De Elvira Lindo he leído sus artículos, su literatura infantil y su literatura para adultos. Manolito Gafotas, en clase, con mis estudiantes. Y a solas, su novela A corazón abierto, para mí, una de las mejores de nuestra época. Su última publicación, En la boca del lobo (2025) es una curiosa mezcla de literatura infantil y para adultos. También, de literatura fantástica y realista. Sobre todo, habría que relacionarla con un grupo de novelas que en los últimos años, teniendo como protagonista a un personaje infantil (normalmente una niña en tránsito adolescente) exponen una imagen contraria a esa idealización rosada de la infancia como un mundo inofensivo de ensoñación y descubrimiento. Pienso en novelas como Panza de burro, de Andrea Abreu, Vozdevieja, de Elisa Victoria, Las maravillas, de Elena Medel, La educación física, de Rosario Villajos y, ahora, esta última, En la boca del lobo, de Elvira Lindo. Alguien debería escribir un paper sobre esto. Con lo fantástico, aquí me refiero a una tensión espacio-temporal sin resolver, una dimensión poliédrica, cubista, en la que recibimos abiertamente aquello que se nos cuenta, aunque provenga de un plano distorsionado de la realidad. No hay una explicación final, aclaratoria de la simultaneidad fantasmagórica, simplemente un recorrido discursivo. Habría que hablar también de las problemáticas que trata, de las cuestiones candentes que trae a colación, tan presentes en el debate contemporáneo: lo rural, la pandemia, el abuso, las familias monoparentales, las relaciones intergeneracionales, etc. En especial, la difícil relación entre una madre soltera y su hija preadolescente. En cuanto a su prosa, la frase de Elvira Lindo fluye con plasticidad ensimismada, narcótica, te absorbe en su universo íntimo y descarnado en el que hay lugar tanto para la ternura como para la crueldad, tanto para la fábula como para lo cáustico. Es evidente que la autora ha intentado, con éxito, fundir todos los registros de su producción. Exactamente como en el origen de la novela moderna. En el fondo, un libro duro, más de lo que parece por su suavidad de estilo.
viernes, 6 de marzo de 2026
martes, 3 de marzo de 2026
Reseña a: Geografía escrita (Ed. Candaya), de Álex Chico, en Cuadernos del Sur
Reseña publicada en Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba, a 28 de febrero de 2026.
Podéis leerla aquí: Geografía escrita, de Álex Chico, en Cuadernos del Sur
Y también aquí abajo:
Geografía escrita
Autor: Álex Chico
Editorial: Candaya, 2025.
Por
Jorge Díaz Martínez
Los
libros de Álex Chico (Plasencia, 1980) casi siempre caminan entre lindes y Geografía escrita no es una excepción. Se trata de una recopilación de
artículos cuya prosa combina la crónica de viajes y el ensayo, explorando las
tensiones que entre un lugar y su escritura se entrelazan; y por añadidura, la
imbricación subjetiva entre lo vivido, lo imaginado y lo leído, lo real y lo
ficticio. La obra ahonda en esa ambigüedad, fundiendo biografía y
metaliteratura en una serie de entornos y ciudades en las que el paisaje dialoga
con la imagen de su múltiple escritura.
La textura
ligera de su estilo contrasta con la acumulación diabólica de citas literarias,
pictóricas o cinematográficas asociadas a los sitios que transita. Cada página
es un mapa cuya leyenda apunta hacia otras páginas, un entramado arbóreo de hipertextualidad
apabullante: el itinerario convoca profusamente a otras lecturas/vivencias
desdobladas, hilvanando lo leído y lo visto y subrayando las irregularidades
que dicha fricción suscita. ¿Ha salido el viajero de sí mismo o tal vez sigue leyendo
en esa Habitación en W con la que titulaba uno de sus poemarios? El sujeto
narrativo reconoce: «No sabría decir exactamente si mi memoria del lugar
pertenece a una vivencia propia o a una ficción que cayó en mis manos». Algunos
de sus viajes, de hecho, podrían pasar por retazos de lecturas, puras
fabulaciones culturalistas, como si la letra impronta hubiera suplantado a la
naturaleza física; aunque, por lo general, ambas facetas se dan inseparables,
como en su visita a Blanes rastreando las huellas de Bolaño.
De
especial interés resulta la voz del narrador, un locutor cercano y, al mismo
tiempo, sospechoso, reduplicado a sí mismo en el comentario de sus propias anotaciones,
desplazándose del cuerpo a un cuadernillo y de ahí a su reescritura, donde
revive y transcribe sensaciones, sentimientos y, a menudo, se pregunta «quién
ha generado a quién, si el lugar al texto o viceversa». Entre líneas estimula
la agudeza del lector y, de paso, despliega un laberinto borgiano de bifurcaciones.
El recorrido, segmentado y episódico, incluye las principales ciudades de su
biografía: Plasencia, Salamanca, Granada e, infiltrada, Barcelona; algunos destinos
turísticos habituales, tales como Buenos Aires, Praga, Berlín o Auschwitz; recónditos
parajes de La Vera y La Provenza; y también otros enclaves, desde el punto de
vista europeo, más exóticos, como los cholets bolivianos y el lago de Titicaca.
De este modo,
Álex Chico nos ofrece una cartografía íntima en la que el territorio se adhiere
a su biblioteca, «esa geografía leída, más que visitada» que le da pie, por
ende, a relatar numerosas anécdotas de otros escritores. En definitiva, Geografía
escrita nos recuerda que, a veces, más que el regreso, importa la partida: irse
de Ítaca.

