Reseña publicada en Cuadernos del Sur: https://www.diariocordoba.com/cuadernos-del-sur/2026/06/13/puente-levadizo-literaturas-131230887.html
UN PUENTE LEVADIZO ENTRE LITERATURAS
Hijas
de un sol naciente
Joan
de la Vega
Editorial
Cántico, 2026.
Joan de la
Vega, además de su labor como editor de La Garúa Libros, imprescindible para la
poesía española de las últimas décadas, cuenta también con una trayectoria
consolidada como poeta, caracterizada por su ecologismo, su actividad deportiva
y su gusto por las formas literarias japonesas. Estos tres vértices se combinan
de nuevo en Hijas de un sol naciente. Las hojas de este libro miran
hacia el Oriente, no tanto como temática, que también, sino como inspiración para
encauzar la propia voz. El subtítulo, Tríptico zenital, enmarca tres
poemarios separados cronológica, argumental y estilísticamente, pero unidos por
su vínculo con el país del sol naciente.
La primera
tabla, “En torno a Issa y otros difuntos”, conecta con la trágica existencia de
Issa, mencionando también a otros famosos haiyin del periodo Edo, junto a versos
que apuntan, claramente, a la actividad del propio autor: “El joven corredor
ignora/ que el adversario no es/ la gravedad, sino su sombra”. En esta serie, más
que la métrica exacta de las estrofas japonesas, de la Vega retoma su espíritu
contemplativo, entreverado, como suele ocurrir en los haiyin hispanos, con un aspecto
cerebral más reflexivo, como en los siguientes versos de tintes machadianos:
" Alrededor del instante/ un niño juega,/ escenifica/ la captura del
infante/ que era". Predomina en esta parte el gris de un pesimismo que
apunta, entre otras reflexiones, hacia la desconexión entre una naturaleza numinosa
y nuestra sociedad desnortada: "El rumor del universo/ orbita entre las
piedras y los astros./ Y a ambos, les damos la espalda."
La segunda
tabla, “Aquella isla flotante”, es toda ella una écfrasis dedicada a las “Treinta
y seis vistas del Monte Fuji” de Katsushika Hokusai, más las diez que el
artista añadió posteriormente. En total, cuarenta y seis poemas compuestos,
cada uno, por dos tankas encadenados que respetan fielmente la métrica nipona. Los
sugerentes textos resultantes pueden leerse tanto de forma autónoma como en
diálogo con las pinturas que copian. Más allá de la belleza acústica o
conceptual de sus figuras, estos versos trascienden la referencia pictórica de
las xilografías para plasmar imágenes de calado universal: “Nacen los hombres/
sobre sus tumbas, huéspedes/ en la matriz”.
Sin embargo, es
en la tercera tabla, “Cuaderno de poniente”, donde el verso de de la Vega se
desborda en un catálogo de poemas en prosa, cada uno dedicado a ilustrar un
término japonés cuya traducción precisa una paráfrasis a pie de página. Aquí,
de la Vega se da a la exuberancia (“Tu sexo aguado es la envidia del jazmín”),
a la frase irrefrenablemente onírica (“La araña blanca teje su manantial de
rayos iluminando campos y oraciones”) y a la connotación libérrima del verbo,
de manera que tales conceptualizaciones japonesas dan el pistoletazo de salida
para el galope sereno de un logos desatado, no falto de sentido: “Aquel pregón
de libertades colectivas era la paloma adiestrada que nunca supo cuándo ni cómo
debía emprender el vuelo”.
En definitiva,
sumando el atento prólogo de Raúl Alonso, los tres poemarios seguidos y los
apéndices incluidos (resúmenes biográficos de los autores citados, cartelas
explicativas de las xilografías y el glosario de términos japoneses), esta
publicación es mucho más que un libro de poesía: es un compendio de amor por la
naturaleza, una expresión de duelo por quienes ya se fueron y una aduana
abierta entre culturas y fronteras.
