blog de Jorge Díaz Martínez

domingo, 28 de octubre de 2012

Os copio este poema, porque creo que nos duele a menudo






Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?



César Vallejo


4 comentarios:

la chica de las biscotelas dijo...

Pum!

Amando Carabias María dijo...

O en qué consiste la poética de César Vallejo.

Raquel F. dijo...

Este poema es fundamental. El que Vallejo se pregunte cómo se puede vender un producto intelectualista y hermético a quien ha visto la vida y la muerte juntas, cómo el poeta, con su carácter abstraído y su indiferencia de lo que pasa, puede tener el valor de cantar cuando hay gente a la que le falta la voz, cuando hay gente que tiene muchos más motivos para hacerlo. ¿Qué sentido tiene entonces la poesía?

Desde luego que él fue capaz de darle sentido.

Jorge Díaz Martínez dijo...

Exacto, él precisamente. Muestra la paradoja y demuestra la compatibilidad de los opuesto, porque en su experiencia vital propia simplemente hubo esa convivencia de la miseria y lo sublime, pero... también es pura denuncia, grito, llanto, queja... Sí, una poética.