blog de Jorge Díaz Martínez

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sábado, 27 de diciembre de 2025

Mi anti-lista de los mejores libros de 2025


A mis lecturas de los libros de los muertos se suma la saturación editorial contemporánea: salen tantos libros buenos cada año, tantas listas, que estar mínimamente al día de las novedades resulta inabarcable y sobrehumano. Esto no es nada nuevo ―valga la redundancia―, pero dicha imposibilidad se ha vuelto, si cabe, más pronunciada en las últimas décadas debido ―perdón por la obviedad― a la expansión internáutica del campo literario. Lo que para la Generación Z es algo natural, para los que venimos de antes ha supuesto una auténtica explosión. Simplemente, hay más medios, más críticos, más microeditoriales, más blogosfera, más Goodreads, más Wattpad, más bookstagram, más booktok, más géneros, más podcasts y más ebooks. Ante tal multiplicación de la oferta disponible, el mercado en su vorágine caníbal necesita crear necesidad, despertar la curiosidad de los lectores de cada nicho literario a través de metatextos transmedia en los que se confunde crítica y promoción, potenciando una forma de consumismo cultural en la que se conjuga, en distintas proporciones, el valor artístico y sociológico de las obras con el propósito comercial de su venta. Así las cosas, nos vemos empujados a una falsa disyuntiva: leer mal o leer poco. Leer poco, por comparación con el exhibicionismo acumulativo que se nos muestra; y leer mal, por leer rápido o incluso no leer, sino anunciar con argumentos huecos y emotivos un volumen exagerado de lecturas (performative reading) que en realidad no se han leído, porque nadie tiene tiempo de leer bien esa cantidad de libros, pero de ojearlos sí. Al margen de tanto ruido, a mí la única lectura que me interesa es la intensa, la inmersiva, la vivencial o la meditativa, que puede ser más o menos fugaz o prolongada, de una noche o de largo recorrido, pero nunca ese vistazo indigesto de urgentes novedades o el ansia de quien sufre codicia intelectual. Aunque también depende, pues no todos los libros merecen nuestra atención. En cualquier caso, lo que quería decir es que este año (2025) han publicado muchos de mis poetas y novelistas favoritos; parece que se hubieran puesto de acuerdo. Tal selecto conjunto ha publicado poesía, traducciones, ensayos y novelas. Un no parar. Lógicamente, no lo he leído todo, a veces por no haber tenido tiempo y a veces porque Correos no ha querido. Pero sí he podido dedicarles una reseña en Cuadernos del Sur a un mínimo de ellos ―y a otros tengo pensado hacerlo. Pero, en todo caso, en esta ocasión renuncio a revelaros mi club de predilectos, mi reguero de lecturas satisfechas, pendientes o insatisfechas. ¿Semejante ejercido de subjetividad? Creo que ya vamos sobrados de listas por este año. Por más que inevitables o incluso convenientes (si fueran honestas), las listas de leídos y las listas de best-sellers son siempre sospechosas. Enrique Murillo, en Personaje secundario (2025), nos confiesa una anécdota sobre su elaboración: cuando los redactores de la prensa cultural les preguntaban a los libreros sobre los títulos más vendidos, estos les referían precisamente aquellos que no se habían vendido para poder así, azuzando la avidez del comprador, librarse por fin de ellos. A propósito, este año se me han caído de las manos algunos de los que salen en todos los suplementos. En el fondo, a estas alturas, más que las corruptelas del mercado, lo que me da coraje es no ser omnipotente como lector, como Cortocircuito (1986). Sigo sumando ejemplares a la pila: la etérea de los que sólo apunto y la física de los que superpongo, como decía Umberto Eco, para que me hagan compañía. La pesadilla de Marie Kondo. Cuando este otoño se incendió la casa de José Ortega Torres (que la tierra le sea leve), un periódico apuntó un supuesto ‘síndrome de Diógenes’. No. Lo que pasa es que los funcionarios que hicieran ese informe seguramente no estaban comprendiendo que la literatura sí ocupa lugar y tiempo.


miércoles, 4 de octubre de 2023

La semilla y el corazón. Antología de poesía japonesa, de Juan F. Rivero (ALBA poesía, 2022)

 




Traducción de Teresa Herrero
Versión en castellano de Juan F. Rivero
Introducción de Juan F. Rivero
ALBA poesía (2022)

Este es uno de los libros que mejor me ha acompañado en los últimos meses. Lo he leído a la orilla del Darro, primero los poemas y luego la introducción. Se trata de una antología que abarca nada más y nada menos que mil trescientos años de poesía --lo cual es más edad de la que tiene el castellano, si contamos a partir de las Glosas Emilianenses--. Mi forma de disfrutar de esto objeto bilingüe creo que pega bastante con el espíritu que se le presupone a la escritura de haikus: no leerlo del tirón, sino a ratitos, sobre todo a la orilla de un riachuelo, a la hora del paseo, entre partida y partida de ajedrez, entre conversaciones y otros libros, entre fotografías. Respecto a su introducción, un excelente trabajo, la he dejado bastante subrayada: de manera sintética y sucinta nos presenta los hechos principales de la literatura japonesa en general y de la escritura de haikus en particular, deteniéndose en sus fundamentos filosóficos, estéticos e históricos. En resumidas cuentas, una joya, ya de mi biblioteca. Una joya que tiene la virtud, además de lo ya comentado, de dejarte con hambre, de abrir el apetito. Por lo tanto, seguiremos leyendo y escribiendo, entre otras cosas, haikus, tankas y rengas.  

miércoles, 27 de abril de 2022

Cuando leer es viajar: Voyage d'une Parisienne à Lhassa, de Alexandra David-Néel.



 VOYAGE D’UN PARISIENNE À LHASSA

Alexandra David-Néel

 

Cada vez que alguien me preguntaba de qué iba el libro que estaba leyendo, este libro que me ha acompañado durante los últimos nueve meses de mi vida, en los que prácticamente lo único que no ha cambiado ha sido su compañía, su tapa blanda que se iba deteriorando demasiado rápido entre mis manos, por lo que me preocupé de forrarla como hacíamos antes con los libros del colegio (creo que ya no se hace), pues, decía, cada vez que alguien me preguntaba, y yo le respondía, volvían a preguntarme que si era de ficción o era de verdad.

Voyage d’une parisienne à Lhassa, de Alexandra David-Néel (1868-1969), es, efectivamente, una obra de verdad, una obra autobiográfica, perteneciente al género de los libros de viajes. En el momento de su publicación, 1927, fue todo un éxito mundial, y no es para menos, pues el libro relata, en primera persona, la proeza de su protagonista, la primera mujer occidental (desconozco el dato, pero supongo que, anteriormente, sólo le habrían permitido entrar, como mucho, a algún embajador chino o inglés) en poner sus pies sobre la ciudad prohibida de Lhassa, la capital del Tíbet. Para lograrlo, se disfrazó de peregrina autóctona y, en compañía de un lama ―éste sí, auténtico―, anduvo, anduvo, anduvo a través de puertos de montaña, por inhóspitos parajes y cumbres nevadas, puentes colgantes y rutas infestadas de bandidos, de una pequeña población a otra, y siempre haciéndose pasar por tibetana, hasta llegar a Lhassa.

A pesar de lo extraordinario de su aventura y de la calidad literaria de su testimonio, a día de hoy, Alexandra David-Néel es prácticamente desconocida para el gran público, más atraído por otro tipo de diarios que por los del carácter fuerte de una anarco-feminista (del pasado entresiglo), cantante de ópera, ensayista, políglota, madre y exploradora, y una de las principales introductoras de la sabiduría oriental en Europa.   

Yendo al texto, Voyage d’une Parissiene à Lhassa se centra sobre todo en la peripecia vital de su peregrinaje, es decir, en lo anecdótico, folklórico y diarístico de su aventura, sin entrar en demasiados detalles sobre las enseñanzas esotéricas y espirituales que recibió (durante sus muchos años de estancia) en el Tíbet, temática que se reserva para sus siguientes obras. Se detiene, por el contrario, abundantemente, en comentarios críticos acerca de sus creencias religiosas, sus costumbres y su situación política.

En mi opinión, más allá del detallado informe de su viaje, el valor de estas páginas reside en la oportunidad de acompañar a Alexandra en su extraordinaria aventura, de conectar, digamos, con su personalidad y con su pensamiento, con el rastro de palabras que ha dejado, como huellas de aquel itinerario: sus etapas aburridas, llenas de descripciones anodinas, junto a las otras, al borde ―literalmente― del abismo, pendientes de una endeble tirolina, atrapados en la nieve entre glaciares o enfrentándose al filo de los bandidos… además de muchas otras anécdotas pintorescas en las que se refleja la vida cotidiana de un Tíbet desconocido, alejado de místicas leyendas y en contacto directo con la lucha por la supervivencia, práctica y terrenal, de sus tribus y pueblos.

Se me ocurre que estos nueve meses de lectura han sido como un parto invertido para mí, tras el cual nada ―excepto esta reseña― ha salido de mi útero, pero en cambio Alexandra David-Néel se ha colado en mis entrañas. Lo que es cierto es que ella ha sido, en muchas ocasiones, mi mejor compañía; y a lo largo de estos meses he llegado a sentirla como a una amiga, con sus tics de carácter y sus juicios no siempre compartidos, pero, en fin, una amiga al fin y al cabo. Afortunadamente, aún me quedan el resto de sus libros por leer. 

viernes, 11 de febrero de 2022

Reseña en Culturamas a: Breves erizos verdes, de Juan Antonio Bernier. El poeta, el profesor y el niño.

Reseña aparecida hoy en Culturamas: 
Gracias a la gentileza de Jesús Cárdenas.




BREVES ERIZOS VERDES
Juan Antonio Bernier
Ed. Cántico 2020


Puede llevar a engaño la apariencia menor de este librito, cuyo rectángulo cabe en la palma de la mano. El origen incidental de su composición, de ánimo propedéutico, no le ha restado mérito; antes bien, creo que ha contribuido a una sutileza de estilo que, aun siendo característica del autor, alcanza aquí, en contraposición con la profundidad de sus asuntos, esa rara virtud que es ser capaz de hablar y esclarecer de manera sencilla cuestiones complicadas. Dicen que decía Confucio que «en todos los ritos la sencillez es la mejor de las extravagancias»; y es mediante esta exquisita extravagancia que Juan Antonio Bernier logra tocarle la fibra al ser/hecho poético.   

Actualmente, existen en el mercado diversos manuales dedicados al arte de escribir un poema, dirigidos a un público infantil o juvenil, donde se explican algunas técnicas básicas como puedan ser la rima, la métrica o las figuras. Son manuales, por lo general, amenos y, en verdad, necesarios, que no pasan de ser precisamente eso, manuales de escritura. Aquí hablamos de otra cosa. Breves erizos verdes es un texto que, sin prescindir de su orientación moral ―educativa―, no ha perdido tampoco su carácter de obra literaria, en el sentido artístico del término. Se trata, en definitiva, de una obra al margen de los géneros.

Atendiendo a su enfoque, y salvando las distancias, recuerda inmediatamente a las Cartas a un joven poeta, de R. M. Rilke; o incluso, por su temática, a Función de la poesía y función de la crítica, de T. S. Eliot ―sin ser tampoco lo mismo, por supuesto―. Con ambos textos comparte el ánimo de indagar en cuestiones de fondo, como pueden ser el estilo personal, el uso de la ironía ―y de la rima―, el valor de la tradición, la actitud ante el mercado… y un pequeño etcétera, así como la apariencia de estar escritos en prosa. Sin embargo, mientras que las epístolas de Rilke y el tratado de Eliot están, efectivamente, escritos en prosa ―más o menos sesuda, en cada caso― lo que distingue y realza los erizos de Bernier es su reductio ad essentiam, acercándose, a mi juicio, más al texto poético que al prosaico.

 Cada lector encontrará en esta obra sus propios referentes. Por su tono, entre sarcástico y lúdico y didáctico, y por su naturaleza híbrida, a mí me ha recordado, en algunos momentos, a autores como Julio Cortázar y Eduardo Galeano. Una locución muy suelta que parece brotar directamente y que sólo se consigue tras años de ensayar y de ensayar (o de explicar y de explicar). Y es que sucede con no poca frecuencia que algunos grandes artistas aciertan a componer sus obras más celebradas casi sin darse cuenta, en buena parte debido a tener muy interiorizado su arte ―hasta la médula― y en buena parte debido a una de las máximas que enuncian los erizos:


SOBRE EL ESTILO PERSONAL 

Si aquello que hace que tus allegados te estimen no está en tus poemas, serán solo “poemas” en el peor sentido de la palabra. Carecerán de tu encanto, tu “gracia”; vagarán sin identidad.

 

Esta idea se aplica también al librito que ahora comentamos. Y es que, aunque la voz del profesor ―que también es Juan Antonio Bernier― esté presente en ellos, esa voz pedagógica se ha ejecutado aquí como un rasgo de estilo, una voz diferida dirigida no a un público específico sino a un adolescente universal, implícito e implicado en la poesía. Todos hemos fantaseado alguna vez con volver al pasado, pero con el conocimiento ―y la experiencia― que ahora tenemos de la vida. Probablemente, Juan Antonio Bernier le haya escrito este libro a aquel adolescente que alguna vez fue él mismo. El poeta, el profesor y el niño.

Por todo lo anterior ―y por las abundantes coincidencias de estilo―, Breves erizos verdes casi debiera contarse, en mi opinión, entre los libros de poesía del autor. Los libros de aforismos, de hecho, aparecen en las colecciones de poesía. Y aunque, de alguna manera, todo poemario encarne ―o más bien imprima― una poética, lo que tenemos aquí resulta elevado al cubo: metapoesía decantada en poesía. Sin embargo, tampoco es eso: ni aforismos, ni máximas, ni sentencias, ni versos, sino erizos.

 

FINALIDAD DE LA POESÍA

Las palabras se gastan con el uso. La poesía es un intento de crear maneras novedosas, y por ello más eficaces, de volver a decir “te quiero”.

 

            Andando el tiempo, lo previsible ―y deseable― es que vayan apareciendo sucesivas reediciones ―¿ampliadas, tal vez?― de estas breves instrucciones para escribir una poema. De momento, ya se está reimprimiendo. Si mucho no me equivoco, esta cosa llamada Breves erizos verdes (Editorial Cántico) tiene muchas papeletas de convertirse en libro de cabecera de futuras generaciones de poetas, e incluso a algunos de ahora no nos vendría mal releerlo alguna vez. De seguro, la obra irá llamando a sus lectores, sin prisa pero sin pausa, como la tortuga que le gana a la liebre, o como esos erizos que sobreviven gracias a sus rizos. 




viernes, 5 de febrero de 2021

Marcha por el desierto, de Sandra Santana

 



Marcha por el desierto
Sandra Santana
Pregunta Ediciones, 2020.

Este libro es un ejemplo de las tribulaciones inverosímiles que en muchas ocasiones supone tanto la escritura como la publicación definitiva de una obra literaria concisa. Veinte años han rodado estas composiciones antes de que tengamos en las manos sus hojas de poesía. Veinte años que han servido, no obstante, como decantación de unos papeles reducidos ahora a lo esencial. Esa esencia y ese envejecimiento se paladea sin duda en su lectura. Textos primeros y bien estructurados descansan con sabores a polvo de biblioteca, conservando el regusto afrutado de sus versos. Citas de Martin Heidegger y del Génesis apuntan a la lengua. Cuidada edición por parte de Pregunta Ediciones. Epílogo de la autora. Invita a relectura. Bueno para subrayar y llevar en la cartera.


viernes, 17 de enero de 2020

Algunas de mis mejores lecturas de estos años



No publiqué ninguna lista de mis mejores lecturas de 2018 y la verdad es que he leído muy poquito en 2019. Sin embargo, he tenido la suerte de tener en mis manos algunos libros buenos o muy buenos que no quisiera dejar de mencionar, aunque sea tarde y a destiempo, para contribuir con mi granito de arena a su difusión. Y lo voy a hacer de golpe. Una lista personal, no de crítico ni de recomendador de novedades. Así pues, aquí están, sin más explicaciones (disculpad que no añada la reseña que merecen), solo algunas de mis mejores lecturas de 2018 y 2019. 

Son un recordatorio de mi biografía oculta, esos momentos grabados a fuego en mi dolor, en los que estas lecturas me acompañaron.

La lluvia en el desierto. Eduardo García
Como agua para chocolate. Laura Esquivel
El cuadro del dolor. Ana Castro
El jilguero. Donna Tartt
O Futuro. Abraham Gragera
Los rostros del personaje. Francisco Gálvez
Limbo y otros poemas. Ada Salas
El mundo. Juan José Millás
Nueve meses sin lenguaje. David Leo García
Las órdenes. Pilar Adón
En las orillas del Sar. Rosalía de Castro
El don de la fiebre. Mario Cuenca Sandoval
La teoría de los autómatas. Estefanía Cabello 
Ramona. Rosario Villajos
Lejos de Kakania. Carlos Pardo
Justina. Marqués de Sade




viernes, 29 de diciembre de 2017

(Libros de) Poesía 2017




Estos son sólo algunos de los libros de poesía que he leído este curso y que me han parecido, en mi humilde opinión, bastante buenos o literariamente significativos. No están todos los que son, pero he seleccionado aquellos que he encontrado más relevantes debido a la inmediatez de su salida y por la calidad de su poética (no mencionando otros publicados con anterioridad al otoño de 2016). Siendo una selección tan personal, no está determinada por parámetros que sí han de tenerse en cuenta cuando se trata de ofrecer una muestra representativa del conjunto de lo acaecido en el mercado de la poesía castellana peninsular en la última ronda solar. Al contrario, mi lista está indudablemente condicionada por la cercanía que empuja a leer a los amigos, sin que ello sirva de óbice a lo dicho anteriormente sobre la calidad de su escritura. 

No es por tanto una lista de los mejores libros de poesía de 2017, sino un recuento de libros que me han alegrado la vista estos últimos meses, lo cual no quita --de nuevo-- para poder afirmar, sólo por el siguiente ramillete de títulos --y otros que se me olvidan--, que éste ha sido un gran año de bienes para la poesía, pues, efectivamente, se han publicado obras de gran altura o calado, me atrevería a decir que más de lo acostumbrado, pertenecientes a algunos de los mejores autores de una tal generación --u hornada de escritores nacidos en torno a los 70-- que a tenor de lo visto se encuentra en plena forma poética. 

Los nuestros, Juan Carlos Reche, Pre-Textos, septiembre 2016.
El ser breve, Azucena G. Blanco, La Bella Varsovia, noviembre 2016.
Vértices, Francisco Onieva, Visor, 2016.
Fruta para el pajarillo de la superstición, Juan Andrés García Román, enero 2017.
La piel es periferia, José García Obrero, Visor, febrero 2017.
Letra y nube, Juan Antonio Bernier, Pre-Textos, marzo 2017.
Chocar con algo, Erika Martínez, Pre-Textos, marzo 2017.
El libro de Laura Laurel, Nieves Chillón, Pre-Textos, mayo 2017.
Nueva York sin querer, Almudena Vidorreta, La Bella Varsovia, 2017.

Y por supuesto habrá más y muy buenos poemarios recientes y que yo no he leído todavía, pero no quería dejar de mencionar al menos estos, de los que con seguridad puedo decir que sí merece la pena leer.