos y creemos que debemos pensar con la cabeza, no existe todo eso?
¿Quién soy yo para decirle a mi madre: «No, los marsupilamis no existen» porque
mis ojos no han visto un marsupilami?
sábado, 11 de mayo de 2024
Reseña a: Orden inverso, de Eva Hidalgo (Ediciones En Huida, 2024) en Cuadernos del Sur
Reseña aparecida en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba.
EVA HIDALGO
ORDEN INVERSO
EDICIONES EN
HUIDA, 2024.
Eva
Hidalgo, poeta, profesora, dinamizadora cultural y cordobesa de adopción y de
elección, ha publicado este año en Ediciones En Huida su segundo poemario: Orden
Inverso. El libro lo componen doce cantos circulares que, como
premoniciones, concluyen en el aciago año de 2020. Se trata de una obra más
crítica que lírica, cuya sintaxis estilística va hilando realidades
aparentemente distanciadas pero vinculadas aquí por la mirada onírica de la
autora, quien pone en evidencia las relaciones de poder que las sustentan y en
las que, ineludiblemente, los lectores nos hallamos implicados. Las citas
iniciales de Paul Celan y de Heidegger ya nos dan una pista sobre la disposición
de la autora ante un lenguaje entendido como cárcel y hogar al mismo tiempo,
una jaula cuyas limitaciones solamente nos permiten señalar con gestos torpes aquello
que verdaderamente quisiéramos expresar. Tienen algo de bíblico estos himnos de
aspiración universalista, de tríptico del Jardín de las delicias del tonto
sapiens global. Se repite en todos ellos el leit motiv de los «peligros indefinidos» y un estribillo final con
variaciones que apunta hacia una «sed» aquí interpretable como
insatisfacción orgánica y moral, biológica y cultural. En este Orden inverso
nadie sale bien parado: ni la ciencia, ni la historia, ni los nacionalismos, ni
las infancias traumáticas, ni los inmigrantes ahogados, ni los ecosistemas
devastados por el capitalismo, ni las mujeres condenadas a estereotipadas
improntas sexuales, ni los trabajadores consumidos en su propia vorágine de
productividad, ni los sintecho que buscan con sus bolsas de plástico cobijo en
nocturnas estaciones de autobús… todas estas figuras quedan presas de una misma
explotación inescapable. Le gustaría a la autora formular un hipotético orden
menos torcido, en el que los hormigueros de bípedos humanos funcionaran una
pizca mejor. Y su protesta es este alegato: una poesía social figurativa. A Eva
Hidalgo le queda la sed y la palabra.
domingo, 25 de febrero de 2024
Reseña a: Criaturas del momento, de Rafael Espejo (Pre-Textos, 2023) en Cuadernos del Sur
Después de toda la vida leyendo Cuadernos del Sur (en la época de la prensa de papel, se apilaban en mi cuarto adolescente), la casualidad ha querido que publique en ellos, por primera vez, una reseña. Ciertamente contento de escribir en el suplemento cultural que leía de pequeño, en el periódico de toda la vida de mi ciudad natal.
Podéis leerla en el sigiente enlace:
Reseña de Criaturas del momento, de Rafael Espejo, en Cuadernos del Sur.
Y de paso os la copio aquí:
Rafael Espejo
Criaturas del momento
III Premio internacional de poesía Francisco Brines
Pre-Textos (2023)
Por Jorge Díaz Martínez
La prolija descendencia de la poesía figurativa de los ochenta (según acuñación de Luis Antonio de Villena) sigue ofreciéndonos frutos muy dispares, la mayor parte, epígonos sin gracia. No obstante, entre la muchedumbre antologada podemos distinguir, como decía Antonio Machado, algunas voces personales. Una de ellas es, sin duda, la de Rafael Espejo (Palma del Río, 1975), quien vuelve a la palestra con su quinto poemario: Criaturas del momento (Pre-Textos, 2023), merecedor del III Premio de Poesía Francisco Brines, uno más en la serie de reconocimientos que jalonan su estela literaria, entre otros, el Federico García Lorca de la Universidad de Granada en 1995, el Hiperión en 2001 y el Emilio Prados en 2008.
Rafael Espejo vuelve y sigue siendo él mismo: sus poemas, no obstante, sí han cambiado, no tanto en la factura técnica de los versos como en su discurso íntimo, las cosas que nos cuenta. Me refiero, en especial, al tema universal de los lazos familiares y su caducidad; un rasgo generacional que vincula a esta obra con las últimas entregas de otros escritores, más o menos, de su quinta, tales como Carlos Pardo, Juan Antonio Bernier, Andrés Neuman, Erika Martínez o Xavier Guillén. En todos ellos, el desapego de la juventud ha dado ya lugar a una insoslayable madurez, la cual trae aparejada una sentida reflexión acerca de los vínculos de sangre, las raíces rurales y la inevitable pérdida de los seres queridos, un asunto que ocupa ya un lugar central entre las páginas de esta generación.
La otra línea que guía este poemario es la de la disertación filosófica infantil acerca de esas preguntas fundamentales de la existencia que acostumbramos a enterrar bajo el ajetreo de lo consuetudinario, pero enunciadas aquí al calor de una madurez comprometida, coherente con los límites de su propia conciencia, a la que la experiencia de la muerte cercana y el propio deterioro ha dotado de fondo quevedesco. Preguntas que suceden, de nuevo, en un ambiente campestre y familiar, con la mirada atenta a las constelaciones, con perros, chimenea, frutales y paseos. Nada que ver con el desparrame bohemio de sus primeros libros hedonistas. Aquí encontramos poemas dedicados a un vaso de agua, a las macetas del patio, a las mascotas ―también perecederas―, a una hogaza de pan y, por supuesto ―al igual que Walt Whitman―, a sí mismo. Aunque, en realidad, todos estos poemas son excusas para hablar de otras cosas. De esta manera, Rafael Espejo acompaña a un punto medio al anciano y al niño, la razón taxonómica y la imaginación lúdica, la circunvolución sedimentada y la capacidad de asombro.
En todo caso, estas indicaciones no alcanzan a resumir el universo impreso en dichas páginas, ni menos la emoción que alienta en sus poemas; no son su sustituto, solo una invitación a su lectura. No hay una sola cita en todo el libro: todo el libro es una sola cita.
miércoles, 20 de diciembre de 2023
La poética de la experiencia y el oficio de la poesía. 'Xavier Guillén: poesía domesticada'. Artículo en Studia Romanistica.
Acaba de aparecer el número 23-2 de la revista de estudios lingüísticos y literarios Studia Romanistica, de la Universidad de Ostrava, al que contribuyo con un artículo sobre el último poemario de Xavier Guillén, Amo de casa (Pre-Textos, 2021), precedido por una muy escueta introducción sobre la línea de escritura en la que se sitúa, es decir, la de los continuadores de la poesía de la experiencia. El artículo está destinado, especialmente, a cualquiera que tenga el más mínimo interés por la poesía española y peninsular de las últimas décadas, además de otras cuestiones de poética general. Os dejo aquí el enlace al número completo de Studia Romanistica y también al del artículo exento en mi perfil de academia.
https://ff.osu.eu/studiaromanistica/current-issue/
https://www.academia.edu/111945555/Xavier_Guill%C3%A9n_poes%C3%ADa_domesticada
miércoles, 4 de octubre de 2023
La semilla y el corazón. Antología de poesía japonesa, de Juan F. Rivero (ALBA poesía, 2022)













