blog de Jorge Díaz Martínez

jueves, 12 de julio de 2012

Los monstruos tienen madre











Todos los hombres no son iguales, sino que hay monstruos entre ellos,
no se sabe por qué, pero este fenómeno es frecuente;
nosotros, los demás hombres, los vemos y damos fe de ello.
Unos son por la estatura, y son gigantes o enanos;
otros, por el sexo, y son inversamente hembras u hombres;
otros, por la cara, y son cerdos hidrocéfalos.


Los hay patizambos que andan como extrañas jirafas;
otros no andan: nacen sin piernas y con un gran pecho.
Algunos (estos están en los asilos) no tienen ojos;
otros miran sin ver y no son ciegos:
su cerebro es furioso y les gusta matar.


Hombres son y lo sabemos, unos y otros;
sus padres, sus hermanos, sus hijos, también lo saben.


Su madre los defiende y los cuida; humanos son y lo sabemos;
ella lo sabe más. Del paraíso maternal cerrado no los arroja.
¿Qué pecado habían de hacer? Los acaricia.
Los monstruos tienen madre, comen de la manzana, beben, roen del pecado.


Los demás hombres que no son dioses, los de abajo,
cómo han de ser; tal como son viven; trabajan por el pan, comen, beben
a veces se emborrachan y pegan a sus hijos.


¿Qué pueden hacer? La omnipotencia no es suya.
Cada día ríen, a veces lloran sin lágrimas;
son hombres de aquí. Un sueldo, su madre, su mujer,
el traje viejo, las botas; a lo mejor, si hay suerte, un coche;
botellas de champán brillantes, juerga:
hombres de todas clases hay.
En el fondo se dicen: hermanos monstruos, ¿qué diferencia hay?
Los hombres no podemos, aunque queramos, hacer nada.
Dios lo sabe.


Juan Bernier, 
Poesía completa, 
Pre-Textos, 2011.




Gracias, J. A. , por regalarme este magnífico libro, de cuando los poetas todavía usaban el punto y coma.



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