blog de Jorge Díaz Martínez

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Lecturas interruptas de poesía



Sin cobertura 
Sara Herrera Peralta
La Bella Varsovia, 2010 

Dice la autora, como post data, que este fue su primer libro (aunque no en publicarse) y lo cierto es que a pesar de contener, como es normal, algunos altibajos, también encontramos ya en él algunas muestras de la mejor voz de Sara Herrera Peralta en poemas como el muy citado "18:33" y en versos muy acertados, por lo divertido, o por su sentido, o por ambas cosas a la vez, como:
 
El miedo aparece
cada vez que tú te escondes.
Y viceversa.
 
Los capilares de mi cuerpo son
el semáforo de tus intenciones.
 
Hombres y mujeres (arroba)
desesperados como discotecas andantes.


Una obra muy plástica en sus juegos tipográficos y en su discurso. Las raíces psicológicas de una poeta in crescendo. Y, aunque el poemario se el llame Sin cobertura, la verdad es que la cubierta del libro mola.




Estancia
Sergio Gaspar
DVD Ediciones, 2009

Los poemas de Estancia, de Sergio Gaspar, me recuerdan a aquello de Vallejo... porque son como golpes, puñetazos. Con un par de ellos al día tengo bastante, y hasta mañana. Cuando el viento levante toda esa paja de las antologías, estos granos perdidos, tan duros, quedarán.

***

Estaba equivocado, o tal vez era otra persona. La segunda parte del libro la he leído del tirón. Hay poemas diminutos inmensos. Y otras cosas que nunca te esperarías en un libro de poesía. No aventuro ningún juicio. No deja indiferente. En resumen: brutal.




Ariel
Sylvia Plath
Hiperión, 1985 (2010)

Este libro me ha acompañado en mis lecturas nocturnas desde hace varios meses. No hay nada que pueda decir yo sobre Sylvia Plath que aporte algo a lo que ya se conoce sobre esta poeta. Creo que es una lectura (de las) que no se termina nunca, un paraje en un bosque (o en una ciudad, o en un país, o en el tiempo) al que siempre volver, una escritura que permanecerá en nuestra memoria, poemas convertidos en cantos para compartir en pequeñas reuniones con amigos o en la soledad de unos ojos soñados.