blog de Jorge Díaz Martínez

sábado, 23 de febrero de 2013

La intimidad era esto ("Transbordo", por Elvira Ramos)



Y una reseña más de Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, esta vez por mi querida amiga Elvira Ramos. Creo que no ha sido muy objetiva. Podéis leerla en Ronda Somontano. O a continuación:



La intimidad era esto.

por ELVIRA RAMOS

Siempre, o a veces, que nos preguntamos qué es la vida se nos llena la boca de largas parrafadas metaliterarias que no hacen sino confirmar la frase manida pero tan cierta de “la vida es lo que pasa mientras creemos que vivimos”.
Esa sería la tesis defendida por Jorge Díaz en su libro TransbordoPoemas del metro de Barcelona. En él nos recuerda la importancia de reconocernos en los pequeños detalles, en las músicas e incluso ruidos que acontecen a nuestro alrededor.
Tiene Jorge, creo que siempre lo ha tenido, aún cuando ni él lo tenía tan claro, y a la relectura del personal y preciosista Almizcle y Tabaco (Pre-textos, 2006), con “versos” como éste: “Tiene dieciocho años,/sus rastas son rubias como la miel,/ siempre anda descalza”, un yo poético exquisito y pequeño, detallista, una formalidad vanguardista que nos recuerda a aquellos locos de la sonoridad de la poesía de finales del XIX y principios del XX. Como si en su vida poética conviviera con aquella “libélula vaga de una vaga ilusión”.
Sin embargo, para comprender dónde radica lo exquisito de este libro, debemos saber que lo que pretende es enriquecer al concepto literario por medio de la omisión de conjunciones. Pero con esta licencia no consigue alejar al público de su poesía, sino más bien, permite que de nuevo nos reconozcamos en cada uno de los rincones del metro de Barcelona, en el que la vida pasa en las mismas formas que en cualquier otra ciudad.
De manera inteligente, nos va llevando por las líneas del suburbano como quien queda con nosotros en cualquier andén de una estación, solo para charlar, porque hay conversaciones que sólo se pueden mantener si sabes que no tienes un destino, que tienes todo el tiempo del mundo, que de hecho, con Jorge Díaz, podríamos tomar el circular solo para disfrutar de las vidas que pasan cuando nosotros pasamos por ellas.
Una sonoridad, la de este poemario, que huele a café por las mañanas, que suena a raíles y vagones frenando, a respiraciones jadeantes de los que llegan tarde o pronto, según se mire, a miradas lejanas y furtivas, a la que siempre toma el mismo tren que tú, desde hace cinco años, pero aún no sabes su nombre.
No es difícil encontrar algo de nosotros mismos en los poemas de Transbordo, porque todos vamos siempre de paso hacia algún sitio.
Además, y en otro orden de cosas, la metáfora de la vida no es sino una realidad cuando nos encontramos solos ante ella. Menos mal que contamos con la palabra como billete de acceso, y con la poesía, como recurso de espera, cuando el tren se retrasa.

viernes, 15 de febrero de 2013

Transbordo en México



Hace unos días apareció en el Periódico de Poesía de la UNAM esta reseña de Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, por Andreu Navarro. Os dejo aquí en enlace:  De nuevo es un poeta adaluz quien viene a publicar...

 

domingo, 3 de febrero de 2013

Berta García Faet: poesía fresca y hedonista




Soy un ser de deseo:

1. Sé lo que es una revuelta de hormigas rojas
africanas
por entre las piernas.

2. Sé lo que es llegar a morderse los labios.

3. Sé lo que es decirle, por ejemplo
oh qué interesante

mientras pienso
oh Dios lo que te haría

Berta García Faet
Fresa y herida, Instituto Leonés de Cultura, 2011 


lunes, 21 de enero de 2013

La poesía de Luis Melgarejo


 
Publicado en  http://www.culturamas.es/blog/2013/01/02/luis-melgarejo/

 
Luis Melgarejo es uno de los autores más interesantes y a la vez más ignorados del panorama poético actual. No es de extrañar, pues de alguna manera la propia poesía  de Melgarejo se ha ganado a pulso su marginalidad merced a unas opciones de escritura individualistas y voluntariamente opuestas a las consideraciones estéticas convencionales en los circuitos establecidos de poesía.  A un primer libro avalado por el prestigio del Premio Hiperión, Libro del cepo, le sigue un segundo que obtuvo el Javier Egea de Poesía en su segunda convocatoria, cuando todavía no lo editaba Pre-Textos, hecho del que podemos maravillarnos, teniendo en cuenta la infrecuencia con que libros tan arriesgados y personales como Los poemas del bloqueo consiguen ser respaldados por un jurado institucional. A partir de ahí, silencio. Encuentro como la nota más peculiar de su escritura la disonancia entre unos moldes clasicistas –con frecuencia, rígidamente métricos- de escritura y un discurso ideológicamente inconformista. El ensamblado de ambas características produce en su primer libro una ironía constante que alcanza en ocasiones al sarcasmo. En su segundo, un extraño idiolecto rural-culto cargado de ese malestar contenido que en los pueblos perdidos de la España profunda con tanta facilidad florece. Escritura-arte sin concesiones al remilgo. Escritura dura y pura.



Luis Melgarejo (La Zubia, Granada, 1977) ha publicado hasta la fecha dos libros de poemas: Libro del cepo (Hiperión, Madrid, 2000), con el que obtuvo el XV Premio de Poesía Hiperión, y Los poemas del bloqueo (Cuadernos del Vigía, Granada, 2008; 2ª edición corregida y ampliada), que fue Premio Javier Egea de Poesía en 2005. A lo largo de estos últimos años, poemas suyos se ido recogiendo en numerosas antologías y revistas literarias a ambos lados del Atlántico. Imparte talleres de creación literaria y animación lectora en bibliotecas, centros educativos y centros de enseñanza de adultos de toda Andalucía.  Junto con su familia y la gente de la Asociación Cultural La Zagüía, regenta La Casa con Libros, alojamiento rural situado en el pueblo de la Zubia, un espacio que aparte de como alojamiento funciona además como biblioteca y centro social que semanalmente acoge actividades culturales de toda índole. En colaboración con el colectivo La Palabra Itinerante, investiga en el ámbito de la poesía escénica y de la pedagogía literaria y, junto con el guitarrista bonaerense Esteban Jusid y el artista plástico granadino Iván Izquierdo, saca adelante desde hace ya unos años Subdesarsur, espectáculo interdisciplinar que aúna poesía, música y pintura. Actualmente y mientras espera a que España deje de ser la de los Reyes Católicos, ha fijado su residencia en Łódź (Polonia).


 /viaje de negocios

.tengo que preparar unas palabras
unos veinte minutos
de palabras
sobre viajes
.unas palabras
para ser seguro escuchado
atenta y respetuosamente
por unas
pongamos
cuarenta
personas
que apenas
o sólo
conozco
de nunca
y no obstante acudirán
porque así es preciso siempre en todas partes
y así ocurre
.soy un profesional de la palabra
con un cierto prestigio
y unos más que aceptables honorarios
-a nadie ha de extrañar sea contratado
ya casi viva de esto
y acuda algún ocioso
desocupado oyente a ver qué digo

.pero

tengo que preparar unas palabras
unos veinte minutos
de palabras
sobre viajes


                    
/exequias

.con el odio secreto de las madres .

                        -de los mandados vuelve son las ocho
                       
Los árboles aquellos hoy tan altos
De los inviernos jóvenes del parque
Con su anorak celeste hasta los pómulos

                        -ella niña

De los mandados vuelve de las norias
A la casa del padre poderoso
Para meterle el miedo en la mortaja

                         -fuera el silencio cerca las aceras
 .
 .
.anudado por dentro de las hijas
                    

(de Libro del cepo)



                        Marsella

No sé ya recordar el nombre exacto
que tuvo esta ciudad sobre la lengua
de aquella que paró conmigo entonces
la prisa de las calles. Era menos
mortal la vida entonces, suficiente
llegar a fin de mes sin las historias
felices del amor y más violenta
la furia de las pieles contra el lucro
sagrado de la usura y de las diestras
políticas sociales de esta V
República Francesa. Sin papeles,
a golpes ya devueltos la sacaron
legales de la casa. Solamente
me acuerdo de sus pechos africanos.



Tengo tu olor a pies rondando por la casa


Son las 7 perfectas para el odio.
Son las 7 perfectas para el frío.
_________________________________x
Son siete veces siete dicen siempre.
_________________________________x
_________________________________x
Ya se oyen los gargajos y los coches,
las vísceras tan nuestras. Amanece.
_________________________________x
Hoy vuelvo a madrugar sin proponérmelo,
copón. Haré café. Iré a cagar.
_________________________________x
Haré café, defecaré. O así:
La lana macilenta de los desmadejados
después de las cocinas olorosas.
_________________________________x
_________________________________x
Que no haga música,
me dicen. Que la busque.
Pero que no me quede machacón.
_________________________________x
Ni prosaico tampoco.
_________________________________x
_________________________________x
A ver: La blanca lápida del alba,
el frío alicatado. No hay manera.
_________________________________x
_________________________________x
Pasillos y ventanas. Ya sé del inquilino
que vuelve a estar a solas con su nadie.


(de Los poemas del bloqueo)



CAVE CANEM

                                
Dentro de un perro, sí,
                                
dentro de un perro caben
mordiscos, obediencia, ladridos, desamparo,
carlancas, madres, lobos, costillares,
cadenas herrumbrosas, candados antiquísimos,
la luz esa que alumbra la infancia en la memoria y
tiritañas raídas por la friega del hambre,
la certeza del pienso y
                                                             cabe el odio y la paz,
las raigambres profundas de la dicha más lenta,
los orines calientes del mozuelo humillado,
la divisa del miedo, los linderos del mundo,
el desguace infinito del motor de la furia,
las pupilas vidriosas que asolan las cunetas
de los caminos rectos y el insomnio,
las lonjas, las aduanas, los montes de piedad,
las cuevas cuando el fuego era un milagro,
alijos, malas pulgas, el pudor,
los zurdos y los diestros, escrutinios,
nitrógeno, potasio, cariño y mucho fósforo y
la osamenta pelada de un gallo de pelea
y un sigilo entre jaras y una asfixia de siglos
y estos nudos que aprietan como aprietan mis puños
el doble corazón de las urgencias
que late en la espesura y
                                                                  también caben los soles,
el cáncer, odaliscas, las sobras, lo caduco,
tus manos, nuestras vidas, mis clavículas,
los cerros, los furtivos, la sed, la burocracia,
el tuétano de un fémur de los de relicario,
miserias, emboscadas, braseros, azadones,
la soledad feliz, el yugo, confidentes,
los jornales manchados de sangre compañera,
la escarcha en el verdín de los estanques,
los golpes, las palabras, el silencio,
los tristes uniformes de un ejército firme,
punzones, maceteros, artilugios modernos
que parece que sirven para viejos quehaceres,
la lógica del jueves, lo amargo de estas vísceras,
condenas, dentelladas, apuros, callejones
y hermosas tachaduras mucho más verdaderas
que lo escrito al dictado del anhelo imperial
y el solsticio de invierno y las cerezas maduras
y el azar y la industria y
                                                               caben canes, canicie,
canículas de asfalto y podredumbre,
pistones, cartapacios, escorzos, nervios, censos,
las cosas sin sus nombres, la lengua que se da,
el mar, las motosierras, el vértigo, los rabos,
la piel de los membrillos, los líquenes graníticos,
la tierra apisonada, pereza y mansedumbre,
quinquenios, maquis, dudas, las perreras,
desórdenes, cuarteles, coltán, la numismática,
trescientas biblias coptas, el precio de la carne,
cabriolas, garrapatas, la raza y el moquillo y
la voluntad del amo y
                                                            también cazuelas, llagas,
laúdes, pedigríes, chilabas, desconcierto,
hollín, balates, yunques, gatos, sogas,
pinceles, hemiciclos, olvido, longanizas,
susurros, diagonales, microprocesadores,
el fiel de la balanza trucada de los justos,
la mística, la leña, sudor, fideicomisos,
las sonrisas sinceras, las mentiras piadosas,
el jazz, la levadura, lo falaz,
las florecillas blancas de las papas,
la pólvora, los trenes, pequeñas alegrías,
neblina, vecindades y más de cinco mil
cadáveres anónimos según la luz que arrojan
los datos más recientes relativos
a las fosas comunes de desaparecidos
de esta provincia nuestra.                
                                                                       Dentro de un perro, sí.

Dentro de un perro cabe la historia verdadera.

(inédito)

miércoles, 2 de enero de 2013

Algunos de los mejores libros de poesía de 2012





Este año 2012 no he leído todas las novedades que quisiera, y por eso esta lista incluye una lista de deseos. Me he dedicado, en cambio, a leer autores publicados algún tiempo atrás, especialmente a Alejandra Pizarnik, César Vallejo, Guillaume Apollinaire, Jose Ángel Valente, Octavio Paz, Lord Byron, Juan Bernier, Zhuang Zhi, Roberto Bolaño (poeta), T. S. Eliot, Friedrich Hölderlin, Wislawa Szymborska, Mallarmé o Sylvia Plath, entre otros. Pero también he ido sacando tiempo para leer o releer a poetas contemporáneos como Raúl Quinto, Luis Gámez, Sandra Santana, Ana Hidalgo, Elena Medel o Elvira Ramos, y sobre todo a las varias decenas de poetas andaluces que leí parcialmente junto a Ana Isabel Alvea para realizar La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces (Ediciones En Huida, 2012). A propósito, también he leído algo de prosa, menos de la que me gustaría, es cierto, pero quiero mencionar estas cuatro recomendaciones: Fresy Cool de Antonio J. Rodríguez, Los que miran el frío de Francisco Onieva, Faula de Begoña Callejón y Yo serví al rey de Inglaterra de Bohumil Hrabal (mi personal descubrimiento narrativo de este año). Y por último, la susodicha arbitrariedad que conforma las listas de poemarios publicados durante 2012. Renuncio a toda pretendida objetividad: esta lista está conscientemente limitada (condicionada, determinada, etc.) por mis circunstancias personales -o por mi posición en el campo, que diría Bourdieu- hasta el punto de no tener más valor que el que a dicha posición pueda atribuírsele como atisbadero de lo que en el panorama editorial español se ha movido durante estos últimos doce meses en los que, por cierto, yo mismo he publicado dos libros que añado como síntoma de extrema falta de objetividad y modestia. Por si esto fuera poco, y como decía al principio, incluyo además algunos poemarios que todavía no he leído, que deseo leer y que al mismo tiempo no necesito leer para saber que merecen un lugar en ella. Los ordenaré alfabéticamente atendiendo a la primera letra del título, para mayor inri. Y para terminar, ya de verdad, decir que el acontecimiento poético del año no ha consistido tanto en la aparición de un libro de poesía como en la desaparición de una editorial. Correcciones, sugerencias, insultos y despropósitos, bienvenidos.


Antibiótico, Agustín Fernández Mallo (Visor, 2012) -Deseo
Climax Road, Vanesa Pérez-Sauquillo (Rialp, 2012) -Goodreads review
El libro de la crueldad, Layla Martínez (LVR Ediciones, 2012) -Deseo
El sueño de Visnu, David Meza (El Gaviero Ediciones, 2012) -Goodreads review
Hay una araña en mi clavícula, Sara Herrera Peralta (La Garúa Libros, 2012) -Goodreads review
Interior metafísico con galletas, Alberto Santamaría (El Gaviero Ediciones, 2012) -Deseo
La bicicleta del panadero, Juan Carlos Mestre (Calambur, 2012) -Deseo
La plaga [remastered], Raúl Alonso (Editorial Cántico, 2012) -Goodreads review
La vida por delante. Antología de jóvenes poetas andaluces, Ana Alvea Sánchez y Jorge Díaz Martínez (Ediciones En Huida, 2012) -Libro propio
Poesía escogida, Giorgio Caproni (Pre-Textos, 2012) -Leyendo actualmente
Sentado junto al muro, Rafael Antúnez (Editorial Cántico, 2012) -Goodreads review
Transbordo. Poemas del metro de Barcelona, Jorge Díaz Martínez (La Garúa, 2012) -Libro propio
Una luz que viene de fuera, Joan de la Vega (Paralelo Sur, 2012) -Reseña
365 haikus y un jisey, Joan de la Vega (Rúbrica Editorial, 2012) -Deseo
72 demonios, de Javier Gato (Cangrejo Pistolero Ediciones, 2012) -Deseo


lunes, 24 de diciembre de 2012

POR QUÉ VOLVER A LEER "PASEO DE LOS TRISTES", de Javier Egea


 POR QUÉ VOLVER A LEER PASEO DE LOS TRISTES

Egea, Javier.
Paseo de los Tristes.
Point de Lunettes, 2010.

Por Jorge Díaz Martínez

La editorial sevillana Point de Lunettes ha tenido el acierto de reeditar un título emblemático para la poesía española de los ochenta y, cabría decir, una clave esencial para comprender buena parte de la poesía escrita desde entonces en nuestro país. La nueva edición de Paseo de los tristes, de Javier Egea, se terminó de imprimir el pasado 27 de marzo de 2010 con una tirada de mil ejemplares que al cabo de tres meses ya se encontraba agotada. 

El prólogo corre a cuenta de Antonio Sánchez Trigueros, quien nos facilita, a partir de diferentes ángulos, un marco de lectura muy completo que abarca desde la aparición del poemario en 1982, cuando resultara ganador del Premio Juan Ramón Jiménez, hasta aspectos tan significativos como la composición del jurado, la ascendencia ideológica del libro o la acogida crítica que mereció a través de las varias reseñas que se fueron publicando durante los meses siguientes.

Al volver a leer Paseo de los tristes, una ligera sensación de aire de familia se transforma pronto en la certeza de estar volviendo a leer cuatrocientos poemarios en uno. Dicho de otra manera, nos parece estar ante algo así como la madre de todos los poemarios. Sin necesidad de insistir demasiado sobre la huella que La otra sentimentalidad primero, y la Poesía de la experiencia después, dejaron sobre los autores posteriores y, por ende, también sobre los actuales, creo que se entenderá lo apropiado de la imagen. 

Ahora bien, sabemos que cada vez que una fórmula es reproducida por un nutrido grupo de copistas, sucede que aquello que en principio resultara genuino, ingenioso o genial, acaba sin remedio en una escritura torpe, alienada o serializada. No debemos lamentarnos: es un mal necesario o, mejor dicho, inevitable. Incluso puede que sirva de reactivo, impulsando, al igual el abono, nuevos florecimientos.

La situación, que fue señalada con acritud desde numerosas instancias ya a mediados de los noventa, debería entenderse hoy por hoy, desde un punto de vista sistémico, como un mecanismo intrínseco a la instauración de nuevos paradigmas estéticos dentro de una tradición, una fase de expansión que daría pronto lugar a un estadio de deterioro, según la dinámica de los sistemas literarios modernos. 

¿De qué nos sirve entonces, ahora, volver a leer Paseo de los tristes? Nos sirve, precisamente ahora, para volver justo al principio. Y no como una estampa de melancolía, sino para tomar justa conciencia de la significación del término clásico en su propio sentido, o de canon. Nos sirve para reconocer la fuente, el agua de la que han bebido tantos otros que nosotros, luego, hemos leído. Nos sirve para acotar un centro fundamental del repertorio (Even Zohar) de una tradición. Una toma de conciencia viva, ésta, que lo será más, si cabe, para quienes durante las últimas décadas han venido leyendo la poesía que se ha escrito en España desde aquel 1982.

Y para retomar un poco la reflexión teórica que daba pie a sus versos y agitaba también los de otros muchos escritores de su generación. Una teoría poética que posteriormente sería desarrollada, explicitada y pormenorizada, a lo largo de los ochenta y noventa, en diversos manifiestos, prólogos, artículos y ensayos, bien por los propios autores de lo que empezó llamándose La otra sentimentalidad (labor en la que destacó particularmente Luis García Montero), o bien por una multitud de poetas y estudiosos que se posicionaban, y aún se posicionan, a favor o en contra de lo que se llamó Poesía de la experiencia

La herencia de ese debate, que ya apuntando hacia la segunda década del s.XXI sigue moviendo el molino, la encontraríamos, por ejemplo, en la acuñación de nuevos marbetes críticos, como el reciente de Poesía de la Normalidad (utilizado por Vicente Luis Mora y Agustín Fernández Mallo), un término que, si bien podría aplicarse, tal y como ha sido expuesto por sus ideadores, a un volumen considerable de lo publicado en España de unos años a esta parte, no alcanzaría, en cambio, a la producción inicial de los autores de la escuela granadina.

Es bien sabido, y así nos lo recuerda Sánchez Trigueros en su prólogo, que la clave del pensamiento poético del citado grupo debe buscarse en la figura del profesor de la Universidad de Granada Juan Carlos Rodríguez Gómez. Por ende, Trigueros señala también, sirviéndose de los planteamientos de la Estética de la Recepción, hacia la influencia de Rodríguez Gómez no ya sobre la poesía de Egea, sino sobre la lectura que de esa poesía se hizo, tomando en consideración que “muchos lectores dicen que un libro es lo que un lector cualificado ha dicho que es.”

No es este, desde luego, el lugar adecuado para pormenorizar acerca del pensamiento poético del profesor Juan Carlos Rodríguez y su docencia sobre los creadores de La otra sentimentalidad. Acotaremos, no obstante, su raigambre en la crítica marxista de Gramsci, Althuser o Kristeva. Parafraseando al propio Rodríguez, la operación transformativa de la historia literaria moderna pasaría de considerar a la poesía como la expresión de un espíritu (romántico), a la elaboración de una razón (ilustrada), para finalmente terminar por descubrirse a sí misma en forma de producción ideológica (Marx y Freud). 

De alguna manera, estas nociones funcionaron como una base teórica que apoyaba, guiaba o justificaba la legislación estética del grupo granadino. A partir de una consideración de la poesía, no ya como la obra de un espíritu (individual, nacional o de época) o una razón (burguesa), sino como la manifestación de una ideología (materialista, histórica), se explicaría, por ejemplo, la construcción de un sujeto lírico ficticio, posicionado y comprometido ante esa o gracias a esa conciencia histórica, así como una escritura orientada, no tanto desde el yo, sino hacia el nosotros (objetivación del sujeto lírico).

Como decía, se han argüido múltiples críticas ante dichos parámetros durante los últimos veinte años aproximadamente. Algunas de ellas vienen de parte de los propios miembros de La otra sentimentalidad, que en textos más maduros recuerdan que no habría contradicción entre sujeto (propietario, al menos, de razón) y producción ideológica, ya que la ideología necesitaría siempre de un sujeto en que asentarse, de la misma manera que no sería posible un sujeto sin ideología. Así, Luis García Montero dirá que “los sentimientos públicos y las ideologías sólo existen cuando se plasman en unos ojos.”[1]
 
Pero regresemos a Paseo de los tristes. Vale la pena volver a leer un poemario fraguado al calor de unas ilusiones -las de aquella reciente democracia y aquella sociedad todavía en pleno encantamiento- comprometidas con su tiempo y, sobre todo, con la poesía. Vale la pena leer unas composiciones que todavía le seguían buscando el sentido a una cierta idea de la literatura, cuando en el calendario empezaba ya a marcarse el principio del fin de un siglo empeñado en acabar de una vez por todas con la cultura, para sustituirla por la lógica de mercado. Vale la pena porque Egea todavía creía en su escritura y, si dejamos aparte exégesis históricas y nos quedamos, sólo por unos minutos, a solas con los poemas, no podremos dejar de notarlo.    

[1] En su poética para: J. C. Mainer (ed.) El último tercio de siglo (1968-1998), Madrid, Visor, 1999. Pp: 664, 665.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Enclave de poetas en Madrid



Ana Gorría, Jorge Díaz Martínez, Sara Herrera Peralta, Mercedes Gómez, Joan de la Vega, Juan Carlos Mestre, Alberto García-Teresa, Giuseppe (Enclave de libros)

Sábado 15 de diciembre a las 19:00 horas lectura poética de los últimos poemarios Hay una araña en mi clavícula de Sara Herrera Peralta y Transbordo. Poemas del metro de Barcelona de Jorge Díaz Martínez, publicados en La Garúa Libros, y 365 haikus y un jisey, de Joan de la Vega, publicado por Rúbrica Editorial. Presentan Ana Gorría y Alberto García Teresa. Enclave de libros (Madrid)


Suena el despertador. He dormido tres horas, mal contadas. Voy a la ducha. En la estación, aguanto en el arcén porque no quiero subir a ese autobús. Hace años que no hago un trayecto tan largo en autobús. Lo paso mal, la primera mitad del viaje me mareo, me revuelvo, acabo hablando del tiempo con mi acompañante. Es la primera vez que va a Madrid, me dice, y me sorprende. En el descanso me bebo un poleo menta despacio, muy despacio, se acerca un gato naranja con las orejas chatas y me mira esponjoso. Es un gato gordete como un peluche y los viajeros le hacen monerías. La segunda mitad del trayecto caigo profundamente dormido. Solo me despierto cuando mi cabeza alcanza un grado de inclinación peligroso en el pasillo y me enderezo como un muelle para seguir durmiendo. Por el hilo musical ponen el corazón partío de Alejandro Sanz y me acuerdo de Carmen. La llamo. ¿Qué estás en Madrid? ¿Cómo lo sabes? Quedamos para comer. El hostal El Tera está muy bien, mi ventana da a la calle Magdalena, a escasos cinco minutos de Enclave de libros, la librería donde se va a realizar la presentación. Me acerco a visitarla. Los dueños, Pino y Marian, son italianos y muy simpáticos. Veo la edición de Bartleby de la poesía inédita y dispersa de Javier Egea. El otro día estuvo Pedro Ruiz hablándonos de este libro tras la presentación en Córdoba. Lo hojeo al azar, me detengo en un poema. Este poema basta para que decida que el libro merece la pena. Veintidós euros que pago con gusto.




1952

…Un silencio con hedores reposa.
Federico García Lorca

Como un eco caliente
nacimos los más jóvenes
pero aún no se había terminado la guerra.
Nacimos entre flechas y yugos y sotanas y brazos extendidos,
cuando la piel del toro todavía sangraba,
todavía en canal abierto el toro.

Y sangraba la Historia:
la cultura arrancada de raíz de la tierra
puesta al fuego en las plazas
y en su lugar Pemán y el catecismo
y la vergüenza en las estanterías.

Difícil encontrar algún poeta que no estuviera muerto,
subterráneo
o más allá del mar.

Era y es el silencio que impone el vencedor,
la cárcel que mantiene
desde su fortaleza.

Era y es la injusticia.

No termina la guerra donde empieza el terror,
donde sudan las puertas de las casas
esperando tres golpes que las llame en la noche
y la tapia esperando,
y la cunera esperando,
y las caras hambrientas de los que no te volverán a ver.

No termina la guerra donde siguen
las listas negras, los archivos negros,
la justicia temblando en un rincón del sótano,
la libertad sangrando en el barranco
y aquí no canta nadie porque no quiere ése
que preside el silencio desde cualquier despacho.

Todavía en canal abierto el toro.

Como si fueran pocos los muertos que se fueron,
como si fueran muchos los vivos que quedaron.

Javier Egea
Poesía completa (Vol. II) Obra dispersa e inédita
Bartleby Editores


Pino y Marian me enseñan ediciones de poesía cuando me llama Carmen. Quedamos en Sol. Las gitanas vocean su anhelada mercancía. Hay una estatua humana. Mientras espero, pienso cómo lo hará para permanecer inmóvil durante tanto tiempo. Le doy un par de vueltas a la plaza. La estatua sigue igual, ni siquiera se mueve cuando recibe monedas. Su único movimiento perceptible es un plateado parpadeo. Las gitanas igual, vendiendo el gordo. Hay más gente esperando en la entrada del metro. No espero más, me voy. Por fin me llama. Encontramos un sitio en un local donde ya no les queda ese pastel de verdura y le digo a la camarera que yo había entrado precisamente por eso. Me dice que si quiero que me diga un secreto la verdad es que no está muy bueno. Llevaba ni me acuerdo cuántos años sin ver a Carmen. Nos despedimos y me queda el tiempo solo para una ducha rápida, hemos quedado una hora antes para prepararlo todo. Me ducho. Hago una pequeña relajación. Llego un cuarto de hora tarde pero soy el primero. Pino me dice que Joan y Hasier han estado antes. Mi primera impresión es que han llenado la sala con demasiadas sillas. Me pongo a mirar libros. Llega Sara Herrera Peralta, con su familia, y aprovechamos para intercambiar firmas y libros. Me ha traído Sin cobertura y Shock desde París. Me encanta. Llega Joan de la Vega con Mercedes y un rato después entra Juan Carlos Mestre. Su cálida energía se nota inmediatamente, al oído y al tacto. Impresiona. Da buen rollo. Hablo con él brevemente. Joan está nervioso, esperando a que llegue todo el mundo. Pero todo el mundo va llegando: Hasier Larretxea y nuestros presentadores, Ana Gorría y Alberto García-Teresa. También Álvaro Espejo, María González y Ana Castro. Entre tanto, me ha dado tiempo a descubrir otra joya editada también en Bartleby: Libro de jaikus, de Jack Kerouac. Es una edición bilingüe: no soy especialmente un buen lector de inglés, pero estos versitos se deslizan en mi mente como copos de nieve. Es fantástico. Les digo a Pino y Marian que su librería es un peligro y que me lo guarden. Me contestan riendo que ya no me dejan comprar más. Se acerca un chaval que no consigo identificar y me dice ¿Tú eres Jorge, verdad? Te he reconocido por las fotos, estaba mirando los libros del escaparate y te he visto dentro. Es Salvador Galán-Moreu, uno de los poetas que antologué en La vida por delante. Decide quedarse. 

Cuando por fin nos sentamos tras las botellitas de agua el patio de butacas está prácticamente completo.  Me acabo de dar cuenta de que no hay micro. No hay micro, le digo a Ana. Ella mueve la cabeza. Primero, Alberto García-Teresa, de pie, hace una introducción del acto y de La Garúa. Luego habla Ana Gorría, barajando los tres libros en sus manos. Comienza a leer Joan sus haikus, uno detrás de otro: el efecto es el de una catarata de flashes y juegos conceptistas. Me gustan y pienso que quiero leerlos más despacio. Luego llega mi turno. Introduzco los poemas, me esfuerzo en declamar, en que mi voz alcance hasta las últimas sillas. Durante esos momentos, el poema se me hace partitura. Veo a Mestre aplaudir y decir que sí con la cabeza y tengo que hacer un esfuerzo para seguir como si tal cosa. Miro al fondo del pasillo y procuro no pensar en nada más que en los versos. Luego recita Sara. Su turno es especial y todos lo sabemos. Aquí está su familia y sus circunstancias recientes. Empieza bien pero pronto su voz se atraganta y contiene, contiene la emoción y todos la sentimos. Habla con sus abuelos. Tengo que echarme un vaso de agua. Durante unos minutos, toda la sala guarda la respiración. La voz de Sara es un hilo que no se va a romper. Luego leemos cada uno un poema más y se acabó. Vienen las felicitaciones y las firmas, las despedidas y las presentaciones. Se acerca primero Mestre. Le han gustado tanto los poemas que no sé qué decir. También ha venido Rafael José-Díaz, muy agradable: hablamos de todo un poco. Mercedes me dice que es muy difícil sacarme una foto con los ojos abiertos. Luego salimos a la puerta, entramos, pago el libro de Kerouac, nos hacemos la típica foto de grupo, y se forma un corrillo en torno a la lectura de tesis de Alberto García-Teresa, que será muy pronto y trata sobre poesía contemporánea. Luego nos vamos a un bar, donde paso un buen rato hablando con Silvia Terrón. Sara debe marchar con su familia y nos despedimos. Vamos quedando menos y buscamos un restaurante. Ana me habla de Eduardo Scala. Después de mucho deambular y esperar mesa, pedimos ensaladilla rusa, croquetas, calamares y pulpo. Joan y Mercedes han dormido poco, como Ana, que acaba de volver de otro encuentro en Galicia, y como yo. Hablamos mucho de todo. Pasan horas. Cuando llego al hostal ya son las tres. He traído mi saco de montaña. Miro el correo, el Facebook. Por la ventana me llegan los acordes de este sábado noche de Madrid. Me duermo.