blog de Jorge Díaz Martínez

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lunes, 17 de noviembre de 2025

Cent anys de metro. Mis poemas del metro salen a flote en Barcelona

 A finales del mes pasado le escribieron a mi editor de Barcelona [ Joan de la Vega ] para pedirle una imagen en alta resolución de la portada de mi libro Transbordo. Uno imagina que las instituciones organizan las cosas con más antelación y no como nosotros, todo a última hora. Pero no debe de ser siempre así, porque los plafones ya estaban colocados apenas unos días después. Hablo de una exposición con motivo de los 100 años del metro de Barcelona. Mi amigo Salva me ha enviado esta foto. Resulta que han incluido, no la portada, sino un poema del libro, trastocando un poco los versos... pero ya no sé si quedan así casi mejor que en el original. Después de todo, algo queda de mí en Barcelona.

Gracias, Salva. Ya aprovecho para añadir unas fotos de las estupendas ilustraciones que mi hermano Pablo Diartinez compuso para el libro. Y como coda publicitaria, decir que podéis encontrarlo en la web de La Garua Libros.











jueves, 7 de marzo de 2013

"¿Las lecturas del poeta o la métrica de Barcelona?" Transbordo, por Eduardo Chivite



Ayer apareció en Culturamas una reseña más de Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, por Eduardo Chivite. Gracias de nuevo, Eduardo. Podéis leerla aquí. O aquí mismo:


Jorge Díaz Martínez
Transbordo
Poemas del metro de Barcelona
(La Garúa Libros, 2012)

Por Eduardo Chivite Tortosa

La Garúa Libros es una editorial independiente de Barcelona comprometida con la poesía de calidad y la joven poesía. Es suficiente echar un vistazo a su catálogo para comprobarlo y descubrir en él nombres de resonancia nacional y traducciones de reputados autores de un interés excepcional para el lector actual de poesía. Joan de la Vega, director de la editorial, la fundó en 2004 y después de dos años de descanso vuelve con Jean-Michael Maulpoix, Jorge Díaz y Sara Herrera. En el actual panorama esta editorial se visualiza como la heredera espiritual de DVD Ediciones, contando con el beneplácito y la amistad de Sergio Gaspar. Si todo esto no bastara, hemos de añadir la calidad y el buen gusto de sus cuidadas ediciones.
Jorge Díaz Martínez (1977) inicia su formación poética en Córdoba y Granada, participando activamente de sus ámbitos culturales y bebiendo poéticamente de diferentes influencias en aquellos años de “amistad y aprendizaje”, como él mismo afirma. La voz de sus amigos poetas, las lecturas comunes, los mismos maestros, pueden verse o leerse en su poética. Y es que Jorge Díaz Martínez pertenece con todo derecho a esa generación de poetas que hoy por hoy son una realidad consolidada. Juan Andrés García Román, Juan Antonio Bernier, Rafael Espejo, entre muchos otros, por citar solo algunos de los que aparecen destacados en las dedicatorias del libro. Su trayectoria poética habla por sí misma, en 2005 ve la luz su primer libro, La piel de la memoria, que se publica en la editorial Visor y mereció el Premio de Poesía Vicente Núñez, y su segundo libro Almizcle y tabaco (2006) fue editado por Pre-Textos, obteniendo el Premio de Poesía Arcipreste de Hita. 
Este libro, texto, textura, tejido, entresijo, artefacto, donde cada poema o cada verso parece remitir a una lectura personal y concreta, “a la maniera de”, nos extraña y sorprende. Esta dificultad añadida contrasta con una “factura de aparente sencillez, pero de entramado estético ambicioso”, afirma en su reseña Agustín García Calvo. Sencillez que ya algunos críticos han catalogado de minimalista, pero otros más acertadamente de “palabras pequeñas”. Importante peligro este a la hora de juzgar o de leer el libro. El transbordo, metáfora del viaje, remite aquí en realidad al discurso de retroalimentación del arte, a la intertextualidad, las voces ocultas detrás de cada poema. No es un viaje interior, ni un viaje a los infiernos, ni nos habla del metro de Barcelona. Es un viaje por las lecturas, las lecturas del metro de Barcelona, de lospoemas quizás escritos en el metro de Barcelona. El poeta lo dice: “¿Cuántas veces, leyendo, no nos hemos saltado la salida, no nos ha devuelto el iris una forma distinta a la esperada?” El primer poema del libro nos devuelve la mirada a modo de poética, una poética compleja, donde nos anuncia curiosamente algunas intenciones. Poema programático del libro que se diferencia intencionadamente por estar escrito en prosa. “El verbo es una caverna” platónica, el logos un trayecto —dice—, las sombras, las luces: “Al volver, apresurado, a la luz, el viajero puede sentir molestias en los ojos”. Se puede notar al poeta inmerso en su lectura, levantar con dejadez el rostro, fruncir los ojos por la luz, la necesidad de enfocar por culpa de su miopía (“Donde miopía / puede leerse usura”) y ver, ver una imagen, un momento, un detalle, quizá sin importancia, pero ver, ver de verdad, como miran los poetas. Juan Andrés García Román en la contraportada del libro nos lo dice: “que recorre la oscuridad (memoria) lleno de ventanas (imágenes)”. Ana M. Caballero lo intuye cuando afirma: “Los poemas de Díaz se detienen en las paradas de Diagonal, Verdaguer, Sants Estació, Drassanes, el Liceu…”. Excusa esta, que en una lectura light la lleva a reseñar el libro tal si se tratase de un poemario temático que recorre paradas, como un transbordo vital Córdoba-Barcelona-Dalián (“Tengo escalas en Frankfurt y en Beijing”). El poeta levanta el rostro y ve el mundo, como en el mito platónico, pero entonces se vuelve a sus sombras o lee de nuevo; lee ahora carteles con nombres de lugares, lugares-lectura, de no-lugares, utopías… Y nosotros leemos poemas con nombres de ¿lugares? Barcelona, la ciudad como tópico de la literatura, como espacio del poema, “la ciudad que sirve de escenario”, cualquier ciudad, como si Jorge Díaz fuese en el metro leyendo a Fonollosa. Y es que este libro juega a llevarnos inmersos, ensimismados, como viajeros subterráneos, y cuando el poema termina, no termina, como un “no llegar o llegar de otra manera” (J.A. García Román), “de forma distinta a la esperada”, translación espacio-temporal (A. García Clavo), transbordándonos de hoja en hoja (“Perdí de vista la mano que me pasaba las hojas”). De hecho, muchos poemas quedan abiertos, truncados, con un final “distinto”, como el que vuelve a la lectura o se da cuenta de que aún no ha llegado su parada: “Eres zumo de limón. / Y la palabra des- / caro”, “(terco según / y argumentar)”, “Quiero decir, de momento”. 
Pero el juego verbal no termina, solo está empezando, la polisemia del lenguaje es un factor metapoético importante en este libro, que tiene por subtítulo Poemas del metro de Barcelona. Pepito Morán en un vídeo-creación resultado de la lectura de esta obra, abre la suya con la definición de “metro”, en un guiño con Jorge Díaz que termina su obra con la definición, según el DRAE, de transbordar (2ª acepción) “trasladar personas […] de un tren a otro” y la palabra metáfora, “traslación”. Trasladar lectores de un poema a otro, leer poemas de una estación a otra… Pero Morán olvida la homonimia entre “metro” y “metro”: medida, métrica, ritmo (“Las escaleras mecánicas / a veces me parecen musicales”). ¿Las lecturas del poeta o la métrica de Barcelona? Metapoesía, niveles de lectura, intertextualidad, voces-estilos-referencias internas (“Lo reconozco: copio”). No nos llamemos a engaño, este libro es una máquina de precisión, de lenguaje engrasado, una red de túneles, de comunicación, un tejido complejo, subterráneo, una forma de mirar, de leer, que, por otro lado, no olvida la vida, las vivencias personales, y nos permite ver al poeta leyendo en el metro, pasear por las Ramblas, fijarse en algo, pensar en el futuro, ir en bicicleta, al mismo tiempo. No en balde, Jorge Díaz es poeta, pero también es doctorando en Teoría de la Literatura y de las Artes y Literatura Comparada por la Universidad de Granada, y se le nota. 
Consciente de ello, define el libro como “tándem”, entre él y el ilustrador, su hermano Pablo Diartínez (nombre artístico), cuyas ilustraciones dialogan con los versos y la poética del autor. Por hablar solo de algunos ejemplos, especialmente significativos me parecen Arterias (p.7), donde se ve un iris azul y las líneas del metro (red de túneles), y Yo estuve aquí (p.65), que reproduce en un ejercicio de simulación el poema “Catalunya”, que termina: “Yo estuve aquí. / He vivido. / Jorge Díaz”, del mismo modo que al pie de la ilustración-pintada podemos ver “PDM” (Pablo Díaz Martínez). Genial lectura del ilustrador, Verbo/caverna(p.57): logos-Platón, túnel-oscuridad, cielo-grafía.
Me gustaría comentar, en el sentido de esta doblez experiencia vital-experiencia metaliteraria (el consabido binomio “vida-poesía”), al menos un poema que se titula “Cubeta”, donde los ecos, la musicalidad y las imágenes nos recuerdan a Bernier (“sus tradiciones pasan por ventriloquía”), a quien se le dedica, también a modo de guiño, de diálogo. Poema, que como todo buen poema, puede leerse de muchas maneras, pero en este libro Jorge Díaz se extralimita para bien, pero no sin peligro. Los poemas están llenos de “gaps”, de huecos, de lagunas… Término que se usa en teatro para hablar de los vacios del personaje literario que el actor debe llenar con partes de sí mismo. En este libro ocurre algo similar. El poeta nos ha dejado pequeños fotogramas seleccionados de una tarde o de un momento, imágenes con un halo nebuloso de super-8, yuxtaposiciones, silencios, no-lugares donde habitar el poema, donde completarlo. Bien aprendida tiene la idea de que el sentido final del poema es cosa que en última instancia compete al lector (Teoría de la Recepción). Ahora, si se pasa o si no llega es cosa que deben juzgar los lectores, pero nadie podrá negar la maestría, ni el atrevimiento. Este poema, como decía, puede entenderse, por ejemplo, como una tarde de playa o como un momento en el metro (“suelo adherente / de envoltorios y vidrios”) leyendo un poema —quizás del último libro de Bernier—, donde hable de medusas o del mar; quizás un charco en el suelo del metro o en el andén de la estación lleve la mente del poeta a un recuerdo reciente: la playa en Barcelona, una cubeta, él bajo el agua cubierto por la luz contemplando una medusa… Quizá todo sea ficción bien ensamblada. Pero podemos ver la luz a ratos llenando la oscuridad de los túneles o atravesando el agua. Alguien que le mira. “La música encharcada”, la soledad sonora… lo que oye, lo que ve, como antes, en otro poema, “los cascos y lectores”. El tema de la soledad en medio de la gente, de la gran urbe, del mundo subterráneo, que nos indica Agustín García Calvo en su reseña. Dos opciones de lectura y múltiples opciones más. Como una broma escrita con ánimo de que yo pueda terminar esta reseña, concluye el poema: “a) El aire comprimido. / b) Una pala de plástico”.

Eduardo Chivite Tortosa
Prof. de Literatura Dramática de la ESAD de Sevilla




sábado, 23 de febrero de 2013

La intimidad era esto ("Transbordo", por Elvira Ramos)



Y una reseña más de Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, esta vez por mi querida amiga Elvira Ramos. Creo que no ha sido muy objetiva. Podéis leerla en Ronda Somontano. O a continuación:



La intimidad era esto.

por ELVIRA RAMOS

Siempre, o a veces, que nos preguntamos qué es la vida se nos llena la boca de largas parrafadas metaliterarias que no hacen sino confirmar la frase manida pero tan cierta de “la vida es lo que pasa mientras creemos que vivimos”.
Esa sería la tesis defendida por Jorge Díaz en su libro Transbordo. Poemas del metro de Barcelona. En él nos recuerda la importancia de reconocernos en los pequeños detalles, en las músicas e incluso ruidos que acontecen a nuestro alrededor.
Tiene Jorge, creo que siempre lo ha tenido, aún cuando ni él lo tenía tan claro, y a la relectura del personal y preciosista Almizcle y Tabaco (Pre-textos, 2006), con “versos” como éste: “Tiene dieciocho años,/sus rastas son rubias como la miel,/ siempre anda descalza”, un yo poético exquisito y pequeño, detallista, una formalidad vanguardista que nos recuerda a aquellos locos de la sonoridad de la poesía de finales del XIX y principios del XX. Como si en su vida poética conviviera con aquella “libélula vaga de una vaga ilusión”.
Sin embargo, para comprender dónde radica lo exquisito de este libro, debemos saber que lo que pretende es enriquecer al concepto literario por medio de la omisión de conjunciones. Pero con esta licencia no consigue alejar al público de su poesía, sino más bien, permite que de nuevo nos reconozcamos en cada uno de los rincones del metro de Barcelona, en el que la vida pasa en las mismas formas que en cualquier otra ciudad.
De manera inteligente, nos va llevando por las líneas del suburbano como quien queda con nosotros en cualquier andén de una estación, solo para charlar, porque hay conversaciones que sólo se pueden mantener si sabes que no tienes un destino, que tienes todo el tiempo del mundo, que de hecho, con Jorge Díaz, podríamos tomar el circular solo para disfrutar de las vidas que pasan cuando nosotros pasamos por ellas.
Una sonoridad, la de este poemario, que huele a café por las mañanas, que suena a raíles y vagones frenando, a respiraciones jadeantes de los que llegan tarde o pronto, según se mire, a miradas lejanas y furtivas, a la que siempre toma el mismo tren que tú, desde hace cinco años, pero aún no sabes su nombre.
No es difícil encontrar algo de nosotros mismos en los poemas de Transbordo, porque todos vamos siempre de paso hacia algún sitio.
Además, y en otro orden de cosas, la metáfora de la vida no es sino una realidad cuando nos encontramos solos ante ella. Menos mal que contamos con la palabra como billete de acceso, y con la poesía, como recurso de espera, cuando el tren se retrasa.

viernes, 15 de febrero de 2013

Transbordo en México



Hace unos días apareció en el Periódico de Poesía de la UNAM esta reseña de Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, por Andreu Navarro. Os dejo aquí en enlace:  De nuevo es un poeta adaluz quien viene a publicar...

 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Una nota en un diario



13/12/2012 CÓRDOBA El Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras acogió ayer la presentación del poemario "Transbordo", del que es autor el poeta cordobés Jorge Díaz Martínez. Al acto asistieron numerosos familiares y amigos. El Catedrático de Literatura Española D. Pedro Ruiz Pérez dedicó elogiosas palabras a este poemario que cuenta "la historia de un viaje donde no hay Ítaca". Tras la lectura, el autor se mostró disperso. La madre del poeta declaró posteriormente no haberse enterado de nada. A su tía se la vió llevarse el pañuelo a los ojos. Algunos salieron corriendo. Para finalizar, los asistentes disfrutaron de las bajas temperaturas propias de estas fechas.


martes, 20 de noviembre de 2012

Hoy recito en Peñarroya-Pueblonuevo. Y recordaremos a José Moreno Villa





Y seré presentado. Y, si hay suerte, proyectaremos una vídeo-creación de Pepito Morán sobre Transbordo. Poemas del metro de Barcelona. Y recitaré mis poemas y conversaremos de lo que haya que conversar. Pero, además, me hará mucha ilusión referirme al poeta y pintor José Moreno Villa, o mejor dicho, recitar sus poemas, que es lo que pienso hacer. Y no lo digo por sumarme al discurso institucional, sino porque lo creo, que este año el CAL ha acertado especialmente eligiendo a este poeta -tan injustamente olvidado- como el "autor del año". Y por eso, aquí os dejo algunas pruebas, para que disfrutéis.



DESPUÉS DE TODO ERAS TÚ LO QUE YO BUSCABA

 

En las letras de un cantoral,
entre la retama y el jacinto serrano,
en el ancho mar, en la taberna inquieta,
en el fondo de la copa verde,
después de todo eras tú lo que yo buscaba.
Pregunté muchas veces a las guías turísticas
dónde suspira el lugarejo ignorado por la epopeya;
pregunté a los filósofos por la llave del secreto;
fui devorando pregunta a pregunta mi vida,
y después de todo resultas tú lo que yo buscaba.
Pude leerlo en mil detalles:
verte y enmudecer,
verte y olvidarme del mundo,
verte y hablar luego por las calles solitarias,
verte y sentir el cuerpo,
verte y huir hacia los confines de mí mismo.
Desmadejado y alma en pena,
imaginé que lo mejor era llorar en los ocasos,
leer los libros místicos
y contribuir a la redención de los débiles.
Y en todo, en todo, en absolutamente todo
no había más que la busca de tu persona.
Sí, después de todo eras tú la búsqueda.
Y aquí declino ya todo examen y toda crítica.
Tú, con tus faltas y tus sobras;
tú, con tu maravilloso complemento rubio a mi color de
bronce.




SOBRE TUS MEMORIAS
 
 

Si escribes alguna vez tus memorias
di que andabas por la casa en zapatillas,
que roncabas durmiendo
o sufrías hemorroides.
Di si tuviste amores clandestinos
con familiares o mujeres de baja extracción,
si frecuentabas tabernas o iglesias,
si eras amigo de los grandes fantoches. .
De tus obras no dirás nada,
porque, si dices, quitas al crítico
la frutilla de la conjetura.
Él se divierte y justifica
manipulando con el “acaso”, el “debe venir”
o el “viene de allá”.
Lo mejor es descolgar anécdotas,
exhibir la ropa interior,
dar pelos y señales de tu barragana
y presentar el haber, y el debe de tu calendario.




EL AVIÓN NOCTURNO


Apodérate de la noche,
pajarraco de mala entraña,
y apodérate de los cuerpos
indefensos bajo las sábanas.
Ven y hunde, destroza y quema;
salgan cunas por las ventanas,
rueden ancianos impedidos
entre cascotes, hasta la calzada.
En la negrura de la noche
esconde tu proeza de infamia,
desarticula hogares tibios,
desmembra familias de un alma.
Toda la fuerza es tuya, tienes
un pueblo dormido y sin balas.
Ensáñate, que nadie te ve;
la noche sin luna te ampara.





CARTA DE UN DESTERRADO 
 

Perdóname el desvarío:
yo no quiero más envío
que un pedacito de río.


Yo no sé de cuál; de aquél
retozón y bailarín
donde mojaba mi lápiz
cuando quería escribir
una carta cariñosa
y preciosa para ti.


“Yo no quiero más envío
que un pedacito de río.”


Yo no sé de cuál; de aquél
anchuroso y tenebroso
donde aprendí lo severo
de la vida, lo más hondo,
lo que sólo ve el sentido,
lo que nunca ven los ojos.


“Yo no quiero más envío
que un pedacito de río.”
 

Y dile a mis compañeros
que no necesito nada.
Que tengo amor, carne, queso,
legumbres y noches largas;
que tengo un cielo de gloria
y una tierra muy alzada;
que me sobran las revistas,
los libros y hasta las cartas;
que si me agobian las penas,
miro las del otro, y paran.
Mas esto, sí... lo repito,
es una cosa sagrada:
 

“Yo no quiero más envío
que un pedacito de río.”
 

Yo no sé de cuál; mandadme
del azul, del amaranto,
del inquieto, del suave,
del que va derecho al salto,
del que regatea y burla,
del que es angosto o es ancho.
 

Perdóname el desvarío:
quiero un pedazo de río.




José Moreno Villa  

(poemas extraídos de la antología realizada por Rafael de Cózar para el Centro Andaluz de las Letras y la Junta de Andalucía con motivo del homenaje a José Moreno Villa, "Autor del Año" 2012, que será -o fue- obsequiada entre los usuarios que visiten las bibliotecas públicas andaluzas el día 23 de abril)

lunes, 12 de noviembre de 2012

Transbordo Barroco


De izquierda a derecha: Eduardo Chivite, Mertxe Manso, Jorge Díaz Martínez, Rafael Antúnez Arce, María Goranova-Bernier, Juan Antonio Bernier.
© Pablo Diartínez
 
Lo primero que hice el sábado, recién aterrizado en Córdoba, fue quedar con algunos de mis amigos poetas para inaugurar "oficialmente" el nacimiento de Transbordo. Poemas del metro de Barcelona haciéndoles entrega del ejemplar que les debo por los años de amistad y aprendizaje compartido. Y, aunque no todos pudieron asistir, fue un placer encontrarnos, igual que hace quince años, degustando flamenquines y salmorejos bajo el techo abovedado de una vieja bodega de la Plaza de la Corredera. A la salida, mi hermano, que además es el ilustrador del libro, nos echó la obligada fotografía de grupo, advirtiendo que la retocaría con Photoshop. La oscuridad de la toma y la arquitectura renacentista me recordaron a los lienzos de Caravaggio y mi hermano transformó los pixeles en auténticas pinceladas de Velázquez. Casualmente, el Barroco tiene mucho que ver con la poética del libro. Y ahora caígo en que empezamos la noche conversando a propósito de Lope y las universidades jesuítas. Transfondo de perspectivas y equivalencias concéntricas. Gracias, Pablo.



jueves, 1 de noviembre de 2012

"Transbordo. Poemas del metro de Barcelona" ya está aquí (y yo vuelo a presentarlo)




Dentro de un rato salgo pa´ Sevilla, mañana aterrizo en Barcelona, y el jueves estaré junto a Joan de la Vega y Sergio Gaspar presentando Transbordo... en el Espai Bohème. Aquí el evento en Facebook. Por contra, lamento perderme el nacimiento de mi sobrina. Mucha ilusión por todo.


martes, 23 de octubre de 2012

estas pintas tenía en 2007


Dentro de nada estará disponible para cualquiera que sepa leer mi último poemario, Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, editado por La Garúa Libros. En realidad, si alguien no sabe leer, puede conformarse con las ilustraciones de Pablo Diartínez, que son realmente espléndidas. Son tan espléndidas que en Publidisa todavía están trabajando en el formato electrónico para que estas pequeñas obras de arte queden tan bien como deben quedar, y esa es la razón por la que la salida definitiva del libro se está retrasando y retrasando a su vez el calendario de la editorial. Ya lo decía Don Antonio. El arte es largo. Hace poco pude recuperar de un viejo DVD una entrevista que se resistía a todos los programas de tratamiento de vídeo que manejo -que, por otra parte, tampoco son muchos, la verdad sea dicha-. Pero, en definitiva, aquí tenéis la entrevista, en ella salgo yo. Por lo menos, sale quien era yo en 2007, o una parte de mí, mi superficie, une tranché de vie divertido ante la expectativa de hablar de mi poesía y de mí mismo en un programa matinal para telespectadores municipales y desocupados. Si la veis hasta el final, podréis comprobar como la entrevistadora tiene que contener la risa cuando me pongo a recitar. Bueno. Después leo un segundo poema, algunos fragmentos del cual se han conservado y ahora forman parte de Transbordo. Y eso es lo que quería decir. Este era yo cuando estaba escribiendo las primeras versiones de Transbordo. Así era yo.