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| Del blog del Diente de Oro |
MAR NEGRO, XAVIER GUILLÉN
Jorge Díaz
Martínez
Supone para mí un gran placer y una gran alegría presentar esta noche a Xavier Guillén, quien hace tan solo unos meses ha sido oficialmente bautizado como poeta merced a la obtención del último Premio Andalucía Joven de Poesía con una obra titulada: Mar negro. Y digo oficialmente porque los que lo conocemos sabíamos ya de sobra, desde muchos años, que lo es. Así que no pretendo simular que esta sea una presentación objetiva. Si muchos autores suelen referirse a sus publicaciones como si fueran sus hijos, esta noche nosotros hemos venido aquí a presentar a mi sobrino. Y ha sido uno de los partos más difíciles, prolongados y esperados por parte de los que veníamos leyendo desde hace casi una década las sucesivas ecografías de la criatura que por fin tenemos entre las manos. Quiero con esto decir que este libro no es fruto ni mucho menos de una improvisación. Si algunos grandes poetas, como J. G. de Biedma, se quejaban, no sin algo de vanidad, de lo lento que escribían, Xavier Guillén no se ha quedado atrás.
Se ha tratado de un proceso de reescritura que ha sido, como es programático en todo primer libro, el proceso de hacerse a sí mismo como poeta, hasta encontrar un estilo y una voz. Yo conocía a Xavier —como decía— desde hace algo más de una década, justo cuando —debido a las malas compañías de la farándula granadina— el veneno de la poesía estaba empezando a picarle. Quiero decir que por aquel entonces, Xavier Guillén era un estudiante de Filología Hispánica que llevaba —no sé si se acordará— algunos años enfrascado en el intento de escribir una novela, de la cual tenía ya unos extensos archivos de Word. Y supongo que sería principalmente a causa de esas compañías que antes mencionaba que vino a descubrir los entresijos de la poesía contemporánea, la cual, como suele pasar en muchos casos, terminó robándole a la prosa ese lugar predilecto en las lecturas del joven filólogo. De modo que en el transcurso tan solo unos meses, Xavier interrumpía las conversaciones solo para repetir alguna frase que su oído había identificado como un endecasílabo espontáneo. Y por supuesto, como es natural en las iniciaciones literarias, muchas noches las pasamos recitando entre amigos, poemas propios y ajenos, ya fuera para mofarnos o bien para aplaudirlos.
Pero creo que todo esto son escenas
comunes en la formación de todo aprendiz de poeta. Así que me gustaría destacar
también una particularidad. En el caso de Mar negro, poemario que estamos presentando, el eterno
recurso del viajero que se busca a sí mismo a través de una geografía tiene en
su autor un correlato no solo simbólico sino también biográfico. Es decir, que
Xavier Guillén ha convertido su periplo vital en una metáfora literaria a
través de la cual ha acabado siendo reconocido institucional y físicamente como
poeta. O más sencillamente, se ha transformado a sí mismo a través de la
poesía. Y esto es lo que consigue la literatura, como decía nuestro ilustre
antepasado, cambiar el mundo, y a nosotros mismos, que no es locura, o tal vez
sí, pero tampoco importa que lo sea.
