La revolución españolavista por una republicana
Clara Campoamor
Edición de Luis Español Bouché
Renacimiento (2005)
En
España, los muertos están más vivos que en cualquier otro país del mundo.
F.
G. L.
Empecemos
por lo anecdótico: se da la paradoja de que el texto que ha llegado hasta nosotros
es una traducción al español de una obra escrita en español, pero publicada en
francés (Librairie Plon, París, 1937, traduit de l’Espagnol par Antoinette
Quinche). Hemos de asumir, por tanto, que el mecanoscrito original se esfumara
en la convulsa mitad del siglo XX europeo.
Su
lectura recuerda a Homage to Catalonia, de George Orwell, pues, aunque
en lenguas y estilos diferentes, ambas obras comportan una crítica desde dentro
de la zona republicana y ambas son prácticamente coetáneas a los hechos que
relatan, incidiendo en las crueldades que, fruto del fanatismo, allí se
produjeron. No resulta, pues, extraño, cuando la actualidad de la política
española nos recuerda ―viene siendo una muletilla repetirlo― a los antecedentes
de la Guerra Civil, con las mismas tendencias ideológicas representadas en
el parlamento, a veces bajo las mismas siglas, y la crispación del auge de los
extremismos, que un título que airea los trapos sucios de la República resulte tan incómodo, como demuestra el silencio historiográfico
que suscita.
La
mayor parte de los artículos académicos sobre Clara Campoamor se refieren a su
biografía ―paralela a la de tantos intelectuales de izquierda abocados al exilio―
y a su lucha en favor del voto femenino, pero, por el momento, ignoran este opúsculo, escasamente citado, y cuya temprana redacción lo convierte, en
palabras de su traductor, Luis Español Bouché, en “la más antigua fuente
editada sobre los primeros meses de nuestra guerra en el bando republicano”. Se
hace notar el matiz. El traductor asume que nos encontramos ante una “fuente”. Efectivamente,
lo que se considera hoy como un libro de historia es el que utiliza un método
científico para el análisis del pasado, para explicar el presente y para
predecir el futuro. Clara Campoamor no se sirve de un método científico, su
estilo se corresponde con el del artículo periodístico, pero presenta los hechos
ordenados cronológica y temáticamente, dándoles una interpretación que resulta,
como no podía de ser de otra manera, indisociable de su punto de vista político,
además de ofrecernos predicciones de futuro que, dicho sea de paso, han resultado
acertadas.
Todo
ello está explícito en un título que puede llevar a equívoco. No es un libro sobre
la Guerra Civil, sino sobre la revolución llevada a cabo en la zona gubernamental
por los distintos grupos de la izquierda, una revolución que se nos cuenta desde el punto de vista de una republicana, es decir, lo que en el contexto político
español de la época significaba que Clara Campoamor no se consideraba a sí misma ni
comunista, ni socialista, ni anarquista, ni sindicalista, sino ―algo muy
diferente― una republicana liberal. Y una que, para más inri, después de haber conseguido,
mediante su participación activa en el parlamento, entre otras cosas, el voto femenino,
fue condenada al ostracismo de la izquierda a partir de las elecciones de 1933 ―las
primeras en las que, paradójicamente, se legalizaba en España el sufragio universal femenino―.
En
esta obra, por tanto, Campoamor se despacha a gusto, primero, con la política
llevada a cabo por los distintos gobiernos republicanos, tanto de izquierdas
como de derechas, y segundo, con las luchas intestinas de la izquierda, sin dejar tampoco de mencionar los fanatismos del ala sublevada.
En fecha tan temprana como 1937, desacredita el maniqueísmo de la prensa internacional sobre la Guerra Civil Española, deconstruyendo el binomio de fascismo vs
democracia y denunciando, entre otras cosas, la invalidez del
gobierno republicano, los excesos de la revolución, la injerencia soviética y la dimensión internacional del conflicto, el papel de las
sociedades secretas, etc.
Una lectura, en todo caso,
recomendable para quien quiera adentrarse en los entresijos de nuestra historia
reciente con una mirada crítica y libre de simplificaciones totalizadoras, una historia que sigue dando coletazos porque, como decía García
Lorca, en este país, los muertos están más vivos que en cualquier otro país del
mundo.