Cuadernos del Sur, del Diario Córdoba, publica esta semana la reseña de la que ha sido mi primera lectura del año: Memorias de España 1937, de Elena Garro. Se publicó el 14 de febrero de 2026.
Aquí en enlace a la reseña en el Diario Córdoba: Acercamiento a la España de 1937
Y abajo el texto completo de la reseña.
Memorias
de España 1937
Autor: Elena
Garro.
Bamba Editorial, 2025.
Por Jorge Díaz
Martínez
De la Guerra
Civil, los libros que más nos interpelan son aquellos firmados por quienes la transitaron:
Clara Campoamor, Arthur Koestler, George
Orwell y Ernest Hemingway, por ejemplo. A esta lista hay que añadir a Elena
Garro (Puebla, 1916), cuyo viaje de bodas (por así decirlo) con Octavio Paz fue
al Congreso de Intelectuales Antifascistas celebrado en Valencia, Madrid y
Barcelona en 1937. Cuarenta años después, exiliada en Europa y con apuros
económicos, juntando apuntes y recuerdos, la mexicana compuso estas Memorias de España 1937, tan bellamente publicadas ahora, con introducción de Patricia
Rosas Lopátegui, por Bamba Editorial.
La vida adulta de Garro estuvo marcada por la
adversidad: su tormentoso matrimonio con el futuro Nobel, los abortos a los que
se vio forzada, las graves enfermedades que padeció (las suyas propias y las de
su hija Helena), el insidioso ostracismo al que la sometieron y un exilio de
décadas por motivos políticos. Todavía se la suele excluir de la nómina
canónica del boom, a pesar de que su novela Los recuerdos del porvenir, publicada en 1963 pero escrita diez años
antes, fuera un prodigio de realismo mágico anterior al del Nobel colombiano. No
obstante, la veinteañera que encontramos en Memorias de España 1937 no ha pasado todavía por tales desgracias.
Garro logra, con oficio, rescatar la transparencia de una «Elenita» inocente que a menudo verbaliza, pese a los
regaños de Paz, aquello que la enerva o desconcierta.
Por
sus ojos claros vemos una galería de retratos mordaces, melancólicos y trágicos:
Rafael Alberti, Pablo Neruda, Gerda Taro y Robert Capa, Vicente Huidobro, María
Zambrano, Miguel Hernández, Antonio Machado, Luis Cernuda, César Vallejo o Juan
Ramón Jiménez, entre muchísimas otras figuras, son descritos con sorna, con
saña o con ternura, según los casos. Su mirada (en realidad, no tan ingenua) se
rebela a través de una ironía vestida de simpleza, la simpleza con la que la
miraban la mayoría de los intelectuales de la época (empezando por su propio
marido). Las anécdotas se mezclan con la gravedad de la guerra: la joven Garro es
tiroteada en el frente de Madrid, detenida por espía, sufre bombardeos en
Barcelona, en Valencia y hasta en Pozoblanco, adonde viaja en coche siguiendo «la ruta
de Don Quijote».
En
definitiva, esta obra, este librito, esta especie de diario de una poeta recién
casada, tan breve en apariencia, tan enorme por dentro, nos permite asomarnos a
un momento crucial de nuestra historia, narrado sin medias tintas, con amargura
desmitificadora a veces, casi siempre con la gracia y la frescura de una joven
que va descubriendo el mundo, dibujándote una sonrisa en la cara, cuando no
directamente una risa, porque si algo destaca en ella es su simpatía, el humor
que le sale por los poros y la soltura de su estilo. Cada vez que alguien lee a
Elena Garro se está saldando una deuda con una de las escritoras fundamentales
de nuestra lengua; o, al menos, se contribuye a restaurar su memoria.
