blog de Jorge Díaz Martínez

lunes, 24 de septiembre de 2012

Un capricho "maudit", o "el fetichismo de la autenticidad"






Les poètes maudits
Paul Verlaine
Kessinger Legacy Reprints

Hay libros de los que se habla en todas partes pero nadie parece haber leído. Les poètes maudits es uno de esos libros. La mayoría de la gente, cuando dice que un músico o un pintor es un artista “maldito”, ignora que la culpa de que estén pronunciando ese apelativo la tiene Paul Verlaine. Entre poetas, con suerte, la cosa cambia, aunque a día de hoy pocos hayan leído a Verlaine, en realidad, al menos en España –no sé, es una impresión-. Pero sí, algunos saben que fue el responsable de una de las antologías más peculiares en la historia de la poesía. Podríamos hablar de algunas otras que han intentado imitarla muchas décadas después. Podríamos hablar también de algunos otros libros que ayudaron a crear la imagen del malditismo y la bohemia francesa de la segunda mitad del XIX. Podríamos hablar de pintura. Podríamos hablar, simplemente, de curiosidad. La curiosidad de leer las palabras que Verlaine le dedica, por ejemplo, a su ex-amante Rimbaud (¿es esto morbo?), o las que les dedica a esos autores a quienes conoció y trató personalmente y que hoy forman parte de esa especie de mitología universal de la poesía que todos conocemos. Por no mencionar la omnipresente ausencia de Baudelaire, una ausencia que le hace, a la vez, si cabe, más maldito y presente todavía. ¿Intuimos envidias, desencuentros? Y la curiosidad, además, en esta edición, de observar la tipografía, las ilustraciones y la paginación original –y el gusto de estampar, sobre ella, mi firma. Y la curiosidad, en definitiva, de un viaje en el tiempo hacia el origen, hacia la originalidad. El espejismo de la autenticidad. O quizá sea tan solo una forma más de fetichismo. Fetichismo por  las palabras. Pero fetichismo también por las personas que se esconden tras ellas.  ¿Y detrás?




viernes, 14 de septiembre de 2012

A 39 años de la muerte de Víctor Jara







A 39 AÑOS DE LA MUERTE DE VÍCTOR JARA

Si no fuera por Milton Friedman tal vez Víctor hubiera llegado a viejo,
o a lo mejor lo hubieran matado igualmente
porque para matar al pueblo nunca hicieron falta teóricos:
cuanto más unido el pueblo
menos munición se necesita.
Es como echar las redes en el río.
Y si no hubiera sido Nixon, hubiera sido otro,
poco importan los nombres de los guantes
cuando se trata de estrangular a… todo el mundo.
Y la cosa sigue así,
estamos recordando el asesinato de alguien
al que están matando ahora, en el futuro. 
Al que rematarán, sin duda, en el futuro.
Ese alguien se llama:
(ponga aquí lo que piense)







lunes, 10 de septiembre de 2012

Los héroes acaban mal









El placer de la lectura se ha convertido en stress, nostalgia, obligación. ¿Dónde ir a buscar el ocio verdadero? Perder el tiempo, cuando perder el tiempo va contra tu deseo, cuando un placer va contra tu deseo, cuando un deseo se opone a otro deseo por el control del tiempo de tu vida. ¿Sobre qué deseo depositar las piezas de tu apuesta? Y digo apuesta porque toda decisión lo es. El deporte y el amor. La salud y la bondad. El sexo y la tranquilidad.