viernes, 30 de marzo de 2012
poemas muy mayores
Hace poco me han regalado uno de los mejores regalos que se le pueden hacer a un poeta: una colección de poemas de más de 2500 años de antigüedad. Gracias, Juan Andrés, ya me siento menos viejo.
Música que brota del silencio.
Hongos que nacen de la humedad.
Los días se alternan con las noches;
nadie sabe el cómo ni el porqué.
¡Basta, basta!
¿Acaso podemos conocer
el origen de todo lo que cabe
entre un día y una noche?
Los capítulos interiores de Zhuang Zi, 2005, Trotta.
jueves, 22 de marzo de 2012
miércoles, 7 de marzo de 2012
La adoración, de Juan Andrés García Román
La adoración
Juan Andrés García Román
DVD ediciones
Cuando se hace una reseña, pueden ocurrir básicamente dos cosas. Que el crítico posea el acerbo cultural necesario para ofrecer una explicación satisfactoria de la obra, o que no. En este caso, me encuentro en la segunda coyuntura. La adoración, de Juan Andrés García Román, presenta demasiadas lecturas como para intentar sintetizarla en unas cuantas claves. Personalmente, creo que cabe situarla dentro de ese conjunto de pocos libros que ostentan el mérito de haber logrado aglutinar coherentemente una diversidad de tradiciones, anteriormente vistas como inconciliables, para lanzarlas al futuro transformadas en un nuevo modelo, en una nueva estructura paradigmática.
La pasada navidad le regalé un ejemplar a mi padre. “Pero esto es prosa”, me dijo. Pues no, es poesía, o no es ninguna de las dos cosas. De hecho, no es la disposición del texto lo único que nos remite a la prosa, sino la hilazón argumental que orienta la narración lo que nos recuerda a aquellos confines literarios en los que la distinción entre poesía y prosa rara vez se presentaba tan nítida como actualmente, cuando el verso aparecía vinculado a la música y a celebraciones corales en las que se declamaban lo mismo hechos históricos o míticos (épica) que cantos de bodas y otras composiciones amatorias (lírica). Resulta muy natural, por tanto, que diversos indicios continúen remitiendo hacia aquella genética común, como se aprecia en los grandes poemas épicos, un género intermedio cuya estructura narrativa comparte ciertos puntos con la de los llamados cuentos maravillosos, y son precisamente algunas de esas funciones narratológicas las mismas que orientan el transcurso de La adoración, hecho que Juan Andrés García Román no tiene inconveniente en llevar hasta la superficie de la página de ese modo tan suyo, patente ya en El fósforo astillado, que podemos reconocer como uno de los rasgos característicos de su producción, me refiero a esa capacidad para fundir en un solo discurso la inocencia con el conocimiento, la parodia con la melancolía.
Nada más. ¿Era una burla? ¿Una tragegegedia? Yo estaba aterido. Había cumplido todas las normas del juego una a una, cada objeto maravilloso del cuento maravilloso y su estructura, pero nada, ninguna explosión. Una hormiga si acaso. Sentí miedo. Iba a morir –como todo hombre-, pensando en ti –como algún hombre-, sin ti –como de nuevo todo hombre. Una niña, la niña y luego una niña.
Pero sería largo y probablemente infructuoso extenderse demasiado intentando acotar la pertenencia de género en el caso que nos ocupa, bastaría recordar a Aristóteles señalando la insuficiencia del metro como garante de artisticidad o a Roman Jakobson demostrando que la publicidad recurre a los mismos procedimientos retóricos que el verso, por no citar los numerosos ejemplos de prosa poética o el empeño de los novelistas, ya desde finales del XIX, por librarse de la obligación de narrar algo.
Así pues, ¿qué es La adoración? Se me ocurre, de manera intuitiva, asociarla a una obra tan diferente como pueda ser Platero y yo, tal vez porque el conocido realismo de la literatura española hace que sus referentes más próximos se encuentren en otras tradiciones, en particular la anglosajona o la alemana, pero también la francesa, en las que no resulta extraño hallar esa conjugación de fantasía y naturalidad, de lo onírico y lo empírico, lo adulto y lo infantil, que tan ajena resulta, salvo contadas leyendas, a la narrativa española y que sólo destaca excepcionalmente en el verso –si obviamos el universo mitológico- con algunos libros de Lorca, Aleixandre, Alberti y, en general, con aquellos que supieron sumarse a las vanguardias antes de su destierro -del que volverían, renqueantes, durante los 70. En otras tradiciones europeas, sin embargo, es plausible escribir que un oficinista se vuelve cucaracha, que un viajero platica con gigantes o que un doctor acaba encarnando a su doble, por ejemplo. Habría, entonces, que relacionar La adoración con títulos como Alice in Wonderland, The Wonderful Wizard of Oz o Peter Pan, con los que comparte el brillo de la mirada infantil, pero, más que una obra escrita para un público infantil (¿lo es Alice?), este sería un poemario compuesto desde una mano infantil. Por otra parte, a diferencia de las mencionadas, La adoración no se puede entender tampoco como simple prosa, sino como una textualidad mixta –a veces poema épico, a veces operetta, otras una novela de indagación psicológica-, es decir, un lugar imbricado en donde lo poético no se reduce al mero gesto decorativo, en donde lo poético es una dimensión vertebradora y medular. Y por último, La adoración también se diferenciaría por su evidente dimensión metapoética, debiendo leerse como una proyección estilizada de las inquietudes en torno al quehacer literario y vital del autor, inquietudes que abarcarían desde las transiciones del espíritu romántico (Hölderlin) hasta las más recientes crisis de la modernidad (Rilke, Bachmann, Celan), llegando incluso a tomar en ocasiones tintes de fábula orwelliana.
Pero, sin duda, y como decía, La adoración es susceptible de otras muchas lecturas, y si esta máxima debería ser aplicable a cualquier obra, en su caso parece casi una obligación. Otros habrá que sepan recoger mejor que yo las sondas de profundidad que este libro merece.
(Reseña publicada originalmente en Culturamas)
miércoles, 1 de febrero de 2012
Árboles con tronco pintado de blanco
(reseña publicada originalmente en Culturamas)
ÁRBOLES CON TRONCO PINTADO DE BLANCO
Editorial Pre-Textos, 2011.
Que a día de hoy un poeta consciente se atreva a encabezar un poemario con una cita de Lorca puede resultar extraño, la herencia del poeta granadino se encuentra tan explotada que a veces es difícil distinguir algunas de sus atribuciones más notables de entre el conjunto de tópicos que empañan su figura. Sin embargo, a la poesía de Juan Antonio Bernier le gusta precisamente eso, apuntar a lo escondido u olvidado; en este caso, un modo de simbolismo sutil, pagano y culto que, siendo una de las características que la poesía lorquiana había asimilado de las estéticas francesas de finales del XIX, en parte a través del Modernismo, viene a conectar muy bien, curiosamente, con una de las principales líneas de evolución de la llamada Poesía de la experiencia. Una línea que, como ha puesto de manifiesto Luis Muñoz, refiriéndose a su propia poética, cuya influencia no es necesario mencionar, vuelve a esas mismas raíces simbolistas como fuente de inspiración y renovación.
Así pues, podemos estar hablando de Neosimbolismo. Y aunque éste se refiera solo a un aspecto parcial de las poéticas de un grupo señalado de autores, es posible definir sus diferencias respecto al primero, siguiendo de nuevo a Luis Muñoz, como la ausencia de la pretensión universalista o del misticismo mágico de las correspondencias, que pasarían a entenderse como meros juegos lingüísticos o conceptuales. Lo cual, simplificando bastante, sería la consecuencia lógica de pasar la poética simbolista por el filtro estructuralista de la lingüística de Saussure, determinante en la evolución de las humanidades durante todo el siglo XX. El asunto, quizá, adquiera otros matices en el caso de Bernier, para quien la preocupación estética y la existencial (de alguna manera, también espiritual) corren parejas y acaban, inevitablemente, impactando su poética. De estos interrogantes irresolutos deja constancia en algunos apuntes como “No creo en Dios,/ pero el poema/ vuela hacia Dios.” en la antología Deshabitados. Por lo tanto, no es extraño que la indagación sobre el sentido, presente ya en su anterior poemario, sea uno de los aspectos centrales de Árboles con tronco pintado de blanco, especialmente en los poemas The life pursuit o Young adults against suicide; aunque dicha inquietud atraviesa cada uno de sus versos o, mejor dicho, cada uno de sus versos parte de esa inquietud.
Otro tópico ampliamente extendido asegura que hay poetas, como Lorca, cuyo carácter resulta tan personal que no es posible imitarlos, o aprehenderlos, salvo a costa de ahogar la propia voz. Para refutarlo, Juan Antonio Bernier ha ensayado algunas reactualizaciones, introducidas casi imperceptiblemente en su repertorio. Así, cerca de un siglo después, encontramos la siguiente cancioncilla, una letra donde la influencia lorquiana llega a pasar tan fácilmente desapercibida que, una vez descubierta, dudamos si procede del cálculo artesanal o de una lógica coincidencia.
FUTURO DEL AIRE
Danza de la montaña con el prado.
(Recordar que mi cuerpo
y el mundo
son asimétricos)
Danza de la montaña con mi cuerpo.
Si hemos comenzado por la cita que abre el libro, estas últimas consideraciones nos llevan a la dedicatoria que lo cierra, un guiño enmascarado que no hace sino incidir en la naturaleza dialógica de una escritura en la que se inscribe también la necesidad de redondear la percepción fragmentada que los versos ofrecen. La apelación al lector, la preocupación por el lector, tan prioritaria para la poesía castellana actual, sobre todo a partir de la defensa que los poetas de La otra sentimentalidad primero y la Poesía de la experiencia después realizaran en su favor durante los ochenta, es esgrimida todavía en diversos textos programáticos, como el manifiesto que abre la reciente antología Poesía ante la incertidumbre. Sin embargo, el planteamiento parece ser algo más bíblico en la poética de Bernier, quien espera, aunque no exige, del lector una respuesta por alusiones constantes, más o menos escondidas, a la tradición literaria o filosófica, y una sensibilidad menos complaciente, apta para el disfrute de un discurso basado en la destilación de los procedimientos figurativos hasta rozar el abstracto. La aparente ligereza de sus composiciones solo llega a completarse en la mirada atenta de un receptor capaz de subrayar la profunda entropía de esas puntas de iceberg a las que podríamos comparar sus poemas.
Dicha elección, por supuesto, implica exponerse a las críticas de quienes no descubren en la página nada más que lo impreso, actitud similar a la de aquel que delante de un Mondrian solo ve rayas. No obstante, y simultáneamente, los poemas de Bernier ostentan una cualidad intrínseca, una matemática bella que los hace también una lectura válida en sí misma, una cualidad que apunta hacia la serenidad y la conciencia.
sábado, 28 de enero de 2012
Poetry day - gedichtendag - journée de la poésie - día de la poesía
Frans Nijs es un escritor flamenco que celebra todos los años el día de la poesía (no el internacional, sino ese otro que se celebró este jueves pasado) eligiendo el poema del año, traduciéndolo a varias lenguas y enviándoselo por email a todos sus contactos. Es una iniciativa personal que no tiene más importancia que el que decidiera mandar una tarjeta de felicitación por Navidad a sus contactos, pero sabiendo que los contactos de Nijs son amplios y variopintos, me ha hecho ilusión enterarme de que este año ha escogido un poema de Almizcle y tabaco. Gracias, Frans.
CUANDO BRÍGIDA CANTA
Cuando Brígida canta
su voz toca en las montañas
del Valle de Valparaíso.
Brigi deja su djambé
y deja su guitarra
para tocar el valle.
Brigi como una diosa levanta
en sus manos el cielo del barranco
y con su voz colorea el aire.
Brigi llena de luz,
brilla una estrella.
Los gallos y las yeguas enmudecen,
los gitanos escuchan.
Y en el azul
el sol
se guarda un poco.
Jorge Díaz Martínez
WHEN BRÍGIDA SINGS
When Brígida sings
her voice touches in the mountains
of Valparaíso Valley.
Brigi leaves her djambé
and leaves her guitar
to play the valley.
Brigi like a goddess raises
in her hands the sky of the ravine
and with her voice colours the air.
Brigi full of light,
shines a star.
The roosters and the mares fall silent,
and the gipsies listen.
And in the blue
the sun
contains himself a little.
(English translation: Pablo Diartinez)
ALS BRÍGIDA ZINGT
Als Brígida zingt
raakt haar stem in de bergen
van de vallei van Valparaíso.
Brigi laat haar djembe
en laat haar gitaar
om de vallei te bespelen.
Brigi als een godin heft
in haar handen de hemel van het ravijn
en met haar stem kleurt ze de lucht.
Brigi vol met licht,
schittert een ster.
De hanen en de merries verstommen,
de zigeuners luisteren.
En in het blauw
houdt de zon
zich een beetje in.
(Nederlandse vertaling: Erik Parys)
Když Brígida zpívá
Když
Brígida zpívá,
její hlas na
hory hraje
v údolí
Valparaíso.
Brigi odkládá
své djambé
a odkládá
svou kytaru
aby mohla
hrát na údolí.
Brigi jako bohyně
zvedá
na svých
rukou nebe z propasti
a svým
hlasem zabarvuje vzduch.
Brigi plná
světla,
třpytí se
hvězda.
Kohouti a
klisny oněmí,
cikáni
poslouchají.
A
v modru
slunce
schovává se
trochu.
Překlad do češtiny: Veronika Macků
Когато Бриджит пее
Когато Бриджит пее,
гласът и достига планините на Долината Валпараисо,
Бриджит оставя своето джембе и свояата китара,
за да докосне долината,
Бриги като богиня повдига с ръцете си небето над клисурата и оцветява въздуха с гласа си.
Бриги пълна със светлина , блестяща като звезда.
Петлите и кобилите немеят.
Циганите слушат.
И в синевата дори слънцето се притаи за малко.
гласът и достига планините на Долината Валпараисо,
Бриджит оставя своето джембе и свояата китара,
за да докосне долината,
Бриги като богиня повдига с ръцете си небето над клисурата и оцветява въздуха с гласа си.
Бриги пълна със светлина , блестяща като звезда.
Петлите и кобилите немеят.
Циганите слушат.
И в синевата дори слънцето се притаи за малко.
преведено от Мартина Иванова
QUAN NA BRÍGIDA CANTA
Quan na Brígida canta
la seva veu toca a les montanyes
de la Vall de Valparaíso.
Brigi deixa el seu djambé
i deixa la seva guitarra
per a tocar la vall.
Brigi com una deessa aixeca
a les seves mans el cel del barranc
i amb la seva veu coloretja l'aire.
Brigi omple de llum,
brilla una estrella.
Els galls i les egues es queden muts,
els gitanos escolten.
I en el blau
el sol
es guarda un poc.
Traduït al mallorquí per Isabel Mut Company
QUANDO BRIGIDA CANTA
Quando Brigida canta
la sua voce suona tra le montagne
della Valle de Valparaíso
Brigi lascia il suo djambé
e la sua chitarra
per suonare la valle.
Brigi come una dea innalza
tra le sue mani il cielo del burrone
e con la sua voce colora l’ aria.
Brigi piena di luce,
brilla una stella.
I galli e le giumente ammutoliscono,
gli zingari ascoltano.
E nell’ azzurro
il sole
si apparta un pó.
la sua voce suona tra le montagne
della Valle de Valparaíso
Brigi lascia il suo djambé
e la sua chitarra
per suonare la valle.
Brigi come una dea innalza
tra le sue mani il cielo del burrone
e con la sua voce colora l’ aria.
Brigi piena di luce,
brilla una stella.
I galli e le giumente ammutoliscono,
gli zingari ascoltano.
E nell’ azzurro
il sole
si apparta un pó.
Wenn Brígida singt,
klingt ihre Stimme in den Bergen
vom Tal von Valparaíso.
Brigi lässt ihre Djembé liegen
und lässt ihre Gitarre liegen,
um das Tal zu spielen.
Wie eine Göttin trägt Brigi
mit ihren Händen den Himmel über der Schlucht
und färbt mit ihrer Stimme die Luft.
Brigi lichtdurchtränkt,
ein Stern funkelt.
Die Hähne und die Stuten verstummen,
die Zigeuner hören zu.
Und am Himmel
hält die Sonne
ein Weilchen inne.
Übersetzt ins Deutsche von Birgit Linda Emberger
KIEDY BRIGIDA
ŚPIEWA
Kiedy Brigida
śpiewa
jej glos dochodzi
do wzgórz
w dolinie
Valparaiso.
Brigida odkłada
swoje djambe
i zostawia swoją
gitarę
aby zagrać
dolinę.
Brigi jak bogini
wznosi
w swoich dłoniach
niebo wąwozu
i swym głosem
ubarwia powietrze.
Brigi pełna
światła
rozświetla
gwiazdę.
Milkną koguty i
klacze,
Zasłuchują się
cyganie.
A w błękicie
słońce
zachowuje się
jeszcze.
Przetłumaczone na język polski przez Dorota Trojacka
lunes, 23 de enero de 2012
domingo, 22 de enero de 2012
Qué decir cuando se busca el amor
Buscando en el disco duro extraíble de los recuerdos, me encuentro con la presentación que leí de Los nombres de Helena, el último poemario de Rafael Antúnez, allá por la primavera de 2006 en un lugar de Granada de cuyo nombre no logro acordarme. Sí, perdón, era en la Feria del Libro, andaban por allí también los recién laureados del Premio Hiperión, David Leo García y Ben Clark, que tuvieron la amabilidad de llevarse a casi todo el público a sus respectivas presentaciones. Fue entrañable.
LOS
NOMBRES DE HELENA. RAFAEL ANTÚNEZ
Jorge Díaz.
“Qué decir cuando se busca el amor
y sin embargo se es esclavo de una boca”.
Quería empezar citando estos versos del
anterior libro de Rafael Antúnez, titulado Nada
que decir, precisamente porque a mí ahora me pasa eso, que no tengo nada
mejor que decir para presentarlo que sus propios versos, y digo esto desde una
obviedad que, entre tanta presentación, antología, firmas, feria, festivales y
fastos, suele olvidarse: Lo que importa de un poeta son sus versos. Así que,
qué decir, cualquier empeño por mi parte no sería otra cosa que un mero juego
retórico destinado a estimular las glándulas salivales de vuestro apetito
lector. Os diré, eso sí, que Rafael Antúnez ha sido incluido en varias antologías
y que ha obtenido un Accésit del Adonais. Y os voy a dar unas pistas que no
conducen a ningún sitio, si lo que se pretende es asignarle a su escritura un collar
y una correa: ésta poesía no entiende de apellidos, lo único que admite es la
compañía de unas buenas lecturas y de unas amistades peligrosas. Presentamos
hoy el tercer libro en la trayectoria de Rafael Antúnez, un libro que desde el
mismo título, Los nombres de Helena,
nos relata una inquietud, la inquietud de la pluralidad de lo singular (o al
revés), es decir, una contradicción resuelta en el mejor sentido de la sinopsis
taoísta. Explicaciones aparte, puesto que estas no alcanzan a la música, que es
lo bueno, ni al color, resta una suma de aguas desvestidas, y lo más
importante, eso que no os puedo decir, un algo escondido debajo de sus versos, pero
algo que no tiene tanto que ver con la literatura de fórmulas y preparados
listos ya, con la literatura de homenajes y tendencias, sino algo que enraíza
en las lagunas de lo nuestro y en la amplitud de unos ojos cerrados. Avisados
quedáis.
20
de mayo de 2006
sábado, 14 de enero de 2012
Gesta Romanescu, digo Romanorum
Podéis leer la reseña y un poema de propina aquí
Una de romanos
Giovanni Raboni
Editorial Vaso Roto, 2011
No es muy frecuente que una traducción sea al mismo tiempo la primera edición de un libro, sin embargo este es el caso de Gesta Romanorum, de Giovanni Raboni. A dicha particularidad se le une el fetichismo de encontrarnos también ante el primer título del autor: parece ser que Raboni consiguió un premio de poesía a principios de los años cincuenta, sin que posteriormente el libro se viera publicado. El joven poeta era entonces un veinteañero desconocido que más tarde se convertiría en uno de los poetas más señalados de la segunda mitad del siglo veinte en Italia. Ahora la editorial Vaso Roto ha tenido la afortunada ocasión de ofrecer a los lectores este evangelio apócrifo, realizando además la trabajosa tarea de reconstrucción de la obra.
Tiene, por tanto, esta edición bilingüe el atractivo de mostrar los primeros pasos de una poética, de raíz eliotiana, que a pesar de su juventud ya muestra claramente algunas de las convicciones que iban a ser características del poeta y de su tiempo, es decir, la preocupación por escapar del lirismo y dotar a los versos de un carácter más discursivo, más narrativo, más cercano a la realidad. Quiere el traductor y prologuista, Juan Carlos Reche, darnos también algunas pistas sobre la actualidad de la obra cuando apunta que el libro se parece, en ocasiones, a la famosa película La vida de Bryan, salvo que fue escrito treinta años antes de que ser rodara el film. Pero tal vez sea en el sentido ético de la escritura de Raboni, en el intento de fraguar una poética civil, donde se encuentre la principal valía de estos textos premonitorios y donde el lector pueda encontrar mejor justificada su curiosidad.
TESTIGOS
Aquí fue apuñalado el duque, y este es el pozo
donde estuvieron de su cuerpo
deshaciéndose hasta el alba. Me imagino la escena.
Y entre tantas ventanas, soportales, escalas,
quién sabe las palabras de la riña
que fueron a parar a oídos ávidos y honestos, a corazones
dispuestos a sufrir este otro secuestro
en favor de la patria. O a musitarlo
más tarde, al final de la vida, a la oreja pelosa
del confesor. Tráfico de noticias
en la penumbra de las vísceras.
miércoles, 11 de enero de 2012
Lecturas ferroviarias
Tengo que agradecer públicamente a Ana Isabel Alvea que me haya invitado al club de lectura de La Casa del Libro de Sevilla para comentar mis poemarios y salir de tapas, después, con algunas de sus intrépidas lectoras, Паола Каренина, Helena Con Hache y Reme, quienes me pusieron en serias dificultades con sus curiosas preguntas y me rellenaron debidamente de boquerones en adobo y otras delicatessen. Gracias por estas horas de gula y literatura en tan buena compañía!
Y a quienes no avisé, reitero mis disculpas, de verdad. Soy extraintrovertido.
También me entrevistaron para el programa cultural de una cadena local andaluza, en diferido, así que, otra toma, cortar, grabar, repetir, así no, mejor desde aquí, cuando yo te diga, sigue por donde ibas hablando, vale?...
A la vuelta, pude dedicar un tiempo a leer, y a disfrutar del sonido ambiente: el haber vivido unos años fuera de Andalucía me hace atender con gusto la musicalidad de sus hablas populares, y el vagón iba ocupado por un grupo de dinamizador@s de Guadalinfo que dinamizaban de lo lindo... La nota surrealista, es decir, menos superficial, la puso un ex-legionario en plena posesión de sus facultades espirituosas que subió tronando en la parada de Antequera. Al primer golpe de vista, recordaba a un Alan Moore, pero con más barba, y acabó bramando versos del tipo: Yo firmé mi muerte ante la bandera/ por esta mierda de patria. Con repetición melancólica, apagada, en: por esta mierda de patria... España...
...la etiqueta se ha convertido en una paradoja que significa nada y demasiado a un mismo tiempo.
Diana Cullell,
La poesía de la experiencia española de finales del siglo XX al XXI,
Devenir, 2010.
lunes, 9 de enero de 2012
La poesía de Sofía Rhei
Esta semana en Culturamas, breve presentación a una de las poetas más atractivas e interesantes del ruedo aquí
viernes, 30 de diciembre de 2011
LOS 11 MEJORES LIBROS DE POESÍA EN CASTELLANO DE 2011
LOS 11 MEJORES LIBROS DE POESÍA EN
CASTELLANO DE 2011
Sin
duda, este ha sido un buen año para la poesía en nuestra pequeña república de
las letras. Se ha publicado mucho, lo cual es muy normal, y muy bueno, lo cual
ya no es tan normal. Por mi parte, he elegido los once libros de poesía de dos
mil once que me han parecido más dignos de aparecer en semejante ejercicio de
relativización. Se trata de once libros de poesía escrita en castellano, por lo
que no se incluyen traducciones. Es una lista centrada en el panorama editorial
español, es decir, en lo que llega aquí con cierta facilidad, aunque haya
alguna excepción a esta regla. Cada uno de los seleccionados relevante debido a
diversas consideraciones, algunos pertenecen a poetas que ya figuran con
claridad en lugares destacados de nuestra tradición, otros son portadores de voces
muy distintas que están construyendo el mejor presente para la poesía en
castellano, hay también alguna antología, y muchas novedades aparecidas en estos
últimos coletazos de 2011.
1. Juan Andrés García Román, La adoración, DVD ediciones.
2. David Leo García, Dime qué, DVD ediciones.
3. Jorge Riechmann, El común de los mortales, Tusquets.
4. Juan Antonio Bernier, Árboles con tronco pintado de blanco, Pre-Textos.
5. Antonio Martínez Sarrión, Farol de Saturno, Tusquets.
6. Berta García Faet, Introducción a todo, La Bella Varsovia.
7. Luna Miguel, Tenían veinte años y estaban locos, La Bella Varsovia.
8. Luna Miguel, Pensamientos estériles, Cangrejo Pistolero Ediciones.
9. Juan Carlos Reche, Para los años diez, Casa Editorial HUM.
10. Martín Rodríguez Gaona, Codex de los poderes y los encantos, Olifante.
11. Jesús Aguado, El fugitivo, Vaso Roto.
Parecía
muy difícil que Juan Andrés García Román pudiera satisfacer las expectativas
levantadas ante la fascinación que causó su primer libro, El fósforo astillado. No sólo lo ha
conseguido sino que las ha superado con creces. La adoración no es simplemente el mejor libro de poesía de 2011,
sino un hito en la historia de la poesía en lengua castellana. Dime qué podría considerarse como el
primer poemario de David Leo García, entendiendo que lo anterior era algo más
parecido a un ejercicio escolar, en cambio ahora encontramos una voz
absolutamente contemporánea, vanguardista, refrescante y a la misma vez muy técnica
y experimentada, una apuesta hacia la apertura de las formas y tonos, dirección
compartida, aunque cada uno a su modo, con García Román. El común de los mortales, de Jorge Riechmann, continúa en la línea
comprometida y de denuncia social característica de su autor y viene a
refrendar la validez de una poética sin duda necesaria en cualquier tiempo. Árboles con tronco pintado de blanco, de
Juan Antonio Bernier, avanza un paso más en la maduración de unas elecciones, a
día de hoy, si cabe, más difíciles, manteniendo las mejores características de
un estilo sosegado, contenido y profundo, y afilando una vez más su lápiz neosimbolista
a la caza de elucidantes aforismos y atmósferas. Farol de Saturno, de Antonio Martínez Sarrión, llega como un inesperado
regalo de ancestrales raíces pero vivas, como un vino largamente fermentado en
barricas de roble castellano, es la voz de un patriarca que nos brinda sus
últimas sostenidas y ásperas canciones. Introducción
a todo, de Berta García Faet, representa, desde el título, desenfado y juventud
impetuosa, una lectura ágil, divertida, irreverente, de sonrisa contagiosa y
por lo tanto llamada a desbordarse, pero nada de ingenuidades literarias, sino
el fruto de una labor consciente y calculada. Tenían veinte años y estaban locos, la antología de la joven poesía
española compilada por Luna Miguel, es ya desde su nacimiento una referencia
obligada y reveladora de la riqueza, diversidad y renovación de un futuro muy
próximo para la poesía peninsular. Pensamientos
estériles, de Luna Miguel, si bien no ha supuesto ninguna sorpresa respecto
a su anterior poemario, tiene el valor de mostrar la evolución de una de las poetas
más influyentes en el panorama poético actual. A partir de las posiciones
señaladas en Poetry is not dead, donde
ya se manifestaba una actitud arriesgada y empeñada en la superación de planteamientos
pretéritos, se constata la fluidez que ha ganado su discurso, y es de
esperar que la joven autora continúe en esa línea. Para los años diez, antología de poetas españoles contemporáneos
realizada por Juan Carlos Reche y editada en Uruguay, no ha tenido por el
momento distribución en España. Se trata de una antología cuestionable sobre
todo en algunos planteamientos del prólogo pero muy atractiva gracias a los
poemas, muchos inéditos, y a los interesantes, aunque escasos, poetas
incluidos, además de por la serie de entrevistas personalizadas que los
acompañan. Codex de los poderes y los
encantos, de Martín Rodríguez Gaona, es un libro tan oceánico como su autor,
uno de estos poetas cuya trayectoria literaria y vital lleva a poner en
evidencia la fragilidad de las fronteras nacionales en cuanto a literatura se
refiere. El libro, por supuesto, no refuta tampoco su identidad andina, sino
que, al contrario, la asume con la naturalidad, más que de una reivindicación
histórica, de una realidad presente, y sobre todo como parte configuradora de
un objeto estético en el que la estética no elude ni escapa de la historia,
sino que le saca partido. El fugitivo, la
poesía reunida -de entre la publicada hasta el momento- de Jesús Aguado, es un
afortunado signo hacia la canonización de un poeta cuya
importancia nunca está de más recordar para recordar, de este modo, que la
honestidad heterodoxa y la independencia literaria deben comportar también, mejor
pronto que tarde, su merecido reconocimiento.
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