blog de Jorge Díaz Martínez

jueves, 4 de julio de 2013

Disparos en la nieve




I

Frente de Kolla.
Istmo de Karelia

Simo Häya no es un francotirador corriente. Los rusos lo apodan "La muerte blanca". Su nombre está en la lista de soldados a los que buscar para su ejecución. Su certeza en el tiro merma al Ejército Rojo. Elimina a los hombres y desuella la moral de la tropa. Ha sobrevivido a varios intentos de asesinato, a la caza salvaje de otros depredadores. Pero aún no existe la bala que se cobre su pieza. Ahora está tumbado sobre la nieve. Su mano derecha acaricia el gatillo de un fusil H-28, el arma con que cada verano salía al monte con su padre, antes de que Stalin invadiese su mundo. También pescaban en los lagos de Karelina. Y a la noche, encendían un fuego que convocaba a su alrededor a toda la familia, e incluso a los amigos. Allí cenaban, al calor de las llamas y de la compañía, como si nadie en la Tierra estuviera de paso. Donde había canciones, hoy ruge el tableteo constante de las ametralladoras. Por eso "La muerte blanca" clava la vista en el lago congelado, por donde espera que aparezcan las orugas soviéticas que huyen de las carreteras llenas de minas. No trata de defender una frontera, sino su propia infancia.

Ariadna G. García
La Guerra de Invierno
Hiperión, 2013.




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