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lunes, 4 de mayo de 2026

Reseña de: Cortarse el cabello, el nuevo libro de relatos de Rosario Villajos

 Reseña publicada en Cuadernos del Sur, el 2 de mayo de 2026

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2026/05/02/relatarse-sobrevivir-129586390.html

RELATARSE PARA SOBREVIVIR


Cortarse el cabello
Rosario Villajos
Seix Barral, 2026.

En esta colección de ficciones Rosario Villajos le da una nueva dimensión a su narrativa 

Por Jorge Díaz Martínez

Sin duda, Rosario Villajos (Córdoba, 1978) es una de las narradoras más singulares de la última década. Además de cantautora y artista plástica ―conocida, entre otras cosas, por sus fotos de arte capilar―, su carrera literaria está siendo meteórica. Publicó su primer libro con casi cuarenta años, la novela gráfica Face (2017), donde ilustraba el borrado identitario de una protagonista enamoradiza. Le siguió Ramona (2019), bildungsroman ochentero cuyas corrosivas escenas revelaban una crítica social y feminista. Dos años después, La muela (2021), dentro de ese subgénero de novelas que recogen el exilio laboral posterior a la crisis del 2008, donde Villajos volvía a combinar la frescura de su estilo con el carácter incisivo de su sarcasmo. Pero fue con La educación física (2023), Premio Biblioteca Breve de Novela, con el que se produjo su definitiva onda expansiva, una obra cuyo tono se endurece en el retrato de una adolescente de los noventa marcada por el malestar físico, social y familiar, sufriendo en su propio cuerpo el sexismo y la violencia simbólica de una época. Llega ahora a las estanterías Cortarse el cabello (2026), su primer libro de cuentos.

Salvo en su novela gráfica ―con su toque a lo Magrite―, Villajos se había mantenido firme dentro de ciertos parámetros realistas; sin embargo, en esta colección se entrega a lo fantástico, pero tiene truco: no estamos ante otra muestra del neorrealismo mágico de moda, sino que lo extraordinario se encuadra aquí en la esfera de lo onírico, lo neurótico y, por ende, en el campo abierto de la literatura popular, esto es, de los cuentos y leyendas tradicionales. Frente a un racionalismo en exceso reduccionista, Villajos abraza lo alegórico como si, conectando con la pérdida paterna, anhelara algo de ese universo infantil. A veces sus relatos pisan la frontera de lo absurdo o lo increíble, pero siempre se mantienen en la zona de razón, como incluyendo todo lo que no tiene explicación, que rebosa de los bordes de nuestras entendederas, dentro de los límites absolutamente consuetudinarios de nuestras experiencias. El recurso de lo onírico y simbólico le permite así dar cuenta de sus mundos interiores, de sus traumas subjetivos encarnados en los protagonistas, esos monstruos obsesivos que procuran, en un intento catártico, la escritura de esta obra. Y es que la autora nos da la reseña ya prácticamente hecha en el epílogo, donde nos revela tanto sus intenciones literarias como las circunstancias personales que incitaron la redacción de estos textos: «hacer así el duelo del duelo de un padre que solo en algunos destellos se parece al mío».

Cada uno de estos episodios puede leerse de forma independiente y, a la vez, sus tramas se entrelazan compartiendo personajes y símbolos, lo que permite entender este conjunto como una especie de novela poliédrica, una ficción basada en hechos cercanos donde pesa más el nudo en el estómago que su resolución explicativa, cuyo anzuelo se engancha en el lector dejándole sin respuestas, porque tal vez la muerte y el cabello sean preguntas cuya respuesta se nos escapa entre los dedos. El cabello que las mujeres de algunos pueblos se cortan como expresión de luto, transmutado en tinta impresa, constituye el Arte Povera de estas hojas, memento mori cheveux d’art de Villajos.

 

viernes, 6 de marzo de 2026

La difícil relación entre una madre soltera y su hija preadolescente: En la boca del lobo, de Elvira Lindo (Booket, 2025)

De Elvira Lindo he leído sus artículos, su literatura infantil y su literatura para adultos. Manolito Gafotas, en clase, con mis estudiantes. Y a solas, su novela A corazón abierto, para mí, una de las mejores de nuestra época. Su última publicación, En la boca del lobo (2025) es una curiosa mezcla de literatura infantil y para adultos. También, de literatura fantástica y realista. Sobre todo, habría que relacionarla con un grupo de novelas que en los últimos años, teniendo como protagonista a un personaje infantil (normalmente una niña en tránsito adolescente) exponen una imagen contraria a esa idealización rosada de la infancia como un mundo inofensivo de ensoñación y descubrimiento. Pienso en novelas como Panza de burro, de Andrea Abreu, Vozdevieja, de Elisa Victoria, Las maravillas, de Elena Medel, La educación física, de Rosario Villajos y, ahora, esta última, En la boca del lobo, de Elvira Lindo. Alguien debería escribir un paper sobre esto. Con lo fantástico, aquí me refiero a una tensión espacio-temporal sin resolver, una dimensión poliédrica, cubista, en la que recibimos abiertamente aquello que se nos cuenta, aunque provenga de un plano distorsionado de la realidad. No hay una explicación final, aclaratoria de la simultaneidad fantasmagórica, simplemente un recorrido discursivo. Habría que hablar también de las problemáticas que trata, de las cuestiones candentes que trae a colación, tan presentes en el debate contemporáneo: lo rural, la pandemia, el abuso, las familias monoparentales, las relaciones intergeneracionales, etc. En especial, la difícil relación entre una madre soltera y su hija preadolescente. En cuanto a su prosa, la frase de Elvira Lindo fluye con plasticidad ensimismada, narcótica, te absorbe en su universo íntimo y descarnado en el que hay lugar tanto para la ternura como para la crueldad, tanto para la fábula como para lo cáustico. Es evidente que la autora ha intentado, con éxito, fundir todos los registros de su producción. Exactamente como en el origen de la novela moderna. En el fondo, un libro duro, más de lo que parece por su suavidad de estilo.



sábado, 14 de febrero de 2026

Reseña a Elena Garro y sus Memorias de España 1937 (Ed. Bamba, 2025) en Cuadernos del Sur

Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba, publica esta semana la reseña de la que ha sido mi primera lectura del año: Memorias de España 1937, de Elena Garro. Se publicó el 14 de febrero de 2026.

Aquí en enlace a la reseña en el Diario Córdoba: Acercamiento a la España de 1937

Y abajo el texto completo de la reseña.


Memorias de España 1937

Autor: Elena Garro.

Bamba Editorial, 2025.

 

Por Jorge Díaz Martínez

 

De la Guerra Civil, los libros que más nos interpelan son aquellos firmados por quienes la transitaron: Clara Campoamor, Arthur Koestler, George Orwell y Ernest Hemingway, por ejemplo. A esta lista hay que añadir a Elena Garro (Puebla, 1916), cuyo viaje de bodas (por así decirlo) con Octavio Paz fue al Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en Valencia, Madrid y Barcelona en 1937. Cuarenta años después, exiliada en Europa y con apuros económicos, juntando apuntes y recuerdos, la mexicana compuso estas Memorias de España 1937, tan bellamente publicadas ahora, con introducción de Patricia Rosas Lopátegui, por Bamba Editorial.  

La vida adulta de Garro estuvo marcada por la adversidad: su tormentoso matrimonio con el futuro Nobel, los abortos a los que se vio forzada, las graves enfermedades que padeció (las suyas propias y las de su hija Helena), el insidioso ostracismo al que la sometieron y un exilio de décadas por motivos políticos. Todavía se la suele excluir de la nómina canónica del boom, a pesar de que su novela Los recuerdos del porvenir, publicada en 1963 pero escrita diez años antes, fuera un prodigio de realismo mágico anterior al del Nobel colombiano. No obstante, la veinteañera que encontramos en Memorias de España 1937 no ha pasado todavía por tales desgracias. Garro logra, con oficio, rescatar la transparencia de una «Elenita» inocente que a menudo verbaliza, pese a los regaños de Paz, aquello que la enerva o desconcierta.

              Por sus ojos claros vemos una galería de retratos mordaces, melancólicos y trágicos: Rafael Alberti, Pablo Neruda, Gerda Taro y Robert Capa, Vicente Huidobro, María Zambrano, Miguel Hernández, Antonio Machado, Luis Cernuda, César Vallejo o Juan Ramón Jiménez, entre muchísimas otras figuras, son descritos con sorna, con saña o con ternura, según los casos. Su mirada (en realidad, no tan ingenua) se rebela a través de una ironía vestida de simpleza, la simpleza con la que la miraban la mayoría de los intelectuales de la época (empezando por su propio marido). Las anécdotas se mezclan con la gravedad de la guerra: la joven Garro es tiroteada en el frente de Madrid, detenida por espía, sufre bombardeos en Barcelona, en Valencia y hasta en Pozoblanco, adonde viaja en coche siguiendo «la ruta de Don Quijote».

              En definitiva, esta obra, este librito, esta especie de diario de una poeta recién casada, tan breve en apariencia, tan enorme por dentro, nos permite asomarnos a un momento crucial de nuestra historia, narrado sin medias tintas, con amargura desmitificadora a veces, casi siempre con la gracia y la frescura de una joven que va descubriendo el mundo, dibujándote una sonrisa en la cara, cuando no directamente una risa, porque si algo destaca en ella es su simpatía, el humor que le sale por los poros y la soltura de su estilo. Cada vez que alguien lee a Elena Garro se está saldando una deuda con una de las escritoras fundamentales de nuestra lengua; o, al menos, se contribuye a restaurar su memoria.  

jueves, 20 de noviembre de 2025

Nostalgia y sátira en: Memorias de un niño de derechas, de Francisco Umbral (en Austral Editorial)



¿Puede un libro entero sostenerse, sin trama ni cartón, en la nostalgia? Se han dado casos de niños de cinco años nostálgicos. Incluso los neandertales la sentían de los viejos tiempos de la glaciación, antes de que vinieran los ‘homo sapiens’ a dar por culo con su sapiencia. A nivel individual, la nostalgia suele coincidir con la época correspondiente a los pocos años que pasan entre la propia infancia y la primera juventud, que en el caso de Francisco Umbral va de la Guerra Civil hasta los años cincuenta. Sin embargo, su nostalgia hace eco en la mía de los años ochenta, e incluso en la de los dos mil ―tanto no habrá cambiado el país. De Umbral se conoce, sobre todo, su caricatura televisiva, pero hay que leerlo: Memorias de un niño de derechas combina la sátira social con renglones como pura poesía. Su nostalgia es un espejo en el que reconocernos, con un poco de grima y repelús, a pesar de la distancia política y tecnológica de la península post crisis inmobiliaria.
Un guiri me preguntaba qué estoy leyendo (él ya lleva veinte años en Granada, pero siempre seguirá siendo británico) y me dice: "Pobrecito, que vivió toda esa época del franquismo". Tal vez pobre, pero no pobrecito. Nadie que escriba así es un pobrecito. Su texto neorrealista es una pintura dura, un retrato cruel, pero a la vez amable y chistoso, alternativa o simultáneamente. Sus increíbles imágenes entreveradas en páginas de reflexiones sociológicas explícitas. Un narrador que se pone, a todas luces, de cachondeo, aunque habrá todavía quien no lo pille, porque no se hizo el Umbral para el hocico de Mercedes Milá.

Su retrato de época es también, como el costumbrismo romántico, el de tipos y tópicos históricos: los moros, las meretrices, las madrinas de la guerra, los pacos (él mismo es otro ‘paco’ umbral de los tejados), las enfermeras del frente, las queridas, el estraperlo, el cine americano y luego el italiano, los realquilados, la tuberculosis, las vocalistas, los niños-vestidos-de-blanco, las chicas topolino, los pederastas, el fútbol, los guateques, los opositores, los enchufados. La sensación de acabar de leerlo como quien termina una época. No está mal subrayarlo en estos tiempos. 

martes, 21 de octubre de 2025

Reseña a: Arte de hablar, de Xavier Guillén (Ediciones del Viento, 2025)

 Reseña publicada en Cuadernos del sur, del Diario Córdoba, 4 octubre 2025: 

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2025/10/04/arte-hablar-xavier-guillen-122206958.html

Esta fue, además, la primera reseña que se publicó sobre la novela. Ahí es nada.


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ARTE DE HABLAR

Xavier Guillén

Ediciones del Viento, 2025

 

Xavier Guillén (El Masnou, 1981) obtuvo el Premio Andalucía Joven de Poesía con su primer libro, ‘Mar negro’ (Renacimiento, 2016), sacó un segundo poemario cinco años después, Amo de casa (Pre-Textos, 2021) y ahora acaba de publicar su primera novela, titulada con acierto Arte de hablar, una obra valiente, divertida y con un trasfondo crítico muy del siglo veintiuno. 

De entre todas las ficciones posmodernas, esta novela es una sátira, sobre todo, de los metarrelatos con los que se promociona la burbuja de las start-ups tecnológicas, en relación con la New Age de los manuales de autoayuda ―económica, cuando ambas esferas se funden en un mismo discurso emprendedor. Para ello, Xavier Guillén se sirve, por un lado, de unos puntos antitéticos de vista encarnados en sus protagonistas y, por otro, de un narrador omnisciente entrometido, que no se corta un pelo en romper la cuarta pared, en frenar el avance de la trama para desmenuzar la etimología de un adjetivo, en hacernos abrir el diccionario o en ponerse a cavilar, como de sobremesa, acerca de la vida, el arte y la política, pues lo que prevalece en estas hojas es el gusto por la conversación, el dejarse llevar por la palabra como puente entre islas, como única tabla de salvación; y de ahí el título.  

El escenario: la canícula asfixiante de Córdoba. La excusa argumental: un enamoramiento a lo Gabriel García Márquez. El estilo: a medio camino entre la exuberancia de Elena Garro y el barroquismo de Lezama Lima, pero con matiz irónico. Hay también como una atmósfera de vaguedad que le cede su asiento al lector: la elipsis funciona aquí como un acelerador de partículas, lo que unido a la brevedad de los capítulos hace que la novela vaya como un cohete hasta el final. Los personajes, reconocibles: el conformismo egoísta de Lola, el pragmatismo antimístico de Paqcar, Stan como un gurú de doble filo, el binomio quijotesco de Máximo y Santiago, la yoguini Candela bajo un continuo chantaje emocional, el prurito filosófico de Julia, siempre distante del mundo material. Entre todos ejecutan, pese a sus constantes intentos de redención, una coreografía del desengaño.

Hace poco vi por casualidad el anuncio de un taller de escritura de best-sellers: el instructor preconizaba la necesidad de emplear una prosa sencilla y transparente, sin adjetivos innecesarios ni frases rebuscadas que entorpecieran la lectura del cliente. Afortunadamente, Arte de hablar se encuentra en las antípodas de tales presupuestos comerciales. La novela de Xavier Guillén es una historia de amor por las palabras, sin menoscabo de su léxico específico, sus figuras retóricas y su plasticidad.

Innúmeros poetas se meten a novelistas, por diferentes motivos y con desiguales resultados. En el caso de Xavier Guillén, con esta obra demuestra que, además de buen poeta, es un narrador de raza, un novelista nato. A veces, en este campo, el árbol maduro da mejores frutos.

 

 

 

domingo, 13 de abril de 2025

Mi reseña a: La comedia de la carne, de Carlos Pardo (La Bella Varsovia, 2025) en Cuadernos del Sur

 Reseña publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2025/04/12/comedia-carne-116256912.html



LA COMEDIA DE LA CARNE

de Carlos Pardo

La Bella Varsovia (2025)

Por Jorge Díaz Martínez

 

En los diez años que median entre la publicación de sus dos últimos poemarios Carlos Pardo se ha afianzado en su faceta de narrador, sumando ya tres novelas. ¿Puede ser, por tanto, casualidad que La comedia de la carne  (2025) sea el más narrativo de sus poemarios? Los vasos comunicantes que vinculan ambas caras de su producción literaria apuntan a una misma voz autorial e inconfundible dentro del panorama editorial en castellano. De hecho, sus últimas entregas, independientemente de su género, señalan conjuntamente hacia lo mismo: el deterioro y la caducidad de las relaciones más íntimas del locutor protagónico, ya sean éstas las de su familia de origen, retratadas a través de la enfermedad de unos padres en absoluto idealizados, o las de su familia de destino, esto es, las de amor y de amistad.

En este nuevo título, Carlos Pardo nos presenta la narración poemática, con sus correspondientes analepsis y tangentes insertadas, de un proceso de ruptura de pareja de tinte intelectual (como W. A. en Annie Hall) desde una perspectiva auto paródica que trasluce, a veces expresamente, una crítica social a las formas de amar tradicionales, monógamas y tóxico-dependientes. No es este el cancionero de un varón uniforme y sobreprotector, sino la retahíla de un sujeto lírico masculino sensible pero alérgico a las enajenaciones del amor posesivo ―u obsesivo, el cual queda relegado al territorio de la elucubración preadolescente. Su escritura basada en hechos reales subraya sobre todo la dimensión de constructo ficcional de esos lazos viscerales con los que parcheamos una cierta supuesta identidad.

En La comedia de la carne Carlos Pardo se rompe la camisa, se libera por fin del consabido corsé del endecasílabo, del poema redondo con cierre argumental. Sin embargo, su voz es la de siempre, reconocemos su acento descreído, es la voz del que indaga en su «pringue emocional» desde una disección de las pasiones que resulta, en este caso, si cabe, aún más afilada, colocándonos delante de las narices algunos rasgos reflejos en los que no quisiéramos reconocernos. La caricia a contrapelo de un racionalista que va desmenuzando la nostalgia como quien ralla queso parmesano… para reconstruirse después desde un timón analítico del ser sentimental. Por supuesto, encontramos fragmentos claramente metapoéticos en su discurso amoroso: «Transformar en belleza el mal gusto común/ que nos es natural a los humanos». Y, como en todos sus libros, hay también un poema dedicado al onanismo.

En definitiva, Carlos Pardo pega un volantazo en su trayectoria poética, prescindiendo de vicios estructurales y dotando al índice de sus versos de un sentido de trama novelesca de la historia de desgaste que nos cuenta. Como rasgo distintivo, destacaría el recurso, para nada novedoso, suavizante del humor. Y en Carlos Pardo es todo muy de humor, pero corrosivo.

 

 

domingo, 1 de diciembre de 2024

'Follar con amor'. Annalisa Marí Pegrum traduce a Lenore Kandel (Colección Torremozas, 2024) Reseña en Cuadernos del Sur

 Reseña publicada en Cuadernos del Sur del Diario Córdoba

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2024/11/30/erotismo-lenore-kandel-112147234.html



EL EROTISMO SAGRADO DE LENORE KANDEL

 

Follar con amor

Autora: Lenore Kandel

Editorial: Torremozas, 2024

Traducción: Annalisa Marí Pegrum

            JORGE DÍAZ MARTÍNEZ

            En los últimos años, han aumentado en el mercado editorial español los estudios y antologías dedicados a la Beat Generation. Esta tendencia viene a revalorizar a uno de los movimientos o grupos literarios más influyentes de la segunda mitad del siglo veinte, a ampliar la nómina de sus autores más conocidos y, por añadidura, poner de relieve el papel de las escritoras en dicho movimiento, las cuales, como es habitual, no habían recibido por parte de la crítica suficiente atención. A esta labor dirige sus esfuerzos la poeta, profesora, dinamizadora cultural, madre múltiple y, por si esto fuera poco, antóloga y traductora Annalisa Marí Pegrum. A ella le debemos la antología Beat Attitude (Bartleby, 2015), así como sus traducciones de Dorothea Lasky, Joanne Kyger, Diane di Prima y, ahora, Lenore Kandel.

            Bajo el título de Follar con amor, esta antología bilingüe nos presenta el erotismo místico de Kandel, precedido por una sucinta introducción que nos da cuenta de las claves biográficas y literarias de la autora, además de un proemio firmado por la propia Kandel en San Francisco en 1967. Su poesía comparte con su generación una escritura de flujo de conciencia, una actitud vitalista y contestataria frente a las directrices de la sociedad norteamericana más conservadora, el influjo de la espiritualidad oriental y el idealismo crítico del movimiento hippie; pero nadie brilla tanto como Kandel en el canto sin tapujos de una sexualidad sagrada y desbordada, hasta el punto de que su primera publicación, The Love Book (1966), fue acusada de pornográfica y retirada de las librerías, teniendo que enfrentar cargos por obscenidad. Como indica Annalisa Marí Pegrum, su poesía “trataba del placer femenino y heterosexual en un momento en el que se suponía que las mujeres no debían expresar tales sentimientos”. La falta de autocensura de Kandel respondía a un principio poético que podríamos resumir, citando de nuevo a la antóloga, como “la muerte de la hipocresía”, el cual guardaba no poca relación con su práctica del budismo zen. En palabras de Lenore Kandel: “Cualquier forma de censura, ya sea mental, moral, emocional o física, ya sea de dentro hacia afuera o de afuera hacia adentro, es una barrera contra la conciencia de uno mismo.”  

Lenore Kandel se retiró al silencio tras un grave accidente de moto en 1970. Sin embargo, sus poemas de juventud, medio siglo después de su publicación, mantienen encendida su viveza, su sorpresa, su capacidad de conmovernos e incluso de epatarnos, además de ofrecernos un modelo literario alternativo al de las prácticas escriturales eufemísticas que saturan el mercado editorial. Honestidad brutal, tanto para escribir como para callar.

domingo, 27 de octubre de 2024

La primera novela de Pablo García Casado: La madre del futbolista. (Visor, 2022) Reseña en Cuadernos del Sur

 Reseña publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba.

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2024/10/26/madre-futbolista-110413849.html


Pablo García Casado

LA MADRE DEL FUTBOLISTA

Visor Libros, 2022

 

Por Jorge Díaz Martínez

En una antigua entrevista, Pablo García Casado declaraba no disponer del músculo necesario para escribir narrativa. Años después, el poeta, tantas veces acusado de excesivo prosaísmo ―su poesía siempre ha levantado ampollas y envidias―, ha terminado por darle el gusto a sus críticos, demostrando al mismo tiempo que no llevaban razón. Su primera novela, La madre del futbolista, está lejos de incurrir en los vicios estilísticos en los que suelen caer los poetas metidos a novelistas. Cierto que su poesía ya venía depurada de retóricas manidas ―en favor de una sintaxis cuasi cinematográfica― e incluso que esta novela bien podría interpretarse como un poema expandido ―a partir de unos versos anteriores―, pero aquí el escritor mete un cambio de marchas diferencial: una prosa rasante que no se separa un centímetro del suelo, sin insomnes monólogos de interior ni intrincadas figuras de expresión, llevada con suavidad por un narrador omnisciente, pero no del todo ausente, que se asoma en incisivos adjetivos e integra en su textura la mirada de los protagonistas, a quienes conocemos ―un poco al modo del iceberg de Hemingway― a partir de sus acciones objetivas y puntuales diálogos de clase media baja.

La obra recolecta las principales obsesiones que el autor ha ido diseminando en sus poemarios: el decorado humano de las urbanizaciones de extrarradio ―símbolo de los márgenes del canon literario y del canon social―  en Las afueras (1997); los viajes de carretera y «ese niño de 11 años que descubre a su mamá/ en un vídeo acompañada de otros hombres» en El mapa de América (2001); la precariedad económica en Dinero (2007); las cuestiones parentales en García (2015) y el submundo de la pornografía en La cámara te quiere (2019); además de su conocida afición futbolística.

Citándolo de nuevo, la vida que nos muestra es la de «un telefilme de bajo presupuesto» donde la progenitora que da título a la obra escapa como puede de unas turbias relaciones familiares, laborales y conyugales, donde la amistad se cimenta en base monetaria y una chapucera productora pornográfica comparte página con corruptelas político-inmobiliarias. En este entorno opresivo, la madre protagonista sobrevive a contrapelo con la mayor dignidad asequible, sin pájaros en la cabeza ni más preocupaciones que llenar la nevera. Sus breves lapsos de alivio coinciden, curiosamente, con el ambiente sórdido del sobresueldo erótico al que tanto sus apuros económicos como su necesidad de salirse del tiesto la empujan. 

sábado, 11 de mayo de 2024

Reseña a: Orden inverso, de Eva Hidalgo (Ediciones En Huida, 2024) en Cuadernos del Sur

Reseña aparecida en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba. 



EVA HIDALGO

ORDEN INVERSO

EDICIONES EN HUIDA, 2024.

 

 

Eva Hidalgo, poeta, profesora, dinamizadora cultural y cordobesa de adopción y de elección, ha publicado este año en Ediciones En Huida su segundo poemario: Orden Inverso. El libro lo componen doce cantos circulares que, como premoniciones, concluyen en el aciago año de 2020. Se trata de una obra más crítica que lírica, cuya sintaxis estilística va hilando realidades aparentemente distanciadas pero vinculadas aquí por la mirada onírica de la autora, quien pone en evidencia las relaciones de poder que las sustentan y en las que, ineludiblemente, los lectores nos hallamos implicados. Las citas iniciales de Paul Celan y de Heidegger ya nos dan una pista sobre la disposición de la autora ante un lenguaje entendido como cárcel y hogar al mismo tiempo, una jaula cuyas limitaciones solamente nos permiten señalar con gestos torpes aquello que verdaderamente quisiéramos expresar. Tienen algo de bíblico estos himnos de aspiración universalista, de tríptico del Jardín de las delicias del tonto sapiens global. Se repite en todos ellos el leit motiv de los «peligros indefinidos» y un estribillo final con variaciones que apunta hacia una «sed» aquí interpretable como insatisfacción orgánica y moral, biológica y cultural. En este Orden inverso nadie sale bien parado: ni la ciencia, ni la historia, ni los nacionalismos, ni las infancias traumáticas, ni los inmigrantes ahogados, ni los ecosistemas devastados por el capitalismo, ni las mujeres condenadas a estereotipadas improntas sexuales, ni los trabajadores   consumidos en su propia vorágine de productividad, ni los sintecho que buscan con sus bolsas de plástico cobijo en nocturnas estaciones de autobús… todas estas figuras quedan presas de una misma explotación inescapable. Le gustaría a la autora formular un hipotético orden menos torcido, en el que los hormigueros de bípedos humanos funcionaran una pizca mejor. Y su protesta es este alegato: una poesía social figurativa. A Eva Hidalgo le queda la sed y la palabra.

 

 

 

 

domingo, 13 de noviembre de 2022

Xavier Guillén, de andar por casa. Reseña en Culturamas de: Amo de Casa (Pre-Textos, 2021).


Enlace a mi reseña del último poemario de Xavier Guillén, publicada en Culturamas el 13 de noviembre de 2022: 

https://culturamas.es/2022/11/13/xavier-guillen-de-andar-por-casa/


Por Jorge Díaz Martínez.

Vengo a hablaros de un poemario que ha pasado demasiado de puntillas por entre la vorágine de posts de novedades supuestamente literarias que compiten en las redes sociales por la preclara atención de los escasos (o no tanto) lectores de renglones troceados. Me refiero al segundo de Xavier Guillén, editado por Pre-Textos en 2021 bajo el rótulo de Amo de casa.

El fenotipo de esta locución consigue lo que se suele esperar de cualquier título, que es llamar la atención ―y más en un contexto de reformulación de los roles de género, aunque el libro no vaya exactamente de eso― y no es en absoluto gratuito, pues se trata de un texto que concede especial protagonismo a las relaciones domésticas, subiendo a la palestra a la práctica totalidad del árbol familiar del narrador.

He dicho narrador porque el autor, de entre la prolífica descendencia de la poesía de la experiencia, sigue esa rama interior que va de las canciones reflexivas de, pongamos por caso, Felipe Benítez Reyes, a la retranca retórica ―sin dejar de ser figurativa, por supuesto― de ingenieros del verso tales como Luis Muñoz, Carlos Pardo y Rafael Espejo, por ejemplo. Lo que Xavier Guillén aporta a esta conocida fórmula es, en primer lugar, su cuidada ejecución y, en segundo lugar, su carácter burlón: un cinismo, o sarcasmo entreverado, de tono coloquial con un fondo de escenas bien tramadas que nos deja un regusto amargo en el paladar y caliente el corazón.

Esta cordialidad confiere a sus poemas una apariencia casual bajo la que se esconde la vil fermentación de sus asuntos: las relaciones familiares, el amor aposentado, la política infame, la práctica epicúrea y el papel que la poesía pinta en todo eso. Dejo para otro lugar un análisis más extenso. Así pues, solo me queda recomendaros de viva letra esta obra cuya coprotagonista responde al nombre de Odile, derivado de oda. Premeditadamente entrañables, conmovedoramente afilados; qué más se puede pedir de unos poemas.

AMO DE CASA

Xavier Guillén

Pre-Textos, 2021.

GEMELAS


Todos los viernes
mi madre compra flores
para su hermana.

Que mi tía y mi madre
fueran gemelas
era cosa de magia.

Me quedaba embobado
ante las imágenes.
Parecían idénticas
salvo que mi madre
llevaba gafas
y se las quitaba
cuando querían confundir
a los mayores.

Recuerdo esas historias. Más tarde,
aprendí que se gestaron juntas,
que compartieron
placenta y confusión
hasta ser alumbradas.
Mi madre, la primera:
llegó de nalgas.
Mi tía venía de cabeza.
Nacieron mirándose
a los ojos.

He acompañado a mi madre
a poner flores frescas
en la tumba de su hermana.
Mientras limpiaba
el cristal del nicho
he visto el rostro de mi madre,
a contraluz,
sin las gafas puestas.

Me ha mirado muy seria
y me ha dicho:
A mí me echáis al fuego,
que ya me dio patadas
en el vientre de la abuela.


 

DÍA SENCILLO


Amanece un día precioso pero frío
para salir tan temprano.
Menos mal que ayer taparon
los geranios y el tomillo del alféizar
con plásticos y pinzas. Campa el hielo.

El matrimonio alarga el desayuno.
Tuestan pan, hierven leche.
Saborean. Reconocen sus gestos.
Untar la miel, apoyar el cuchillo
tras chuparlo con celo, en el plato.
Compases muy antiguos.
Hechizos invisibles y modestos.

Tienen planes hoy. Estar callados.
No echar de menos.
Mirar por la ventana.
Reinar antiguamente.
Al final, el amor llama a la puerta,
pero por dentro.

jueves, 1 de septiembre de 2022

READING TALES FROM THE ALHAMBRA IN THE ALHAMBRA, SACROMONTE GYPSY CAVES AND THE ALBAYZIN


READING TALES FROM THE ALHAMBRA IN THE ALHAMBRA, SACROMONTE GYPSY CAVES AND THE ALBAYZIN 

TALES FROM THE ALHAMBRA
Washington Irving
(First edition in 1832, definitive text in 1851)

Tales from the Alhambra, de Washington Irving, es uno de esos libros que todo el mundo conoce pero nadie ha leído. Cuando digo nadie, digo lectores hispanohablantes, sobre todo españoles, cuyo desconocimiento y desinterés por la literatura anglosajona (me refiero a la clásica, no a las traducciones de Best Sellers) es casi tan natural como a la inversa, la de los angloparlantes para con las letras hispanas. A ello hay que añadir la mala fama de los prosistas románticos y más la de los viajeros ingleses ―aunque Irving era neoyorkino―, a quienes se les achaca una visión en exceso folklórica y costumbrista, redundante en los tópicos del exotismo andaluz. Supongo que ambas circunstancias contribuyen a explicar que no haya leído este clásico hasta ahora. 

Sin embargo, para mí, la obra ha estado siempre presente. En mis primeros años como estudiante universitario en Granada, recuerdo encontrarme varias veces con alguna adusta edición en los pisos de mis amigos extranjeros, no en los de los erasmus, por supuesto, sino en los de los hippies viejos, que en realidad no eran ni tan hippies ni tan viejos, puesto que pagaban alquiler y la mayoría no tendrían más de treinta, edad que por entonces me parecía lejanísima. Su economía de subsistencia, sus trabajos alternativos y sus pintas hacían que los mirara con cierta fascinación, como demostraciones de que otra vida más guay era posible, y ahí, en sus estanterías, estaban esos cuentos icónicos impresos en alguna extravagante lengua europea.

Así pues, como decía, en mis años de universitario, niní, doctorando, sabático y profesor en Granada, de alguna manera, siempre ha estado presente. Era como un titular que podría aplicarse a cualquier superviviente de la urbe. Era un telón de fondo o una música, como los Recuerdos de la Alhambra de Tárrega. Y es que hay libros que modifican el paisaje, las ciudades y tu vida aunque ni siquiera los hayas leído. Tales from the Alhambra es uno de esos libros.

La suma de prejuicios que he mencionado arriba hizo que supusiera que estos cuentos serían algo así como las Leyendas de Bécquer, relatos medievales de muertos y fantasmas. Contrariamente a mis expectativas, es un texto autobiográfico en el que Washington Irving intercala algunos episodios sobre la verdadera historia de la Alhambra.  Su intención no es la de estimular la imaginación del lector, sino al revés, contrastar las fantásticas leyendas populares con los hechos históricos que realmente acontecieron.

La parte historiográfica, aunque pueda resultar más o menos interesante, para mí no lo ha sido tanto como la diarística, en la que el autor relata, de primera mano, sus propias experiencias en Andalucía. Comienza con su viaje a caballo, desde Sevilla a Granada, en compañía de un guía (curiosamente, vasco) y de un príncipe ruso. Este capítulo está contado con más lujo de detalle que sus meses de inquilino en la Alhambra, dentro del propio palacio, viviendo como un sultán. Supongo que esto es así un poco por economía del lenguaje, pero también intuyo que se reserva más de lo que nos cuenta, pero bueno, algunas anécdotas sí que nos cuenta de lo que, efectivamente, al neoyorkino le parecía una vida de cuento.

Cuando Washington Irving llegó a Granada era ya un escritor reconocido, tanto así que sus libros se publicaban a la vez en Londres y Nueva York. Parte de su trabajo consistía en traducir del español, por encargo de sus editores, ciertas crónicas históricas (valga la redundancia), con lo cual, no es extraño que en Tales from the Alhambra, obra surgida de una genuina y espontánea fascinación, combine, como deformación profesional, lo autobiográfico y lo historiográfico. Gracias a su prestigio, durante su estancia en Granada tuvo acceso, nada más y nada menos que a la biblioteca de los jesuitas, un archivo en el que pudo consultar los documentos históricos con los que contrastar las leyendas populares:

«In this old library, I have passed many delightful hours of quiet, undisturbed, literary foraging; for the keys of the doors and bookcases were kindly intrusted to me, and I was left alone, to rummage at my pleasure ― a rare indulgence in these sanctuaries of learning, which too often tantalize the thirsty student with the sight of sealed fountains of knowledge.

In the course of these visits I gleaned a variety of facts concerning historical characters connected with the Alhambra, some of which I here subjoint, trusting they may prove acceptable to the reader. »

Washington Irving llegó a Granada con 46 años y, sin duda, en buen estado físico y anímico, para los palizones que se pegaba y las aventuras que se corría. A mí, que tengo 45, por su forma de escribir, me había parecido treintañero. A ver si se me pega algo. De hecho, para leerlo he seguido una especie de ritual. Me explico. El pasado febrero apunté esta ocurrencia en mi Instagram:

«A veces pienso que los libros debieran ser como las relaciones ―y de alguna manera, en ocasiones muy íntima, lo son―. No empezar una nueva lectura hasta haber concluido la anterior. En mi caso, me temo que padezco una incorregible promiscuidad literaria. 


Escuchar a Beethoven y leer a Irving

una noche de invierno:


Dear Mr. Irving:

It’s raining outside, and I know you were around, not very far from here, two hundred years ago. These narrow streets remember your steps… and very soon it will be Spring again. We Spaniards have softened ourselves a lot, for bad or good, by force. But something still remains: now your writing is the magical mirror of our past. The old quarter sends regards to you. »

Hay libros que se leen del tirón y libros que te acompañan a lo largo de meses o de años. Tengo algunos así. Son amigos discretos, tal y como aconsejaba La Fontaine, lo que no puedo decir de todos mis supuestos amigos de carne y hueso. En fin. Por dónde iba. Ah, sí. Me pasó con Voyage d’une Parisienne à Lhasa, de Alexandra David-Néel, que estuvo nueve meses conmigo, y me ha pasado ahora con Tales from the Alhambra, de Washington Irving, que me ha acompañado medio año. Y aunque algunas noches de invierno he leído un par de páginas en la cama, la mayoría de las veces me ha servido para salir a pasear, porque he querido leerlo en los mismos lugares que inspiraron al autor, aunque sean exactamente los mismos lugares a los que hubiera ido (y voy) a leer cualquier otro libro. Así que algunos días andaba hasta la Alhambra y me sentaba en el bordillo a contemplar las vistas de la Vega y el barrio del Albaicín. Esa vista que tenía ante mis ojos aparecía doscientos años antes descrita en el librito que tenía entre las manos. Os copio aquí un fragmento alusivo, en el que la racionalidad ilustrada casi se deja engatusar por la sensibilidad romántica:

“When one looks upon the fairy traces of the peristyles, and the apparently fragile fretworks of the walls, it is difficult to believe that so much has survived the wear and tear of centuries, the shocks of earthquakes, the violence of war, and the quiet, though not less baneful, pilfering of the tasteful traveller; it is almost sufficient to excuse the popular tradition that the whole is protected by a magic charm. »  

            Otros días, me iba al Mirador de San Nicolás, donde muchas noches los gitanos estaban tocando y bailando como locos, rodeados de turistas, mientras yo leía a mi bola el libro y, cuando levantaba la vista, enfocaba a través de mi miopía los detalles de la Alhambra. Otros días lo he leído en el Mirador de la Ermita de San Miguel Alto. Incluso algunas noches lo he leído en el Huerto del Carlos, mientras algún perro venía y me chupaba la cabeza. Pero, a decir verdad, las más de las veces me he sentado a leerlo en el bordillo del Paseo de los Tristes, a los pies de la Alhambra, a la orilla del Darro. Escuchar el rumor del río Darro y leer a Washington Irving en las noches de verano.



miércoles, 3 de agosto de 2022

Quién te cerrará los ojos. Historias de arraigo y soledad en la España rural. Virginia Mendoza


 Llevo en el bolso Quién te cerrará los ojos, el libro de Virginia Mendoza sobre la despoblación de las zonas rurales. En la terraza del Llévatecafé, en el Albaicín, Emma mira en su móvil anuncios de fincas rústicas. Vemos una tirada de precio, por 25.000€. Y otra con once marjales de aguacates, agua de riego y luz, buen acceso y una caseta de aperos, por 100000€. Como Emma, miles de jóvenes buscan todos los días una parcela en un pueblo, un lugar alejado del mundanal ruido en el que cultivar sus tomates y ganar en autosuficiencia. Pero no son los únicos. Los grandes fondos de inversión también han puesto sus ojos sobre el campo. Las multinacionales agrícolas buscan grandes latifundios en los que implementar sus sistemas de cultivo intensivo haciendo uso de cantidades industriales de pesticidas, herbicidas y quién sabe qué más. Aquellos que viven cerca de sus explotaciones saben bien en qué acaba todo eso, por eso evitan beber el agua de los pozos y a veces ni siquiera la del grifo. La indefensión de los pequeños agricultores y ganaderos, a la vez propietarios y trabajadores de sus fincas, la lucha desigual entre sus sistemas tradicionales de cultivo que se mantienen en equilibrio con el medio y las explotaciones que convierten el campo en una fábrica, un océano de plástico o una macrogranja para llenar los bolsillos de personas que no viven allí ni les importa la contaminación de los acuíferos, la alteración los ecosistemas o la desaparición de culturas centenarias, no es nueva.

El campo sigue siendo ese lugar al que volver, aunque sea de turismo rural, pero la despoblación sigue ganando la partida. En Quien te cerrará los ojos, Virginia Mendoza nos habla de Eugene Smith, el fotógrafo que sorteó la censura franquista para publicar en Life las imágenes de una posguerra mísera y profunda. Nos habla de las novelas de Miguel Delibes y Julio Llamazares, del ensayo de Sergio del Molino. Pero sobre todo nos habla de personas reales, los últimos habitantes de sus pueblos, portadores de dialectos que morirán con ellos. Podemos imaginarla por rincones olvidados de la geografía española, acercándose al umbral de cortijos semiderruidos, llamando a viejas puertas de madera para encontrar la voz de los supervivientes, aquellos que se han quedado, que se han negado a marcharse, y también la de aquellos urbanitas que han querido volver a sus raíces.

Los renglones de este libro me recuerdan a las arterias de un organismo vivo, porque sus episodios, pequeños reportajes literarios, nacen de su convivencia con estos rebeldes empecinados, con la memoria de un tiempo en extinción, con candiles de aceite, establos y gallinas. Algunos solo esperan que, con ellos, desaparezca su pueblo, mientras que otros se empeñan en restaurar sus calles y sus casas. Las historias que nos cuenta Virginia son una pequeña muestra de millones de vidas anónimas cuyas tragedias nunca conoceremos, habitantes que lucharon, trabajaron, se enamoraron perdidamente, tuvieron hijos y esperanzas y duelos, los llamaron incultos, atrasados, analfabetos, expropiaron sus terrenos, inundaron sus pueblos, sus hijos emigraron y el estado los abandonó, los dejó incomunicados, sin correos, sin escuelas ni campanas en la Iglesia. Los capítulos de este libro te pegan un pellizco en el pecho.

“Si la casa es el lugar al que volver, tener pueblo es una versión sentimental de tener casa. Necesitamos la casa del pueblo, la de la abuela y, si no tenemos pueblo, posiblemente echaremos de menos un lugar en el que nunca estuvimos”.

Virginia termina recordándonos a Azarías, el personaje de Los santos inocentes que se orina en las manos para que no se le agrieten con el frío. Virginia nos dice: “La ruptura entre su mundo y el nuestro no solo ocurre en la epidermis: también sucede cuando el Azarías se mea en las manos y unos reaccionamos con asco y otros con indiferencia.” En la terraza del Llévatecafé, yo estoy preocupado por las medusas, esta tarde me bajo a la playa. Clara que me dice que, aunque me parezca raro, el mejor tratamiento para las picaduras es la urea, sí, la propia orina. Por lo visto, no todo está perdido.  

lunes, 1 de agosto de 2022

Reseña/opinión a: Vozdevieja, de Elisa Victoria

 

La posición periférica de los cómics en el campo de los géneros narrativos les ha permitido profundizar en zonas alejadas del canon de lo aceptable, lo reconocible y, por usar un término decimonónico, “lo burgués”. Estas áreas incluyen la fantasía, el erotismo, el terror y lo grotesco, en las que ha acabado sacándole bastante ventaja a la literatura “pura”. Mucha de esta libertad autoconcedida hay en la primera novela de Elisa Victoria, Vozdevieja (así, todo junto). Empieza por mostrarnos el placer de la protagonista, Marina, una niña de nueve años, viendo cagar a su abuela, entre otras escenas escatológicas. Otro aspecto tabú, el de la sexualidad infantil, aparece sin tapujos. Es una novela densa, redactada en presente y con una sintaxis a destajo: la mirada directa de la prota. Ambientada en la Sevilla de los noventa, con la resaca de la Expo, están muy bien captados los giros del habla coloquial, con toda su carga emocional. A veces se me ha hecho difícil, precisamente por esa atmósfera asfixiante en la que vive Marina, cuyas mejores vías de escape ante la dependencia infantil, la precaria situación familiar y las constricciones de su psicología (la frustración del amor y del deseo), son los filetes empanados, las escenas sangrientas hurtadas de los cómics y la pornografía. En ocasiones, Marina me ha resultado inverosímil, por la excesiva madurez de algunos de sus diálogos. Poco a poco, consigue transmitirnos, a través de su disgusto, no solamente una crítica social muy pertinente, sino también, o sobre todo, una sensibilidad en la que reconocernos ―y no me refiero a lo gore, eso ya dependerá de los gustos―. En las pausas que he hecho, he notado ese poso de lectura: el mundo de Marina se me había metido dentro, me llamaba para que siguiera tirando del hilo. En definitiva, un libro que a veces puede resultar muy agobiante, otras veces desagrada, otras veces enternece y al final merece la pena. De diez. 

martes, 12 de abril de 2022

Reseña a: Lorca. Basado en hechos reales, de Miguel Caballero.


Miguel Caballero.
Editorial Carpe Noctem

La perspectiva biográfica sobre la literatura viene siendo despreciada desde hace más de un siglo. Los estudiosos de Teoría de la Literatura conocen bien este periplo que, a lo largo de las décadas, iba desde el autor hasta la sociedad, la historia y la cultura, desde el texto en sí mismo, intrínseco y exento, a su público receptor, su contexto pragmático, semiótico y sistémico. Esta obra nos devuelve al comienzo del camino, a los "hechos reales" de aquel tiempo, de la vida de Federico García Lorca, su familia y muchas otras familias, que tuvieron que ver directamente en la redacción de sus poemas y tragedias, y sin los cuales éstas no pueden explicarse sino sesgadamente.

Por si esto fuera poco, este estudio nos demuestra también cómo, desde la propia literatura, desde la propia obra y escritura de Federico, las consecuencias saltaron, o se tradujeron, de nuevo hasta su vida, hasta sus huesos. 

Esta obra nos avisa de que la literatura no es un elemento inerte, un objeto aséptico de estudio, ni un mero entretenimiento, sino que sus ramificaciones nos alcanzan –sea positiva, negativa, o ambas mentes a la vez– a veces brutalmente, como fue, por desgracia, el caso de Federico.

Esta obra nos enseña que vida y literatura no están tan separadas como los estudios estructuralistas querían hacernos creer. ¿Qué pasaría si en las escuelas se enseñara que ciertas personas, reales e históricas, y sus familias, en las que Lorca se había inspirado para la creación de sus personajes, estuvieron directamente implicadas en su ejecución sumaria? 

¿Qué pasaría si en las escuelas se enseñara, por ejemplo, que los descendientes de los asesinos de Antoñito El Camborio (sin comillas) siguen, a día de hoy, teniendo en propiedad algunos de los bienes inmuebles que sus antepasados inmediatos les arrebataron a esta familia gitana, en aquellos infames años de la sangre con la que se lavaban las rencillas rurales?

La maravilla que es la obra de Federico no necesita, desde luego, que el lector conozca estos sucesos para disfrutar de ella, y eso es lo que la hace grande y universal. Pero su conocimiento, desde luego, tampoco sobra; y de hecho, contribuye a completar una visión más certera de la génesis y el funcionamiento –en ocasiones, tan cruel– recíproco de vida y literatura.