blog de Jorge Díaz Martínez

martes, 11 de abril de 2017

Dos sonetos








No suelo escribir sonetos.
Me parecen un arte de otro tiempo.
He escrito estos para entretenerme,
o desahogarme, como un juego.




SONETO TORCIDO



Deberían tener párpado o músculo
para cerrarse siempre que lo pida
la situación infame, cual molusco
resguardado en su concha, que rápida-

mente a salvo de las sonoras fieras
las proteja que dañan su salud.
A cobijo, como en un ataúd
y ante el estruendo así como hieráticas.

Este ruido no deja de golpear.
En la noche no he podido toda
pegar orejas ni ojos y en el pub

esa electro de mierda que proclaman,
de manera insultante, como música,
percutiendo prosiguen los borrachos.



SONETO PASEANTE


Amanece la noche. Cuatro cuervos
apuran en el césped las colillas.
Tienen resaca todas las chiquillas,
mala leche las ingles de los ciervos.

Y esa luna redonda como un queso
entre ramas romántica tejida.
Me aburre ya quejarme de la vida,
de palabras roído tengo el hueso.

Llámese azar, llámese desatino,
del alma de un cigarro empalagado
me siento en un jardín para vaciarme.

Que mi sangre haga barro, quiero darme
al tam-tam de mi idioma de destino.
Del estanque un patito se ha extraviado.













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