blog de Jorge Díaz Martínez

Mostrando entradas con la etiqueta La Bella Varsovia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Bella Varsovia. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de febrero de 2026

Intensidad dramática de: Amarilis, de Natalia Litvinova (La Bella Varsovia, 2025)




DENTRO DEL AMARILIS DE NATALIA LITVINOVA


A diferencia de su anterior poemario, La nostalgia es un sello ardiente, que nos llevaba a la Bielorrusia de su infancia, Amarilis nos transporta a un territorio mítico, de sabor grecolatino. No se trata de la genealogía trágica de sus raíces eslavas, sino de una dramaturgia de la psique telúrica. Sin embargo, en ambos se transparenta un mismo estilo, algo que tiene que ver con el peso que Natalia Litvinova es capaz de imprimir en la palabra. En este caso, las personas biográficas se han sustituido por personajes simbólicos: una mujer, el Toro, Amarilis y las ancestras, que actúan como una especie de fuerzas de la Naturaleza: lo femenino, lo masculino, una interlocutora (u oyente vegetal en la que reflejarse en una dimensión donde no es tan extraño hablarle a una flor sobre un Toro) y la sabiduría (o sororidad) ancestral. Como tales, trascienden los límites de lo individual para abrazar, en amorosa danza ―porque es un libro de amor― lo colectivo, la complementariedad de los opuestos: «Qué es el amor sino un avance de la naturaleza sobre mi cuerpo» ―se pregunta. La voz fundamental es la de ella, la mujer que versifica solo con mover los pétalos al igual que una flor de carne y hueso: «El viñedo salvaje se enreda en mis senos/ las uvas de mis pezones brotan y se pudren». Es su punto de vista quien nos habla, quien desgrana el deseo. Sus imágenes profundas sacan a flote lo oculto, como un susurro o una confidencia que no se puede aguantar: «Sus pezuñas se ablandaron como corteza de pan mojada en leche». En Amarilis los versos tienen algo de ritual y de diálogo. Natalia Litvinova se ha reinventado a sí misma escribiendo una mitología contemporánea: «No dejé que me picaran las certezas de los demás» ―nos dice. De lo histórico concreto a lo absoluto anacrónico. Y una misma intensidad de fondo.

domingo, 13 de abril de 2025

Mi reseña a: La comedia de la carne, de Carlos Pardo (La Bella Varsovia, 2025) en Cuadernos del Sur

 Reseña publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba

https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2025/04/12/comedia-carne-116256912.html



LA COMEDIA DE LA CARNE

de Carlos Pardo

La Bella Varsovia (2025)

Por Jorge Díaz Martínez

 

En los diez años que median entre la publicación de sus dos últimos poemarios Carlos Pardo se ha afianzado en su faceta de narrador, sumando ya tres novelas. ¿Puede ser, por tanto, casualidad que La comedia de la carne  (2025) sea el más narrativo de sus poemarios? Los vasos comunicantes que vinculan ambas caras de su producción literaria apuntan a una misma voz autorial e inconfundible dentro del panorama editorial en castellano. De hecho, sus últimas entregas, independientemente de su género, señalan conjuntamente hacia lo mismo: el deterioro y la caducidad de las relaciones más íntimas del locutor protagónico, ya sean éstas las de su familia de origen, retratadas a través de la enfermedad de unos padres en absoluto idealizados, o las de su familia de destino, esto es, las de amor y de amistad.

En este nuevo título, Carlos Pardo nos presenta la narración poemática, con sus correspondientes analepsis y tangentes insertadas, de un proceso de ruptura de pareja de tinte intelectual (como W. A. en Annie Hall) desde una perspectiva auto paródica que trasluce, a veces expresamente, una crítica social a las formas de amar tradicionales, monógamas y tóxico-dependientes. No es este el cancionero de un varón uniforme y sobreprotector, sino la retahíla de un sujeto lírico masculino sensible pero alérgico a las enajenaciones del amor posesivo ―u obsesivo, el cual queda relegado al territorio de la elucubración preadolescente. Su escritura basada en hechos reales subraya sobre todo la dimensión de constructo ficcional de esos lazos viscerales con los que parcheamos una cierta supuesta identidad.

En La comedia de la carne Carlos Pardo se rompe la camisa, se libera por fin del consabido corsé del endecasílabo, del poema redondo con cierre argumental. Sin embargo, su voz es la de siempre, reconocemos su acento descreído, es la voz del que indaga en su «pringue emocional» desde una disección de las pasiones que resulta, en este caso, si cabe, aún más afilada, colocándonos delante de las narices algunos rasgos reflejos en los que no quisiéramos reconocernos. La caricia a contrapelo de un racionalista que va desmenuzando la nostalgia como quien ralla queso parmesano… para reconstruirse después desde un timón analítico del ser sentimental. Por supuesto, encontramos fragmentos claramente metapoéticos en su discurso amoroso: «Transformar en belleza el mal gusto común/ que nos es natural a los humanos». Y, como en todos sus libros, hay también un poema dedicado al onanismo.

En definitiva, Carlos Pardo pega un volantazo en su trayectoria poética, prescindiendo de vicios estructurales y dotando al índice de sus versos de un sentido de trama novelesca de la historia de desgaste que nos cuenta. Como rasgo distintivo, destacaría el recurso, para nada novedoso, suavizante del humor. Y en Carlos Pardo es todo muy de humor, pero corrosivo.

 

 

domingo, 14 de febrero de 2021

Reseña a: Vivir de oído, de Andrés Neuman (La Bella Varsovia, 2018)

 






Vivir de oído
Andrés Neuman
La Bella Varsovia, 2018

Andrés Neuman es un caso ―escaso en la contemporaneidad― de escritor total. Si como novelista un autor está normalmente abocado a cierta consideración comercial, en Vivir de oído, su más reciente poemario, Neuman dirige el código a una inmensa minoría. 

Este libro destaca por su inteligencia, la sofisticación de sus imágenes y la profundidad de un pensamiento ducho en introspección, ese vicio de las mentes en exceso reflexivas que vuelven a pasar por sus circunvoluciones en busca de un error, una tercera lectura o un matiz. En los tiempos de la poética instantánea de Instagram, Andrés Neuman nos ofrece un discurso casi psicoanalítico, que combina digresiones de índole doméstica y fenomenológica, pero siempre a la luz de una retórica culta que a la vez las resigna que decora ―es decir, reproduce su sentido mientras guarda el decoro―.   

Esta racionalidad ―digamos, confuciana― puede parecer fría, cuando es solo el resultado de sostener la emoción con la metáfora. Y si bien es necesario que el lector participe ―no sé si me explico― no es tampoco una poesía oscura. De hecho, es bastante biográfica. Tanto así que el leitmotiv del libro, esa especie de sinestesia musical que lo atraviesa, tiene mucho que ver con sus raíces. Diría que, pasada la cuarentena (de la edad), Neuman ha dado a la imprenta su poemario más personal, hasta el momento. Ilustrado y romántico, con intuición y técnica, tiene la facultad de abrir al sentido las ideas. 

 

miércoles, 24 de abril de 2013

Carmen Jodra murmura para nosotros

 


Acabo de leer Rincones sucios, de Carmen Jorda, y no he podido evitar recordarla en una de esas noches literarias con motivo de cualquier cosa que no recuerdo. Poetas vagando calle arriba y calle abajo, de un piso a otro, por las aceras de Granada. Hablaba sola, murmuraba continuamente algo ininteligible. Eso recuerdo. Su poesía no es tan distinta, pero el hecho de estar impresa la hace más inteligible: habla de la oscuridad, de su oscuridad. Muy deprimente, me ha encantado.

El amigo que es joven no es joven ni es amigo.
Hay vino y opio y sexo, hay casa y hay abrigo
para la noche negra y frágil madrugada
que despliega su muerte como una flor cansada.

Carmen Jodra
Rincones sucios
La Bella Varsovia, 2011.

domingo, 21 de octubre de 2012

A propósito de "Ruido blanco", de Raúl Quinto




Reseña aparecida en Culturamas

DE POESÍA Y NARRATIVA. A PROPÓSITO DE RUIDO BLANCO, DE RAÚL QUINTO


Ruido blanco 
Raúl Quinto
La Bella Varsovia, 2012.


Me interesa hablaros de Ruido blancoel último poemario de Raúl Quinto, debido a dos cuestiones, principalmente. La primera es la periódica necesidad que manifiestan sucesivas promociones de poetas de encontrar nuevas formas de escritura poética ante el hartazgo de un tono lírico que se considera obsoleto. Se trata de la famosa prerrogativa rimbaudiana según la cual un artista ha de ser “absolutamente moderno”. Ni que decir tiene que el mismo ánimo impulsa a numerosos autores actuales. El cansancio ante el típico libro de poemas empuja a estos creadores a buscar una alternativa capaz de renovar el género, capaz de hallar esa forma “absolutamente moderna”. El término forma comporta cierta incomodidad, pues sabemos que la dicotomía entre fondo y forma resulta teóricamente insostenible. No obstante, la distinción puede seguir resultándonos útil para cierto nivel de análisis. Es evidente, y en algunos casos explícito, que muchos de estos intentos de renovación poética han recurrido a la incorporación de universos semánticos poco frecuentes en la tradición de la poesía castellana. Sin embargo, esta operación no constituiría por sí misma una renovación poética. Pensemos, por ejemplo, en un libro como El tamaño del universo, de Ángela Vallvey, dedicado al ámbito científico, a la física y la astronomía, desde una perspectiva histórica, a lo largo de una serie de poemas compuestos claramente según el patrón de la poesía de la experiencia. Este libro, de estructura lineal, casi didáctica, puede resultar muy hermoso, y en mi opinión lo es, pero en cuanto a innovación literaria su aportación se limita a la de una “temática extraña”. Así pues, el aspecto fundamental de los intentos de renovación poética acaecidos en los últimos años tendría que ver –como siempre- con la técnica literaria propiamente dicha. Creo que el primer gran libro en este sentido, para la última promoción de autores que ha querido diferenciarse tajantemente de la poesía de los ochenta, fue Las afueras, de Pablo García Casado. En esta “oposición” tendrían cabida numerosas escuelas y autores, por supuesto, entre las que podemos citar propuestas tan diferentes como las de Agustín Fernández MalloDavid González o Antonio Orihuela, por citar solamente algunos nombres muy conocidos. Pues bien, a este empeño creo que podemos sumar la reciente publicación de Raúl Quinto, Ruido Blanco. Si en sus anteriores entregas, La piel del vigilante y La flor de la tortura, dedicadas a temáticas relativamente novedosas dentro de la poesía española -como el universo de los cómics de superhéroes- sus poemas no terminaban de despegarse de los procedimientos habituales dentro la poesía figurativa de los ochenta, en este último poemario, en cambio, la distancia es ya manifiesta.

Había comenzado mencionando dos cuestiones. La segunda de ellas se refiere al hecho de que muchas de estas tentativas de renovación de la poesía actual, sin estar en la mayoría de los casos vinculadas en origen, pueden tener en común algo más que el deseo de superación de los cauces pretéritos. El discurso de la narrativa, al contrario que el de buena parte de la poesía española, ha sabido avanzar con el curso de los años, incorporando técnicas que lo acercan a eso que se suele denominar como la “sensibilidad de nuestro tiempo”, tal vez debido no tanto a su estrecha relación con el mercado y un público general -con las consecuencia de prosa comercial que todos conocemos- como por una paradójica contrapartida que otorgaría a unos pocos autores mayor libertad creativa y desinhibición a la hora de romper moldes preestablecidos. En cambio, el pequeño redil de la poesía ha permanecido hasta cierto punto hermético, ha tendido a cerrarse sobre sí mismo, a la reelaboración de sus temas y tópicos, apenas disimulados bajo una capa de pintura léxica –con la salvedad, por supuesto, de unas cuantas honrosas excepciones. Pues bien, lo que guardarían en común buena parte de las varias propuestas de poética acaecidas en los últimos años puede consistir precisamente en su importación de recursos provenientes de la narrativa. Cuando leemos, por ejemplo, los programas de “poética” de Pablo García Casado, no es difícil encontrar que muchas de sus preocupaciones, como la introducción de puntos de vista excéntricos y voces de personajes que lo alejen del “ego romántico”, coinciden con los aspectos técnicos que normalmente preocuparían a un narrador. En el caso de Agustín Fernández Mallo, se trata precisamente del abanderado de la última “generación” de la narrativa española, denominada mediáticamente generación nocilla. En cuando a David González, la diferencia entre sus impactantes relatos y sus dramáticos poemas, parece residir en ocasiones en la mera disposición gráfica. Y en lo tocante a Raúl Quinto, se ha revelado también recientemente como un escritor anfibio publicando un deslumbrante ensayo narrativo, Idioteca, con el que Ruido blanco guarda cierta similitud composicional y estilística, hasta el punto de que muchas veces es difícil decidir, en ambas obras, qué hace de algunos fragmentos textos de poesía o de prosa. Y quizá esta incapacidad de diferenciación genérica de algunas secciones dentro de un mismo texto literario pueda leerse –aunque no siempre- como una suerte de sublimidad. Lo mismo nos sucede ante un poemario tan diferente al que ahora comentamos como es La adoración, de Juan Andrés García Román. Pero, sin duda, esta característica ha estado presente a lo largo de toda la historia literaria. Cualquiera puede recordar la experiencia de haber pasado por algún fragmento de obras narrativas que le resultara especialmente poético –como, por citar un ejemplo arquetípico, el “capítulo 7” de Rayuela-, y algo parecido ocurre, asimismo, a la inversa.

Esto no significa que no se den también propuestas poéticas entre los jóvenes autores que busquen esa diferenciación y esa voz propia mediante otros medios. En concreto, la promoción de poetas que se encuentra actualmente en la veintena parece hacer uso de otros procedimientos y escribir desde otros referentes. Pero sí creo que buena parte de las alternativas surgidas hasta el momento son susceptibles de entenderse desde este punto de vista, es decir, desde su relación con la narrativa, algo que no sería ajeno, por supuesto, ni siquiera a la propia poesía de la experiencia, lo cual plantearía el problema de los diferentes tipos de trasvases de técnicas narrativas por parte de las distintas escuelas de poesía, o más allá todavía, qué hace de ciertos procedimientos recursos típicamente narrativos, cuando han formado parte de la estructura de los textos pertenecientes a la lírica desde sus inicios. En cualquier caso, el vínculo con la prosa ha estado presente en el discurso poético desde sus mismos orígenes. Salta a la vista el componente narrativo del que se sirven muchas de las obras clásicas, incluso aquellas que se presentan como cimas del lenguaje poético, como puedan ser las Églogas de Garcilaso o el Polifemo de Góngora. Ya en el siglo veinte, suele citarse el prosaísmo de Antonio Machado o el de la Generación de los 50. Así, no es tan extraño que en su búsqueda de una poesía otra, los nuevos poetas se inclinen por un discurso híbrido, como este de Ruido blanco, articulado en torno a una anécdota terrible…


martes, 8 de noviembre de 2011

Tenían veinte años y estaban...

 
 
 
   
 



http://www.culturamas.es/blog/2011/11/08/tenian-veinte-anos-y-estaban-locos/


TENÍAN VEINTE AÑOS Y ESTABAN LOCOS
Edición de LUNA MIGUEL
Edita: La Bella Varsovia, 2011.


Siempre es satisfactorio comprobar que, efectivamente, la poesía no ha muerto. Luna Miguel se encarga de recordárnoslo desde el título de sus libros y desde la antología Tenían 20 años y estaban locos, editada por La Bella Varsovia.

Presenta varias virtudes esta sorprendente antología de poesía joven. La primera es que no se parece a la típica antología de poesía joven. No contiene un programa estético enarbolado a modo de etiqueta de guerra o solapado en burdas pedanterías, no defiende ningún cambio concreto de poética, simplemente señala la natural alternativa generacional mediante la anunciación de una nueva hornada de poetas prolíficos y calientes. No se orienta contra ninguna escuela precedente ni excluye a otras tendencias coetáneas pero opuestas, precisamente porque aúna una diversidad de poéticas realmente independientes. No es diferenciadora, sino integradora. Tampoco es pretenciosa, se anuncia como lo que es: simplemente un catálogo de nuevas voces frescas.  Y por último, se trata de una antología de poesía joven donde los poetas son realmente jóvenes.

Por eso, la única particularidad que aglutina a los seleccionados sobrepasa los márgenes de la literatura: su pertenencia a una generación que ha crecido (nacido, casi) teniendo la world wide web como medio natural de comunicación y, por ende, también como soporte directo de la literatura, ya sea como emisores o como receptores.

Otros rasgos comunes que pudieran deducirse de las poéticas de algunos de los elegidos no serían, con mucho, aplicables al conjunto de ellos. No obstante, sí me atrevo a advertir una cierta frescura y desenfado en el tono que, sin ser tampoco completa novedad, puede empezar a verse como una actitud normalizada, en vez de como una extraña ferocidad marginal o heterodoxaY es que hace treinta años ya de la Movida. Lo suficiente, por lo visto, para que las letras se desperecen y despabilen un poco. No es raro, por eso, que  alguno de estos poetas pueda pensar que, a día de hoy, un tono serio no es una propuesta seria. Y menos a los veinte. Pero, como decía, no existe una tendencia homogénea y creo que eso también debería verse como un signo de salud. Incluso diría que una iniciativa como esta, capaz de agrupar en una misma edición a autores de tan distinto corte, es una buena forma de dejar en evidencia lo infantiles y ridículas que resultan las tradicionales trifulcas entre pandillas rivales de poetas.

Y, realmente, ¿merecen la pena estos nuevos poetas? ¿Tienen algo que decir? ¿No son más de lo mismo? ¿Aportan algo? Mi opinión puede deducirse del párrafo primero. Sólo quiero añadir que, a pesar de las sorpresas que depara la lectura, este muestrario es solo una parte de un proyecto más amplio que bajo el mismo título continúa incorporando apellidos al parnaso de jóvenes poetas y cuyas actualizaciones pueden seguirse on line en el tumblr de Tenían veinte años y estaban locos.