blog de Jorge Díaz Martínez

viernes, 29 de julio de 2011

Khaos Akáshico

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Camino con Veronika por una especie de reserva arqueológica. Hay, por ejemplo, un antiguo recinto o habitáculo prehistórico, solo que tiene completamente la forma de una nave espacial, parecida a un bunker. Un hombre habla conmigo maravillado sobre ella. Seguimos andando. Pero hay algo extraño, una inestabilidad en el ambiente, como pequeños terremotos. Uno de ellos me empuja al suelo y un policía a caballo se acerca y me pide el pase del gobierno de Israel. Como no lo tengo, debo acompañarle. Pero el desorden va aumentando alrededor y aprovecho para escaparme. Hay gente apresurándose por todas partes y desprendimientos de grava. Por alguna razón, en vez de huir hacia abajo, caminamos hacia arriba, aunque no estoy muy seguro de que eso sea lo más seguro. Entramos a una especie de improvisada biblioteca de campamento. Algunos parecen creerse a salvo ahí, aunque la grava va llegando ya a desbordar sus paneles e incluso la arrastra entera consigo. Salimos a caminar sobre la grava. No somos los únicos. La pequeña biblioteca resulta ridícula rodeada por otra fantástica visión. Al igual que de grava, también hay desprendimientos de montañas de libros, arrastrándose como lenguas de lava. Sobre esa marea, envuelto en ella o arrastrado por ella, hay un hombre concentrado en una mesa de trabajo. Parece un escritor decimonónico, un inglés. Tiene algunos libros sobre su escritorio y escribe a mano parsimoniosamente sobre unas hojas, con gesto grave. Me acerco y le pregunto su nombre. Casi sin mirarme, me contesta “Murky”. “¿Murky?” digo. “Murky”. Continúo de la mano de Veronika, nos apresuramos hacia abajo, huyendo de las avalanchas de grava y libros. Un señor con gafas y perilla, con aspecto de intelectual, camina junto a nosotros. Parece de una época anterior a la nuestra, pero indeterminada. Me pregunta mi nombre. “Jorge Díaz”. “De Córdoba”, me contesta. “¡Ah, me conoce! Gracias”, digo. Y se ríe ostensiblemente.
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
  
      
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
  
  
  
  
    

jueves, 21 de julio de 2011

Ausencia, Wislawa Szymborska

 
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 

AUSENCIA
  
   
   
   
   
   
  
   
   
  
Faltó poco
y mi madre podría haberse casado
con el señor Zbigniew B. de Zdunska Wola.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá habría tenido mejor memoria para los nombres y las caras,
y para las melodías oídas una sola vez.
Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cuál.
Habría tenido unas notas fantásticas de física y de química,
peores de lengua,
pero habría escrito a escondidas poemas
de entrada mucho más interesantes que los míos.


Faltó poco
y mi padre podría haberse casado en ese mismo momento
con la señora Jadwiga R. de Zakopane.
Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.
Quizá hubiera sido más terca en lo de salirse con la suya.
Y se habría lanzado sin temor a aguas profundas.
Capaz de abandonarse a emociones gregarias.
Vista permanentemente en varios lugares al mismo tiempo,
pero rara vez entre libros, más a menudo en la calle
jugando a la pelota con los chicos.


Quizá incluso se hubieran encontrado ambas
en la misma escuela, en la misma clase.
Pero no habrían sido amigas,
no habrían tenido ningún parentesco,
y en las fotos de grupo estarían lejos una de otra.


Niñas, poneos ahí
-habría dicho el fotógrafo-.
Las más altas delante, las más bajas detrás.
Y sonreíd cuando os de la señal.
Pero contad antes 
si estáis todas.


-Sí, señor, estamos todas.
  
   
   
   
   
   
   
   
   
  Wislawa Szymborska
   
   
   
   
   
   
   
  
   
  

  

    














sábado, 16 de julio de 2011

Prólogo

 
 
 

 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Prólogo
   
24 de julio de 1920
   
(Vega de Zujaira)
   
   
   
   
   
   
  
  
  
  
Mi corazón está aquí,
Dios mío.
Hunde tu cetro en él, Señor.
Es un membrillo
demasiado otoñal
y está podrido.
Arranca los esqueletos
de los gavilanes líricos
que tanto, tanto lo hirieron,
y si acaso tienes pico
móndale su corteza
de Hastío.


Mas si no quieres hacerlo,
me da lo mismo,
guárdate tu cielo azul,
que es tan aburrido,
el rigodón de los astros
y tu Infinito,
que yo pediré prestado
el corazón a un amigo.
Un corazón lleno de arroyos
y pinos,
y un ruiseñor de hierro
que resista
el martillo
de los siglos.


Además, Satanás me quiere mucho,
fue compañero mío
en un examen de 
lujuria, y el pícaro
buscará a Margarita
-me lo tiene ofrecido-
Margarita morena,
sobre un fondo de viejos olivos,
con dos trenzas de noche
de Estío,
para que yo desgarre
sus muslos limpios.
Y entonces, ¡oh, Señor!,
seré tan rico
o más que tú,
porque el vacío
no puede compararse
al vino
con que Satán obsequia
a sus buenos amigos.
Licor hecho con llanto.
¡Qué más da!
Es lo mismo
que tu licor compuesto
de trinos.


Dime, Señor,
¡Dios mío!
¿Nos hundes en la sombra
del abismo?
¿Somos pájaros ciegos
sin nidos?


La luz se va apagando.
¿Y el aceite divino?
Las olas agonizan.
¿Has querido
jugar como si fuéramos
soldaditos?
Dime, Señor,
¡Dios mío!
¿No llega el dolor nuestro
a tus oídos?
¿No han hecho las blasfemias
babeles sin ladrillos
para herirte, o te gustan
los gritos?
¿Estás sordo? ¿Estás ciego?
¿O eres bizco
de espíritu
y ves el alma humana
con tonos invertidos?


¡Oh Señor soñoliento!
¡Mira mi corazón
frío
como un membrillo
demasiado otoñal
que está podrido!


Si tu luz va a llegar,
abre los ojos vivos,
pero si continúas
dormido,
ven, Satanás errante,
sangriento peregrino,
ponme la Margarita
morena en los olivos,
con las trenzas de noche
de Estío,
que yo sabré encenderle
sus ojos pensativos
con mis besos manchados
de lirios.
Y oiré una tarde ciega
mi "¡Enrique, Enrique!"
lírico,
mientras todos mis sueños
se llenan de rocío.


Aquí, Señor, te dejo
mi corazón antiguo,
voy a pedir prestado
otro nuevo a un amigo.
Corazón con arroyos
y pinos.
Corazón sin culebras
ni lirios.
Robusto, con la gracia
de un joven campesino,
que atraviesa de un salto
el río.
   
   
   
   
   
   
Federico García Lorca, Libro de poemas.