blog de Jorge Díaz Martínez

jueves, 18 de octubre de 2012

El fenómeno de la sinalefa en la mente de los poetas andaluces




EL FENÓMENO DE LA SINALEFA EN LA MENTE DE LOS POETAS ANDALUCES

Para la mayor parte de las personas, o incluso para muchos poetas, la métrica se parece a un martirio. Para otros, es música. Tengo la suerte de contarme entre los segundos, aunque la verdad es que todo se debe a la práctica. Esto no quiere decir que siempre escriba en metro, sino que he adquirido la habilidad de interpretarlo con naturalidad. Al igual que el ritmo de la música se interioriza, también el de los versos. Esto posibilita que se puedan escribir “de manera espontánea” tiradas y tiradas de versos sin errar un acento. En ese proceso, lo que se tiene en mente es, literalmente, como una musiquilla. A continuación, comentaré los problemas que presenta, para un escritor andaluz, sobre todo poeta, la conjunción de esa “musiquilla” con la variedad de su habla natural, es decir, el dialecto andaluz, y los posibles inconvenientes que puede generar a la hora de trasladar ciertos versos al papel.

Para cualquier poeta o aficionado a la literatura, en una vida rodeada de libros y versos, es inevitable que en cualquier momento, sin proponérselo, en la cocina, en el coche, en la ducha o en el facebook, se aparezcan en mente, de manera espontánea, algunos versos. Pero, dado que la realidad sociolingüística del hablante andaluz sucede, en un grado u otro, dentro de las peculiaridades dialectales propias del andaluz, es muy fácil que ese discurso mental adopte en ocasiones la forma del habla andaluza, en vez de la del castellano estándar, sobre todo cuando ese “flujo mental” surge aleatoriamente, y no como consecuencia de la intención voluntaria de escribir unos versos. Normalmente, ante la intención consciente de escribir unos versos, el autor andaluz se sitúa en la variedad estándar. Pero, cuando los versos se aparecen involuntariamente en la imaginación de tal poeta andaluz, ocurre que las leyes de la métrica castellana se adaptan de manera automática a la dicción andaluza, construyéndose versos perfectamente melódicos, pero que, debido a la ley de la sinalefa, solo conservarán su cadencia cuando sean pronunciados según el acento andaluz.

Dado que en el dialecto andaluz no se pronuncian las consonantes finales, se generan obviamente muchas más sinalefas que en castellano, lo que altera el cómputo silábico o, lo que es lo mismo, la musicalidad del verso. Aunque esto me ha llamado la atención en múltiples ocasiones, ha sido un último verso “encontrado” lo que me ha animado a poner por escrito estas breves impresiones. El verso ha sido el siguiente:

La realidad está llena de ventanas.

En castellano es un dodecasílabo irregular (el dodecasílabo musical tiene cesura en medio y acentos en 5ª y 11ª) cuya musicalidad, desde el punto de vista métrico, es bastante relativa, o cuestionable. Escuchémoslo en andaluz: con la supresión de la “d” final de “realidad” se produce una sinalefa que lo convierte en un endecasílabo cuya bondad puede ser, efectivamente, también cuestionable, pues aunaría hasta tres acentos seguidos, lo cual, según la normativa clásica, se consideraría cacofónico. Sin embargo, en este caso creo que estos tres acentos seguidos realzarían el ímpetu y el tono de la afirmación.

La realidà está llena de ventanas.

            Me temo que a la gran mayoría de castellano-parlantes, los cuales en un grado u otro suelen estar impregnados de la imagen despectiva –cuanto menos, humorística- habitual hacia el habla andaluza que existe en el resto del estado español, les sería difícil apreciar la factura estrictamente literaria o poética que pueda llegar a adquirir este habla en la forma, por ejemplo, de unos versos medidos. Me temo también que incluso para los propios poetas andaluces, en muchos casos, un ejercicio tal puede ser visto con la condescendencia propia que la “alta cultura” dirige hacia las manifestaciones de la cultura popular -con la cual se identifican los rasgos dialectales andaluces.[1] Solo un individuo que tenga interiorizados ambos sistemas, el de la métrica castellana y el del dialecto andaluz, y que además esté libre del tipo de prejuicios sociolingüísticos con que se suele asociar la pronunciación andaluza, podrá percibir directamente, tanto la belleza posible de unos versos en andaluz, como el dilema normativo que plantean.

El poeta andaluz, al escribir sus versos ciñéndose a la norma del castellano estándar, renuncia de alguna manera a una parte viva de su identidad lingüística, con la contrapartida, bien es cierto, de incorporar su producción al conjunto de una tradición escrita bastante más extensa y antigua –que conforma, sin duda, la práctica totalidad de su experiencia lectora en idioma “español”, valga la redundancia-, la cual, por cierto, puede también reportar un grado mayor de reconocimiento, es decir, un número muchísimo mayor de posibles lectores y, en definitiva, una probabilidad considerablemente mayor de éxito. Todas estas compensaciones parecen, en conjunto -y sumadas a la ausencia, sobre todo, de cualquier tipo de reivindicación identitaria en el sentido político- suficiente incentivo para hacer uso de una norma estandarizada que no puede dejar de comportar cierto grado de artificiosidad en contraste con el habla natural de un andaluz. La situación, por supuesto, no es exclusiva de los autores andaluces.

If we follow the biographies of writers in the highly developed civilized countries of the Western Hemisphere, we discover that many of them never used their real mother tongue while writing their texts. To varying degrees many Swedish, Norwegian, Danish, German, Italian, French, and Spanish writers spoke a different mother tongue than the one they had to pick up at school, at a later stage, and very often they never managed to get rid of their home pronunciation, which denotes their geographic origins. (Even-Zohar, 2010: 133)

Incluso para un escritor salmantino existen diferentes variedades estratificadas del idioma castellano de las que hacer uso según la circunstancia –como pueda ser la muy específica circunstancia de la escritura artística-. Como señala Even-Zohar, “Thus the standard language is not identical to the spoken language anywhere on earth.” (2010: 129) Pero también es cierto que la literatura es el territorio donde la libertad y la experimentación pueden dar cabida, y con frecuencia así lo procuran diversos escritores, a los registros populares del idioma, al regionalismo, al folklore y, en definitiva, a las variedades tanto especializadas como domésticas u orales de la lengua, el argot, etc. Siendo esto evidente para la narrativa, debería serlo también para la poesía. Pues bien, si observamos el caso de un poeta español cuya variedad lingüística doméstica o materna coincida fonéticamente en alto grado con la variedad estándar, encontramos que le será posible introducir esos registros domésticos en su escritura –métrica o no- con bastante naturalidad. Para un andaluz esto no sería posible. Como decíamos, cuando un poeta andaluz se dispone a escribir un poema, simplemente cambia de registro, la mayoría de las veces inconscientemente, adoptando la norma del español estándar. Es decir, que “se pone a pensar en castellano”, o en el “lenguaje de los libros”, lo cual no es nada extraño, simplemente porque esta es la lengua oficial, la lengua normativa del sistema educativo, los medios de comunicación y la literatura, y añadiendo el hecho de que un escritor puede pasar más horas al día “escuchando a los libros” –es decir, leyendo- que a personas físicas (súmese a todo ello que no exista un sistema de escritura reconocido para las variedades dialectales andaluzas). Pero a pesar de todo lo anterior, resulta una obviedad decir que la línea de pensamiento de cualquier andaluz -aunque sea un literato como Juan Ramón Jiménez- se situará en ocasiones en la forma propia del idioma materno, y es entonces cuando pueden aparecer por sorpresa esos endecasílabos “andaluces”… y cuando inmediatamente el “autor” procede a repetírselos, o a imaginar como quedarían por escrito, descubre la imposibilidad, la incompatibilidad de ambos sistemas, el castellano y el andaluz, en lo tocante a unidades métricas. Ante esta situación, en muchas ocasiones el esforzado poeta buscará adaptar la idea original al sistema castellano, conservando en lo posible la cadencia primera. Por ejemplo:

La realidad está automatizada.
La realidad está llena de sábanas.
La realidad está llena de tartas.
Etc.

En lo tocante a los ejemplos anteriores, parece que el intento ha sido en vano. En cualquier caso, conservar a la vez la medida, la cadencia, la belleza y el sentido original, parece tan difícil como en cualquier otra obra de traducción literaria.        


BIBLIOGRAFÍA:

EVEN-ZOHAR, Itamar (2010) Papers in Culture Research, Universidad de Tel Aviv.



[1] En otros contextos nacionales, la consideración hacia las variantes regionales puede ser muy diferente: “In certain countries where there exists a peaceful harmony among language varieties, having one's own pronunciation, even not speak-ing one's own dialect, even speaking standard, is a matter of either indifference or pride. A member of Parliament in Norway who does not speak with a dialect pronunciation is considered to be a phony of sorts. But there is no pride in having a dialect pronunciation in Brit-ain. One is not supposed to use a Yorkshire pronunciation when speaking in Parliament, let alone Scottish, which is beyond the border of proper English. And, in Paris, one is really not supposed to use the Occitan or the Provençal southern French pronunciation.” (Even-Zohar, 2010: 133)